martes, enero 01, 2013

Mis 12 Películas favoritas de 2012


Aquí os dejo una relación de las 12 películas que mas me han gustado de las que he visto en 2012. Una lista que podría ser etiquetada de “palomitera” o demasiado convencional por incluir varias super producciones. Sin embargo, no tengo el menor reparo en admitir, que ante todo para mí el cine es espectáculo, acción, suspense, historias alucinantes o incluso cuentos que consigan teletransportarte a mundos fantásticos. Sin embargo, también creo saber reconocer una interpretación magistral con una historia solida y perfectamente real detrás como en el caso de: "Argo",“The Artist”, “Los Descendientes” o “Imparable”. A pesar de que para dramas ya tenemos los telediarios de cada día.
Nº 1, El hobbit, un viaje inesperado: (‘The Hobbit: An Unexpected Journey’, Peter Jackson, 2012) | ‘El hobbit’ es una experiencia inolvidable. Con permiso de la adaptación del musical ‘Los miserables’ (‘Les Misérables’, Tom Hooper, 2012), ‘El hobbit: Un viaje inesperado’ (‘The Hobbit: An Unexpected Journey’, Peter Jackson, 2012) es el último gran estreno del año en nuestro país. No solo por recuperar para el cine el universo de J.R.R. Tolkien casi una década después de la ganadora de 11 Oscar ‘El señor de los anillos: El retorno del rey’ (‘The Lord of the Rings: The Return of the King’, P. Jackson, 2003) sino también por presentar el nuevo juguete de Hollywood: los famosos 48 fotogramas por segundo.
Tras la proyección del último y potente tráiler de ‘El hombre de acero’ (‘The Man of Steel’, Zack Snyder, 2013) arranca la primera entrega de la trilogía de ‘El hobbit’ con un agradable sabor nostálgico. La música de Howard Shore, los escenarios de Bolsón Cerrado y Hobbiton, Bilbo y Frodo encarnados de nuevo por Ian Holm y Elijah Wood… como retroceder a 2003, cuando vimos por primera vez ‘La comunidad del anillo’

La excusa de que Bilbo está escribiendo sus memorias sirve a los guionistas —Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson y Guillermo del Toro— para situar al espectador 60 años antes de los acontecimientos de ‘El señor de los anillos’. Seguimos en la Comarca pero ahora es Martin Freeman quien interpreta a Bilbo, un personaje más joven y más acomodado, sin sed de aventuras. Al menos eso le dice a Gandalf (Ian McKellen) cuando el mago aparece y le ofrece formar parte de una expedición. Trece enanos liderados por Thorin (Richard Armitage) van a emprender un peligroso viaje hasta la Montaña Solitaria, la guarida del dragón Smaug, y recuperar el hogar de su pueblo.
Si en el prólogo de ‘La comunidad del anillo’ se nos contaba la creación y la pérdida del Anillo Único, incluyendo una gran batalla en la que Sauron era derrotado, en ‘El Hobbit: Un viaje inesperado’ toca ver el declive del reino de los enanos —de nuevo el mensaje de la corrupción por el poder y la riqueza— y la pérdida de Erebor ante la llegada del dragón; como ahí no hay un enfrentamiento entre ejércitos, más adelante se incluye un flashback sobre un sangriento combate donde Thorin demostró su valor y se ganó el apodo de “Escudo de Roble”

