miércoles, junio 30, 2010

Carta al director: Salvemos al Chillar

El río Chillar mas que una crónica merece una poesía por la cantidad de sensaciones que te va dejando conforme vas remontando su cauce, mientras caminas por sus cristalinas aguas en un entorno realmente precioso a través de su encajonado valle. Pero pocas cosas hay tan bonitas como el amor de una madre que es capaz de hacer el recorrido de vuelta casi descalza por darle a su hija su propio calzado, cuando a esta ya no le sirve el que lleva. Ese compañero previsor (Ruben) que ha incluido en su botiquín una crema para las picaduras que rápidamente la pone a disposición de Paco Jaime tras el picotazo de un tábano del tamaño de un helicóptero. Pero la imagen mas hermosa que a nivel humano he visto en estos años que llevo peregrinando al río Chillar es la promesa cumplida de dos amigos ayudando hábilmente a un tercer amigo ciego hasta la poza grande. Todo un monumento a la amistad, la generosidad, el afán de superación, el cumplir la frase de querer es poder y entre otras muchas cosas positivas, la riqueza y la belleza tan grande del entorno del río Chillar que no sólo se disfruta con la mirada, sino con los oídos, el tacto, el olfato y casi con el gusto.

Sin embargo, tal y como me temía, también comprobé una serie de hechos que me llevaron a escribir la siguiente carta al director dos días después de la ruta. La carta se titulaba: “Salvemos el río Chillar”:

Son ya diez años haciendo senderismo por la provincia de Málaga y los últimos siete de forma muy asidua. Precisamente fue la ruta del río Chillar la que me enamoró hasta el punto de convertir este bello deporte en mi principal afición de estos diez últimos años. Sin embargo, el boom del senderismo y los deportes de aventura de un tiempo a esta parte, requiere de una profunda reflexión sobre su impacto en el medio natural. Sobre todo en aquellos parajes naturales de gran belleza, que tienen la desgracia de tener un acceso fácil y rápido por carretera y para colmo se encuentran cerca de una importante franja de población como es la costa, como es el caso del río Chillar y otros parajes que no quiero mencionar para no colaborar con la masificación de visitantes, ya que suele tratarse de ecosistemas muy delicados.

El pasado sábado, nada mas llegar a la cantera desde donde teóricamente se inicia la ruta, una montonera de tenis desperdigados y calzado deportivo en general nos da la bienvenida. Deducimos que como la mayoría de la ruta se hace caminando por el agua, mucha gente opta por llevarse unas zapatillas viejas y al finalizar las dejan allí mismo, sin llevársela en el maletero del coche para tirarlas en un contenedor. Los aproximadamente dos kilómetros que distan de la cantera hasta la rampa de cemento del salto grande de la fábrica de luz, tras la cual ya empezamos a caminar por el agua, se ha convertido en una especie de camel trophic improvisado, donde la mayoría de los que llegan con sus 4x4 ó los ruidosos quad, parecen haber entrado en una competición de a ver quién llega mas lejos con el consiguiente daño para el propio cauce del río y su camino aledaño. Encontrándonos vehículos, incluso mas allá de la mencionada rampa, donde en ocasiones algunos montan su propio chiringuito junto al río, con su mesa, su nevera y su tienda de campaña, aún sabiendo que está prohibida la acampada libre. Poco después llegamos a los famosos cahorros del Chillar, preciosa sucesión de tres pequeños desfiladeros, entre los que se abren paso de forma inverosímil las aguas de este modesto río, a modo de pasillos encajonados. El juego de luces y sombras, acompañado de la música acuática, las tobas calcáreas por las paredes colgando a modos de estalagmitas, los endemismos botánicos y el chapotear de nuestros pies caminando por el agua, nos hacen sentir en un auténtico santuario natural, pero desgraciadamente profanado por los salvajes de turno que han garabateado algunas de sus paredes con graffity. Después de los cahorros el siguiente hito, que suele ser el punto de inflexión donde ya se da media vuelta la mayoría de los excursionistas es la poza grande con su cascada, que nos la encontramos mas masificada que nunca. Cierto es que podría atribuirse a la casualidad de haber escogido un sábado de principios de verano. Sin embargo, la cantidad de basura ajena que fuimos recolectando por el camino, salimos de allí con tres bolsas llenas, la ausencia casi total de fauna en todo el recorrido y los pequeños diques que de forma caprichosa ha ido improvisando la gente a modo de pequeñas piscinas a lo largo de su curso, me llevan a pensar que definitivamente el río Chillar, no puede seguir mucho mas tiempo abandonado a su suerte, a merced de la barbarie, la falta de conciencia ecológica de algunos de sus visitantes y sin ningún tipo de control de la masificación de visitas, que de unos años a esta parte ya se ha convertido en una auténtica invasión cuando llega la temporada de verano.

