sábado, enero 18, 2014

Los mejores álbunes de 2013



No quisiera resignarme a pensar que ya no se hace música o cine como el de antes y es por ello que siempre me ha gustado descubrir nuevos grupos, abarcando los estilos mas diversos, sin olvidarme de los grupos con los que me crié musicalmente; Beatles, Siomon and Garfunkel, Pink Floyd, Queen, YES, Led Zeppelin, Deep Purple, E.L.O., Alan Parsons Project, Dire Straits, U2, Mike Oldfield, Eric Clapton así como otros muchos grupos de aquella ápoca, anteriores y posteriores. Sin encasillarme nunca dentro de un género en concreto, porque soy de la opinión que hay un tipo de música para cada momento. Eso si, en mi colección de música puede haber un 15% de música española y el 85% de música internacional de todo tipo, así como: New Age, Clásica, bandas Sonoras, etc… 
Este 2013 por ejemplo, no me he encontrado con ningún disco en español digno de incluirse en esta lista, en todo caso, como grupo revelación sugiero a los malagueños Icarus Crash con su álbum “Mi defecto Anónimo” por su buen nivel músical dentro del género rock y a los sevillanos: Pony Bravo por su álbum “De palmas y cacería” (mas por su letra que por su música), ambos, en mi modesta opinión, a años luz en calidad y solidez de los álbunes que propongo en esta lista. Con un orden siempre muy subjetivo pues los discos sólo pueden compararse dentro de un género y aún así, muchas veces hay tantos matices que es casi imposible, por ejemplo: ¿Qué tiene que ver el rock de Queen of the Stone Age” con el folk de Laura Mrling: el heavy metal de “Black Sabbath” con las baladas melódicas de Tom Odell, el Swing de Robbie Williams, el soul de Justin Timberlake, la música disco de Daft Punk. Siempre se me habrá podido escapar alguno pero he contrastado esta lista con las mejores revistas y webs especializadas en música, y creo que en esta lista están recopilados los 24 mejores álbunes a nivel internacional de todo 2013, muchos de los cuales contienen auténticas maravillas. 
Nº1.- QUEENS OF THE STONE AGE: “…Like Clockwork”

Reconozco que la primera vez que escuche este disco, se me quedó cara de “qué coño es esto”, es un disco duro de digerir, pero después de varias audiciones mi conclusión fue, este es el mejor disco del año, ¡ojo, para mí!. Si bien a quienes os arriesguéis a escucharlo, es recomiendo lo hagáis desde la segunda canción, pues la primera cuesta mucho mas digerirla.

El disco en general me parece muy trabajado, maravillosamente editado, con colaboraciones que enriquecen soberanamente esas canciones y el liderazgo de Josh Jomme, que se ha convertido en uno de los personajes del rock americano a la altura de de Trent Reznor y Dave Grohl. La mayoría de sus canciones tienen una fuerza tremenda. Nos encontramos colaboraciones en el tema 1: Keep Your Eyes Peeled» (con Jake Shears), tema 4, mi favorito: If I Had a Tail (con Alex Turner, Nick Oliveri y Mark Lanegan); tema 6:  Kalopsia» (con Trent Reznor) y el tema 7: Fairweather Friends, poco menos que una reunión de amigos con: Eltón John, Trent Reznor, Nick Oliveri, Mark Lanegan, Alain Johannes y Brodly Dalle).

Es un disco que va más allá del tícipo rock cañero. Se cuenta la anécdota de que Elton John estaba en un coche, el conductor le habló de Queens of the Stone Age y los escuchó. Acto seguido llamó a Josh Homme y le dijo: “Lo único que le falta ahora mismo a tu grupo es una auténtica reina”. Hoy, Sir Elton ya forma parte de ese lustroso elenco de invitados que suelen coronar los discos de Queens of the Stone Age. Y la anécdota sintetiza muy bien el espíritu de un grupo que responde a unos patrones clásicos y que, sin embargo, evita ser retrógrado haciendo del aperturismo una de sus fuerzas motrices. Pocos músicos actuales tienen en cuenta la importancia del sentido del humor tanto como Josh Homme, y pocos también convierten esa virtud en una herramienta de trabajo. Que Elton John esté en …Like clockwork significa que siguen siendo un grupo abierto a todo y sin miedo a nada, capaz de extraer una idea creativa de lo que podría haberse quedado en una divertida historia.

Nº2.- BLACK SABBATH: “13”  Padres del heavy metal, ya abuelos, los tres sexagenarios metaleros (sus álbumes Black Sabbath y Paranoid datan de 1970) muestran sus dotes musicales como si el tiempo no hubiese transcurrido y fueran los mismos muchachos veinteañeros, nativos de Birmingham, Inglaterra, que escandalizaban a las buenas conciencias de su época con sus canciones y sus presentaciones en concierto.
En 13 todo resulta sorprendente. Desde los sensacionales riffs y solos de Iommi hasta la voz poderosa y recuperada de Osbourne, (¡que sigue cantando de puta madre para la edad que tiene y la vida que ha llevado!), desde los bajeos precisos y contundentes de Butler hasta la calidad de las composiciones, muy cercanas a lo mejor de la producción primigenia del grupo.
 

Nº3.- TOM ODELL: “Long way down” 

Un debut tan prometedor como lo fue en su día el de Norah Jones con “One flight down” de hecho hasta he dudado en colocarlo primero en la lista. Es un álbum maravilloso, de una riqueza melódica inconmensurable. Grandes canciones, himnos diría yo, y uno de los debuts más deslumbrantes que se han producido en los últimos años. Piano, batería, voz y poco mas, aparentemente simple, a veces casi jazzístico, pero rayando a un nivel casi sublime en algunos momentos. Como Adele, Alt-J, Emeli Sande es un artista que supera lo que se puede esperar y de camino, demuestra que, una vez mas, la cantera inglesa es inagotable.
Nº 4.- DAVID BOWIE: “The next day”

Diez años después de su último trabajo y con una dolencia cardíaca de por medio que le ha mantenido alejado de los escenarios un tiempo, Bowie con el que podría ser el último álbum de su carrera.

