miércoles, mayo 02, 2007

PASAJES DE LA HISTORIA
La Batalla de las Termópilas "Las Puertas Calientes".

Sin duda además de educación física, geografía e historia siempre fueron mis asignaturas favoritas, por eso, cada vez que se estrena una película basada en uno de sus grandes acontecimientos, nunca falto a mi puntual cita el día del estreno. En este caso “300” que si bien está basado en el cómic del mismo título, inspirado a su vez en “La Batalla de las Termópilas”, despreocupándose del rigor histórico, no deja de ser un auténtico espectáculo visual y un gran homenaje a lo que allí ocurrió hace ya 2.500 años. Sin embargo, el amante de la historia puede preguntarse que ocurrió allí realmente y es por ello que mi gran amigo “Carmona” anticipándose a mis intenciones tuvo a bien regalarme el libro “Termópilas, la batalla que cambió el mundo”, toda una tesis doctoral sobre los hechos que allí ocurrieron, las vidas de sus protagonistas, los orígenes de cómo se formó todo, sus consecuencias, los hechos posteriores, así como una gran recopilación de mapas de la época y fotografías de obras de arte relacionadas con aquel evento e incluso fotos del lugar. Eso sí, esto no es ninguna novela histórica de nuestro querido amigo “Valerio Máximo Manfredi” esto es rigor histórico puro y duro, si bien le sobran algunos comentarios personales del autor expresando su particular punto de vista, donde a veces se le va "la pinza".
Entre las citas que encontramos al principio de cada capítulo podríamos rescatar la siguiente: “Soldado, ve a Esparta y cuenta que aquí hemos muerto en obediencia a sus leyes”, dicen las célebres palabras del poeta Somónides, que glorifican el heroísmo de los 300 guerreros espartanos que, liderados por Leonidas, dieron sus vidas en el “Paso de las Termópilas”, tratando de contener el enorme paso del rey persa Jerjes.
Esta batalla fue un auténtico choque de civilizaciones y la leyenda del heroísmo y sacr¡ificio de la élite de los guerreros espartanos en defensa dee la libertad de su patria fue esencial para definir la identidad de la Grecia clásica.

Ésta podría ser una breve cronología de los hechos, tal y como allí ocurrieron:
Durante la Segunda Guerra Médica se produjo un épico enfrentamiento (uno más entre los muchos que se llevaron a cabo en aquellos tiempos) en un estrecho desfiladero situado en la confluencia de varias pequeñas naciones griegas.
Este frágil eslabón comunicaba el norte de Grecia (en aquellos tiempos Tesalia era el limite del mundo heleno) con el resto del territorio habitado por los griegos. En su avance, el ejército invasor persa, que pretendía llegar a Atenas y Esparta, debía atravesar indefectiblemente aquella diminuta lengua de tierra. El consejo militar reunido por los griegos libres había decidido en primera instancia defenderse más al norte, en los pasos del Tempe (Entre Tesalia y Macedonia), pero al final, se impuso como mejor y de más factible defensa el paso de las Termópilas. Esta elección entregaba a los tesalios a la alianza persa, pues abandonados por el resto de los griegos se rendirían al invasor, pero al menos sí que era este el lugar mejor dispuesto para llevar adelante la estrategia de contención que habían decidido practicar contra a las innumerables huestes atacantes.

El Paso de las Termópilas era un largo y estrecho corredor. Delimitado a un lado por las montañas y a otro por el mar, se calcula que llegaba a medir, en su parte mas angosta, unos 15 metros de anchura. Hasta ese momento ninguno de los contendientes conocía una ruta alternativa ni cercana ni lejana por la que eludir aquel lugar de paso, así que sin duda era aquel el punto en el que los griegos detendrían a los persas. Una posición en la que de nada serviría la aplastante superioridad numérica del adversario.Sin embargo, el plan tenía un punto débil, el mar.


