martes, noviembre 14, 2006

Málaga-Chefchaouen (Marruecos)
del 12 al 15 de Octubre 2006

La salida internacional de Pasos Largos como ya se viene haciendo desde hace algunos años tiene como destino Chefchaouen, una pequeña ciudad capital de provincia, que es origen ideal para rutas a pie por el valle del Rif, donde crecen los pinsapos hermanos de los que viven en la Sierra de las Nieves y Grazalema.
Y no solo los pinsapos tienen en común esta parte de Marruecos y Andalucía, ya que viendo Chaouen desde lejos podríamos pensar que se trata de uno de los pueblos blancos de la Serranía de Ronda. De hecho esta ciudad está hermanada con Ronda. Pero nada más llegar nos damos cuenta de su carácter árabe, donde hombres y
mujeres visten con atuendos típicos y pasean por las calles estrechas y pintadas de
azul, el color de esta ciudad, o al menos de su medina.

12 de cotubre de 2006, Primer día.
Ronda – Chefchaouen
Si es verdad el dicho de que a quien madruga Dios le ayuda, mucho nos tuvo que
ayudar a los valientes que emprendimos el viaje aquel día del Pilar ya que tuvimos la
ocasión y el privilegio de ver el amanecer en medio del estrecho, camino de Ceuta. Y
para ello hay que levantarse muy tempranito.
Los amigos que compartimos este viaje, muchos de nosotros no nos conocíamos en
persona, fueron Rafa Cordero, Rafa Ríos y Ángeles desde Ronda; Pablo y Cristina
desde Sevilla; desde Puente Genil nuestro amigo Héctor; desde Jerez de la Frontera,
Lorenzo y desde Málaga Miguel y Patri. Al volante de la furgoneta el experimentado
Rafa Ríos que nos llevó de maravilla por aquellas tierras marroquíes, donde pudimos
comprobar que conducir no es igual que en España, sino que requiere algo más de
maestría y por que no decirlo valentía.
Desde el barco pudimos disfrutar de un amanecer diferente con el mar de protagonista
y el Yebel Musa coronado por unas densas nubes, reflejando los rayos de sol más
precoces del día. El paso del estrecho fue muy rápido y en apenas una hora
estábamos en Ceuta camino de la frontera. Con el sol calentando el ambiente
llegamos a la frontera donde nos sorprendieron los olores tan característicos de
Marruecos, un olor a tierra diferente que, sin duda precede a la explosión de olores en
las ciudades: canela, especias, té, guisos y otros que no sabemos identificar, pero que
agradan al visitante.

Después de más de una hora de espera, trámites y papeleos nos dan paso al país de
los contrastes. Nos dirigimos hacia Chefchauoen pasando por Tetuán. Nos sorprende
la cantidad de urbanizaciones que se han construido en toda la línea costera, y nos
preocupa que pueda seguir el mismo ejemplo que la costa andaluza donde las
urbanizaciones crecen como setas alimentando la especulación inmobiliaria en
creciente desarrollo, en detrimento de los parajes naturales cada vez más reducidos.
A lo largo de nuestro viaje hacia Chaouen observamos que la vegetación es muy
abundante debido seguramente a las lluvias que han caído recientemente en la zona.
También pudimos comprobar cómo conducen en Marruecos, con mucha personalidad
y algo de locura, aunque hay que reconocer que Rafa Ríos supo manejar los
arranques de algún que otro coche con mucha seguridad. Se nota que es un
conductor experimentado y se divierte al volante.
Chaouen, donde la prisa mata