Dicho lo cual, para que surta a los efectos oportunos, yo propondría de entrada la restricción de vehículos motorizados no autorizados a partir de la cantera, con las cadenas de rigor que corten el paso de vehículos, excepto para guardas del parque y operarios de la fábrica de luz bajo fuerte sanción económica. Además como el acceso es un embudo por donde todo el mundo tiene que entrar y salir se podría poner incluso una cámara de vigilancia. Teniendo en cuenta que no todo el mundo se toma la molestia de cargar con su propia basura de vuelta, dejaría repartidos una serie de contenedores ecológicos en lugares estratégicos como la cantera, la fábrica de luz, la poza que hay entre el segundo y tercer cahorro y la poza grande. Con un equipo de voluntarios y si es necesario de personal contratado para el vaciado de los contenedores. A pesar de la fama que tiene esta ruta, no existe ni un solo panel informativo en todo el recorrido que nos hable sobre el río Chillar, la función que tenían las casetas de agua y luz de su primer tramo, la acequia, o el parque natural Sierra Tejeda, Alhama y Almijara en general en lo referente a su vertiente mediterránea. No vimos ni un solo panel recordándonos “no arrojar basura” a lo largo del recorrido. Si en último caso fuera necesario, debería ubicarse una caseta de vigilancia junto a la fábrica de luz, para controlar el paso de los visitantes previa autorización con un cupo máximo para cada día como se hace en Grazalema con la Garganta Verde, el Pinsapar y otras rutas emblemáticas, que gracias a estas medidas nos brindan un paisaje tan grandioso como impecable e inmaculado.

Indistintamente de que algunas de estas medidas para proteger nuestro patrimonio natural, se lleven a cabo o no. No estará de mas recordar que a poco que cada uno de nosotros aporte su granito de arena, podremos hacer una gran labor entre todos, como es la de cuidar, mantener y mejorar nuestro entorno natural, para que las generaciones venideras se encuentren con nuestras montañas, no ya como nos las encontramos nosotros, sino mejor aún. Y a este respecto deberíamos dedicar algunos minutos de charla quienes desde hace varios años coordinamos numerosas rutas de montaña y senderismo, recordando entre otras cosas antes de iniciar cada ruta: las pautas básicas de comportamiento para adentrarnos en cualquier entorno natural y llevar siempre una bolsa grande de plástico para recoger nuestra propia basura y la ajena que nos vayamos encontrando por el camino, que incluso yendo con niños se podría plantear como una especie de búsqueda del tesoro, ganando el que mas basura recoja.

Juan Ignacio Amador Tobaja

1 comentario :

  1. Anónimo5:07 p. m.

    Despues de 4 años de este magnifico articulo , nada se ha hecho para salvar al Chillar, salvo lo de colocar una cadena para impedir el trafico de vehiculos,los grafitis, las zapatillas y las basuras van a más . por la cantidad de zapatillas enganchadas en los cables no son unos cuantos de vándalos los que visitan el rio sino de miles.y las autoridades ,bueno....los politicos de las administraciones locales y autonómicas miran para otro lado y no toman medidas drásticas como ,el acceso de un numero determinados de visitantes diarios, para impedir la masacre que está ocurriendo con la fauna animal, vegetal y el entorno. Eran otros tiempos cuando al visitar el rio encontrabamos camaleones ahora y los ve es aplastado en el asfalto por algunos de los cientos de coches que van diariamente al rio. Una pena..

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