Efectivamente, si bien por tierra resultaba factible causar al invasor más de un contratiempo, las
cosas estaban mucho más difíciles en el mar. Al tiempo que los griegos se fortificaban en las Termópilas, la flota estaba obligada a clavar también en el lugar a la ingente flota que acompañaba el avance del ejercito persa.
Foto: Reconstrucción de la zona del paso en donde los griegos esperaron el ataque de los persas. (Livius.org)

Aunque los invasores no hubiesen podido expugnar el desfiladero defendido por los griegos, tarde o temprano la flota aliada tendría que haberse retirado ante las perdidas que día a día sufría en los combates navales.De todas formas, los dos días que como veremos resistieron los griegos en las Termópilas supusieron un terrible golpe moral para las heterogéneas huestes dirigidas en persona por el rey Jerjes.

LA BATALLA:
Decididos los griegos a detener el avance de Jerjes por tierra y mar, se fortificaron en el lugar
previsto: el Paso de las Termópilas. Allí, un total de 10.000 griegos (1) se dispusieron a hacer frente al adversario. Las ventajas del lugar ya las hemos expuesto: su estrechez y su, teóricamente, imposibilidad de flanqueo. La escuadra, al mismo tiempo, y posicionada al norte de Eubea, haría otro tanto contra la numerosa flota enemiga. Cuando tiempo después hizo acto de presencia el imponente ejército del Gran Rey, los griegos dudaron. Los procedentes del Peloponeso se preguntaron si no era mejor retroceder hasta el Istmo de Corinto, en donde se podrían defenderse en masa haciendo uso de todos sus recursos humanos. Sin embargo, esto provocaría la defección de todos los aliados situados allende del Peloponeso. Perdidos para la alianza los tesalios, a causa de su primera retirada en el Paso del Tempe, Leónidas no estaba dispuesto a renunciar a más contingentes helenos además de que, sin duda, la moral y el prestigio de los griegos en general se vería seriamente comprometida por este nuevo repliegue estratégico. Había llegado el momento de la lucha, no habría más retiradas.
Cuando Jerjes llegó ante el desfiladero, ante el que lentamente se iban reuniendo sus ejércitos, descubrió la posición sus enemigos. Un explorador a caballo se adelantó entonces hasta el Paso tratando de averiguar algo sobre los hombres que lo defendían.
Los griegos se encontraban apostados en el interior del desfiladero; habían reconstruido deprisa y corriendo un antiguo muro que lo cerraba; allí se defenderían haciendo frente al invasor. El jinete persa se acerco todo lo que pudo con la intención de observar a los defensores del lugar y de hacerse una idea clara del número de los mismos.
En aquel momento los espartanos se lavaban y peinaban junto a la orilla, cosa que anotó sorprendido el persa, también pudo hacerse una imagen cabal de las dimensiones de las fuerzas griegas, datos todos ellos con los que corrió de vuelta al campamento que los invasores habían establecido más allá de la salida del Paso de las Termópilas.