Llegamos a Chaouen por la mañana con tiempo para disfrutar de la medina, sus calles y tomar contacto con sus gentes, el regateo, las tiendas de productos tradicionales, sus ya comentados olores característicos, sus sabores, su luz. Desde el aparcamiento del Parador donde dejamos la furgoneta nos encaminamos a nuestra pensión. La
pensión Barcelona está en plena medina muy cerca de la plaza principal. Es un edificio precioso y modesto, muy austero pero limpio y con todo lo necesario para pasar tres días. Esta decorada con fotos del FC Barcelona y una de las primeras preguntas que nos hacen al llegar está relacionada con el fútbol: ¿Del Madrid o del Barcelona? Nos enseñan dos habitaciones con cuatro y cinco camas cada una, sin
adornos, pequeñas y limpias, paredes pintadas de azul y mantas de lana hechas allí. El baño lo tenemos que compartir por plantas. La impresión es buena y más aún cuando subimos a la pequeña terraza desde donde se puede ver la plaza y las montañas que rodean la ciudad. Después de dejar los bultos en la pensión, Rafa Cordero que ya conoce la zona nos lleva a ver Casa Hassan, un hotel situado frente a nuestra pensión que está decorado con muy buen gusto. Aunque solo vemos el recibidor nos hacemos una idea de cómo pueden ser las habitaciones. Como estamos en plena medina y aún queda algo de tiempo para el almuerzo
aprovechamos para dar una vuelta y echar un vistazo a las tiendas de artesanía que
se agolpan por las calles y plazas de Chaouen. Productos típicos como babuchas,
mantas, alfombras y colchas, teteras y vasitos decorados, fósiles y elementos muy
variados se exponen en las calles esperando llamar la atención de los turistas. Es
entonces cuando nos damos cuenta de que el hecho de comprar no es igual que en la
cultura occidental; los vendedores inician conversación para contarte cómo están
hechas sus piezas, te invitan a pasar a sus tiendas “sólo para ver”, aunque en cuanto
te fijas lo mínimo en cualquier objeto, te hacen una oferta, con el consiguiente regateo,
algo a lo que no estamos muy acostumbrados. Normalmente las conversaciones entre
vendedor y comprador se suelen alargar bastante, con lo que el hecho de comprar es
algo más cansado que en nuestras ciudades, teniendo en cuenta que el vendedor
espera que entres en el juego del regateo.

Llega la hora del almuerzo, al menos para nosotros. Son las tres hora española, dos horas menos en Marruecos. Entramos en el restaurante de la pensión Alkasbah justo
enfrente de nuestra pensión, donde nos ofrecen una carta típicamente marroquí: cous cous, pastilla, tayín y otras especialidades. La cocina marroquí es muy sabrosa, bastante especiada, elaborada y variada, aunque en los restaurantes suelen ofrecer más o menos los mismos platos por ser los más típicos y fáciles de preparar. El almuerzo es bastante abundante, coronado por
postres caseros: yogurt, tarta de limón y pastas variadas. El restaurante nos invita al tradicional té con hierbabuena, muy
azucarado, aunque hay que tener en cuenta que los marroquíes no suelen tomar té
después de comer sino en otras ocasiones como para desayunar o antes de las
comidas.







Después del almuerzo algunos deciden descansar un rato en la pensión, el madrugón está haciendo efecto y no viene mal una siestecita, sin embargo otros preferimos
caminar por la medina y hacer algunas compras. En la plaza tenemos el primer encuentro con un comerciante que vende teteras y vasos decorados, al que después de una larga conversación compramos una docena de vasos y una tetera. Como buen comerciante nos ofrece un precio inicial esperando que propongamos un precio más bajo hasta llegar a una cantidad buena para ambas partes. Una vez que hemos cerrado el trato, nos manda a la tienda de su hermano contigua a la suya, que vende lámparas de metal, pero no nos interesa la mercancía. Vemos otras cosas que nos
interesa comprar como unos fósiles, aunque por el momento no haremos ninguna
compra más.

Las calles de Chaouen son muy estrechas, la gente pinta las fachadas de sus casas de azul, la estructura de la medina es laberíntica, por lo que no es difícil despistarse un poco. Basta con preguntar a cualquier comerciante por la plaza y desde allí es fácil situarse de nuevo. Al atardecer la actividad de la medina se relaja, la mayoría de los comercios cierran sus puertas y hay menos tránsito de gente. Estamos en pleno Ramadán, y al entrar la noche los musulmanes se reúnen con la familia y rompen el ayuno con unos zumos, dulces, té y otros alimentos. Durante al menos una hora cesa el traqueteo de gente por las calles. En ese momento el grupo que se había dispersado, unos haciendo compras, otros descansando, paseando, etc., se reúne en una terraza que permanece abierta en la plaza, donde aprovechamos para tomar un té o unos zumos de fruta y la típica cachimba con tabaco afrutado y suave, mientras intercambiamos nuestras experiencias con el regateo y contamos algún que otro chiste. Poco a poco la vida de la medina se recupera y el murmullo de los comercios vuelve a invadir el aire de Chaouen al menos hasta la una de la madrugada. Algunos deciden cenar en el restaurante Aladín también muy cerca de la pensión; a los que no hemos descansado nos vence el sueño y volvemos a la pequeña pensión.