The Next Day requiere unas pocas escuchas para cogerle el punto. Es un disco largo, casi una hora y catorce temas dispares que al igual que el  álbum  de QUEENS OF THE STONE AGE: “…Like Clockwork” no se digiere fácilmente.

Entre las catorce incluidas, caben destacar Love is lost, con sus guitarras lacerantes y teclados catedralicios. También Valentine’s day, muy cerca de su etapa glam. O If you can see me, conectando con lo mejor de Earthling (1997). Eso por no hablar de la rockeras The Stars (Are Out Tonight) y The Nex Day, del dramatismo de You feel so lonely you could die o del inesperado zarpazo hard-rock asestado por (You will) Set the world on fire, o las más enigmáticas y oscuras Where Are We Now? o You Feel So Lonely You Could Die, ó la más experimental If I Can See You; la impresión general es de diversidad. Quizá esto se deba a que en los últimos años David Bowie no ha estado tan parado como parecía y tenía en el cajón un buen puñado de ideas.

Nº5.- JOHN GRANT “Pale Green Ghosts” 

Es su segundo trabajo y se publicó la pasada primavera 2013. Desde que su voz aterciopelada, sus letras sarcásticas, duras y realistas sorprendiera e hipnotizara hace ya tres años con Queen Of Denmark (2010), sin ir más lejos es un cantoautor a tener muy en cuenta, además de magnícas canciones, su música en general es de gran calidad. Los tintes de cantautor al piano, de rock lento y comedido, marcan el tono predominante del álbum.

En reali­dad la vida nunca ha sido fácil para el can­tante, nacido hace ya más de cua­tro déca­das en la lejana Den­ver, capi­tal de Colo­rado. John Grant (ex líder de “The Czars”) sufrió mal­tra­tos y abu­sos de pequeño, dis­cri­mi­na­ción por su homo­se­xua­li­dad, gra­ves pro­ble­mas con las dro­gas y el alcohol, ade­más de nume­ro­sos pro­ble­mas para acep­tar su pro­pia sexua­li­dad. Una vida com­pli­cada sin la que es impo­si­ble com­pren­der sus canciones.

Pale Green Ghosts (Bella Union, 2013), su segundo álbum, hace refe­ren­cia prin­ci­pal­mente a la rup­tura con su pareja. La pri­mera vez, según el pro­pio artista, que ter­mi­naba una rela­ción seria. Y ‘Pale Green Ghosts’, la can­ción, hace refe­ren­cia los árbo­les del mismo nom­bre que Grant veía a dia­rio en todos los momen­tos cla­ves de su dolor: al visi­tar a su madre mori­bunda, a su novio, o a lo largo del camino que reco­rría al vol­ver a casa des­pués de reci­bir pali­zas por su con­di­ción homosexual.

Este tema, que fue el sin­gle de pre­sen­ta­ción del álbum, supone una rup­tura con lo que se podría espe­rar del artista. Con una fuerte base elec­tró­nica y una espec­ta­cu­lar pro­duc­ción repleta de capas, melo­días, cuer­das y sam­plers y una pro­duc­ción inno­va­dora y sor­pren­dente, con cierto aire ochentero.

Podríamos decir que Pale Green Ghosts, es un disco más completo y dinámico que su anterior  Queen Of Denmark. Tal vez sea difícil encontrar en el disco una sola canción que destacar claramente: todas son buenas, especialmente a partir de la tercera, todas crean una atmósfera muy bien hilada y si nos fijamos en las letras, ganan aún más, , por ejemplo la tercera canción: “GMF”, algo más lírico, menos electrónica y similar al anterior trabajo de Grant. Los temas más electrónicos del disco, como; Pale Green Ghosts, Black Belt , Why Don’t You Love Me Anymore? le aportan un curioso contrapunto a los temas mas lentos.

En It Doesn’t Matter y Why Don’t You Love Me Anymore?, nos encontramos con la colaboración de Sinéad O’Connor quien complementa a esta fascinante voz masculina en los coros. La calidez de la voz de la O’Connor aporta calidez para contrarrestar la frialdad de algunos de los pasajes del disco (ha sido grabado en Islandia, actual país de residencia de Grant) y la serenidad reflexiva de esos pálidos fantasmas verdes que, según el propio Grant, tienen que ver con el pálido color de las hojas de los olivos.



Nº6.- VAMPIRE WEEKEND: “Modern vampires of the city”

El mejor álbum del grupo de Brooklyn con mucha diferencia y la obra maestra de todos los grupos que han aparecido por la zona. Estoy convencido de que el cantante Ezra Koening se ha convertido en un líder con una personalidad arrolladora en todos los sentidos, dotando al álbum de canciones imaginativas, sorprendentes, un estilo muy peculiar.

Lo primero que llama la atención de Modern Vampires es lo despojado que suena. No hay ritmos africanos, no hay guitarras centelleantes. Aunque siempre se señaló s Rostam Batmangij como el cerebro musical de la banda, la verdad es que sus intervenciones y arreglos son -en la mayoría de los temas- sutiles: una línea de teclado por acá, un corito por allá, algún sample por allí. Claro que los temas más uptempo (“Diane Young”, “Finger Back”) tienen guitarras más al frente pero en general la música es despejada, casi remitente al R&B en sus elementos. Un base rítmica muy arriba (mención especial para el batero Chris Tomson) y la voz de Ezra Koening tejiendo melodías invencibles. Y recitando letras imperdibles que lo elevan entre los mejores letristas de su generación.

