domingo, septiembre 22, 2013

Durcal-Baños de Urquízar-cerro del Moro-río Dúrcal

Entorno: Perímetro suroeste de Sierra Nevada
Pueblo de referencia: Dúrcal (Salida 157 autovía Granada-Motril).
Punto de encuentro  recomendado: Restaurante Los Mondarinos (Dúrcal)
Cómo llegar al punto de encuentro: Tal y como venimos desde Granada tomamos la autovía hacia Motril y a unos 30 km, cogemos la salida, dirección Dúrcal, a donde llegaremos por su carretera de circunvalación (Bailén-Motril): estando muy atentos a una señalización que casi pasa desapercibido y que nos indica, nuevamente hacia Dúrcal, se trata de una vía de servicio, paralela a la carretera, que en a penas 300 m nos lleva directamente en la puerta del Restaurante Los Mondarinos, junto al Supermercado Rolmedi (muy popular en Dúrcal). Inicio y final de ruta.
Distancia aprox. +/- 16 km
Desnivel aprox. ascendido: 520 m
Punto de partida: Restaurante Los Mondarinos (Dúrcal)
Tiempo aprox. Unas 7 horas (contando con paradas)
Nivel dificultad: Bajo, hay que tener cuidado en el paso por la acequia algo vertiginoso y algún tramo corto pero empinado de sendero, especialmente el que sube a la acequia de arriba, justo antes de enadentrarnos en la cerrada ó cañón del río Durcal.
Tipo suelo: pista, sendero y lecho del río en las zonas de baño, para quien quiera, en esta ruta el contacto con el agua es mas visual, que literal, pues prácticamente en todos los tramos que vamos junto al río, se suele hacer por un sendero, pista o acequia. De hecho el contacto con el agua, solo es inevitable si nos adentramos en la cerrada del río Durcal.
Tipo de recorrido: Lineal con opción de algún tramo paralelo.
Mapa: Parque nacional de Sierra Nevada (Junta de Andalucía)
Fecha de realización: sábado 21 de septiembre 2013
Participantes: Desde Ronda vino Herminia, la Centella de O Cebreiro, en plena campaña electoral, lanzada hacia su candidatura a la vicepresidencia de Pasos largos. Desde distintos puntos de la costa del Sol vinieron: El Doctor Leal, Paco Jaime “El marqués de Cáceres”, El padre Carras que reaparecía tras sus ejercicios espirituales y tradicional retiro veraniego en París. Ilse “La Gacela de la Selva Negra”, que reaparecía tras su tradicional stage de pretemporada en Los bosques de Hamburgo. Pepe Guerro “El maestro Geobotánico”. Juan Antonio Mena “El Elfo de la Malagueta”, Iván "El Discreto", Juan Antonio Villalba “El Corsario de Sierra Almijara” (recordman mundial de rutas en un año); Vicky “la Botánica” en labores de guía y coordinadora aprovechando que había hecho esta ruta a principios de verano;  Celia “la Hechicera du Sao Paulo” al encuentro de sus amigos de Pasos largos, pero sobre todo al encuentro de su hijo Darío “El Magnífico” que a su vez venía acompañado por su novia Cristina y sus amigos Antonio “El Químico” y la licenciada en Humanidades “Laura”.
A tener en cuenta:
1º) Este itinerario se planteo tomando de wikiloc lo que parecía una ruta muy interesante, que proponía la fusión de dos rutas emblemáticas de Dúcal, por un lado la que nos lleva hacia los Baños de Urquízar, un paseo entre fincas que nos lleva hasta unos baños históricos.
Y por otra parte la ruta al canal de Fuga en el río Dúcal que Vicky había realizado a comienzos de verano y quetal y como suponíamos fue el plato fuerte de la jornada.
2º) No se trata de una ruta acuática propiamente dicha, porque en la mayoría de los tramos el agua se puede esquivar, no obstante lo suyo es venir mentalizado para mojarse y disfrutar del agua plenamente. Como por ejemplo, a la hora de adentrarnos en la cerrada del río para hacer una exploración por el desfiladero hasta donde el río nos permita, si bien aquí ya sería recomendable el uso de bote estanco. 