Para el orgullo del Rey, la descripción del tan poco heterodoxo comportamiento de los famosos espartanos y del exiguo número de las fuerzas totales reunidas por los griegos causo en el mismo una desmesurada confianza. ¿Esos eran los famosos espartiatas, los mejores soldados de Grecia? Defendida la posición por tan pocos hombres despreció a todos ellos. "¡Traedlos a mi presencia!" ordenó
(2). Un fuerte contingente de hombres marchó entonces hacia la entrada del desfiladero.
Y así, lo que a ojos de todos parecía un simple trámite, se convirtió en una autentica pesadilla para los asaltantes: la carga masiva de la infantería atacante se estrelló contra las primeras líneas de hoplitas que se defendían tras el muro focidio (los restos reforzados de la antigua construcción defensiva antes mencionada). Durante toda la jornada, una y otra vez, en masa o en grupos de apenas un puñado de hombres, los valientes medos atacaban hasta caer masacrados por los tenaces defensores. El armamento de los asiáticos -lanzas cortas y escudos de mimbre, además de un arco y un puñal- era del todo ineficaz en la lucha cuerpo a cuerpo contra las largas lanzas y los escudos de bronce que portaban los griegos. Las formaciones cerradas que los helenos oponían a los asaltantes se demostraban de esta forma absolutamente infranqueables.
Este enfrentamiento se prolongó durante buena parte del día hasta que por fin, después de sufrir innumerables pérdidas, los atacantes se dieron por vencidos y, perdida toda su voluntad de lucha, no tuvieron más remedio que retirarse. Profundamente contrariado, Jerjes, que observaba detenidamente la lucha desde su posición, ordenó el avance de sus inmortales. No podía permitirse ningún fracaso, por corto que este fuera, y mucho menos a la vista de sus ingentes pero heterogéneas huestes. El ataque, pues, de sus mejores soldados era la mejor opción que podía en ese momento adoptar.
Ya en la lucha, los inmortales
(3), que vieron con impotencia como sus lanzas eran más cortas que las de sus adversarios, sufrieron de nuevo fuertes pérdidas en el combate contra los hoplitas. Los espartanos emplearon con profusión la táctica de replegarse, simulando una huida, para luego revolverse y, rehaciendo inmediatamente la formación, contraatacar a sus desorganizados perseguidores; añagaza en la que estos caían continuamente y que les hacia sufrir un gran número de bajas a unos soldados, por otra parte, que reemprendían valientemente el ataque una y otra vez. Al terminar el día, y pese a que las pérdidas griegas habían sido relativamente sensibles, la debacle persa era evidente (4).
Fue durante esa primera noche, después de una larga jornada de lucha, cuando Leónidas tuvo noticia de que había un camino de montaña que podía ser utilizado por los persas para flanquearle. Al lugar fueron enviados los hoplitas focidios, 1.000 hombres, con la intención de guarnecer el paso, aunque con la esperanza última de que el enemigo no supiese de su existencia.
Al día siguiente, en cuanto las primeras luces lo permitieron, Jerjes ordenó un nuevo asalto en
masa de la posición enemiga reuniendo para ello a los mejores hombres de cada nacionalidad. Tenía la esperanza de que los agotados griegos no soportarían un ataque como el precedente, pero se equivocó. Allí estaban de nuevo las cerradas filas de hoplitas esperando la acometida persa. Durante un nuevo día oleadas de feroces atacantes se estrellaron dramáticamente contra la cerrada formación de los griegos.
Jerjes había amenazado a sus guerreros que de fracasar no tendrían lugar al que retirarse. Cuando los derrotados atacantes volvieron sobre sus pasos recibieron una lluvia de proyectiles de parte de las formaciones persas que se desplegaban fuera del desfiladero. Detenidos así en seco, los asiáticos no tuvieron más remedio que regresar e intentar batir de nuevo a los griegos, cosa que, evidentemente, no lograron.
Fue tal el ímpetu de unos y otros que los espartanos que combatían en primera fila no dejaron que sus compañeros o aliados les relevasen del puesto como era habitual en este tipo de largos enfrentamientos cuerpo a cuerpo.
Después de dos días de lucha continuada el inmenso ejército de Jerjes no había avanzado ni un solo metro. La situación no podía ser más desconcertante para el orgulloso monarca cuando el destino vino a entregarle en bandeja la victoria. La tarde del segundo día del ataque, un lugareño indicó al mismo Jerjes que existía un paso entre las montañas (la llamada senda Anopea) que podía ser utilizado para llegar al otro lado de las posiciones que los griegos ocupaban en el desfiladero. Sin pérdida de tiempo el rey ordenó al persa Hidarnes, a la sazón al frente de los Inmortales, tomar aquella ruta con sus hombres para, al amanecer, confluir desde todos los lados a la vez sobre los defensores griegos.
Cuando los focenses que defendían el paso se vieron aquella noche desbordados por una auténtica marea de persas, se replegaron confundidos hasta lo alto de una colina cercana aunque no sin enviar a la retaguardia en las Termópilas un emisario con la terrible noticia. En principio trataban los focenses de ganar tiempo atrincherándose en una posición fuerte, pero en realidad lo que hicieron fue dejar involuntariamente el camino libre a los persas que, sin dudarlo un momento, les dejaron inteligentemente de lado y prosiguieron con su avance en dirección al desfiladero.
(Mapa Senda Anopea, futura ruta del "Comando Preston" en homenaje a los "300")

