miércoles, septiembre 26, 2012

Casares-Baños de la Hedionda-Torcal de La Utrera



Pueblos de referencia: para el punto de encuentro Manilva, para el inicio de ruta Casares.
Distancia: 11 km (8 km para quien decida finalizar en Los Baños de La Hediona)
Desnivel: 300 m, predominantemente descendente, salvo dos cuesta a medio camino hacia Los Baños de La Hedionda, y unos 200 m de ascensión hasta el inicio (final) del sendero que atraviesa El Torcal de La Utrera.
Dificultad: baja (familiar)
Duración: entre 3 y 6 horas dependiendo de las características del grupo, las pausas, baños, traslado de coches, etc.
Fecha de realización: Sábado 22 de septiembre de 2012













Participantes: desde Rota (Cádiz) vinieron: Reinaldo y Manuela “Los Senescales de la Bahía”.  Desde Ronda: Rafa Flores “El Mago Gandalf de la Serranía”, Patro “La Primera Dama”, Rafa Junior “Pies Grandes”y Pedro Aguayo “El Vietnamita del río Genal”. Desde Casarabonela “La Rosa de la Comarca”. Desde lo que queda de Ojén: Celia “La Hechicera du Sao Paulo”. Y desde distintos puntos de la Costa del Sol: Vicky “La Botánica”, Juan Antonio Mena “El Elfo de la malagueta”, Ana junior “La sirenita del Guadalmina”, María “La Ninfa do río Verdugo”, Guillermina “la Señorita Rotermeier”, Brida “La Suiza sin reloj”, el catedrático Don José Guerrero “Maestro Geobotánico”, su excompañera “Adelaida” con su marido Gerardo y sus hijas: María e Irene y completando el grupo: Chuckie y Juan Ignacio Amador “El Comandaante”.

Observaciones:  1º) Hay que llevar calzado adecuado para rutas acuáticas porque, incluso a finales de verano suele presentar un caudal sorprendente y algunos vados son de obligado paso por agua, con total seguridad si hacemos esta ruta en invierno o primavera y mucho mas si al llegar al río manilva, pretendemos remontar el cauce hasta el charco de La paloma, no digamos ya al charco del Infierno.  

2º)A no ser que la ruta se plantee de ida y vuelta hay que dejar previamente algún/os coches en el final previsto de recorrido, ya sea en Los baños de la Hedionda, ya sea al inicio (final) de la ruta del Torcal de La Utrera.3º) Este itinerario es el que aparece publicado como ruta local Nº10 “Casares-Baños de la Hedionda dentro de la red de senderos que diseñó en su día el Ayuntamiento de Casares, con el añadido de la ruta local Nº11 “Canuto, aunque mas bien debería ser Torcal de La Utrera”, resultando una ruta tan interesante y bonita como entretenida. Coincidiendo hasta Los baños de la Hedionda con el PR.A-162: Manilva-Casres “Ruta de Los Molinos”. De ahí el motivo por el cual, durante gran parte del recorrido las balizas y pinturas verde y blancas, se entre cruzan con las amarilla y blanca, siendo mas frecuentes y estando mejor mantenidas las verde y blanca de SL (sendero local, en este caso del Ayuntamiento de Casares). Descripción de la ruta: Al entrar en Casares desde la carretera Manilva-Gaucín se nos plantea una duda en el momento que la carretera se bifurca, el ramal de la derecha va directamente al corazón del pueblo repleto de calles estrechas. Mientras que el ramal de la izquierda, pasa por la parte alta del pueblo, concretamente por la denominada “calle de la carretera” con cuyo nombre no se han comido mucho el coco. Fue por este ramal por el que cogimos, dejando el nucleo principal del pueblo a nuestra derecha hasta llegar a pocos metros de la salida de Casares, donde nos encontramos con dos bares a la derecha que casi siempre están incomprensiblemente cerrados. No obstante es buen lugar para aparcar con espacio de sobra a ambos lados de la carretera. Antes de entrar en el pueblo para empezar la ruta propiamente dicha, nos dirigimos hacia el panel que anuncia el inicio de la ruta Nº3: La Manga-Celina-Arroyo Hondo y aunque paradójicamente nos lleva en dirección contraria a nuestra ruta en cuestión nos adentramos unos 200 m en él para tomar un ramal que sale a la izquierda llegando en pocos minutos a una especie de balcón natural que nos regala una de las vistas mas bonitas de la localidad de Casares. Lugar propicio para la foto de grupo.