Hay que destacar el formidable trabajo de diseño de producción, de integración de los efectos visuales, de maquillaje, fotografía… y Peter Jackson lo ha coordinado todo y ha peleado por sacar esto adelante, que a mí particularmente me parece una estupenda noticia, no todos los años tenemos la suerte de ver un espectáculo de fantasía tan ambicioso, destinado a todos los públicos. No otra aburrida historia romántica para adolescentes o una simplona montaña rusa para los más pequeños. Cabe también destacar los interesantes diálogos de los enanos o los elfos. Thorin hablando de lealtad, Gandalf confesando a Galadriel que tiene miedo, Gollum descubriendo que ha perdido lo que más le importa, Bilbo hablando sobre el hogar… son los mejores momentos del film.
Nº 2, Los Miserables: es, seguramente, la obra más conocida del escritor y dramaturgo Victor Hugo, y sin lugar a dudas una de las más populares de la literatura del siglo XIX.
A finales de la década de los 70, los compositores franceses Alain Boubill y Claude-Michel Schönberg decidieron convertir la novela en una adaptación musical, editando un álbum conceptual que acabaría siendo representado en un espectáculo parisino. De ahí a su paso por los escenarios de Londres no pasaron muchos años, pero sí han sido muchos los que la obra se ha mantenido en cartel en todo el mundo, convirtiéndose así en uno de los musicales más longevos y exitosos de la historia.
Aunque de la novela de Hugo se han hecho ya numerosas adaptaciones cinematográficas (entre ellas la infravaloradísima versión de los noventa con Liam Neeson y Geoffrey Rush en los papeles principales), ésta es la primera vez que el musical londinense se lleva a la gran pantalla, y lo hace de la mano del oscarizado Tom Hooper (El discurso del rey).
La historia transcurre en la convulsa Francia del siglo XIX. Tras una larga condena de 19 años por robar pan para alimentar a su sobrina, Jean Valjean (Hugh Jackman) es puesto en libertad condicional por el oficial Javert (Russel Crowe). Pese a volver a ser un hombre libre, Valjean no encuentra un lugar en el que establecerse. Su condición de exconvicto le cierra todas las puertas a las que llama, siendo rechazado y tratado como un paria.

Hasta que se topa con el obispo Myriel de Digne, el único que le trata con amabilidad y le ofrece comida y refugio. Pero Valjean traiciona su hospitalidad robándole la cubertería de plata, y huye del templo a escondidas. Cuando la policía lo captura y lo lleva en presencia del obispo, éste niega su delito concediéndole una segunda oportunidad para que siga el buen camino y se vuelva un hombre de bien.
Valjean inicia así una nueva vida bajo otro nombre, convirtiéndose en una persona respetable y generosa. Desgraciadamente, su pasado no tardará en volver a atormentarle…

Con “Los Miserables” no nos encontramos un musical al uso. Lo que tenemos aquí es una historia narrada a base de canciones, por lo que la película funciona como un gran número musical en el que los personajes interpretan prácticamente todos sus diálogos cantando, a excepción de unos pocos en los que el intercambio de palabras es más bien escaso.

Por tanto, si no sois muy afines al género o si os quedasteis fritos en la butaca (o en el sofá de casa) viendo “Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet” (musical de misma estructura, aunque de temática muy diferente), mejor que ni os molestéis con el filme de Hooper.
La música es la base en la que reposa toda la trama, y la letra de las canciones se emplea tanto para que los personajes se comuniquen entre sí como para que éstos se desnuden (figuradamente) ante la audiencia y expresen sus sentimientos, emociones o pensamientos.

En este último apartado cabría destacar de manera especial los números de Anne Hathaway, que está pletórica; el momento de “iluminación divina” de Valjean/Hugh Jackman; o las lamentaciones de Marius/Eddie Redmayne por los compañeros y amigos caídos.