LEÓNIDAS Y LOS TRESCIENTOS ESPARTANOS
Las nuevas del avance del persa por las montañas llegaron pronto a Leónidas. Reunidos los líderes griegos a la luz de las antorchas, resolvieron que toda resistencia era inútil y que la posición debía ser evacuada en ese mismo instante, aprovechando la oscuridad. Y eso fue lo que hizo la mayoría: todos menos los espartanos. Leónidas consideró que su deber y el prestigio de su patria le obligaban a mantenerse defendiendo la posición hasta el final. Su decisión fue imitada por los tespieos y los voluntarios tebanos
(5), en total, y como mucho, unos 2.000 soldados. Durante aquella difícil noche, y mientras las ultimas columnas de los griegos en retirada se perdían en dirección al sur, alguien propuso a Leónidas el pasar al ataque.Por qué no aprovechar la oscuridad (6) y la segura confianza con la que los persas acampaban más allá del desfiladero para penetrar súbitamente en sus posiciones, buscar la tienda del rey (a buen seguro fácilmente localizable) tomarla al paso y acabar con su vida? Muerto el Gran Rey sin ninguna duda que su ejército se desharía como un azucarillo en el agua.Leónidas no dudo mucho. Había todavía tiempo para realizar aquella hazaña, pues Hidarnes y sus tropas a buen seguro no llegarían desde las montañas hasta el amanecer. Era sin duda el mejor plan posible y, también, osado y glorioso.Saliendo del desfiladero, el rey espartano desplegó sus unidades y ordenó el avance sobre el campamento del enemigo. Lo último que podían esperar los persas era este desesperado contraataque y, sobre todo, la intención final del espartano, que era llegar hasta la misma tienda del rey para acabar con él. En formación cerrada los griegos irrumpieron en el inmenso campamento persa. El combate cuerpo a cuerpo se generalizó por doquier y en su empuje los espartanos llegaron hasta la misma tienda de Jerjes: vacía. Momentos antes el Gran Rey había sido prudencialmente alejado del lugar.Mientras la noche cubría el campo, el combate se convirtió en una espantosa matanza para los persas y sus aliados. En la confusión unos a otros, aliados con aliados se despedazaban mutuamente sin saber bien lo que ocurría ni contra cuantos enemigos luchaban.Finalmente con las primeras luces del día los persas pudieron hacerse una idea cabal de lo que ocurría y del número de los griegos infiltrados. El contraataque no se hizo esperar.Rebasados por todos los lados y ante la inmensa superioridad numérica del enemigo los griegos fueron lentamente exterminados, cayendo buena parte de ellos en la lucha; Leónidas murió allí mismo, y sobre su cadáver se recrudeció el combate. Finalmente, el anuncio de que el persa Hidarnes desembocaba ya al otro lado del desfiladero provocó la retirada ordenada de los últimos supervivientes; grupos de tespieos y espartanos que codo con codo se replegaron de nuevo sobre las Termópilas, pues sus otros aliados, los tebanos, optaron por rendirse y entregarse allí mismo a los persas.



En una especie de túmulo existente poco más allá de las posiciones del muro focidio, los griegos se apiñaron juntando sus escudos en un intento vano de defenderse de la lluvia de flechas que los rabiosos persas lanzaron ahora y desde todas direcciones sobre ellos. De esta forma, sin cruzar ya las espadas, los últimos griegos de las Termópilas cayeron en la lucha.

Entre tanto, no lejos de allí, en Artemisio, las noticias de que las Termópilas habían sido expugnadas, condujo inevitablemente a una rápida retirada de la agotada flota griega que cerraba en aquel lugar el paso a la escuadra persa
(7). En su repliegue la flota griega llegó al fondeadero de Salamina, frente a la misma Atenas.Las puertas de Grecia quedaban así abiertas al invasor.

DOS SUPERVIVIENTES
De todo el contingente espartano solo dos hombres sobrevivieron a la derrota. Los dos, enviados a Esparta poco antes por el rey para informar de sus últimas resoluciones, fueron acogidos en su patria como cobardes. Si bien en realidad no tenían culpa alguna, sufrieron injustamente el rencor de sus compatriotas, y hasta tal punto fue así que uno de ellos decidió poner fin a su vida suicidándose. El segundo, deseando resarcirse ante sus conciudadanos, lucho en la batalla de Platea, en donde murió.
Era habitual entre los griegos elegir, tras la batalla, al combatiente mas arrojado en la lucha. En Platea, a decir de los testigos, fue este joven el más valiente de entre todos los espartanos, aunque también dijeron que busco abiertamente la muerte en el combate, lo que invalidaba su merito.El último de las Termópilas caía así frente al enemigo aunque esta vez su sacrificio no fue en vano, pues los persas fueron derrotados en aquel lugar de una manera absoluta y definitiva.