Una vez que regresamos sobre nuestros pasos, nos dirigimos a la céntrica plaza de la Fuente, por empinadas callejuelas de casitas blancas y rincones con sabor morisco, tan sólo estropeadas por el antiestético y obsoleto cableado negro, que ojalá desaparezca pronto y definitivamente de nuestros paisajes rústicos y urbanos. Desde la plaza de la Fuente, donde sí hay bares abiertos, incluido uno donde venden churros. Tomamos a la izquierda, la calle de Los Molinos, que en dirección sur, nos lleva en un cómodo descenso, pasando junto a una fuentecilla que quedará a nuestra izquierda, instalada en un balcón a modo de mirador, posteriormente pasamos junto al panel del inicio de la ruta Nº8: Camino de Jimena y por fin llegamos a una extraña construcción que se presta a cualquier interpretación menos a lo que realmente es, ¡curiosamente, el nuevo cementerio!.
Dicho cementerio, de forma circular con un presunto panteón a modo de órgano catedralicio en el centro, está situado sobre un montículo, a cuya base nos vamos aproximando, a la derecha del mismo sale un camino un tanto desdibujado, pero nosotros debemos tomar el de la izquierda, de tal manera que pasaremos junto al muro del cementerio quedando este a nuestra derecha, mientras que unos 500 m a la izquierda observamos unas covachas al pie de unos paredones calizos. Durante un corto tramo la pista asciende con un pequeño segmento hormigonado entre pitas, algarrobos y frutales de fincas cercanas. Pero pronto vuelve a ser terriza, comenzando un largo y suave tramo en descenso. Siendo el siguiente hito significativo un ramal secundario que sale a la derecha señalizado como ruta Nº8: Camino de Jimena y que unos 7 km mas allá, en dirección suroeste, llega a la Ermita del Rosario, donde se unen los ríos Guadiaro y Genal.
No obstante, nosotros nos mantenemos en el camino principal, carril terrizo, que sigue descendiendo en dirección predominantemente sur, entre pitas, algarrobos, algún que otro alcornoque o frutales las higueras o granados, que hay cerca de un primer cortijo que queda a la izquierda del camino, aprovechado los anchos y altos muros de una antigua ermita, frente a la alberca que queda a la derecha del camino. Poco después vamos a llegar a una bifurcación de senderos, el de la izquierda es el PR.A-163 Casares-Estepona “Ruta de Los Pedregales”.  
Mientras que el nuestro es el del ramal de la derecha, no obstante, varias balizas clavadas sobre un mismo poste de madera nos sacan de dudas. Casi al final de la suave pero prolongada bajada por la que vamos, la pista vuelve a bifurcarse, siendo nuestro camino a seguir el de la izquierda. No obstante, nosotros siempre nos encontramos alguna baliza, o pintura verde y blanca a lo largo del recorrido que nos sacó de duda en cualquiera de los posibles puntos conflictivos.
El final del descenso coincide con un llano donde nos encontramos con la unión del arroyo de los Molinos, cuya línea de vegetación de ribera hemos ido viendo a nuestra derecha y el arroyo Albarrán, que viene por la izquierda, y que se interpone en nuestra trayectoria, pudiéndolo atravesar por un puentecillo de madera o bien vadear sobre tres grandes piedras de molienda colocadas a tal efecto. El caso es que una vez en la otra orilla caminaremos por un angosto sendero, paralelo al recién nacido río Manilva que llevaremos a nuestra derecha, fruto de la unión de los dos arroyos anteriormente mencionados.  Mientras que a nuestra izquierda queda la entrada del cortijo de los Molinos, antiguo Molino de la Americana. 
Cuyas dimensiones nos traslada a una época de esplendor, pero cuyo estado de abandono en plan castillo Eduardo Manostijeras, con la maleza invadiendo el camino de entrada tras la verja de hierro, nos devuelve a los actuales tiempos de crisis.
A partir de aquí la vegetación de ribera comienza a ganar protagonismo destacando los juncos, cañaverales, adelfas, culantrillos,  las abundantes zarzamoras, que nos brindaron abundantes frutos en su mejor momento, sauces, álamos y otras muchas especies que fueron identificando nuestros grandes especialistas en botánica como los ilustrísimos Don José Guerrero o Don Rafael Flores, así como dos de sus alumnas mas aventajadas: Victoria Beltrán y Manuela Cuesta. Unos minutos mas tarde llegamos a un vado del arroyo que coincide con una bonita poza, y una llamativa cascada. 