3º) Si bien el suave perfil de la ruta da lugar a pensar que se trata de un recorrido fácil, hay algunos pasos por la acequia y el senderito (según Vicky “pista de cabras” que sube a la acequia superior, no aptos para personas con vértigo, ni personas obesas debido a una angostura en un tramo de la acequia, cual estrecho pasillo excavado en roca, que solo nos permite pasar de lado y con la mochila en la mano.
Bibliografía:
Descripción de la ruta:
1ª parte, Los baños de Urquízar-la gran cascada y el champiñón del cerro del Moro:
Una vez reunidos en el restaurante Los Mondarinos, iniciamos la caminata atravesando la localidad de Dúrcal, dirección N-S, donde llegamos a la Plaza de España, presidida por una fuente de agua no potable, donde aprovechamos para hacernos una foto con la iglesia de La Inmaculada de fondo. Desde allí tomamos a la derecha, en dirección suroeste por calle Pensamiento, por donde dejamos atrás el núcleo principal del casco urbano, llegando a una fuente que reza: “para los trabajadores de mi pueblo, Alfonso Puerta calvente, 1933”. 
Poco después la calle, convertida ya en camino vecinal se bifurca en dos, tomando nosotros el ramal de la izquierda, que durante un corto trecho nos lleva hacia el sureste, para inmediatamente después reorientarse al suroeste, pasando entre fincas con árboles frutales que rebosaban de higueras, granados, membrillos, aguacates… algunos de ellos en su momento optimo.
El camino pasa bajo la autovía A-44 Granada-Motril y durante un corto trecho la pista se transforma en angosto sendero que desciende empinado envuelto en un túnel que forma la frondosa vegetación de los frutales que nos rodean, dejando constancia de la legendaria fertilidad del valle del Lecrín en eel que nos vamos adentrando a cada paso. 
Frente a nosotros, nos llamará la atención allí arriba, una curiosa formación de arenisca, con forma de champiñón, junto a la que pasaríamos minutos después en nuestro camino de regreso, coronando lo que se conoce como “cerro del Moro” y que en realidad no es mas que una modesta colina, que apenas destaca, sobre el resto de colinas del entorno. 
De hecho si lo comparamos con el imponente cerro Zahor, que llevamos a la espalda y que preside el horizonte al ESTE, durante toda la primera parte de este itinerario, el terreno por donde discurre esta primera parte del itinerario es muy dócil e incluso muy sosita, sobre todo teniendo en cuenta que el sendero enlaza con una pista de cemento, llevando muy pronto a nuestra izquierda el modesto y encajonado barranco del Baño, que nace en la ermita de San Blas de Dúrcal.
Al fondo en dirección suroeste, es decir de frente, según la dirección hacia la que caminamos, vemos la pequeña población de Cónchar. En a penas unos minutos llegamos a un balcón natural donde la pista traza una cerrada curva de horquilla a la derecha, primera de varios zig-zags, desde donde vemos el punto donde el barranco del Baño, se une al río Dúrcal, hacia el que empezamos a descender inmediatamente con erosionados tajos a nuestra derecha y la caída del frondoso cauce del río Dílar a nuestra izquierda;
el final de esta pista, con algo de piedrecillas sueltas (cuidado con los resbalones), queda cortado de repente, transformándose en un tramo de escaleras, que en a penas 25 m nos deja en una especie de rinconcito mágico donde ya nos encontramos con las dos bañeras: la primera de 2x1,5m y la segunda de 4x2 m cada una, conocidas como Los Baños de Urquízar  también conocidos como baño Chico, a escasos 10 m de distancia del río Dúrcal, que queda a nuestra izquierda tal y como llegamos a los baños, que a pesar de ser una creación artificial que data de la época de los romanos, se encuentran en perfecta armonía con un entorno donde destaca el canto de los pajarillos fusionado con el rumor del agua del río.