Aunque a primera vista no lo parezca, los Vampire -una vez despojados del afro-pop de su primer disco- tienen un sonido muy particular, insular, bastante inclasificable. También muy inmediato, por lo que no hace ruido al oído; pero es un pop extraño, al que es difícil encontrarle referencias en el pasado. Sacando algún ejercicio de género, como el surf-rock à la Buddy Holly de “Diane Young”, el disco no “suena como” nada. Puede ser que haya algo de Paul Simon, si. No del Simon de Graceland (el cual VW canalizó en su gran debut), sino del de Hearts & Bones. Pop simple, profundo y… perfecto.

Modern Vampires of the City es el segundo disco de la banda en llegar al número 1 de Billboard. Un number one endeble y fugaz, pero uno al fin. Más allá de la poca importancia que le podamos dar a ese o a otros rankings comerciales, hay algo de eso que interpretar como signo: hay algo en esta música que tiene un appeal universal. Cuando a eso le sumás canciones, no hay nada que lo frene. Y lo cierto es que Modern Vampires es un gran disco, con gran consistencia en el nivel de sus canciones y con un gran tracklisting. The low click of a ticking clock / There’s a lifetime right in front of you“. Andá a agarrarlos.

Nº 7.- ROBBIE WILLIAMS: “Swings Both Ways”

Está claro que Robbie Williams no es Frank Sinatra, pero el caso es que ‘Swings Both Ways’ funciona a la perfección como disco de swing hecho en el siglo XXI, y no es solo un disco de versiones de estándares swing. Incluye, también, seis pistas nuevas escritas y arregladas para la ocasión, autoría de Williams y de su inseparable compositor Guy Chambers. Dos de ellas, ‘Shine My Shoes’ y ‘Go Gentle’, abren el disco. La primera es su manifiesto anti-críticas e incluye frases como “el modo en que me no me queréis os hace feos”, “algunos nacen para triunfar y otros para fracasar” o “aquí tienes algo que te pondrá enfermo: ¡soy más feliz que un cerdo revolcándose en la mierda!”; y la segunda es puro amor paternal, un emocionante himno que cuenta con unos arreglos y un estribillo muy bonitos y con una letra más encantadora imposible: “no pierdas el tiempo con idiotas que se creen héroes / te traicionarán / mejor quédate con los raritos”, le aconseja Williams a su hija.

‘Swing Both Ways’, además, incluye un buen plantel de artistas invitados al contrario de lo que ofrecía su menos eufórica precuela ‘Swing That You’re Winning’. Lejos de sobreactuar, Kelly Clarkson ofrece en ‘Little Green Apple’ una interpretación delicadamente contenida; con ‘Dream A Little Dream’ es evidente que a cada día que pasa Lily Allen canta mejor, y Olly Murs aporta un agradable contraste en su versión junto a Robbie del clásico de ‘El libro de la selva’ ‘I Wan’na Be With You’. Por su parte, de la participación de Michael Bublé en la exuberante ‘Soda Pop’, otra inédita, no hay mucho que decir, si bien Rufus Wainwright, al contrario, inventa en la divertida pista que da titulo al álbum, de nuevo, inédita, un nuevo significado para la palabra “sexy” mientras él y Robbie juguetean con sus respectivas sexualidades. “Admítelo: eres un pelín gay”, dice uno. “Acéptalo: eres un poquito gay”, dice otro. La canción, por cierto, es fantástica.

Hay canciones como ‘Swing Supreme’ y ‘If Only I Had A Brain’, que cuentan con un arreglo de cuerdas tan bello que, a su lado, el resto de pistas suenan a broma. Magnífico disco de versiones, pues, este ‘Swing Both Ways’, quizás no tan navideño dado el tabernero registro de Williams como a él le hubiera gustado, pero al fin y al cabo un entretenido viaje por la historia del swing que vale la pena oír de principio a fin.

Nº8.- LORDE: “Pure Heroine”


Probablemente junto con el cantante TOM ODELL, el mejor debut del año, d hecho para muchos estamos ante una de las reinas de las voces femeninas en los próximos años. Yelich-O’Connor, cumplió 17 añitos el 7 de noviembre de 2013, pero podría tener 25. Canta con dureza y rapea con suavidad. Es natural de Nueva Zelanda, pero podría haber nacido en Tampa, Glasgow o en Dubrovnik. En su debut, Pure heroine, es una adolescente de vida ordinaria y una contendiente al trono del pop con un sonido que recuerda al hip-hop de internet de Kitty Pride, al pop sentimental de Lana del Rey y al autovaciado primario de Florence Welch, mientras consigue seguir sonando extrañamente personal. “Tal vez nos crió internet/O tal vez la gente es imbécil”, sopesa en la canción A world alone. Lorde es una niña de la nube.

Con todo, Pure heroine se percibe como algo sorprendentemente real y bien formado y acabado, empujando bases de post hip-hop dispersas y retumbantes con inquisitivas y vivaces letras sobre lo que supone crecer tan rápido, que pueden parecer a la vez arrogantes y pensativas. “Siempre estamos contentos, incluso, cuando sonreímos por el miedo”, canta en el tema Tennis court, que abre el disco. Es muy buena diseccionando su todavía corta vida (“Estamos vacíos como las botellas que nos bebemos”) y también evocando el sentimiento encontrado de que le guste el hip-hop aunque sus fantasías imposibles le revuelvan las tripas. Team es una oda al grupo de rap de un amigo, con un ritmo que resuena como si Run DMC lo tocaran desde dentro de un animal disecado. Pero la canción parece orgullosamente aislada: “Ya me aburre que me digan que ponga las manos en el aire/Así que/debo de ser más vieja que cuando me iba de fiesta sin preocupaciones”.

Nº9.- THE NATIONAL: “Trouble will find me” 

En mi búsqueda de lo novedoso y lo diferente en el mundo de la música, me he encontrado con esta banda llamada “The National” que, desde mi punto de vista, han demostrado que también se puede crear algo muy bueno a partir de lo ya conocido. Este “Troble will find me” es un álbum intimista, clásico y mucho más minimalista que su anterior trabajo. Pero también es un disco profundamente melancólico, reflexivo, encantador y bien plantado en la poesía y voz de su vocalista.