LLegando inmediatamente después, las ruinas del antiguo cortijo-molino del Madrileño, cuyo interior estuvimos visitando, hasta este cortijo llega un acueducto, también alberga una antigua centralita de electricidad, partiendo desde allí un camino que asciende en dirección suroeste, por el que erróneamente nos adentramos unos 100 m, hasta que nos dimos cuenta que nos habíamos equivocado, regresando sobre nuestros pasos para volver a cruzar al margen izquierdo del río Manilva, quedando éste a nuestra derecha. Cabe destacar las vistas que desde esta zona tenemos de sierra Crestellina y una pequeña parte de Casares echando la vista atrás.
Nada mas vadearlo, salvamos una primera angarilla, adentraremos por un camino terrizo, que durante un corto trecho girará a nuestra izquierda 180º poniéndonos en sentido contrario al que traíamos, para inmediatamente después volver a girar otros 180º a la derecha, remontando una corta pero empinada loma, encontrándonos al final de la misma con otra angarilla, con cartelón de la “ruta Nº 10, Los Baños” que nos indica ir por el buen camino.  
A continuación, el camino se adentra en una finca privada, cuya casa queda a la derecha, pero sin embargo, hay grandes perros como mastines sueltos y aunque el dueño estaba allí y amablemente nos dejó atravesar su finca y retuvo a los perros, abandonando nosotros la finca por otra angarilla unos 100 m mas allá. Conviene tenerse este detalle en cuenta, porque en caso de pasar por allí otro día que no esté el dueño y sigan los perros sueltos, el rodeo se presenta complicado. Sin embargo, también es significativo que en ambas angarillas de entrada y salida de la finca hay cartelones de señalización de la ruta, supuestamente de total conformidad por parte del propietario.
Nada mas atravesar la finca con perros llegamos a otra mas lujosa con caballerizas y picadero de impecable aspecto, que forman parte de un lujoso alojamiento rural que nos vamos a encontrar inmediatamente después a la derecha con piscina, pabellones y un gran estanque cubierto de nenúfares, cual perfecto nido de amor. Todo ello junto al siguiente hito significativo del camino que son las ruinas del Molino de Cancón (en la imagen de abajo)
que con su puentecillo de hierro quedará a nuestra derecha. En este punto podemos refrescarnos en las aguas del río Manilva, que forma un pequeño salto de agua en un vado que queda a escasos metros a nuestra derecha. Sin embargo, debemos abandonar la pista que nos encontramos, a través de un ramal de sendero que asciende durante un corto trecho por la margen izquierda del río, es decir, de manera que este siempre lo llevamos a nuestro lado derecho, salvando un desfiladero fluvial muy espectacular rodeado de las formaciones kársticas del Torcal de La Utrera, hermano pequeño del Torcal de Antequera o Los Riscos de Júzcar y Cartajima. Cierto es que este torcal que ahora contemplamos en la orilla contraria es mucho mas pequeño que los otros dos, pero no es menos cierto que la presencia del generoso caudal que lleva el río Manilva, incluso a finales de verano, le aporta una magia especial.
Además como bien nos recordaba el Maestro geobotánico, Don José Guerrero, el río Manilva, hace las veces zona de contacto entre los materiales muy fracturados del Cretásico en su margen izquierdo, por el que vamos caminando y las calizas del Jurásicos del Sitema Penibético, que ya podemos contemplar ante nosotros en la orilla derecha, donde abundan las torcas y torreones que podemos contemplar a placer a poco que nos desviemos unos metros a la derecha de la parte alta del sendero, pudiendo ver incluso una covacha en las paredes de enfrente, que delata la presencia del charco del Infierno, que no podemos contemplar porque tendríamos que acercarnos demasiado al saliente y sería peligroso. 
