martes, noviembre 07, 2006


Ruta exploratoria entre la lluvia y la niebla, relatada por nuestra compañera Patricia del Comando Preston
4 de noviembre de 2006
El Chorro – Valle de Abdalajís (Huma y Capilla)


Amanece un día nublado y con bastantes amenazas de lluvia, pero nuestra intención es hacer una ruta atípica, contando con dos coches, uno en el inicio de la ruta en El Chorro y otro en Valle de Abdalajís, con dos subidas bastante exigentes: La Huma y El Capilla. A pesar de que ha empezado a llover y la niebla amenaza con no dejarnos empezar nuestro propósito, decidimos comenzar a andar con el chubasquero en la mochila por si las moscas. Los valientes somos Alfonso desde Antequera y Miguel y Patri desde Málaga. Después de organizar los coches, comenzamos a subir por el GR-7 desde la barriada de El Chorro por un camino amplio que transcurre entre un bosque de pinos bastante poblado y a los pies de las paredes verticales que surgen desde el Tajo de la Encantada. Son las nueve de la mañana. La oscuridad que imprimen las nubes que no dejan pasar la luz del sol y la abundante niebla que empieza a descender peligrosamente hacen que el paisaje sea un tanto misterioso. Comienza a caer una lluvia fina que nos obliga a sacar los chubasqueros pero no influye en nuestras intenciones. Aún tenemos esperanzas de que el día levante.

Pero al llegar a los pies de la gran mole que es La Huma nos damos cuenta de que la niebla es muy cerrada y el barro que llevamos en las botas resbala peligrosamente por aquellas piedras desniveladas, así que después de meditarlo un poco decidimos no subir a la cumbre y continuar hacia la base del Capilla por si hubiera más suerte. La ruta hasta Valle de Abdalajís transcurre a través de caminos muy marcados por lo que no hay peligro de perderse. Únicamente falta camino en el Torcal Chico que es una extensión de piedras calizas con formas caprichosas, como su hermano mayor El Torcal de Antequera. Pero teniendo en cuenta que una extensión pequeña, seguimos nuestro camino aún con la esperanza de ver el sol.

Pero el sol ni siquiera se insinuaba y al llegar al Cortijo de la Rejonada muy cerca de la base del Capilla, no se intuía ni mucho menos el pico en cuestión. Desde este cortijo, hay que buscar el sendero que se dirige a la base del pico y en este punto no se veía a dos metros, pero Miguel, demostrando su conocimiento de estos caminos y un olfato montañero de primera, encontró el sendero sin dificultades, que nos llevó hasta el punto de subida del Capilla. Nada, la niebla no se retiraba, así que no nos quedaba otra que atravesar el Torcal Chico casi a ciegas, ya que existen unas marcas que señalan la ruta más fácil pero con la niebla era imposible verlas. A ojo, fuimos caminando entre las piedras y el barro. Se intuían las formas caprichosas de la roca, no había viento en ese punto y podíamos sentir una quietud y silencio que impresionaban.

Por fin encontramos el camino que nos llevaría al cortijo de Charcón, donde las paredes de rocas ya no nos protegían del viento y tuvimos que buscar un hueco dentro del propio cortijo que está abandonado para almorzar y descansar. Descansar, porque, aunque no habíamos subido ningún pico, todo el que ha caminado en el campo en malas condiciones meteorológicas sabrá que el cansancio se multiplica por dos. El barro se va acumulando en las botas, los pantalones mojados, el viento frío y húmedo en los huesos, en fin, una serie de circunstancias que después cuando llegas a tu casa te hacen valorar el triple una buena cena, un buen vino, una película y una cama calentita.

Después de comer lo único que nos quedaba era bajar al pueblo de Valle de Abdalajís a una hora de allí, pero con un desnivel considerable para poner punto final a la caminata. En total 21 Km. aproximadamente y el deseo de volver para hacer la versión completa de la ruta, que esperamos compartir con más amigos y mejor tiempo.

Patricia López. www.malagacentro.com

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