Ni que decir tiene que el Padre Carras y yo aprovechamos para darnos un baño en estas aguas, que suelen mantener una temperatura constante de unos 28ºC, incluso en invierno y que según los lugareños tienen propiedades curativas y son muy buenas, fundamentalmente, para el riñón. Eso sí, cada uno en su bañera, ¡nada de mariconadas!.
Finalizada la sesión de baños, en la que nadie mas quiso participar. Siguiendo las indicaciones que habíamos leido en internet: estuvimos muy atentos a tomar un sendero que parte a la derecha y cuyo inicio puede pasar fácilmente desapercibido a nuestra derecha, unos 10 metros después de dejar atrás los baños. Sendero angosto y bastante empinado en algunos tramos, pero perfectamente dibujado, que manteniendo un trazado en constantes zig-zags nos lleva en pocos minutos a la plataforma conocida como el cerro del Moro, una vez arriba el sendero discurre al principio junto al filo de un tajo, cuya caída tenemos a nuestra izquierda;
con vistas muy aéreas del frondoso cauce del río Durcal, percatándonos con mucha rabia, de que a tan solo unos 100 m, río arriba de los baños de Urquízar, de haber continuado haciendo una pequeña exploración por l sendero que se mantenía paralelo a su orilla habríamos llegado a una preciosa cascada, de la que lamentablemente no había encontrado la menor referencia en internet y que desde estas líneas, recomiendo a todo el mundo que visite los baños de Urquízar, no se vayan sin contemplar esta preciosa cascada de mas de 10 m de altura, que se encuentra a tan solo unos 100 m río arriba.
De hecho, el Doctor Leal estuvo a punto de bajar y pedimos algún voluntario para que lo acompañara, pero encontrándonos en el punto mas lejano del itinerario a la cerrada del río Durcal, que era el gran atractivo de la jornada y con un tramo por recorrer, todavía desconocido para todos, decidimos continuar GPS en mano, para llegar a lo que habíamos visto un rato antes: la mencionada mole de arenisca con forma de Champiñón, donde aprovechamos para hacernos otra foto de grupo y donde “El Corsario” no pudo resistir la tentación de subirse, a pesar del espectacular extraplomo que presentaba 360º alrededor y eso que acudía a la ruta con la muñeca izquierda lesionada.
Desde el champiñón de arenisca que preside el cerro del Moro, nos adentramos en un laberinto de veredas, pistas y caminillos entre fincas y parcelas de frutales, GPS en mano, llegando sin dificultad a una pista terriza paralela a la autovía A-44 Granada-Motril, que durante un corto trecho llevamos a la derecha. En este insulso muy monótono tramo, Herminia, tuvo la mala suerte de ser atacada por un grupo de avispas, que aparecieron como de repente, ensañándose con ella con numerosos picotazos que hubieran dejado ko a cualquier miembro del grupo, excepto al Maestro Geobotánico pepe Guerrero, debido a una misteriosa inmunidad que adquirió en su infancia, paradójicamente debido a otro ataque de avispas que se ensañaron con él.
Antes de darnos cuenta, ya caminábamos sobre un puente que pasa por encima de la mencionada autovía que viene a dar al cementerio de Dúrcal, bajo la sombra de los cipreses hicimos una parada táctica, tras la cual, tomamos el ramal que giraba a la izquierda, dejando el muro del cementerio a nuestra derecha y caminando en dirección hacia el valle del río Durcal, hasta que la pista traza un ángulo de 90º, dirección NE, que a partir de este momento ya es nuestra dirección predominante llevando en todo momento el frondoso valle del río Durcal a nuestra izquierda, que contemplamos desde una posición elevada, a unos 100 m por encima del mismo, caminando entre fincas y frondosas huertas, pero con el factor negativo de que este itinerario discurre casi en todo momento por pista asfaltada, resultando bastante monótono, en todo caso recomendable para hacer en bicicleta o en todo caso para complementar la visita de Los Baños de Urquízar con la cascada que se encuentra a tan solo unos 100 m río arriba, pero que se nos había escapado por muy poco y que especialmente a mí, como responsable de esta primera parte del itinerario, se me quedó clavada como una espina en el corazón.