Satrapa1

Notas.
(1) Las cifras son siempre relativas. Los griegos casi nunca contabilizaban a los auxiliares. Solo los hoplitas merecían ser tenidos en cuenta, y de este número aproximado de 10.000 hombres unos 3.100 serían hoplitas. Soldados armados de escudo de bronce y lanza pesada. Las tropas ligeras (honderos, jabalineros y demás) en realidad no eran oponentes para los persas, todo lo contrario que los hoplitas.
(2) Los contingentes medos y cissios. Eran estos, los medas, los principales protagonistas de la derrota en Maratón, siendo el mismo Datis, comandante en jefe de aquella desafortunada expedición, de origen medo. Jerjes les proporcionaba, de esta forma, la posibilidad de vengar tan humillante afrenta.No me cabe duda de que con la absoluta anuencia de los lideres de este contingente, pues como soldados eran valientes, aunque su armamento y mando, posiblemente, dejaba mucho que desear.
(3) Se llamaban Inmortales porque cualquier baja entre sus filas era inmediatamente cubierta por un nuevo recluta. Eran todos persas y en número de 10.000.
(4) Los griegos no se habían parapetado tras el Paso más angosto del desfiladero. Tal estrechez era perjudicial tanto para griegos como para persas, ya que en ese caso ninguno de los dos bandos podría hacer rotar a sus combatientes, cosa que era absolutamente indispensable en un tipo de lucha, cuerpo a cuerpo, como lo era aquel. Al desplegarse en una zona más amplia, la del muro focense, los griegos podían presentar un frente más extendido, lo suficiente como para permitir evolucionar tácticamente a sus filas. Las tácticas espartanas como vemos requerían de una cierta capacidad de movimiento, con una retaguardia abierta y espaciosa en donde retroceder y revolverse.
Foto aérea (lugar actual)

Con el paso de los siglos, la tierra ha ganado espacio al mar. Ahora, no existe ningún Paso, y sí una extensa lengua de tierra de varios kilómetros de extensión entre las montañas y el mar. Todo ese espacio cultivado que aparece en la foto es el terreno gracias a los, ya milenarios desde entonces, depósitos aluviales del río Esperqueo.
(5) Los tebanos se quedaron en el lugar quizá porque se habían autoexiliado de su patria al escoger luchar del lado de los griegos. No tenían a donde regresar. La oligarquía tebana se había alineado con los persas y consecuentemente esperaban la llegada del Gran Rey para pasarse con armas y bagajes a su bando.
(6) Adoptamos aquí la versión de Diodoro como más lógica. De haber atacado con las primeras luces del día, habrían sido vistos a tiempo por los persas y, al menos, les habría sido más fácil calibrar las dimensiones de la amenaza. La confusión inicial en el campamento persa es sin duda a causa de la oscuridad reinante. Otros ejemplos nos da la historia, como por ejemplo el ataque nocturno de Escipión contra Asdrúbal Giscón y que ahora se me viene a la mente.
(7) La flota griega había sufrido un serio desgaste en las operaciones navales. Estaba condenada a una retirada más pronto que tarde, por lo que aunque los griegos hubiesen resistido firmemente en las Termópilas, deberían haber abandonado la posición tras el repliegue de su flota.

2 comentarios :

  1. ¡Magnífico documento!
    En lugar de basarse en un cómic, ¿no habría sido más lógico basarse en la Historia?
    Cuando la Historia sale de ser una sucesión de fechas y personajes para convertirse en hechos con causas, motivaciones y consecuencias que llegan hasta nuestros días, es la mejor novela de aventuras que puede existir.

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  2. Como siempre tus acertadas palabras hacen honor a la verdad.
    Aunque la película es un auténtico espectaculo visual, no menos espectacular hubiera sido reflejar la realidad tal y como fué, sin necesidad de criaturas fantásticas.
    Pero, en fin, ya estábamos avisados, estaba basada en el cómic y desde ese punto de vista, la película es una pasada, si bien es recomendable el complemento de una lectura veraz de los hechos o cuando menos el capítulo correspondiente en el "Discovery Chanel" o similar.
    No hay mayor aventura que la propia historia, cuyo drama siempre superará la ficción.

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