13 de octubre 2006, Segundo día
Un pequeño paseo con Mohamed
La noche en Chaouen es tranquila y silenciosa, si acaso sólo hemos notado el sonido de algunos animales en mitad de la noche. A las seis de la mañana ya es pleno día pero aunque nuestra costumbre nos haga abrir los ojos pronto tenemos que esperar a que Chaouen despierte. Más o menos sobre las nueve nos pondrán el desayuno en la pensión. Demasiado tiempo para esperar, salimos a pasear por la parte nueva de la ciudad, fuera de la medina, donde los camiones de reparto hacen su trabajo matutino y algunos niños se dirigen a los colegios.
En Chaouen tenemos la sensación de que siempre hay niños dirigiéndose al colegio, lo que nos llama la atención. Esto se debe a que los niños acuden por turnos al colegio, ya que los pocos que existen se han quedado pequeños para tantos niños.
Aunque en las zonas de aldeas alejadas de las ciudades hay un índice de escolaridad muy bajo debido a que los niños tienen que trabajar en sus casas y como pastores, cada vez más niños van al colegio, y esto unido a los pocos recursos que destina Marruecos a la educación, hace que hayan ideado este sistema por turnos.
Volvemos a la pensión donde ya nos tienen preparado el desayuno, y Rafa Cordero nos dice que Rashid el guía que nos iba a atender no puede acudir a la cita por estar trabajando como profesor, pero en su lugar vendrá su hermano Mohamed. A pesar de
las ganas que tenemos de ver los pinsapos y las montañas de la zona, aún tendremos que esperar un día más para la aventura ya que Mohamed, que sigue a rajatabla el Ramadán, nos convence para dar un paseo por un lugar distinto al que teníamos pensado. En realidad resultó algo decepcionante porque dimos un corto paseo de apenas dos horas por una zona de poca sombra y con mucho calor con pocas explicaciones por parte de nuestro guía. Al menos nos sirvió de entrenamiento para el día siguiente. En una de las paradas a la sombra de un árbol, algunos niños se acercaron para curiosear y Mohamed nos dijo que podíamos darles comida, ya que los niños no tienen la obligación de seguir el Ramadán. Unos dátiles, castañas, chocolate y otras viandas sirvieron para despertar su sonrisa.
El “kifi”, otra curiosidad del rato que estuvimos con Mohamed fue aprender los distintos nombres que dan al hachís: desde los típicos “bellota”, “costo”, “grifa” hasta otros más imaginativos como “veneno”, “madame tranquila”, “música de cabeza”. Es muy usual en Chaouen que te ofrezcan por la calle hachís. Y es que en el valle del Rif abundan los cultivos de cáñamo, cuyas hojas conocidas bajo el nombre de “kifi” las fuma la población local en unas pequeñas pipas. Del polen de sus flores se extrae el hachís.
Aunque el estado tolera hasta cierto punto este cultivo, que es la forma de vida de muchos habitantes del Rif, la ley marroquí es tajante: está penalizada la venta, pero también el consumo y la tenencia por pequeña que sea la cantidad. Si en algunos casos la policía hace la vista gorda en otros es implacable y centenares de españoles
han pasado por cárceles marroquíes por este motivo Después de despedirnos de Mohamed nos convencimos de que lo mejor llegaría mañana y decidimos aprovechar el día para pasear por la medina y hacer algunas
compras. Conocimos a Abdul, un vendedor de alfombras, mantas y otros tejidos que nos explicó algunas cosas de la fabricación artesana de estos productos. Aquí fue cuando nos dimos cuenta de que en Chaouen no solo el dinero sirve para comprar. Abdul se interesaba por relojes, móviles y otros elementos de occidente. “Cosas modernas, las últimas tecnologías”.