La dramatización de la obra de Hugo en formato musical tiene, no obstante, sus pros y sus contras. El mayor problema es a nivel narrativo, ya que los hechos transcurren, a menudo, con desmesurada precipitación (especialmente los primeros actos de la historia), precisamente porque no se puede abusar de los diálogos ni hacerlos demasiado complejos, lo que impide muchas veces profundizar no sólo en algunas partes de la historia (todo lo que ocurre desde el momento en el que Javert sospecha que el Sr. Madeleine, el nuevo alias de Valjean, es en realidad el preso al que tanto tiempo lleva persiguiendo; o la historia de amor entre Marius y Cosette, reducida a una superficialidad e ingenuidad aplastantes) sino también en las acciones de sus protagonistas.
No me extrañaría nada que el guionista haya tenido que echar mano de la novela original en más de una ocasión para rellenar los huecos que pueda dejar el musical londinense, y así poder hacer mucho más comprensible la trama.
Y es que lo que puede funcionar perfectamente sobre un escenario no necesariamente tiene que hacerlo de igual manera en pantalla. Mientras que en los escenarios la trama se tiene que simplificar para adaptarse a la estructura del musical, fuera de ellos esa simplificación debe enriquecerse a través de otros recursos, y no siempre meramente visuales (que aquí éstos funcionan de maravilla; desde la excelente escenografía hasta la inmaculada –aunque quizás demasiado “académica”- dirección de Hooper).
La cinta también tropieza, en ocasiones, con la su propia estructura musical. Encadenar una canción tras otra, casi sin apenas dejar respirar al espectador, puede no ser fácil de dirigir, más aún cuando se trata de una historia con tanto y tan trágico melodrama.
En ese sentido, Sweeney Todd, por ejemplo, se degustaba con mayor facilidad gracias a su ligereza, a su humor negro y a sus toques de terror victoriano. Aquí en cambio, el ritmo se resiente, y en una butaca de cine en vez de un teatro las dos horas y media pesan un poco. Y eso afecta a nuestra implicación, de modo que mientras que algunos pasajes nos alcanzan la fibra sensible (repito, Hatthaway lo borda), otros en cambio se encuentran con que hemos cerrado a cal y canto el pasillo que conduce hacia nuestras emociones y nuestra empatía.

Es por eso que cuando Hooper concede pausas o combina el drama con puntuales momentos de humor (adheridos exclusivamente a los picarescos –entiéndase el adjetivo como un eufemismo de despreciables- personajes que interpretan Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen), la función discurre con mayor comodidad, y uno se siente más predispuesto a dejarse llevar por los números y las maravillosas melodías.

Porque eso sí, la banda sonora es una maravilla, con temas asombrosamente pegadizos que nos invitan al canturreo postvisionado. El portentoso “Look Down” que abre la película reaparece de forma eventual cual leitmotiv, pero no es el único tema que sobresale de la magnífica partitura de Boubill y Schönberg.

Ese seguramente sea uno de su mayores pros y lo que sin duda ha convertido este musical en un éxito (amén de por la obra de Hugo). Además, tenemos a un reparto entregado que, en su mayoría, suplen la faceta de cantante con eficiencia, cuando no con nota.

De nombrar un punto flaco, ese sería Russell Crowe, y no porque cante mal, ni mucho menos, pero no da el tono operístico que pide la obra. Lo que en sus compañeros fluye con más naturalidad, en Crowe resulta algo más forzado. El actor tiene formación y experiencia musical (además de haber sido vocalista de una banda de rock) pero aquí le cuesta dar la talla si lo comparamos con el resto. Aún así, es un punto flaco muy menor, teniendo en cuenta que interpretativamente queda perfecto en el papel (su presencia en pantalla es un 50% del trabajo y ahí no hay peros que valgan).
Por su parte, Jackman, que también tiene trayectoria en el género, pedía a gritos un musical cinematográfico desde hace tiempo, y aquí lo tiene. Un regalazo. Su Jean Valjean es uno de los papeles de su (irregular) carrera.

Los Miserables” es un buen musical de impecable factura, excelentes actuaciones y magníficas melodías, aunque quizás su verdadero sitio esté en los escenarios.
P.D.: Para poder apreciar/comprender mejor todos los matices de la trama y sus personajes (la convicción de Javert, la redención de Valjean…), y la importancia atemporal de su contexto histórico (la rebelión de la oprimida clase obrera francesa bien podría extrapolarse a nuestros días), me resulta más factible acercarse a cualquiera de las anteriores adaptaciones cinematográficas de la novela.
Nº 3, The Artist (2011):
Año 1927, George Valentin (Jean Dujardin, Lucky Lucke) es un actor famoso de cine mudo, con productores de Hollywood y fanáticos rendidos a sus pies. Sin tener de qué preocuparse conoce a Peppy Miller (Bérénice Bejo, Corazón de caballero), una joven bailarina con carrera en ascenso. El productor Al Zimmer (John Goodman, El gran Lebowski, Los Picapiedras) le advierte que el cine sonoro está por llegar y hay que adaptarse, pero el veterano actor se rehúsa a cambiar.
Mientras poco a poco su carrera se dirige a la cornisa y su vida se desmorona —hasta el divorcio—, su interés por Peppy se hace más profundo. Ella se convierte en estrella en películas sonoras, mientras que él sigue aferrado al cine mudo y a lo poco que le queda: el chofer y el perro —ambos fieles laderos hasta el momento—. Llega la crisis del '30, el crash en Wall Street, y el cine mudo pasa a la historia. ¿Cómo sobrevivir luego de tanta fama, cómo adaptarse a cambios tan profundos y cómo dejar el orgullo de lado?

