domingo, noviembre 02, 2008

Día de los Difuntos

Ayer fué el día de los Difuntos, dice la tradición que toca recordar a los muertos, pasear por los cementerios, sufrir los primeros fríos y comer castañas. Qué le vamos a hacer: son rituales de paso. Y así pasan los años. Confieso que, sin tener ninguna prisa por incorporarme al mundo de los difuntos, siempre me han atraído los epitafios. No es nada fácil jugárselo todo a una única frase que va a servir de tarjeta de presentación para las generaciones futuras. Hay epitafios que quieren ser descriptivos, como el de John Wayne ("Feo, fuerte y formal") y los hay periodísticos, como el anónimo catalán que informa de que el difunto "Murió buscando setas". Hay epitafios ingeniosos, como el que se atribuye a Groucho Marx ("Perdonen que no me levante"), el de Miguel Mihura ("Ya decía yo que este médico no me inspiraba confianza") o el anónimo irlandés que dice: "Me costó toda una vida llegar hasta aquí". Uno que me gusta especialmente por su sentido del humor es este: "Aquí descansa un sacerdote, / allí una bailarina. / Él enseñaba doctrina, / ella lo enseñaba todo". Entre los vengativos, destacaría el que dice: "Aquí yace mi mujer, fría como siempre", o este otro del cementerio de Salamanca: "Con amor de todos tus hijos, menos Ricardo que no dio nada". Quedó bien retratado el tal Ricardo... Y un clásico del mal rollo: "Yo fui lo que tú eres, y tú serás lo que yo soy".
Las posibilidades, como puede verse, son infinitas, pero es comprensible que en el último momento, aturdido por las prisas, al candidato a difunto le pueda fallar la inventiva. Quizá por eso cada vez se hacen más cremaciones. Aquí no se necesitan palabras; solo humo.
A mí ,ejor que me incineren y esparzan mis cenizas sobre la cumbre del Lucero de Sierra Almijara ó en el Sánches Pizjuan.
Juan Ignacio Amador

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