Si bien éste álbum no alcanza el nivel de sus dos primeros álbunes: Boxer y Alligator. Sin embargo, volvemos a comprobar como la voz y letras de Matt Berninger forman un matrimonio perfecto que no para de mejorar con el paso de los años. Mucho más profundo, existencial e imprescindible, lejos de las etiquetas que tildan a The National dentro del episodio de “música para viejos”; porque Trouble will find me sí puede ser más pesado que anteriores entregas, pero también muy rico en matices, con colaboraciones como las de Sufjan Stevens, St. Vincent o la imprescindible Sharon Van Etten.

Desde el comienzo del tema 1: “I should live in salt” o del tema 2 “Demonds”  se muestra el potencial de voces que perduran en el disco, mucho más Berninger que nunca. Algún tema como el Nº 4‘Fireproof‘ se da un aire al “Fields of gold de “Sting”, El caso es que me resulta un álbum de baladas muy agradable de escuchar, que se recupera una y otra vez como el vagón de una montaña rusa.

Nº 10.- SPIRITUAL BEGGARS: “Earth Blues”

Con casi veinte años a sus espaldas, la banda sueca del ex-Carcass y Arch Enemy Michael Amott llega con este nuevo disco que responde a las espectativas de este quinteto de stoner, metal, rock clásico, psicodélico, y unas cuantas etiquetas que todavía caben en la batidora de la que sale esta combinación explosiva.
Desde la apertura, con “Wise As A Serpent”, los riffs poderosos dominan y nos teletransportan a la atmósfera de los años setenta. Alejándose un poco de la pesadez tan característica del stoner, y en ese sentido algo más ligero que álbumes como “Return to Zero”, tema tras tema, los Spiritual Beggars nos traen cañonazos que podrían haber firmado bandas como Uriah Heep o Deep Purple en su día.
Cada canción es clásica y original al mismo tiempo. El in crescendo de “Sweet Magic Pain”, piano incluido, tiene a muchos de los grandes al otro lado del espejo, y nos muestran además a ese excelente gritador que es Apollo Papathanasio. “One Man’s Curse” tiene un groove y un estribillo que la ponen entre las mejores del álbum. El hammond que da comienzo a “Kingmaker” nos deja una composición que podrían haber firmado los propios Uriah Heep. “Too Old to Die Young” pasa de cien a cero y de cero a cien en seis minutos en los que podemos encontrarnos prácticamente de todo, entre lo que destacan bongos, teclados y cambios de intensidad.
Y la joya de la corona (en la siguiente escucha podría ser otra), a mitad del álbum, “Dreamer”, es una acumulación de aciertos a todos los niveles, con sonidos atmosféricos que dan a parar con un final a toda hostia y un trabajo vocal propio de los grandes.
La producción, por otro lado, ensalzan los perfectos arreglos y la gran labor de cada uno de los músicos que ha participado en el álbum. Cosa difícil cuando tienes tantos instrumentos dando caña sin parar (casi) ni un instante.
En estos géneros musicales, puede resultar complicado crear 50 minutos de música que no cansen antes de la media hora. Sin embargo, Amott y los suyos se han marcado doce temas con personalidad propia, muy poco relleno, y con muchísimo colorido (tanto como la curiosa portada, tan setentera que parece que estemos ante la “remastered edition” de algún clásico de hace cuarenta años).
Se podría resumir en “gran voz, grandes riffs, gran sonido, grandes músicos, gran composición”. A buen seguro, defraudará a pocos amantes del buen rock.

Nº 11.- LAURA MARLING: “Once I was an Eagle”

Con tan sólo 23 años nos presenta uno de los mejores discos folk del año. La artista británica pone toda la carne el asador con dieciséis temas que despliegan dos universos en uno y que nos muestran a una Laura Marling valiente, hablándole de tú a tú al folk más austero. Se ha lanzado y ha puesto su voz en primerísimo plano, utilizando unos arreglos más austeros de los que nos tenía acostumbrados en sus anteriores trabajos, pero tan perfectamente medidos que hace, que el resultado sea un disco sólido con una rotundidad indiscutible. No hay languidez ni dulzura en esta Laura Marling, hay un paso hacia adelante gigante y firme.

El disco arranca pausado con ‘Take the Night Off’, un tema folk firme, arrastrando la voz y utilizando un arreglo primitivo. Los cuatro primeros temas parecen estar compuestos para escucharse seguidos. Con ‘I Was An Eagle’ la artista inglesa no quiere esconderse en la literatura y adopta una voz más explícita en las letras ( “No quiero ser una víctima del romanticismo, no quiero ser una víctima de las circunstancias…”). Encontramos en el inicio del disco un folk bastante puro que solo se romperá cuando las canciones tomen ese camino in crescendo que les da la solemnidad que necesitan.

‘Breath’ cierra ese inicio profundo y desconcertante con una línea de bajo, a cargo de Rex Horan, y el chelo de Ruth de Tuberville como casi únicos acompañantes de viaje en este disco de Laura Marling. Ha estado ahí presente también su productor habitual, Ethan Jones. La autora se muestra valiente y sin miedo de acomodarse en la pureza folk con solo los aditivos justos en cada momento. ‘Master Hunter’ es una de las canciones con más potencia del disco, recordándonos un poco a una Martha Wainwright suavizada.

Nº 12.- DAFT PUNK: “Random, Access Memories”

Música comercial donde las haya, muy ochentera con reminiscencia de la música disco de los setenta. Inspirada, en su mayor parte, por el funk y la disco music, Random access memories trasciende la estelar nómina de colaboraciones –Julian Casablancas, Panda Bear, Pharrell Williams, Todd Edwards– y el aparato mercadotécnico dispuesto alrededor. Es un trabajo largo y ambicioso, en el que abundan los hits rutilantes –el medio tiempo soft-rock de The game of love, la ensoñación de Instant crush, el pop adulto de Fragments of time– y no se hacen ascos a una experimentación pinturera y meticulosa. La monumental Giorgio by Moroder –combinando spoken-word, fusión jazzística, bola de espejos y suspense cinematográfico–, la sideral Motherboard –percusión líquida, arreglos en zig-zag, ruido arcano, bombos de gran calibre– o la polifonía de Doin’ it right son sólo tres ejemplos del impresionante despliegue creativo efectuado por el dúo francés.