Michel Hazanavicius, creador de este tributo al cine mudo, ha demostrado con sus dos películas de espías OSS 117 —ambientadas en los '60s y '70s— que sabe manejar a la perfección la ambientación del cine de otras eras. Lo que logra en El artista prácticamente no tiene fallas artísticas, por donde se la mire. La música, el vestuario, el casting desde extras hasta los roles principales, los gestos, el humor y la cinematografía están todos bien logrados, y la película ha sabido ganarse el corazón de la crítica y el público.
De hecho, tan bien lo logra que, al categorizar esta película bajo un género, me decido por "clásica". Esa mezcla tan dulce, atractiva y entretenida de tantas películas del cine mudo, mitad drama y mitad comedia, con la inevitable cuota de romance hacen que esta película ya sea un clásico. Sí, la historia en general no es de lo más original, y ciertos aspectos de la trama traen reminiscencias de otros clásicos. Sin embargo este tributo europeo no sólo rinde homenaje, sino que demuestra que no hace falta mucha destrucción ni efectos ni celebridades para que Hollywood sea Hollywood.


Nº 4, Argo:
Irán, año 1979. Cuando la embajada de los Estados Unidos en Teherán es ocupada por seguidores del Ayatolá Jomeini para pedir la extradición del Sha de Persia, la CIA y el gobierno canadiense organizaron una operación para rescatar a seis diplomáticos estadounidenses que se habían refugiado en la casa del embajador de Canadá. Con este fin se recurrió a un experto en rescatar rehenes y se preparó el escenario para el rodaje de una película de ciencia-ficción, de título "Argo", en la que participaba un equipo de cazatalentos de Hollywood. La misión: ir a Teherán y hacer pasar a los diplomáticos por un equipo de filmación canadiense para traerlos de vuelta a casa.
Argo' es un thriller político fuera de serie, narrado con inteligencia, grandes detalles de época y una sorprendente cantidad de humor. Ben Affleck no sólo se limita a dirigir 'Argo', sino que la dirige endemoniadamente bien. Tiene tensión, sinceridad, misterio, responsabilidad artística, valor de entretenimiento, calidad técnica, un arco narrativo y un asombroso respeto por la tradición de narrar una historia con las mínimas florituras y el máximo impacto
No hay duda de que ha creado una de las mejores películas del año

5, Los Descendientes:
En esta vida hay muchas cosas que nos importan, pero la gran mayoría están muy lejos de ser imprescindibles. Puede ser el permitirnos el ir a cenar por ahí y no comer alguna porquería precocinada en casa, consegui comprar esa edición limitada tan chula de esa película que nos vuelve locos o el poder hacer un viaje por ahí de cuando en cuando. Hay infinitas posibilidades de cosas que hacen nuestras vidas más llevaderas, pero lo que no parece valorarse lo suficiente en la sociedad actual es la importancia de nuestros seres más queridos. Quizá sea que demos por sentado que van a estar siempre ahí y por ello tendemos a dejar ver nuestra cara más superficial, en la que el consumismo se ha asentado como nuestra forma de vida.
Los problemas llegan cuando algo malo le pasa a esa persona que tanto queremos. Puede que no sea nada grave y se recupere rápidamente, pero también que acabe muriéndose, y mejor no hablemos de la posibilidad añadida de que la última vez que hablaséis todo acabase en una discusión en la que poco menos que dejastéis de hablaros. Y es que ahí también damos por sentado que todo acabará volviendo a la normalidad, pero ¿y si el médico te comunica de forma segura que esa persona que amas va a morir?
Ese miedo elemental es el que toma como punto de partida ‘Los descendientes’, el esperado regreso de Alexander Payne tras no haber dirigido una película desde el estreno en 2004 de ‘Entre copas’.