 Sobre estas líneal se puede observar el Puente de Lata salvando el cauce del río Durcal.
2ª parte, el canal de Fuga y la cerrada del río Dúrcal:
Se podría decir que ésta es la ruta estrella de Dúrcal, sirviendo también como inicio y final de ruta la ubicación del restaurante Los Mondarinos, pero siguiendo el hilo de la descripción anterior; tal y como veníamos por la pista asfaltada que se mantiene en paralelo (dirección NE) con el valle del Río Durcal a nuestra izquierda, en una posición elevada, que nos permite contemplar el viaducto de la autovía o el emblemático puente de Lata, la pista describe una cerrada curva de horquilla primero a la derecha e inmediatamente después a la izquierda, que salva las aguas de un arroyo, y que nos lleva ya en bajada hasta el mismo cauce del río Durcal, adentrándonos a partir de aquí en un exuberante bosque de ribera que ya nos acompañará todo el tiempo;
dejando a nuestra derecha una gran construcción de tres plantas, abandonada parecida a los grandes molinos abandonados que nos encontramos en el cañón del río Alhama, en este caso unos azulejos rezan: “Centro Andaluz de Investigaciones Gastronómicas”. Y que perfectamente se podría rehabilitar, por ejemplo como albergue, dado el alto interés paisajístico que tiene el lugar donde estamos a punto de adentrarnos.
Inmediatamente después ya estamos en la orilla del río Durcal, si bien las tomas de las acequias que existen río arriba, hacen que su caudal por aquí no sea superior al de cualquier arroyo, eso sí, como todos los cursos acuáticos procedentes de Sierra Nevada, de cristalinas aguas, que pronto cruzaremos por un antiguo puente de piedra, que así se conoce como el puente romano. Unas veces por la derecha y otras por la izquierda, siempre encontraremos una vereda que vaya paralela al río y que debe ser nuestra norma a seguir en caso de dudas.
El siguiente hito mas significativo es nuestro paso bajo el denominado puente de lata, colocado sobre el río Dúrcal. Construido en Bélgica, estuvo instalado durante 21 años sobre el arroyo de Gor, muy cerca de Baza, antes de ser trasladado a Dúrcal, donde se inauguró en 1.924. El Puente de Dúrcal se construyó en los Talleres Lecoog, en Bélgica. Su longitud era de 270 metros, estaba construido con acero cromado y su costo fue de ¡seis millones de reales!. En 1.891 se estaba montando sobre el citado arroyo de Gor, pero ante la negativa de los ingenieros de Fomento para dar el permiso para circular, alegando que los pilares de apoyo no tenían la debida consistencia, el tren no pudo pasar hasta el día 15 de marzo de 1.907 y esto, con la limitación que le imponía una real orden de febrero del mismo año por la cual prohibía el paso de viajeros montados en el tren. Estos tenían que bajar antes de entrar sobre el puente y pasar a pie los 463 metros prohibidos, para volver a tomar sus respectivos asientos una vez pasado el puente; tan sólo el maquinista y el fogonero pasaban con el tren. De hacer cumplir la norma dictada se encargaba la pareja de la Guardia Civil de custodia en los trenes. En diciembre de 1.912 se terminó de pasar por el puente, ya que la compañía construyó otro mucho más pequeño, a unos quinientos metros, cerca de Gor.
Trabajos de reconstrucción del puente Grande, del estribo lado Baza, cuando estaba en el arroyo de Gor, fotografía tomada por el ingeniero Gustavo Gillman en la primavera de 1906. Herederos de Gustavo Gillman.
