lunes, mayo 12, 2008

Peña Escrita y Pico Baluelas

sábado, 10 de mayo de 2008
De Peña Escrita al Pico Bañuelas (Zona Sur de Ciudad Real, Sierra Morena) :
Épica Aventura por las Quijotescas tierras de Ciudad Real, donde un grupo de intrépidos senderistas formado por: "La Hechicera du Sao Paulo", Darío El Magnífico", "Rosa de Casarabonela", "El Elfo de la Malagueta", "La Chica que miraba a las estrellas" y "El Hombre que sabía demasiado" desafiaron la tempestad de granizo.
A pesar de las previsiones que daban un 85% de probabilidad de lluvia para el sábado en la zona del sur de Ciudad Real, nos dimos cita en Fuencaliente seis PasosLargos: Rosa de Casarabonela, Celia, Darío, Juan Antonio, Miguel y Patri, con la intención de subir al punto más alto de Sierra Morena, el Pico Bañuelas. El día amaneció muy nublado y con nubes bajas, con amenaza de lluvia pero decidimos empezar a ver qué podíamos hacer. Después de visitar las pinturas de Peña Escrita que se encuentran en un abrigo natural protegido por unas rejas, comenzamos a andar en el parking de las pinturas rupestres de Peña Escrita a unos 5 kilómetros de Fuencaliente por el carril entre pinos que surge desde ese punto en dirección este. Al poco los pinos se acaban y nos vemos envueltos de matorrales a través de una senda poco marcada, solo por unos pocos hitos. Esta senda desciende a un barranco, por el que discurre algo de agua. Después de cruzarlo pasamos a la ladera de enfrente, donde la senda continúa desdibujada y comienza a subir poco a poco. Las nubes están bajas pero a medida que ascendemos, ellas también retroceden, dándonos esperanza de llegar a hacer cumbre. La senda cruza varias pedreras con musgo, características de estas laderas, y donde proliferan grandes manchas de robles. Podemos observar dos águilas que nos vigilan desde las alturas.

La niebla va subiendo pero las nubes comienzan a tornarse más negras cada vez, y la prudencia hace pensar que es mejor volver ya, pero somos del Comando Preston y nos gusta la aventura, así que seguimos adelante con poca visibilidad. Ya deberíamos ver el pico, pero las nubes nos lo impiden. De memoria, ya sin sendero, seguimos subiendo no sin el temor de que se meta la niebla y no podamos saber por donde volver. La montaña nos da un aviso importante. Cuando ya estábamos casi a punto de coronar, las primeras gotas de agua. Empezamos a sacar los chubasqueros y antes de poder colocarnos todo nos damos cuenta de que está granizando. Las nubes se nos echan encima, el granizo cada vez más violento, nos miramos y para abajo. Ya hemos arriesgado demasiado, y ahora solo queda ir con cuidado por el mismo camino, pisando fuerte para no resbalar en las zonas de rocas y piedras. El musgo sobre la roca se convierte en nuestro enemigo número uno, y si no que se lo digan a Juan Antonio, que tuvo un resbalón aparatoso que le dejó dolorido por un momento, aunque se sobrepuso al momento y parece que solo tendrá un moratón durante un tiempo.


A la vuelta dudamos en algunos puntos a causa de las nubes, pero sabemos encontrar el camino y al bajar un poco, cesa el granizo y las nubes vuelven a subir. Ya son más de las dos, pero la cautela hace que sigamos bajando hasta llegar al menos a la pista donde ya no hay peligro de desorientarse. En el inicio de la pista paramos a comer, y se acaba de nuevo la tregua, un chaparrón hace que nos aligeremos y vuelta a los chubasqueros. Solo queda llegar a los coches, cambiarnos la ropa mojada y rememorar la jornada en una venta cercana, donde probamos la rica carne de venao de la zona, acompañada de unas cervecitas, cafés, etc.

Quiero agradecer a todos los senderistas que compartieron esta ruta conmigo y que se desplazaron hasta allí a pesar de las previsiones para conocer una zona muy virgen y desconocida que esperamos poder conocer más en profundidad en otra ocasión. Creo que arriesgamos un poco más de lo deseable, ya que no llevábamos GPS y las condiciones eran realmente malas, pero el trabajo en equipo y el compañerismo sirvieron una vez más para que la cosa acabara muy bien y con la sensación de que habíamos disfrutado de la montaña y de los amigos.

Crónica y Fotos: Patricia López Casaluenga, “La Chica que miraba las estrellas”

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