Nº13.- NICK CAVE & THE BAD SEEDS: “Push The Sky Away”

Éste es un álbum ideal para escuchar en un momento de relax, yo diría casi terapeútico, que puede llegar a himnotizarte. Cinco años después del último disco con The Bad Seeds (uno con Grinderman en medio), aquel roquero y expansivo Dig, Lazarus, dig!!! (2008), Nick Cave regresa al calor de la mejor banda de acompañamiento posible

Push the sky away se inicia con la susurrante We no who u r, un sereno aviso de posible violencia. Ésa es la misión de The Bad Seeds: mostrarse contenidos, hasta cordiales, pero con las armas encima de la mesa, sabiendo que si se da un giro más el calor pasará a ser ebullición. Es el ambiente que predomina en Wide lovely eyes, We real cool y, sobre todo, Water’s edge, un muy tenso desdén hacia los jóvenes amantes, a los que recuerda –gruñiendo más que cantando– que, al final, siempre espera la vejez y el frío. Aún se endurece más la amenaza –Lucifer anda en medio– en la creciente Higgs boson blues, único momento, digamos, rock del álbum, y la retorcida maestría de Warren Ellis para poner los pelos de punta encuentra su esplendor en la fantasmagórica Finishing Jubilee Street. Pero también hay lugar para la belleza. En la canción titular, que funciona a modo de epílogo desvaneciente del álbum, y sobre todo en la ensoñadora Jubilee Street, de la que un Nick Cave en éxtasis se despide cantando “Me transformo, vibro, resplandezco, vuelo, mírame, estoy volando”.

Nº14.- ALICE IN CHAINS: “The Devil Put Dinosaurs Here”

La renovada banda de Jerry Cantrell ha vuelto a la palestra con un álbum precedido por una fuerte campaña publicitaria. Lo mejor es que la nueva grabación ha estado a la altura de las expectativas, y sobre todo, del primer álbum tras su regreso. En The Devil Put Dinosaurs Here tenemos a los Alice In Chains de siempre, sus armonías vocales únicas, sus penumbras y esa constante sensación de hastío hecha música. (Edgar Carrasquilla)
Siempre es buena noticia que se mantengan en pie grandes bandas pertenecientes a géneros que aunque alguien podría calificar de desfasados, guardan autenticidad y muestran honestidad, y si el grupo en cuestión lanza un disco como éste,  mejor que mejor. Aquí tenemos de nuevo a los Alice In Chains en estado puro.

Nº15.- ARCADE FIRE: “ Reflektor”

“If this is heaven/ I need something more” (Si esto es el cielo/ necesito algo más), declaran Win Butler y Régine Chassagne, cantantes fundadores de Arcade Fire, en una armonía conjunta casi susurrada, cuando acelera la canción que abre y titula el extraordinario nuevo álbum del grupo. Reflektor son siete minutos y medio repletos de arte y fiesta. Sobre un estridente híbrido disco de Miss you, de los Rolling Stones, y Walking on thin ice, de Yoko Ono, Arcade Fire y su nuevo productor musical, James Murphy de LCD Soundsystem, lanzan como frenético argumento instrumental quebradizos fraseos de guitarra, un bajo gruñón, un falso piano de cola e inflados acordes de sintetizador sobre un profundo reverb. También encuentran hueco para David Bowie, uno de los primeros y principales fans de Arcade Fire, que canta con Butler hacia el final y reformula las florituras vocales descendentes de Fame, su éxito de 1975.  
La forma en que Butler y Chassagne, que son una pareja casada, cantan esos versos de Reflektor es un momento sublime dentro de la confusión. También es un perfecto resumen del hambre del grupo, hambre nacida en el mundo indie y que aún bulle tras una década de éxito masivo, y específicamente de la decidida y excesiva ambición de Reflektor: 13 canciones en 75 minutos y dos discos, el mejor álbum de Arcade Fire.

Fundado en 2003, el grupo basado en Montreal -que incluye a los multiinstrumentalistas Richard Reed Parry y al hermano de Butler Will, al bajista Tim Kingsbury y al batería Jeremy Gara- siempre ha pensado y actuado a lo grande, usando potentes ecos y percusión colectiva para amplificar los misterios emocionales de las letras de Win, cuyo estilo combina a U2 con el Springsteen más elíptico. El tercer álbum de Arcade Fire, The suburbs (2010), era urgente y claro, un disco sobre los sueños y la huida imbuido del empuje del rock clásico. Fue número uno en EE UU y Gran Bretaña y ganó merecidamente el Grammy al mejor álbum del año.

Reflektor es aún mejor, por la siguiente razón: la discordante y energética unión entre la agudeza dance y el sabotaje post-punk de Murphy con el galope natural de Arcade Fire y el ritmo caribeño (Chassagne tiene ascendencia haitiana; ella y Butler se han mostrado muy activos en la ayuda a Haití). Murphy trabajó en todas las canciones salvo dos, con la mayoría de ellas cerca de los seis minutos o sobrepasándolos. El resultado es una obra épica hecha para bailar y secuenciada como un latigazo. We exist se desarrolla como los Cure más poperos de finales de los 80 y luego se abre paso hacia el reggae paranoico de Flashbulb eyes. Here comes the night zigzaguea abruptamente entre la veloz percusión haitiana y un ritmo como de unos Talking Heads playeros -como si Murphy y el grupo no pudieran decidir cuál les gusta más-, mientras que You already know es optimista Motown nuevaolera, con la parte del estribillo cantada por Chassagne centelleando en el reverb. Esa canción tiene que ser un single. Debe ser un éxito.