A partir de aquí serán cada vez mas frecuentes los algarrobos centenarios y un denso matorral donde abundan palmitos de gran porte y la sabina costera, con ejemplares de gran tamaño, madera de gran valor donde las haya prácticamente imputrefible.
Tras un breve, pero empinado descenso en zig-zag llegamos a la altura de un algarrobo centenario, que nos sitúa ya en el mismo cauce del río Manilva por donde discurre el sendero tal y como delatan las pinturas verde, amarillas y blancas. No obstante, que tomando a nuestra izquierda, aguas abajo, en poco menos de 2 km nos llevaría hasta Los baños de La Hedionda, sin margen de error. Sin embargo, una vez que el sendero nos ha situado ya de forma, definitiva en el cauce del río Manilva, a la altura del mencionado algarrobo, merece la pena desviarse unos 200 m aguas arriba para disfrutar del bonito paraje del Charco de La Paloma, habitual zona de baño de los lugareños que mejor conocen el entorno.
Conviene tener en cuenta, que aunque hablamos de distancias cortas la tarea de remontar el río Manilva en este tramo, no es apta para todos los públicos, ya que el nivel de dificultad se va incrementando paulatinamente según el caudal del río, sus saltos de aguas y sus encajonamientos, que con frecuencia nos obligan a ir por fuera, luchando con la abundante vegetación de ribera donde nunca falta alguna rama de zarza en nuestra trayectoria. Hasta el charco de La Paloma, preciosa y amplia poza para el baño se puede llegar mas o menos bien.
Pero el nivel de dificultad, aumenta si desde el charco de La Paloma, pretendemos seguir remontando el río Manilva unos 150 m mas allá hasta llegar al charco del Infierno, donde nos encontramos con una poza mas pequeña, pero también mas profunda y encajonada entre altas paredes.
Existiendo un bonito salto de agua, con varias cuerdas instaladas, aunque la continuación se antoja muy complicada si no se lleva material adecuado. Digna de mención resulta la covacha que podemos contemplar en la pared izquierda, donde nos encontramos con unas cabras domésticas. Así como las impresionantes marmitas de gigante, excavadas en las grandes rocas del río, fruto del poder erosivo de los remolinos que se forman en sus crecidas (imagen siguiente).
Una vez finalizada la sesión de baños y almuerzo que tuvo lugar con el grupo completo en el charco de La Paloma, regresamos sobre nuestros pasos, resultando mucho mas rápido y sencillo, como en casi todas las rutas de río, el descenso que su remontada aguas arriba. Llegados a la altura del algarrobo que habíamos mencionado como referencia, aunque el sendero discurre por el mismo cauce del río. 
Nosotros escogimos la opción de continuar por el sendero que discurre paralelo al margen derecho del cauce y que pasa junto al antiguo Molino de las Ánimas, de hecho vamos por el antiguo camino de su acequia, sendero que queda cortado por un bloque de roca desprendido, 
que podemos salvar por arriba continuando por el sendero, hasta que definitivamente este nos devuelve al cauce del río, incorporándonos ya al sendero oficial propiamente dicho. Viniendo a salir a la altura de una antigua colonia de veraneo con su gran piscina, que nos encontramos semivacía, y sus casas a modo de barracones casas y piscinas que aunque parezca de la 1ª temporada de Cuéntame, todavía está en uso.
En este punto vamos a abandonar el cauce del río, ya que nos vamos a incorporar a un carril terrizo que comienza o finaliza justo entre la antigua residencia vacacional que quedará a nuestra derecha y un gran chalet, que va a quedar a nuestra izquierda. Aunque si lo deseamos, podemos continuar por el lecho del río, ya que en ambos casos llegamos a Los Baños de la Hedionda unos 500 m río abajo, lugar que reconoceremos por su característico olor a huevos podridos, procedente de sus aguas sulfurosas, bajo esa curiosa construcción blanca abovedada. 
A pesar de su desagradable olor, bien merece la pena una sesión de baños por su carácter terapéutico, tanto en los baños propiamente dicho, como en la zona del arroyo mas próxima a los mismos donde existen un barro de color grisáceo con propiedades muy beneficiosas para el cuidado de la piel.