14 de octubre de 2006, Tercer día

Pinsapos en los valles del Riff
El nuevo día nos depara emociones fuertes. Esta vez sin guía local salimos en la
furgoneta para dirigirnos a uno de los valles del Riff, inicio de la ruta de los pinsapos.
Salimos temprano, no esperamos el desayuno en la pensión. El plan inicial era dividir
el día en dos partes: por la mañana subiríamos a ver los pinsapos que crecen en estas
tierras y por la tarde nos encaminaríamos a ver unas cataratas y gargantas. Pero la
caminata para ver los pinsapos se alargó debido al calor y a que no teníamos referencia de la distancia a recorrer exactamente. Rafa Ríos y su mujer Ángeles se quedaron esperando en la furgoneta hasta nuestra vuelta para dirigirnos a la segunda parte de los planes, pero desafortunadamente nuestra ruta se alargó demasiado y nos
cayó la noche para mal rato de ellos que tuvieron que esperar allí hasta nuestra vuelta.
Imagino que la espera se les haría eterna y más cuando supimos que habían sido
constantemente bombardeados por muchos vendedores que pasaban por allí y se
paraban al pie de la furgoneta.
Desde que salimos a caminar la ruta discurría en constante ascenso y el calor
apretaba, lo que hacía que nuestra marcha fuera más lenta y tuviéramos que parar a
descansar más de lo que hubiéramos deseado. Pasamos al pie de dos pequeñas
aldeas bastante alejadas de la carretera. Los niños curioseaban a nuestras espaldas y
nos seguían cuchicheando hasta que se cansaban o algún adulto les reprobaba. La
vida en las aldeas es tranquila y transcurre sin sobresaltos, algunos pastores llevaban
a sus rebaños y en algunas casas se oía un martilleo constante, que según Pablo pertenecía al proceso de elaboración del hachís, que se cultiva en estas tierras. Desde luego pudimos comprobar la existencia de estos cultivos en grandes extensiones a lo largo de todo el valle.
En un momento dado comenzamos a ver los pinsapos en lo alto de un collado que no
parecía muy lejano, aunque luego comprobamos que estaba más lejos de lo que
parecía. Al ver que se alargaba la ruta intentamos establecer comunicación con Rafa y
Ángeles para avisar de esta circunstancia a través de un walkie talkie, pero la
comunicación era mala y no logramos comunicarnos correctamente. La luna, en cuarto
menguante, adornaba la vista de los pinsapos cada vez más cerca, hasta que por fin
llegamos a los primeros, más pequeños. Al llegar al collado era ya tarde y aún no
habíamos comido. Almorzamos y descansamos unos minutos y comenzamos a bajar,
no sin antes abrazar a un gran ejemplar que nos había servido de sombra. Hicieron
falta tres personas para rodearlo por completo. Llegamos abajo ya de noche y nos
encaminamos a Chaouen.
Aunque los planes no habían salido bien, lo que todos teníamos claro es que había
que aprovechar el resto del tiempo que nos quedaba en tierras marroquíes. Al día
siguiente por la mañana marcharíamos de nuevo a la península. Cenamos en Aladin,
un restaurante muy bonito y decorado con muy buen gusto destinado sobretodo al
turismo. Para terminar la velada, charlamos un rato en la terraza de la pensión y nos
fuimos a dormir bastante tarde, como queriendo alargar el día.

15 de octubre de 2006, Cuarto día
Despedida

Hicimos las maletas al despertar y desayunamos, ya con la sensación que se tiene
cuando algo bueno se acaba, pero con la ilusión de volver otro año y compartir con
estos nuevos amigos y otros más, los buenos ratos que habíamos pasado juntos.
Pasamos a una pastelería para comprar los típicos dulces marroquíes hechos con
almendra y miel, ya con las maletas en la furgoneta. De camino a Tetuan paramos en
algunos puestos de cerámica a pie de carretera para hacer las últimas compras, sin
entretenernos demasiado ya que teníamos que coger el barco de las cuatro sin falta y
aún había que pasar la frontera. Mucho más rápido que la entrada, llegamos a
territorio español con tiempo de sobra para compartir unas latas de cerveza tan
deseada y escasa en Marruecos. Embarcamos y en menos de una hora estábamos
en Algeciras, donde Miguel y Patri nos despedimos de los demás en la estación de
autobuses, para coger un bus a Málaga.
Bibliografía.-

Marruecos. Guía Viva. 2006/2007
Tánger, Tetuan, Chaouen y el Norte de Marruecos. Guía Viva. 2006/2007
Distintas páginas web
Crónica por Patricia López
www.malagacentro.com
www.rinconvive.com
info@malagacentro.com

1 comentario :

  1. Anónimo12:48 p. m.

    Me ha gustado mucho la crónica. Te lo has currado mogollón Patri.
    ¡Enhorabuena y gracias!
    Silvia

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