jueves, agosto 07, 2014

Descenso del río Guadaiza, cauce medio y bajo

Punto de encuentro: 8.30 Gasolinera BP, junto a una de las rotondas del inicio de la carretera San Pedro-Ronda (dentro de San Pedro de Alcántara).
Entorno: Sector suroriental de Sierra Palmitera. Esta sierra forma parte del Macizo de Sierra Bermeja, de hecho su componente principal es la roca peridotita. La Sierra Palmitera comienza en el puerto del Madroño (km, 22 carretera San Pedro-Ronda) y mantiene una trayectoria NO-SE, hasta las inmediaciones de La Quinta Golf, junto a San Pedro de Alcántara.
Por su vertiente occidental discurre la serpenteante carretera San Pedro-Ronda y el valle del río Guadalmina y por su vertiente oriental el muy poco conocido río Guadaiza y el famoso carril que va desde la Fuenfría al puerto de La Refriega-Castaño santo y La Quinta Golf, urbanización que es nuestra referencia para llegar al inicio de esta ruta.
Localidad de referencia: San Pedro de Alcántara
Inicio de ruta: explanada previa a la presa del Guadaiza (lugar ideal para dejar los vehículos.
Cómo llegar al inicio de ruta: la referencia a seguir es el inicio de la carretera de San Pedro-Ronda, A-423. Desde la N-340, tomamos dirección Ronda y a penas en sus dos primeros kilómetros, todavía en la zona del polígonos industrial de San Pedro, al llegar a la tercera Rotonda (justo antes de pasar bajo la autovía de peaje). Tomamos el desvío a la derecha que nos indica “La Quinta Golf”, a continuación nos adentramos en un pequeño laberinto de urbanizaciones de lujo, con alguna que otra rotonda, siendo nuestro camino a seguir, el principal en, dirección predominantemente Este-nordeste, al final de un tramo mas o menos recto llegamos a una rotonda donde hay que tirar a la derecha y al poco a la izquierda, a partir de aquí vamos llevando a nuestra izquierda la valla metálica del campo de golf. Pronto la pista pasa a ser terriza, de momento en buen estado y poco después de cruzar por primera vez con el erío Guadaiza (generalmente seco por ahí, ya que requisan todo su caudal para los campos de golf), hay un carril que asciende por una ladera hacia el ESTE, es el que deberíamos tomar si fuésemos hacia el Castaño Santo, pero éste no es nuestro caso.
Nosotros nos mantendremos en el carril que en todo momento discurre junto al cauce del expoliado río Guadaiza, que atravesaremos varias veces, pasando alternativamente a uno y otro margen, hasta que un par de kilómetros mas allá, llegamos a una gran explanada ideal para poder aparcar los coches. Hasta aquí podemos llegar con cualquier tipo de turismo, sin la menor dificultad. La pista continúa unos 200 m mas allá hasta situarse a la altura de la presa que es donde finaliza, pero si no se dispone de un 4x4, mejor dejar los vehículos en la mencionada explanada y comenzar la ruta a pie, propiamente dicho.
Distancia aprox.  Unos 15 km mas lo que decidamos caminar aguas arriba al llegar a la altura del cortijo “casa de Las Máquinas”.
Desnivel aprox. subida y bajada 400 m.
Punto de partida: Explanada justo antes de la presa del Guadaiza (150 msnm).
Punto mas elevado: punto donde accedemos a la pista que faldea la sierra.
Tiempo aprox. Entre 6-7 horas hasta la casa de Las Maquinas, mas lo que decidamos remontar a partir de allí río arriba, con los baños y paradas correspondientes.
Nivel dificultad física: Medio por el esfuerzo a realizar, pero alto por la incomodidad de todos los tramos que hagamos caminando por el cauce del río debido a la abundancia de rocas, algunas de ellas muy resbaladizas, con el permanente riesgo de caída o resbalón. (Mejor llevar botas de trecking y bastón/es).
Tipo de río: Una vez dentro del cauce del río Guadaiza, su cauce es muy rocoso, salvo en el tramo final donde el lecho del río ya es mas arenosos y de piedras pequeñas. No obstante, conviene llevar como calzado botas de trecking o zapatillas de travesía con suela gorda. Salvo alguna poza de cierta profundidad, la mayor parte del tiempo iremos caminando con el agua por debajo de la cintura o incluso por debajo de las rodillas.
Tipo suelo: senderos y pistas terrizas con algunos tramos pedregosos 50%. (ida) hasta el cortijo “Casa de las Máquinas” 50% lecho del río.
Tipo de recorrido: circular-anfibio, primer tramo terrizo, segundo tramo acuático, por dentro del lecho del río.
Mapa: IGN Marbella (1.065-IV)
Hora puesta de sol 21.24 pm y ciclo lunar: inicio de cuarto creciente.
Fecha y meteorología: 2 de agosto de 2014, 32ºC y suave brisa de poniente de unos 15 km/h
Participantes: Celia “la Hechicera du Sao Paulo”, Sonia “Catwoman”, Rafa “El Califa”, Jorge “El Titán del Guadalevín”, el Doctor Leal, Fernando “El Duque de Juanar”, Chuckie y Juani “El Comandante”.