Payne explora elementos esenciales en ‘Los descendientes’: La reconciliación, el perdón (o la redención, depende del papel que queramos adoptar como epicentro) y la muerte. Y es que, como ya decía, puede que nuestra relación con el ser querido no pase por su mejor momento, que pensemos que la culpa es nuestra y que recemos aunque ni siquiera creamos realmente en la existencia de un Dios para que éste mitigue nuestro dolor y nos devuelva a esa persona que está a punto de llevarse. Sin embargo, Payne no quiere cargar las tintas ni sobre la figura del marido ausente que representa Clooney, ni tampoco condenar de forma taxativa al responsable de que su esposa se encuentre en una posición tan delicada. Y no lo hace porque prefiere apostar por un giro de tuerca peligroso: ¿Y si la víctima no es esa gran persona que, en caso de morir, todos dirán que era genial y que siempre saludaba? Ahí surge la segunda capa del relato, porque Clooney ha de buscar la redención personal al mismo tiempo que ha de encontrar la forma de perdonar a su esposa. ¿Estar en la posición en la que está ella facilita las cosas? No necesariamente.

Si hay algo que conviene tener claro es que Clooney es el protagonista absoluto en ‘Los descendientes’, y si hay algo esencial que la película debe conseguir es crear un estrecho lazo de empatía entre lo que hace y piensa y el imperativo de que el espectador vea algo que le interese. No creo que haya nadie tan desalmado como para ser incapaz de identificarse con alguien en su situación, pero el problema es saber desarrollarlo y que uno acabe queriendo a Clooney, comprendiendo sus fragilidades y aceptando sus errores. A fin de cuentas, el desenlace de cierta estupenda película acertaba al decir que nadie es perfecto. ¿Consigue Clooney salir airoso de este envite? Si hay algo que roza la perfección en la película es su actuación. Es cierto que no luce tanto al estar basada en la contención, en la necesidad de no venirse abajo ante el maremágnum de dificultades a las que se enfrenta (el secreto de su mujer, la autoconsciencia de ser un mal marido y un pésimo padre, etc.), pero también cuenta con su momento de lucimiento personal en el final de ‘Los descendientes’.
6, Los Vengadores:
Desde el punto del espectáculo visual y del cine espectáculo, como entretenimiento puro y duro, es sin lugar a dudas, la mejor película de super hérores realizada hasta la fecha.
Marvel Studios presenta “Marvel Los Vengadores”, el equipo de super héroes más espectacular de todos los tiempos con iconos como Iron Man, El Increíble Hulk, Thor, Capitán América, Ojo de Halcón y Viuda Negra. Cuando un enemigo inesperado amenaza con poner en peligro la seguridad mundial, Nick Fury, Director de la agencia internacional para el mantenimiento de la paz, conocida con el nombre de SHIELD, necesita encontrar urgentemente un equipo que salve al mundo del mayor de los desastres. Así empieza una búsqueda por todo el mundo para reclutar personal.
Con “Los Vengadores” (The Avengers, 2012) se da un puñetazo sobre la mesa y se confirma que efectivamente el despliegue realizado por Marvel con sus películas anteriores de Ironman, Thor, Capitán América y Hulk ha tenido un sentido global: el de presentarnos a unos héroes en un nuevo contexto cinematográfico de cara a preparar el megatón final materializado en esta producción dirigida y escrita por el creativo Joss Whedon, figura clave del fandom de los últimos 20 años gracias a “Buffy Cazavampiros” o “Firefly”, entre otros universos propios e intransferibles. Así se puede ir a saco sin andarse por las ramas, vamos.