Arcade Fire no suelen tocar mucho rock & roll directo. Pero son muy buenos haciéndolo. Normal person empieza con una broma (los efectos de sonido del caos de un grupo enchufando sus instrumentos para tocar en un garito), y luego suena como si Butler comandara a la Velvet Underground con un inseguro Little Richard al piano. El shock inicial de Joan of Arc, el último tema del primer disco, es punk hardcore. Pero el bombardeo rápidamente muta a una sorpresa más jugosa: un ritmo estilo Gary Glitter. La canción –un homenaje a la fuerza y el sacrificio femeninos– se eleva hacia una conclusión inevitable: largos susurros de teclado y Chassagne cantando en francés a través de torsiones electrónicas, como si estuviera dentro de un círculo de fuego. Es un final dinámico y conmovedor, y dudo de que nadie se sintiera estafado o infeliz si Reflektor acabara ahí.

El orden de los temas se basa libremente en un mito griego: el éxtasis, la violenta separación y la reunión final de los amantes Eurídice, una ninfa, y el músico Orfeo (que aparecen en la portada del álbum). “Feels like it never ends/ Here comes the night again” (Parece que nunca acaba/ Aquí está otra vez la noche), canta Butler con un sobrecogedor efecto a lo Neil Young en Here comes the night time II, antes de que comiencen los problemas. Incluso nos encontramos con música de baile en esta mitad de Reflektor: el funk industrial y la vidriosa voz Bowiesca de It's never over (Oh Orpheus); Modern Jesus es otro temazo, una brillante instrumentación y una de las canciones más potentes del disco. Sencilla y llena de gancho con un coro de pandilla que pinta a himno,  confirma recién en el cuarto tema, que el disco es un SÍ rotundo a los que siempre creímos ver en ellos una de las mayores promesas del panorama musical internacional, han sabido no sólo responder a las mismas, sino superarlas con creces. Hip Hop Kids es sensibilidad pop technicolor y ejecutada de manera simple y brillante. Atomic Man es otro sencillo, un tema más rockero con la voz distorsionada de John y un piano que va siendo protagónico mientras se va extinguiendo la canción. Sea of Air una canción lenta y clara referencia a cualquier tema de John Lennon.

 


Nº16.-MOBY: Innocents”

Moby ha vuelto a los tiempos de “Play” y nos presenta este “Innocents” un álbum con excelentes temas. Algunos de ellos de los mejores construidos y redondeados de toda su carrera, como por ejemplo: el tema 5, “The Perfect life”. Moby se ha reformado, encargando parte de su producción a Mark “Spike” Stent, y vaya si se nota el cambio. El productor inglés, buen conocedor del mundo del pop (su lista de colaboraciones comprende nombres tan dispares como Beyoncé, Madonna, Lady Gaga, U2, Depeche Mode, Massive Attack o Yeah Yeah Yeahs) tiene una influencia particularmente notable en la primera mitad del álbum, donde se concentran casi todas las colaboraciones de Moby con lo más granado del underground.

Porque por encima de todo, ‘Innocents’ es un disco de colaboraciones. La idea surgió después de que Moby escribiese ‘The Perfect Life‘ y se diese cuenta de que era una canción muy apropiada para The Flaming Lips. Así que decidió ponerse en contacto con Wayne Coyne, a quien había conocido teloneando a los Red Hot Chili Peppers en su gira europea, y le propuso trabajar juntos. Su respuesta positiva hizo que Moby intensificara los contactos con otros músicos y cantantes de lo más insospechado, y así es como ha llegado a bandas como los canadienses Cold Specks (‘A Case For Shame, ‘Tell Me’), a firmar una deliciosa ‘Almost Home’ de la mano de Damien Jurado o a dejarnos disfrutar con la magnífica voz de Mark Lanegan en ‘The Lonely Night’.

Nº 17.- PORTUGAL THE MAN: “Evil Friends”

Este grupo de Portland ha ido creciendo y creciendo hasta llegar a la excelente producción de Danger Mouse, en este que es su octavo álbum, probablemente el mejor hasta la fecha. El grupo de Alaska afincado en Portland que comenzó como el proyecto secundario de John Gourley (vocalista) y Zach Carother con el nombre Anatomy of a Ghost para luego utilizar el nombre que llevan hoy en día y hacerlo su apuesta para ganarse la vida en el mundo de la música.

Evil Friends marca el segundo trabajo para el sello Atlantic Record y el primero bajo la tutela del famoso Brian Burton, mejor conocido como Danger Mouse, que es también coautor de algunas canciones. En sus otros discos eran conocidos por sus ritmos descentrados y el gusto por el pop psicodélico, en cambio en su nuevo disco logran un sonido más colorido y juguetón que su predecesor (In the mountain in the Cloud de 2011). Evil Friends es, me temo, uno de esos discos que marcan a fuego la carrera de un grupo. Si bien no abandonan del todo la psicodelia que los caracterizaba en trabajos anteriores, el grupo incorpora tintes poperos, coros pegajosos y exuberantes para lograr su mayor obra hasta la fecha.

El disco comienza con una canción lenta y tranquila como Plastic Soldiers que nos sumerge en una atmosfera que tranquilamente pudiese ser  interpretada por el dúo James Mercer y Danger Mouse. Creep In a T-shirt ¿no son los Gnarls Barkley? explota en una abanico de colores lleno de ironía y sin vergüenza de auto-despreciarse. En Evil Friends los guitarrazos ganan protagonismo en forma de subidón mientras la letra reza “And it’s not that I’m evil, I got a friend in the devil, But I can’t even be your friend, I can’t even be your friend, I can’t even be your friend…¡Magistral!

Nº18.- PHOENIX: “Bankrupt”

Gran álbum de los franceses, lleno de canciones muy buenas, con mezclas de toda clase de sonidos, bellos, a veces más fuertes , pero siempre interesantes. Todas las canciones del álbum tienen una vitalidad enorme. Y se dejan escuchar como punto de nuevos estilos a caballo entre lo electrónico y el pop-rock.