En diferentes artículos publicados en la prensa de la época se le pide a la compañía que adapte sus horarios a fin de no tener que pasar de noche, a veces con lluvia y nieve, tan considerable y peligroso andén, en medio de la impenetrable oscuridad. Vendido a la empresa Tranvías Eléctricos de Granada, el puente fue desmontado del Arroyo y vuelto a montar, ya un tanto más corto, en su actual emplazamiento por la compañía alemana Dourmounde Unión, siendo inaugurado el 18 de julio de 1.924 por el subsecretario de Fomento, general Vives.
El día 3 de julio de 1.924, cuando se hacían las pruebas de resistencia, uno de los tres coches motores empleados arrolló a uno de los empleados, causándole la muerte inmediata. Manuel J. Anguita Castillo Granada (Diego Moreno Fernández)
Conocido en el pueblo como “el puente de lata”, sirvió como paso de la garganta  del río Dúrcal, aunque antes había estado en servicio como puente de ferrocarril de la línea Guadix-Baza, sobre el Arroyo Gor (tramo inaugurado en noviembre de 1906) El puente al parecer,  está realizado por un discípulo de Elffel al estar construido con perfiles de hierro laminados unidos con remaches o roblones.
Puente original sobre el arroyo de Gor en la comarca de Baza.
Debido a un corrimiento de las tierras en la zona, se hizo necesaria una rectificación en el trazado de la línea y el puente quedó abandonado. Esta circunstancia llevó a Tranvías Eléctricos de Granada S.A. a dinamitarlo y a efectuar su traslado a Dúrcal en 1924, tras reducir su longitud de 400 a 200 metros. Inicialmente el proyecto de tranvías eléctricos era la conexión de Granada y Motril por medio de un ferrocarril eléctrico de vía estrecha, aunque el proyecto se quedó en Dúrcal, donde el tranvía llegaba a una estación que, ahora abandonada, continúa en la entrada del pueblo. Junto a esta estación tenía su salida un teleférico que, con 38 kilómetros, contemplaba el recorrido hasta el puerto de Motril para dar salida a los productos agrícolas del Valle de Lecrín. Aunque este último solo estuvo funcionando hasta 1958 debido a los frecuentes robos que sufría, el tranvía de pasajeros siguió haciendo el recorrido Granada-Dúrcal (tardaba una hora) hasta el año 1974 (cuando, en su lugar, se instaló un servicio regular de autobuses) Tras dejar de utilizarse en el año 1976, el puente está a punto de ser dinamitado por FEVE y sólo la intervención del entonces delegado de la dirección General de Bellas Artes, Don Vicente Gonzáles Barberán consigue evitarlo y que se ceda finalmente en 1983 a la Diputación para su conservación. Hoy en día pertenece al Ayuntamiento de Dúrcal, muy querido por los durqueños y conocido como el "Puente de Lata". Esta obra de ingeniería fue realizada por un discípulo de Eiffel, de ahí que ofrezca cierta similitud con la Torre Eiffel (París). Se construyó para el servicio de la línea de tranvías, hoy en día se ha sometido a una completa restauración.
Actualmente forma parte de un paseo hacia el noroeste de Dúrcal, además de servir de excelente mirador ó para la práctica de deportes de aventura como el "puenting", según parece una empresa de multiaventuras de Granada, taló unos 30 sauces y álamosadultos a los pies del puente, para poder desarrollar esta actividad, en la actualidad, ecologistas en acción se está encargando de denunciar el caso.
Volviendo a nuestro itinerario, después de pasar bajo el puente de lata y siempre siguiendo el sendero que discurre paralelo al río, aguas arriba, nos adentramos en un precioso bosque de ribera donde abundan los álamos negros, blancos, sauces, cañaverales, zarzas y álamos principalmente, de manera que por muy soleado que sea el día, nuestro transito junto al río será una auténtica delicia. Caminando con el río a nuestra izquierda, no tardamos en llegar a un estanque con cisnes negros que forma parte de las instalaciones del lujoso restaurante y alojamiento rural llamado Bio-Durcal, lujosos manteles y cubiertos en su terraza, ya denotan el elevado precio de su carta, prohibitivo para la mayoría de senderistas y mucho mas en los tiempos que corren. 