Lo que más sorprende de la presente película es que sea tan sólida a todos los niveles. Para empezar, tenía la complicación de equilibrar los roles de cada personaje protagonista y darles suficiente importancia sin convertirlos en meras comparsas o dejarlos a modo de decorado. El guión, que es como poco notable, sabe dedicar el suficiente tiempo a todos ellos dándoles escenas de lucimiento que, milagro, además aportan algo a nivel narrativo y no se quedan en la simple pirotecnia visual. Una escena de batalla puede tener como objetivo la definición de un lado de ese personaje, una conversación aporta veracidad a lo próximo que vamos a ver y al final el puzle se completa en un, insisto, guión ejemplar en el que hay momentos para todo: desde puyas entre los personajes, hasta chascarrillos cómicos brillantemente integrados (rara es la frase graciosa que no funcione, o las referencias que no se detecten) sin ahogar la acción ni hacer que el ritmo decaiga.

Por otra parte, sus dos horas y cuarto de duración se pasan volando. Mención a parte merece su tercer acto, sumamente espectacular, divertidísimo, entretenimiento y cine de aventuras en un grado de calidad superlativo, muy alejado de lo que habían logrado otras producciones de la compañía como “Thor” o “Ironman 2”, por poner dos ejemplos. Ninguna pega puede ponérsele tampoco a nivel técnico (¿alguien lo dudaba?) pero es que encima sorprende no sólo por su belleza plástica (la recreación de Hulk, los efectos de destrucción, momentos de vuelo, etc.), sino también porque tenemos como valor añadido la pericia de Whedon tras la cámara, que incluso por momentos se permite ejercicios de estilo como ciertos planos secuencia (el más brillante, uno que involucra a todos los personajes y que va cambiando de uno a otro en un escenario enorme, pero hay algún otro incluso cámara en mano, a modo de travelling lateral) logrando unos niveles de elegancia inauditos en este tipo de blockbusters.
Nº7, Intocable:
Philippe, un aristócrata que se ha quedado tetrapléjico a causa de un accidente de parapente, contrata como cuidador a domicilio a Driss, un inmigrante de un barrio marginal recién salido de la cárcel. Aunque, a primera vista, no parece la persona más indicada, los dos acaban logrando que convivan Vivaldi y Earth Wind and Fire, la elocuencia y la hilaridad, los trajes de etiqueta y el chándal. Dos mundos enfrentados que, poco a poco, congenian hasta forjar una amistad tan disparatada, divertida y sólida como inesperada, una relación única en su especie de la que saltan chispas.
El argumento está basado en una historia real que los directores vieron en un documental en el año 2004. Fue en Francia un extraordinario éxito de público, estando 10 semanas consecutivas como nº1 de taquilla, lo que la convirtió en la película más taquillera de la historia de Francia. Además en abril de 2012, habiendo recaudado más de 312 millones de dólares, se convirtió en el film de habla no inglesa más taquillero de la historia del cine.
8, Frankenweenie:
Es un entrañable cuento sobre un niño y su perro, obra del genio creativo Tim Burton. Tras la inesperada desaparición de su adorado perro Sparky, el pequeño Víctor se vale del poder de la ciencia para traer a su mejor amigo de regreso a la vida, aunque con unos cuantos ajustes de poca importancia. Víctor intenta ocultar su creación 'casera', pero cuando Sparky se las arregla para salir, los compañeros de colegio de Víctor, sus profesores y toda la ciudad se darán cuenta que crear una nueva vida puede convertirse en un experimento monstruoso.
La encantadora y divertida oda de Tim Burton al cine antiguo de terror es una maravilla. Lo mejor que se puede decir de una película de monstruos animada con tanto corazón es que tiene mucha vida. Sólo Tim Burton podía imaginar este cuento inspirado en Frankenstein, y es una delicia, una oscura y deslumbrante historia que asusta con sonrisas y sorprendente emoción.
Desde mi punto de vista, el film de animación más ingenioso y entrañable del año. Precioso homenaje al niño que fuiste, te introduce en ese universo mediante imágenes muy hermosas y el corazón de un auténtico poeta.
9, El caballero oscuro: La leyenda renace
Hace ocho años que Batman desapareció, dejando de ser un héroe para convertirse en un fugitivo. Al asumir la culpa por la muerte del fiscal del distrito Harvey Dent, el Caballero Oscuro decidió sacrificarlo todo por lo que consideraba, al igual que el Comisario Gordon, un bien mayor. La mentira funciona durante un tiempo, ya que la actividad criminal de la ciudad de Gotham se ve aplacada gracias a la dura Ley Dent. Pero todo cambia con la llegada de una astuta gata ladrona que pretende llevar a cabo un misterioso plan. Sin embargo, mucho más peligrosa es la aparición en escena de Bane, un terrorista enmascarado cuyos despiadados planes obligan a Bruce a regresar de su voluntario exilio.
La película comienza lentamente con una trama oscura y demasiados personajes nuevos, pero construye un clímax sensacional. No obstante, para mi gusto, le sobran al menos 45 minutos, porque se me hizo demasiado larga y además está muy lejos de la casi-perfección de 'The Dark Knight', necesita mayor claridad y un villano mejor, no obstante puede pasar por un final aceptable para la trilogía, el problema es que “El caballero Oscuro” dejó el listón demasiado alto.
El actor Christian Bale encarna a la perfección  la etapa más interesante de Batman, un personaje que puede llegar a resultar fascinante por sus traumas, sus decisiones morales y sus conflictos sobre el poder y la identidad sexual. La francesa Marion Cotillard tiene un gran personaje, aunque su final es muy triste, y el mayordomo Michael Caine, dota de una gran ambigüedad al desenlace, ¿es un sueño lo que ve o está ocurriendo realmente? Nunca lo sabremos.
10, War Horse “caballo de Guerra”:
Es un aventura dirigida por Steven Spielberg; un cuento de lealtad, esperanza y tenacidad, ambientado en la Inglaterra rural y Europa en tiempos de la Primera Guerra Mundial. Comienza con el relato de la extraordinaria amistad entre un caballo llamado Joey y un joven muchacho, Albert, encargado de domesticarlo y entrenarlo. Cuando ambos son apartados por la fuerza, la película sigue el fenomenal viaje del animal a través de territorios en guerra, que irá modificando e inspirando las vidas de todos los personajes que conoce a su paso -la caballería británica, los soldados alemanes y hasta un granjero francés y su nieta- antes de que la historia alcance su emotivo clímax, en el corazón de una tierra de nadie.
La Primera Guerra Mundial es retratada a través de la travesía del animal, una odisea de gozo y penas, de profundo afecto y de gran aventura. WAR HORSE (CABALLO DE BATALLA) es una de las más grandiosas historias de amistad en tiempos de guerra; exitosa novela, la obra fue adaptada para teatro y alcanzó un enorme éxito a nivel internacional. También llegará en 2012 al circuito teatral de Broadway, en Nueva York. En la pantalla grande se la verá en una adaptación realizada por uno de los más grandes directores de la historia del cine.