Según cuenta la  leyenda en estos baños se curaron el mismo Julio César y sus legiones de la afecciones de la piel que padecían (sarna), mientras esperaban el enfrentamiento con las tropas de Pompeyo El Grande (año 61 a.C.). Desde entonces gozaron de gran fama. El recinto de los baños está semiexcavado en la tierra, tiene una entrada hasta el nacimiento y otras dos para los bañistas, una más baja con escalera, y otra a modo de puerta, escalerilla incluida. Zona de ocio muy visitada por muchos vecinos de la zona de Manilva y Sabinillas, especialmente los fines de semana.
Tal y como teníamos previsto, una vez finalizado el almuerzo y sesión de baños, continuaremos dirección sur por la pista, pasando junto a la ermita de San Adolfo que quedaría a nuestra izquierda. Tomando poco después a nuestra derecha el sendero del denominado Canuto Grande o de la Utrera, que recibe este nombre por la forma de embudo que tiene el desfiladero en el que poco a poco comenzamos a adentrarnos.
Poco a poco el sendero va ganando altura entre grandes paredones calizos, muy frecuentados para la práctica de escalada y/o la espeleología, pues a pesar de la pequeña superficie que ocupa el paraje del Torcal de La Utrera, en el que comenzamos a adentrarnos, cuenta con un abundante sistema de simas y cuevas en su mayoría de muy difícil acceso, por otra parte destaca la existencia de algunos fósiles del Jurásico, la abundancia de plantas rupícolas y la presencia de algunas rapaces como un águila que nos estuvo sobrevolando durante algunos minutos coincidiendo con nuestro tránsito por la zona mas angosta. Entre paredes de hasta 80 metros de altura, mientras que el tenue sendero coincide casi todo el tiempo con un arroyo que está siempre baja seco excepto en días de lluvia. Los materiales que lo forman son calizas jurásicas y pedernales que se encuentran en el tramo inferior del cañón situados sobre las calizas.
El final de la parte angosta del embudo, coincide con nuestro paso entre lo que parecen dos grandes albercas, que junto con restos de bases de plataformas que veremos mas adelante son las ruinas de un antiguo proyecto que se inició en su día para la obtención de gas natural, que afortunadamente quedó en papel mojado por no ser la cata lo suficientemente fructífera como en su día se llegó a pensar.
Una vez que dejamos atrás las dos albercas, ya estamos en la parte ancha del canuto, saliendo a una especia de plazoleta, donde seguimos teniendo paredes con formaciones kársticas a ambos lados, pero mas bajas y alejadas de nosotros. Tal y como atravesamos esta especie de plazoleta por su zona central, el sendero continúa paralelo a la cabecera del pequeño arroyo seco que atraviesa el torcal y unos 400 m mas allá el sendero se convierte en pista, viniendo a unirse por nuestra derecha un camino procedente de las paredes que habíamos llevado a nuestra derecha y que podría servir para una futura exploración de la zona alta del torcal donde se encuentran algunas de las simas mas emblemáticas del paraje.
A partir de aquí los dos caminos se unen y en suave, pero permanente ascensión, viniendo a salir a otra bifurcación de caminos, cercana a un cortijo al que llegamos previo paso por una angarilla, siendo nuestra opción el ramal de la derecha, aproximándonos cada vez mas a las líneas de autogeneradores que caracterizan a la carretera Manilva-Gaucín, donde probablemente también nos encontremos ganado vacuno en los campos circundantes a nuestro camino que atraviesa el paraje conocido como Los Llanos, llegando en escasos minutos hasta el cartelón de inicio, en nuestro caso final de ruta, del Canuto de La Utrera, donde habíamos dejado los primeros coches al inicio de la jornada, pudiendo regresar todos juntos hasta la localidad de Casares, donde nos despedimos previa cervecita en la plaza de La Fuente.

2 comentarios :

  1. Anónimo11:25 p. m.

    es interesate ,y muy explicito ,habra que intentar ir y conocer estos lugares fantasticos cerca de casa!!Gracias

    ResponderEliminar