jueves, junio 20, 2013

El río de la luz, un viaje por Alaska y Canadá

A través de las páginas de este maravilloso libro he disfrutado muchas horas imaginándome en un extraordinario viaje por Canada, Alaska, otra vez Canadá y regresando a Europa, atravesando el Atlántico como único pasajero de un buque mercante. Todo ello de la mano del Gran Javier Martínez Reverte.
Lugares donde nunca he estado, pero a donde siempre he soñado ir, como me ocurre a mí con Alaska y Canadá, acaban siendo visualizados y casi paladeados, incrementando mis deseos de visitar algún día estos lugares.
Además Javier Reverte, no sólo se limita a hacer un buen relato viajero, sino que lo vincula a la Literatura de Viajes, la Historia, y la situación actual a nivel político, económico… desde el punto de vista de las personas a las que conoce en el camino y con las que no duda en entablar conversación y hacer preguntas intencionadas que le proporcionen información, y desde el punto de vista de su propia documentación: libros, revistas, prensa, etc. No se le escapa ni un detalle, como magnífico reportero de prensa que fue durante muchos años viajando por un buen número de países de todo el Mundo. 
(Abajo la ciudad de Vancouver, donde inicia su viaje, a cinco horas en coche de la ciudad estadounidense de Seatle).
Una de las grandes motivaciones que han impulsado a Javier Reverte a realizar tantos viajes a lo largo de su vida es su pasión por la literatura. La gran mayoría de sus viajes están inspirados en grandes clásicos, de hecho cada uno de sus libros son varios libros en uno y al mismo tiempo un homenaje a la novela de aventuras, que siempre ha mantenido vivo en él su yo niño. 
En este caso, la primera parte del río de la Luz, está inspirado en el Viaje que realizó el mítico escritor norteamericano Jack London, en plena fiebre del oro “The Gold Rush” en el río Yukón, aquel episodio histórico que ha dado lugar a tantas historias, cine incluido. Allí se inspiró London para escribir los cuentos y la famosa novela Colmillo Blanco.
El Gold Rush… Debió de ser tremenda esa época, en la que la ley brillaba por su ausencia como en el Far West. Aquí también camparon a sus anchas algunos forajidos. Pero antes de eso, primero fue la gran estampida y la instalación de campamentos caóticos que en poco tiempo se convertían en ciudades destartaladas, de calles embarradas, llenas de saloons, prostíbulos, y poco más.
En la foto de la derecha, miembros de la expedición en kayak,  al final de su recorrido por el río Yukón, en un bar Saloon de Dawson City, donde aprovechan una magnífica oportunidad, para retratarse de esta guisa, disfrazados con los atuendos típicos de laa época de la Fiebre del Oro. La persecución de la quimera del oro hacía que los hombres y mujeres superaran sus límites de manera casi insospechada, en un viaje realmente duro, que Javier Reverte plasma con maestría y gran realismo, a través de una naturaleza salvaje, un clima extremo en invierno, y con muy pocos recursos. Las autoridades de Canadá obligaban a que todos los viajeros cargasen con provisiones para un año, detallando una lista de lo imprescindible para sobrevivir en aquellos páramos, desde las prendas de ropa hasta los alimentos, pertrechos de cocina, etc. Muchos tuvieron que hacer varios viajes portándolas, para cruzar las Golden Stairs (el camino por tierra, más corto que por mar. Allí se encontraba el paso fronterizo a Canadá). Una senda de montaña tras la cual se hallaría el Yukon y los famosos yacimientos de oro.
Las imágenes que fotografió Hegg, aquellas hileras de hombres agotados que trepaban sin descanso, con la locura del oro hincada en su cerebro, nunca se irían de la retina de quienes las contemplaron. 
El autor nos habla de esa naturaleza grandiosa y sobrecogedora. Altas montañas, bosques de árboles gigantescos y helechos enormes, ríos…. Y la posibilidad y peligro de encontrarte con un oso grizzli por el camino, en cualquier recodo del sendero, dónde y cuando menos te lo esperas.
Pero ojo, no todo es historia y aventura, como uno de los mejores reporteros que fue en España durante décadas, también nos muestra un retrato crudo y realista de las atrocidades que se llevaron a cabo en las montañas y valles de Alaska durante la fiebre del oro, aún visibles 115 años después o cómo en la actualidad en Canadá se están cargando hectáreas y hectáreas de bosques primarios para poder explotar los yacimientos de petróleo. Por lo que también se hace una reflexión sobre cómo nos estamos cargando el Planeta en pos de un estilo de vida insostenible. ¿Qué mundo conocerán nuestros nietos?.
Como os iba diciendo en El río de la luz, Javier Reverte nos invita a realizar varios viajes en uno solo. Navega por las costas de la Columbia Británica canadiense hasta alcanzar el nacimiento del río Yukon, del que recorre 750 km en una canoa a remo, junto con cinco compañeros en un grupo previamente organizado en Madrid. Nos cuenta, con satisfacción, cómo este viaje dentro del gran viaje le ayudó a recuperarse anímicamente de la malaria contraída en otro periplo por el río Amazonas, que titulo “El río de la Desolación” y que ya tengo en mi mesilla de noche. Cómo se sintió bien consigo mismo por ser capaz de hacer un viaje como este, sin haber remado en toda su vida, y sin tener una forma física especial, y con sus 62 años. El hecho de que lo cuente nos acerca aún más, desde nuestra humilde posición de lectores. Parece que le conociéramos desde hace tiempo y llegas a alegrarte por él, porque en el fondo uno desea verse como él, o mejor dicho seguir teniendo ese espíritu de aventuras a su edad e incluso mucho mas allá como nuestro gran amigo Valentín.