Por lo que tomamos el camino que pasa por arriba de la casa, que en realidad es el acceso al mismo, dejando una fuente a nuestra derecha y subiendo por un bonito camino con barandillas de madera a nuestra izquierda hasta que llegamos a la entrada del camino, accediendo momentáneamente a una carretera secundaria, al otro lado de la cual nos encontramos con otro restaurante de precio no mucho mas barato que el anterior (menú fin de semana 17€). Justo frente a la terraza de este restaurante, a la izquierda de la carretera, parten unas escaleras que descienden hacia el río, pero en nuestro empinado descenso, las escaleras desaparecen pronto, siguiendo el rastro de un desdibujado sendero, que nos lleva a una valla metálica, abierta por su lado derecho, tras la que pasamos bajo un puente y de nuevo nos situamos junto a las aguas del río Dúrcal.
En ambas márgenes del río abundan las huertas con bancales cultivados de manzanos, membrillos,  granados, almendros, ciruelos y olivos. A partir de aquí nos encontraremos con una sucesión de artesanales puentecillos de madera, que nos llevan alternativamente por una orilla o por otra, aunque el Doctor leal, la Hechicera du Sao Paulo y un servidor, preferimos avanzar por el mismo cauce, durante un rato, hasta que retomamos el camino principal, ya una pista perfectamente definida en paralelo a la orilla derecha, que mide aproximadamente un kilómetro a lo largo del cual nos encontramos con áreas recreativas, bancos, papeleras o paneles que nos recuerdan prohibido hacer fuego, cuida de tu entorno, no arrojar basuras, etc…
ya casi al final de este tramo de pista, se cruza un vado, tras el cual, nos reagrupamos con el resto de compañeros, que ya estaban empezando a devorar sus viandas con gran avidez en una de las rudimentarias áreas recreativas repartidas junto al río, mientras Chuckie, aguardaba el menor descuido de algún compañero despistado.
Reanudada la marcha, atravesábamos un angosto y desvencijado puentecillo de madera por donde había que pasar en fila india, tras el cual ya podían verse la parte alta de los crestrones dolomíticos que ya nos avisan de la proximidad de la famosa cerrada del río Durcal, con pináculos de formas fantásticas que invitaban a buscar similitudes con objetos o animales, como la silueta del león que localizó el Doctor Leal en uno de los primeros pináculos a nuestra derecha. Pasando poco después junto a una caseta de bombeo y a la Poza de la Pileta o Pipa, donde coinciden el cauce del río Dúrcal y el Barranco de la Rambla, que queda a nuestra derecha.
A partir de aquí ya estamos dentro de los límites del Parque Natural de Sierra Nevada. En esta balsa, se bombea el agua a la Acequia de Marchena (para regar los cultivos de la barriada de este mismo nombre). Dejamos la balsa y el cauce del río, y nos adentramos por unos instantes en esta rambla que cruzaremos un par de veces. Arriba, a la izquierda, por la pared del tajo, venimos observando la acequia de Mágena, a la que vamos a ascender para progresar con mayor comodidad, si bien, quienes gusten de caminar por el mismo cauce del río pueden hacerlo sin mas dificultad que algún tramo algo cerrado de vez en cuando o el típico tronco atravesado en nuestra trayectoria.
Una vez ascendemos el corto pero empinado tramo de sendero y nos situamos ya en la acequia de Márgena, la tomamos a la izquierda, para continuar en todo momento paralelos al río, siempre aguas arriba. Se puede caminar perfectamente por el angosto senderillo que discurre junto el borde de la misma, llegando a un pequeño y bajo túnel, siendo necesario agacharse o introducirse en la acequia (obviamente hay que mojarse).