Resulta evidente que la película se esfuerza sobremanera en su intento de humanizar al caballo protagonista, pero eso es algo que siempre resulta un tanto impostado. Todo gana enteros cuando la historia se centra en lo que sucede alrededor de Joey y no cuando él (o su dueño) es el protagonista indiscutible. Y es que no es tan inhabitual que el personaje protagonista sea el menos interesante de un relato (o incluso una saga), pero en este caso la desigualdad es tan notoria que llega a resultar molesta. El caballo se limita a ser un caballo capaz de transmitir algo en muy limitadas ocasiones, pero es lo que hay.
El resto del reparto cumple con creces su cometido, ya que incluso Emily Watson, Peter Mullan y David Thewlis realizan un buen trabajo con unos personajes cuya presencia se limita casi en exclusiva al comienzo de la función, es decir, la parte sobrecargada de tópicos. Posteriormente, se van sucediendo apariciones de rostros relativamente famosos (una pena que la aparición de Benedict Cumberbatch sea tan breve) con otros muy poco conocidos (gran trabajo de Celine Buckens como la joven francesa), siendo ellos los que consiguen elevar el interés de la función en sus pequeños dramas particulares, ya que puede que también hagan acto de presencia los peligrosos tópicos, pero su influencia real es mucho menor gracias a su buen hacer.
Nº 11, Skyfall:
La lealtad de James Bond (Daniel Craig), el mejor agente de los servicios británicos, hacia su superiora M (Judi Dench) se verá puesta a prueba cuando el pasado de ella vuelve para atormentarla. Al mismo tiempo, el MI6 sufre un ataque, y 007 tendrá que localizar y destruir el grave peligro que representa el villano Silva (Javier Bardem). Para conseguirlo contará con la ayuda de la agente Eve (Naomie Harris).
Skyfall es prácticamente todo lo que podrías esperar de un 'Bond' del siglo XXI: con estilo pero no anticuada, respetuosa a la tradición pero modernizada, seria en su acción y relativamente compleja en sus personajes.  Una entrega inteligente, experimentada e increíblemente satisfactoria. Mendes pone a los actores al frente, explorando sus estados emocionales -maravillosamente complejos- de una forma que la franquicia nunca antes se atrevió.  Un show serio y espectacular. Se siente más conectada a los problemas del mundo real que cualquier entrega anterior, a pesar de sus usuales escenas de acción rimbombantes
Nº12, Looper:
En 2072 los asesinatos están terminantemente prohibidos y los objetivos son enviados a través de una máquina del tiempo al pasado, al año 2042, donde existe una red de sicarios, conocidos como Loopers, que se encargan de acabar con ellos y deshacerse rápidamente de los cuerpos. Uno de los mejores Loopers es Joe (Joseph Gordon-Levitt) para quien esta profesión sólo supone un trabajo muy bien pagado. Hasta que recibe un nuevo objetivo desde el futuro: él mismo (Bruce Willis).
Sin embargo, el primer acto no sólo sirve para plantearnos eso, sino también para establecer una sociedad futura en la que la mayoría de la gente vive en la más absoluta miseria, unos pocos han desarrollado una mutación que les hace tener un (poco útil) poder psíquico y nos presenta a Joe como un personaje dual. Y es que al mismo tiempo es un irresponsable de mucho cuidado y alguien muy previsor que va ahorrando gran parte del dinero que le pagan por su trabajo como looper. Este hecho será decisivo a lo largo de la película, ya que el guión de Rian Johnson echa mano de forma constante de ello para explicar las motivaciones de Joe. También hay tiempo para ubicarnos dentro del entramado criminal detrás de todo y espacio suficiente para que ‘Looper’ coquetee con varios géneros de forma magistral hasta la primera aparición de Bruce Willis.