Desde la primera escucha nos avisa de que estamos ante algo bueno; más pop y con mayor peso de los sintetizadores. “Entertainment”, el tema que abre el disco te atrapa desde el principio con esos toques orientales (que no son un mero capricho para llamar la atención, sino que tienen réplica en otros tres temas de Bankrupt!) y por su estribillo alegre y triunfal, que es carne de himno de festival. El alegre pop de “Entertainment” marca el tono del resto del disco. Podrá bajar o subir el tempo, pero Bankrupt! nunca suena atormentado o melancólico. No hay pesimismo más que en el título del álbum. Sí, el tema que da título al disco es la pieza más reflexiva, con un largo interludio instrumental que recuerda a ‘Love Like A Sunset’. Aunque esta vez no han dividido las pistas, ‘Bankrupt!’ tiene una segunda parte vocal que va ganado fuerza y acaba sonando esperanzada y vital. Sus leves toques electrónicos recuerdan vagamente a The Postal Service, y es que a Phoenix podemos considerarles ya maestros en el mismo arte que el dúo americano: transitar entre el pop y la electrónica con la melodía por bandera.

Porque las melodías siguen siendo el mayor fuerte de Phoenix. No se han repetido, pero han vuelto a dar en el clavo. Hasta en los temas a priori menos llamativos (‘Oblique City’), hay una melodía que nos atrapa. También cabe destacar los temas “Trying To Be Cool” y “Chloroform”, dos temas en los que se han desprendido con libertad de los corsets del rock y se han atrevido a explorar el RnB o incluso la cadencia del hip hop.

Nº19.- PHOSPHORESCENT: “ Muchacho”


Menudo temazo de aperture ese  ‘Sun, Arise! (An Invocation)‘, magnífica y evocadora, casi sacra, apertura semi-electrónica en este álbum titulado “Muchacho” de Phosphorescent. No es la única que brilla con luz propia como el tema 2: “Songs For Zula”, encadenada justo después de ese himno al sol naciente que abre el disco, parece colocarnos en un ambiente parecido al de, los tiempos lentos de U2 en The Josua Tree, pero aquí la épica desaparece y se transforma en fragilidad de la mano de la voz de Houck, a punto de desaparecer en cada estrofa. Podría haber sido un himno de estadios, pero prefiere quedarse en una canción de habitación. Bienvenida sea la mesura, que hace de ella algo brillante.

Phosphorescent cuenta que este disco nace de una huida del hogar, de darse cuenta de que en casa todo está a punto de irse a la mierda y querer evitarlo de la peor manera posible: huyendo a México. Pues bien, en ‘Song for Zula‘ se va desgranando, de manera casi apacible, la violenta sensación de haber estado enamorado hasta el tuétano y darte cuenta de que todo se va al infierno. Y de que la culpa es de ambos, claro.

Con esa puerta de entrada pasamos a Muchacho, uno de los discos revelación de 2013 y que pone a Matthew Houck por delante de quien se ha considerado que eran sus referentes más cercanos: Fleet Foxes o My Morning Jacket. Ya sin remitir a nada de ellos, Muchacho tiene el don de irse descubriendo en cada nueva escucha, en vez de dejarlo todo claro desde el principio. No es un grower, porque ya con la primera oída se ve que hay mucho donde pararse, sino que es un disco de mil matices diferentes en el que confluyen el folk-rock, el soft-rock, Gram Parsons, Nashville, el rock sureño y ese Jason Molina que perseguía a Neil Young.

Nº20, JUSTIN TIMBERLAKE: The 20/20 Experience”

Me parece un álbum que tiene bastante calidad. Al contrario que algunas bandas, que están dedicadas a concentrarse en sumar más y más sintetizadores a su música, Timberlake decide mantenerlo mucho más analógico y melódico, sin perder la complejidad de las composiciones. Por otro lado, los otros exponentes del soul que podemos encontrar en este momento –James Blake, por ejemplo- se han abocado a la experimentación más sonora, mientras que Timberlake opta por jugar con la estructura de las melodías tradicionales del soul clásico de los años ’60, agregando algunos toques Motown, y estirando las canciones a duraciones inusitadas para un cantante como Timberlake.



Nº21 DEPECHE MODE: “Delta Machine”

Uno de mis grupos favoritos de los 80, que al igual que a algunos grupos de su época no terminan de alcanzar la excelencia de antaño. En aquellos tiempos un álbum suyo normalmente estaría entre los diez primeros de mi lista. De hecho, entre sus antiguos fans hay quien opinan que se quedó en su etapa synth-pop y no aprueba nada de lo que hicieron después de 1987, hay quienes lo alargamos hasta 1990 y, una gran mayoría, sin esperar ninguna maravilla, confía en que sigan teniendo aquel toque que les hizo una de las más grandes bandas de la música popular internacional.

Sin duda, Delta Machine tiene muchos más atractivos, a priori,  que sus dos álbunes anteriores “Sounds of the Universe” (2009), o Playing the Angel (2005). Lo que más se disfruta de Delta Machine es esa capacidad para combinar rock y electrónica, y que hayan exprimido a tope esos sintetizadores modulares. Como primer single eligieron: “Angel” un tema bastante épico, obsesivo y muy intenso, con esa pegada rock que echábamos de menos en los de Basildon. La letra, que habla del arrepentimiento en el sentido cristiano, no deja ninguna duda:

Estaba perdido y me encontré. El Ángel del Amor vino sobre mí y Señor, me sentí tan débil. He encontrado la paz que he estado buscando.

Y como segundo single eligieron “Soothe my Soul”, con los que Depeche Mode recupera el fino olfato para elegir temas que puedan llegar a todos los públicos. Rock electrónico nacido para la pista de baile con el ADN de Dave Gahan en su interior. Es sexy, es brillante y es perfectamente radiable.



