lunes, febrero 02, 2009

Revolutionary Road

Basada en la novela de Richard Yates, Revolutionary road ha sido dirigida por Sam Mendes y protagonizada por Leonardo DiCaprio, Kate Winslet, Kathy Bates, Kathryn Hahn, Michael Shannon y Zoe Kazan.Ambientada a mediados de los años cincuenta, DiCaprio y Winslet interpretan a una pareja con dos hijos, que vive en los suburbios de Connecticut. Su vida es aparentemente feliz, pero ambos se encuentran ante el dilema de luchar por sus verdaderos deseos o conformarse con su estado actual, acomodaticio y maravilloso de cara a la galeria, pero sintiéndose vacíos por dentro.Podríamos decir que Revolutionary road es una suerte de paradigma de la obra del escritor Richard Yates, mordaz crítico del mitificado American Way of Life en el grueso de sus novelas. Por ello, no resulta del todo extraño que un director como Sam Mendes escogiera la novela de Yates para realizar su cuarto largometraje.Y es que la obra de Mendes, al igual que la de Yates, emana una fuerte crítica a la sociedad americana en general, como ya pudimos ver en American Beauty, incluso en sus otras dos películas, una de mafia (Camino a la perdición) y la guerra (Jarhead). De todas ellas se desprende un fuerte poso de amargura, y Revolutionary road no podía ser una excepción.Si American Beauty era una deliciosamente salvaje crítica al establishment norteamericano actual trasladable al grueso de la sociedad occidental, Revolutionary road viaja al pasado (al menos, en apariencia) hasta los mismos orígenes de dicha sociedad, surgida a lo largo de mediados del siglo pasado, donde la aparente bonanza económica tras la Segunda Guerra Mundial dio pie al auge del consumismo popular y, por decirlo de algún modo, de una nueva revisión del American Dream.Bajo dicho marco nos encontramos con una pareja joven y atractiva, con dos hijos y bien asentada, una imagen modélica, casi de catálogo, de dicho modo de vida, a través de la cual Sam Mendes disecciona la falsa felicidad de una vida repleta de pequeñas miserias y grandes decepciones, en la que el tiempo ejerce una capital importancia. Y es que no es otra cosa que el devenir del tiempo lo que diferencia las actitudes de sus protagonistas, es el paso del tiempo el que transforma sueños en pesadillas, esperanzas en frustraciones, amor en odio. Ö lo que es lo mismo la imagen fiel de aquello en lo que se terminan transformando la mayoría de las parejas que terminan formando una familia en nuestra sociedad occidental actual y quien diga lo contrario miente.Los sueños de grandeza, el egocentrismo de la juventud, ceden lentamente a una frustración tamizada bajo el conformismo y la rutina, una silenciosa rendición que el personaje interpretado por Kate Winslet se niega a aceptar. El conflicto, pues, no radica verdaderamente en dicha rendición personal, por la que todo ser humano debe pasar tarde o temprano y en mayor o menor medida, sino en el reflejo que el personaje de Winslet ve en su esposo, un Leonardo DiCaprio que ahoga sus propias frustraciones a través del acohol, las infidelidades o las nimias victorias cotidianas. De este modo, si bien Revolutionary road es, abiertamente, una dura crítica al anteriormente mencionado American Way of Life, su verdadero trasfondo no deja de ser aplicable a cualquier pareja joven o incluso medianamente madura de hoy día.Desde mi punto de vista el descenso a los infiernos conyugales elaborado por Sam Mendes resultaría verdaderamente sublime, si no fuera por cierto exceso de dramatismo y la reiteración casi enfermiza de la utopía que plantea el personaje interpretado por Kate Winslet, que en ocasiones no consigue trasladar al espectador ese inmenso dolor que puede llegar a nacer de una pequeña miseria, si bien la película contiene escenas verdaderamente loables, como la presentación inicial de sus personajes, perfecto resumen tanto de la situación como de sus psicologías enfrentadas, o el emocionalmente devastador desayuno final.Tanto Kate Winslet como Leonardo DiCaprio bordan su papel, si bien, la mejor interpretación que he visto en mucho tiempo es la del chaval que hace de voz de la conciencia de los dos protagonistas encarnando un papel de loco, que resulta genial en cada una de sus conclusiones y sentencias y que sin duda debería ser galardonado con el oscar al papel secundario. El detalle de la última escena de la película dejó dibujada una sonrisa en mi cara que contrarrestó el amargo final de este magnífico drama. Si señor una película que invita al debate a la salida del cine y de las que no dejará indiferente a nadie.

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