Es evidente que el tema de los viajes en el tiempo es uno de los más atractivos que puede explorar cualquier ficción audiovisual, ya sea para reunir a personajes de épocas diferentes, comprobar la reacción que suscita en alguien o simplemente para abordar el eterno debate sobre si cambiar algo en el pasado crea una línea temporal diferente, algo reflejado con brillantez en un episodio de ‘Los Simpson’. Sin embargo, en ‘Looper’, aunque suene extraño, es un elemento catalizador de la auténtica historia y no el eje vertebral de la misma. El primer acto sí que está dedicado casi en exclusiva a explicarnos el mundo de la película, resultando fascinante a la hora de establecer que los loopers son agentes contratados por una mafia del futuro para eliminar a aquellas personas que les resultan molestas, siendo bastante peculiar la forma en la que los despiden: Mandan a su yo del futuro para que se asesinen a sí mismos. A cambio reciben una compensación económica muy elevada, pero desde el primer tráiler de ‘Looper’ ya sabemos que algo raro pasa cuando es el protagonista el que tiene que hacerlo.

Todo apuntaba a que ‘Looper’ iba a acabar convirtiéndose en un emocionante correcalles entre los dos Joe, dando un toque especial al relato el hecho de partir de los viajes en el tiempo y contarnos la lucha entre una persona y su yo del futuro. Sin embargo, Rian Johnson no está dispuesto a convertir su creación en un thriller de acción al uso, por lo que decide centrar el interés del relato en las emociones de los personajes, contando todos con buenos argumentos para defender su postura, pero también con aspectos moralmente muy discutibles. Esta dicotomía es la que mantiene enganchado al espectador hasta su emocionante desenlace. No obstante, la paradoja de que “dos yo de distintas edades”  se encuentren en una época determinada nos obliga a comulgar con ruedas de molino, en las ya de por sí, inverosímiles historias de viajes en el tiempo, rizando el rizo demasiado a mi modo de ver.












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