Nº22, JOHN LEGEND. “Love in the future”

El nueve veces ganador del Grammy y con un historial de más de 7 millones de discos vendidos en el mundo, John Legend presentó de forma íntegra su cuarta y más reciente producción discográfica "Love in the Future", la cual ha sido recibida con gran agrado por la crítica especializada, que coincide en que este álbum, marca el regreso al sonido de sus orígenes. En este material, John contó con la colaboración de grandes productores como Kanye West y Dave Tozer.

Love In The Future es el título del nuevo disco de John Legend, del que no escuchábamos nada desde ‘Tonight (Best You Ever Had)’ para la banda sonora de la película ‘Think Like A Man’. En 2013, además de participar en el casi desapercibido talent show ‘Duets’ junto a artistas como Kelly Clarkson, ha estado trabajando en él. En este nuevo álbum contará con el mismo equipo que ya colaboró en sus primeros discos ‘Get Lifted’ y ‘Once Again’, y será su primer trabajo con canciones inéditas desde que lanzara ‘Evolver’ en 2008, y después decidiera sacar ‘Wake Up!’, un disco de versiones en colaboración con The Roots.

Nº23.- HAIM, Days are gone”

La banda, oriunda de Los Ángeles, está formada por las hermanas Haim, Alana, Danielle y Este, que desde jóvenes sintieron la necesidad de expresarse a través de la música. En 2006, tras trabajar en algunos proyectos musicales, a formar su propia banda. El fruto de su trabajo durante estos siete años se recoge en su debut: Days Are Gone, presentado a finales de septiembre.

Posiblemente, el secreto de su éxito resida en la sugerente fusión de distintos géneros musicales que han sintetizado las hermanas. Comparadas a Fleetwood Mac, cuyo rock se aprecia en cada una de sus canciones, también recuerdan (y ellas mismas lo reconocen) a algunas agrupaciones femeninas tipo Destiny’s Child.

‘Fallin’ es la encargada de presentar el álbum; Danielle, acompañada perpetuamente en los coros de sus dos hermanas, nos introduce en el universo Haim: voces altamente influenciadas por Stevie Nicks y una instrumentación que bebe un poco de ese rock tan bello que supo producir Fleetwood Mac, aunque con aires y complementos electrónicos mucho más actuales.

‘Forever’ y ‘The Wire’ completan un inicio mucho más que aceptable. Aquella, uno de sus primeros singles, es, sin duda la canción más interesante de este LP; ésta, por sintetizar, en sus cuatro minutos, todas las influencias que antes comentábamos. ‘If I Could Change Your Mind’, con un arranque considerablemente más electrónico (aunque en el estribillo vuelve por los derroteros habituales de la banda) tiene poco que envidiar a sus predecesoras. Posteriormente nos encontramos con ‘Honey & I’, otra de sus canciones más exitosas y ‘Don’t Save Me’, que cierra la primera parte del elepé con buena nota.


Nº24, STEREOPHONICS: “Graffiti on the Train”

El tono dramático y melancólico del álbum tiene su origen en el mal trago que pasó el grupo con la muerte de Stuart Cable, batería desde los orígenes de la banda hasta 2003, año en que se apartaba de la formación por problemas de salud, y que sería encontrado muerto en su casa, en el año 2010 a la edad de 40 años.

Este suceso parece haber marcado a Kelly Jones, líder de Stereophonics que es quien lleva además el peso creativo en la formación.

Después de escuchar Graffiti On The Train al completo, a uno le quedan más claros todos los avisos que los galeses han venido dando, con los adelantos del disco, los tétricos vídeos que hemos visto e incluso con la poco atractiva portada que han elegido como tarjeta de visita de su octavo disco de estudio.

Dramático, esa es la palabra que me viene a la mente tras escuchar los 10 temas que componen Graffiti On The Train. Donde antaño escuchamos temas luminosos, optimistas, ingenuos e incluso ñoños, ahora escuchamos pesimismo, oscuridad, melancolía… Y no, no es que estemos ante una elegía dedicada al amigo perdido, en absoluto, pero se nota que la pérdida ha marcado la composición de estos temas.

Sin duda, estos son temas mucho más maduros que aquellos con que Stereophonics comenzaran su carrera, en aquellos tres primeros álbumes que son, al menos a mi entender, los mejores que han dado para luego ir apagando su creatividad gradualmente, perdiéndose en una maraña de ruidos que no han sabido canalizar.

Ahora, en este nuevo esfuerzo, que les ha llevado 5 años terminar, parecen haber madurado en ese sentido; con temas que acumulan tensión para explotar dramáticamente hacia el final, y letras que ya no suenan ñoñas, que no celebran días bonitos ni se recrean en el amor de juventud.

Esa tensión que se acumula se plasma a base de ruidosas guitarras hacia el final de los temas, como en la rabiosa ‘Catacomb’ o en ‘We Share The Same Sun’, o gracias a elementos orquestales que van creciendo y creciendo hasta adueñarse de los tramos finales de temas como ‘Violins And Tambourines’ o ‘Graffiti On The Train’, dos de los temas más acertados del álbum.

Queda hueco también para mostrar esa influencia americana que ya les hemos visto en ocasiones anteriores, con el encargado de cerrar el álbum, ‘No-ones Perfect’ o el descarado blues de ‘Been Caught Cheating’ que intenta tomar prestado un poco de los clásicos, tanto en instrumentación como en la voz de Jones.

Hay incluso espacio para tratar de ser el Tom Petty de los Traveling Wilburys en el que es probablemente el tema con más aspiración de single del disco, ‘Indian Summer’, que no en vano ha sido el verdadero encargado de abrir las puertas del mercado a Graffiti On The Train.

1 comentario :

  1. pues nada Amador, a poner a rular el Utorrent y a bajar los que no he escuchado (que han sido muchos de tu lista). Un saludo. El Alcántara.

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