Cuando acaba la aventura de sus 750 km en canoa por el río Yukón, continúa el viaje solo de nuevo, rumbo a Alaska, donde se va desplazando de localidad en localidad, aprovechando las avionetas-correo, el principal modo de transporte para un viajero sin coche ni barco propio, entre otras muchas cosas nos cuenta que en calidad, la gente se saca el título de piloto de avionetas como quien se saca el carnet de conducir.
Más tarde, otra experiencia en sí misma, el viaje en el tren transcanadiense "trans canada", con un recorrido de varios días hasta la frontera entre Vancouver y Québec, contándonos sobre el microuniverso de pasajeros y los maravillosos paisajes que alcanza a ver, como por ejemplo, las cataratas del Niágara, cuya explotación turística crítica.
Describiendonos ciudades como Montreal:
hasta que al final, regresa a Europa, a bordo de un carguero como único pasajero, cruzando el océano Atlántico de Montreal a Liverpool. Ninguno de los viajes dentro del viaje tiene desperdicio.  
Y nos demuestra, sin proponérselo, que viajar es mucho más fácil de lo que parece, claro que en estos tiempos de crisis, cualquiera puede permitirse un viaje de dos meses, como el que se narra en este magnífico libro.
Además, Javier Reverte salpica su libro de reflexiones sobre el hecho de viajar: hay momentos en que los sentimientos se mezclan entre la nostalgia por el hogar y la nostalgia por el viaje que se va quedando atrás;  otros en que uno se para a pensar cómo es posible que nos empeñemos en vivir con muchas cosas, cuando es perfectamente posible vivir con lo imprescindible; en otros momentos nos dice que el viaje es aprendizaje, y siempre queda mucho por aprender, algo que estimula a seguir… y nos regala citas de grandes viajeros, al principio de cada capítulo, como esta:
…Con el desgastado atlas abierto,
recorro caminos interminables 
R. Louis Stevenson,
Javier Martínez Reverte estudió filosofía y periodismo. Ejerció como periodista durante casi 30 años, trabajando como corresponsal de prensa en Londres (1971-1973), París (1973-1977) y Lisboa (1978) y como enviado especial en numerosos países de todo el mundo. También ha ejercido como articulista, cronista político, entrevistador, editorialista, redactor-jefe de mesa, reportero del programa En portada de TVE y subdirector del desaparecido diario Pueblo. Todos estos periplos y años posteriores hasta la década de los 90, quedan magníficamente descritos en su muy ameno libro: “La Aventura de Viajar”, otra obra altamente recomendable.
Atraído desde siempre por la creación literaria, ha trabajado como guionista de radio y televisión y ha escrito novelas, poemarios y libros de viajes.
Viajero incansable, Reverte ha cosechado un gran éxito de ventas con sus libros de viajes, y, en particular, con su Trilogía de África (formada por El sueño de África, Vagabundo en África y Los caminos perdidos de África) en la que combina sus experiencias directas con referencias históricas sobre las tierras que visita, explicando a través del pasado la situación del presente, o traza paralelismos con las vivencias de otros escritores que pasaron por el mismo lugar, como Joseph Conrad con su libro El corazón de las tinieblas. Este éxito le ha permitido lograr su vieja aspiración de dedicarse por completo a la literatura, reservando sus escritos periodísticos a colaboraciones puntuales con diversos medios, sobre todo para escribir sobre asuntos viajeros.
Sus libros de viajes se caracterizan por aproximar al lector con naturalidad y ternura a los paisajes, rostros e historias que el Reverte viajero encuentra en el camino, mezclándolos con profusas notas históricas, que persiguen colocar al lector en el contexto adecuado, y con puntuales reflexiones filosóficas y políticas.
Además de la Trilogía africana, Reverte ha publicado otras obras de notable éxito, como la Trilogía de Centroamérica, tres novelas que transcurren en NIcaraguaa, Guatemaala y Honduras; las novelas Todos los sueños del mundo o La noche detenida; los libros de viajes El corazón de Ulises (ambientado Grecia, Turquía y Egipto) y El río de la desolación (acerca de un viaje por el Amazonas que estuvo a punto de costarle la vida debido a la malaria); los poemarios Metrópoli y El volcán herido; y ensayos históricos como Dios, el diablo y la aventura, centrado en la figura de Pedro Paez, misionero jesuita en Etiopía durante el siglo XVII.
En 2006 aparece su obra La aventura de viajar: Historias de viajes extraordinarias, un libro ecléctico donde narra su vida como viajero, desde las excursiones infantiles, pasando por las crónicas de guerra que le llevaron por todo el mundo, hasta sus vivencias como mochilero, que le han llevado a conocer lugares inhóspitos y alejados de nuestro mundo occidental. Tres años después narra en El río de la luz su viaje por Alaska y Canadá, siguiendo la senda de la fiebre del oro y las peripecias de autores como Jack London.
Su última obra (2011) se titula En mares salvajes. Un viaje al Ártico, y en ella describe su viaje a través del Paso del Noroeste, la ruta marítima del norte canadiense que une el océano Atlántico con el Pacífico a través de aguas árticas.

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