Unos 100 m mas adelante, tenemos que volver a introducirnos en la acequia que nos obliga a pasar de lado por un angosto pasillo excavado en roca, no apto para personas demasiado obesas. A pocos minutos se halla una fuente, procedente de una acequia superior. Continuamos por la acequia, desde hace varios minutos ya vamos caminando flanqueados por espectaculares tajos rematados por puntiagudos pináculos muy parecidos a los de los cahorros de Monachil o los Alayos de Dílar. Esta acequia que normalmente va descubierta, presenta trozos cubiertos, junto a pequeñas barranqueras, para evitar la caída de piedras, malezas, tierras y otros, que terminarían tapando el cauce.
Nos acercamos a la toma del agua de la acequia, donde destaca una pequeña chorrera, en la que algunos aprovechamos para refrescarnos una vez mas. En este punto nos encontramos con la toma de la acequia por donde hemos venido y desde este mismo lugar nuestra guía Vicky nos recomendó tomar el empinado sendero de cabras, que en a penas 200 m nos hace ganar bastante altura, por una ladera no apta para personas con vértigo, llegando a la mítica acequia del canal de Fuga, de la cual caen impresionantes cascadas prácticamente todo el año, excepto a finales de verano, como fue nuestro caso.
No obstante, las vistas desde allí arriba eran impresionantes y la panorámica sobre la cerrada del río Durcal, sencillamente espectacular, por lo que la frustación de no poder ver la cascada, quedó recompensada y Vicky y un servidor dejamos constancia de nuestra intención de repetir esta ruta para comienzos dee verano 2014.
Aunque todos los compañeros, bajaron con gran destreza y rapidez esta ladera, regresando en apenas unos minutos a la toma de la acequia de abajo, un servidor tuvo que echar mano del comodín de la cuerda antivértigo, que amarré a mi cintura, mientras el Elfo de la malagueta y el Doctor Leal, sujetaban la misma unos metros por detrás y siempre por encima de mí, para evitar la inminente caída ladera abajo, que muy probablemente había protagonizado de no emplear tan rudimentario método, que también sirvió para el descojone del pelotón chiflado.
Y una vez de descendimos sobre nuestros pasos nos adentramos en la cerrada del ríuo Dúrcal, que en sus inicios nos recuerda a los cahorros del río Chíllar en Nerja, por las angosturas de sus encajonamientos, que se abren y se cierran de forma intermitente pero con paredes de una altura espectacular a ambos lados, en los tramos rectos el río discurre de forma dócil siempre con sus aguas cristalinas, pero poco profundas que nos permiten caminar sin dificultad. Antes de llegar a cada recodo del río, suele haber una poza que al menos a finales de verano a penas cubre mas allá de la cintura o incluso por debajo.
De vez en cuando algún bloque de roca o tronco atravesado se interpone en nuestro camino, pero al encontrarse libre de zarzas, tan sólo alguna que otra y dóciles cañaverales de vez en cuando, se progresa de forma muy cómoda y así poco a poco seguimos avanzando entre altas paredes rematadas por magníficos pináculos, hasta que antes de llegar al km 1,5 río arriba, decidimos darnos la vuelta, porque la tarde se nos echaba encima, pero sin haber llegado todavía, a algún salto significativo que nos obligara a realizar una trepada.
Así que regresamos sobre nuestros pasos  hasta llegar al final (ahora en sentido contrario), del mencionado tramo de pista junto al río que ahora llevábamos a nuestra derecha, y al final del tramo de pista terriza, tomamos un ramal de pista asfaltada, que en empinadas rampas nos dejó en la parte alta de la zona conocida como la Loma del Corral, donde tomamdo el primer ramal que salía a nuestra derecha (dirección SUR), llegamos hasta el I.E.S. Valle del Lecrín y a rengl´ñon seguido el tunelillo que pasa bajo la carretera Bailén-Motril, dejándonos justo frente al reataurante Los Mondarinos, en cuya terraza disfrutamos de unas merecidas cervezas, hasta nuestro próximo encuentro.

1 comentario :

  1. Eduardo Campos9:52 a. m.

    Me encantan las fotos antiguas. Parezco un boquerón (nunca mejor dicho) en vinagre en el baño de Urquizar...

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