jueves, agosto 25, 2011

Diálogos con el Maestro, III, El Misterio (Paulo Cohelo)

Qué estamos haciendo en esta tierra?, pregunta con interés el discípulo.

-¿Sinceramente? No lo sé. Ya he buscado en muchos rincones, en lugares iluminados y en lugares oscuros; hoy estoy convencido de que nadie lo sabe; solamente Dios.

-No es una buena respuesta para un maestro.

-Es una respuesta honesta. Conozco a mucha gente que te explicará con detalles la razón de la existencia. No los creas, son personas que continúan atadas al antiguo lenguaje y solo creen en las cosas que tienen explicación.

-¿Quiere decir que no hay una razón para vivir?

-No has entendido lo que estoy diciendo. Yo he dicho que no sé la razón. Pero claro que existe un motivo para estar aquí, y Dios lo conoce.

-¿Por qué no nos lo revela?

-Nos lo revela a cada uno de nosotros, pero a través de un lenguaje que a veces no aceptamos porque no es lógico, y estamos demasiado acostumbrados a recetas y fórmulas.

Nuestro corazón sabe por qué estamos aquí. Aquel que escucha a su corazón, aquel que sigue sus señales y vive su leyenda personal -entenderá- que está participando en algo, aun cuando no llegue a -comprenderlo- racionalmente. Dice la tradición que un segundo antes de nuestra muerte nos damos cuenta de la verdadera razón de la existencia.

Y en este momento nacen el infiernoy el paraíso.

- No lo he entendido.

-El infierno es, en esta fracción de segundo, mirar para atrás y saber que desperdiciamos una oportunidad de honrar a Dios y dignificar el milagro de la vida.

El paraíso es poder decir en ese mismo momento: «Cometí algunos errores, pero no fui cobarde: viví mi vida e hice lo que debía hacer». Tanto el infierno como el paraíso nos acompañarán por mucho tiempo, pero no para siempre.

-¿Cómo puedo saber si estoy viviendo mi vida?

-Porque, en vez de amargura, sientes entusiasmo. Esa es la única diferencia. Por otra parte, hay que respetar el misterio y aceptar -con humildad- que Dios tiene un plan para nosotros. Un plan generoso, que nos conduce hacia su presencia y que justifica estos millones de estrellas, planetas, agujeros negros, etcétera que estamos viendo esta noche, aquí en Oslo [estábamos en Noruega].

-Es muy difícil vivir sin una explicación.

-¿Puedes explicar por qué el hombre necesita dar y recibir amor? No.

Y tú vives con eso, ¿o no es así? Y no solo vives con eso, sino que el amor resulta ser lo más importante de la vida. Y, sin embargo, no existe ninguna explicación.

De la misma manera, tampoco hay explicación para la vida. Pero existe una razón para nuestra estancia aquí, y tienes que ser lo suficientemente humilde como para aceptar eso.

Confía en mis palabras: la vida de cada uno de los seres humanos tiene un sentido, aun cuando él cometa el error de pasar gran parte de su tiempo en la tierra buscando una respuesta mientras se olvida de vivir.

Puedo darte un ejemplo de una época en la que estuve cerca de entender todo eso. Yo había asistido a la fiesta de conmemoración de los cincuenta años de mi graduación como bachiller. Allí, en la escuela donde estudié cuando era un adolescente, encontré a muchos amigos de entonces. Bebimos e hicimos las mismas bromas que medio siglo atrás.

En un determinado momento de la fiesta miré hacia el patio del colegio. Entonces me vi siendo un niño, jugando con todos ellos, haciendo frente a la vida con sorpresa e intensidad. Y, de repente, aquel niño que fui pareció tomar forma y se aproximó a mí.

Me miró a los ojos y sonrió.

En ese momento entendí que yo no había traicionado mis sueños de infancia. Que el niño que yo había sido un día aún estaba orgulloso de mí. Que la misma razón que yo tenía para vivir entonces continuaba viva en mi corazón.

Procura vivir con la misma intensidad que un niño. Él nopide explicaciones, se sumerge en cada día como si fuese una aventura diferente y, por la noche, duerme cansado y feliz.

Fuente: XL Semanal Número: 1241 (Del 7 al 13 de agosto)

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