Material recomendado: bañador, botas de trecking o calzado de travesía con suela fuerte. Tubo estanco o algo parecido para proteger comida, cámaras, móviles, llaves, etc… del agua. Para evitar resbalones con las piedras mojadas del río, siempre viene bien un bastón y si son dos mejor. Muda de ropa y calzado cómodo para dejar preparado en el coche al final de la ruta y muchas ganas de disfrutar del agua y el sol. No os olvidéis protector solar (crema, gafas, gorra, etc…).
¡Y para que ningún bicho te pique no te olvides de AFTER BITE!
Breve descripción de la ruta:
Una vez en la explanada mencionada en el inicio de ruta, accedemos al puente sobre la presa tomando cualquiera de los senderos que existen al fondo y a la derecha de esta explanada tal y como llegamos a la misma. Atravesamos la presa e inmediatamente después vadeamos el cauce de las aguas derivadas que proceden de la presa del Guadaiza y Guadalmina, para sumarse a las aguas del Guadalmansa y desde aquí por un sistema de bombeo próxima a la torreta de control, suben hasta una tubería desde donde descienden hasta el embalse de la Concepción cercano a Istán. 
Nuestra referencia a seguir es el sendero terrizo que discurre paralelo a la orilla occidental del pequeño embalse del Guadaiza, cuyas aguas llevaremos de momento a nuestra derecha y a cierta altura respecto a nosotros. El sendero poco a poco se va estrechando y cerrando cada vez mas entre la abundante vegetación de ribera que flanquea en todo momento el cauce del río Guadaiza. Podemos continuar río arriba, tanto por este sendero, como por el mismo cauce, estando atentos a l llegar a la altura de una poza, a penas 1 km mas allá de la presa, para tomar un ramal de sendero que sale a la izquierda, siempre en sentido ascendente. Pronto llegamos a una bifurcación, siendo el ramal de la izquierda el que debemos tomar y después de unos 20 minutos o media hora de ascensión continua, llegamos a un ramal de pista que faldea la vertiente occidental del valle del Guadaiza que siempre irá quedando a nuestra izquierda.
Cuando llegamos al ramal de pista, debemos tomar a la derecha, dirección norte, la angosta pista terriza, a veces se intercala con tramos de sendero, atravesando un par de cañadas, atravesando un bonito bosque de encinas, alcornoques y algún que otro pino y algarrobo, que van añadiendo distintas tonalidades verdes a la paleta de colores que nos rodea. Sirva de referencia un tendido eléctrico bajo el que pasaremos como un par de kilómetros después de haber accedido al sendero por el que vamos. Al este destacan la sierra de Las Apretaderas en primer plano y por detrás las sierras Blanca y Canucha. Al norte de izquierda a derecha, el cerro Abanto, la muela del Alcazaba y el emblemático Torrecilla.
Unos dos kilómetros después de haber dejado atrás el tendido eléctrico, llegamos a una bifurcación de caminos, el que llega a nosotros por la izquierda es por donde descendimos para emprender el regreso en la ruta que realizamos a finales del mes de abril de 2014. Mientras que el que continúa de frente y pronto empieza a descender hasta el río zigzagueando, es el que en unos quince minutos nos conduce hasta el río Guadaiza, que vadeamos para acceder al amplio huerto y las ruinas de lo que en su día debió ser el monumental cortijo de “la casa de Las Máquinas”. 
Por el tamaño del cortijo fueron varias las familias que debieron vivir en él, llaman la atención sus grandes albercas de poca profundidad, donde parece ser se lavaba la tierra del río para la extracción del platino, para lo cual se trasladaron hasta aquí unas máquinas y artilugios, que finalmente por los que finalmente fue conocido este cortijo. El promedio oscilaba los 40  miligramos por cada metro cúbico de arena del río. La búsqueda se hacía por medio de sondeos, dividiendo el lecho del río en fajas longitudinales y en cada una se iban realizando los sondeos a mayor o menor profundidad.Una vez finalizada nuestra exploración alrededor del cortijo de la Casa de las Máquinas (¡que pena el actual abandono de tan monumental caserón!). Continuamos aproximadamente un kilómetro aguas arriba, hasta que la vegetación empezaba a cerrarnos cada vez mas el paso y el terreno se hacía cada vez mas agreste y escarpado, tal y como nos había descrito nuestro amigo Isi, en su épico descenso integral hace pocos años. Por lo que decidimos poner fin a nuestra remontada del cauce en una zona de abundante sombra donde estuvimos almorzando, mientras nuestro amigo Fernando, “El Duque de Juanar” sufría el ataque de “Los gusanitos del Guadalmina” que empezaron a treparle por la pierna camino de “los huevos”
Finalizado el almuerzo, iniciamos el descenso, volviendo a pasar un kilómetro después junto al cortijo de Las Máquinas, donde estuvimos probando sus dulces naranjas, a pesar de ser principios de agosto. Continuando con el entretenido descenso por su resbaladizo cauce, salvo alguna poza de cierta profundidad, la mayor parte del tiempo el agua a penas llegaba a las rodillas, lo cual siempre resulta mas incómodo porque el riesgo de caídas o resbalones es mucho mayor, que cuando el agua cubre mas y esta te ayuda a mantener el equilibrio.
En cualquier caso el río nos sorprendió con algunos rincones de gran belleza, llegando a crear en ocasiones un par de pequeños cahorros, coincidiendo con algunos tramos de pozas con cierta profundidad, donde se hacía preciso nadar, aunque siempre tramos de escasa longitud. Mientras el Maestro Geobotánico Don José Guerrero, nos iba explicando la naturaleza de algunos afloramientos pizarrosos intermitentes, destacando los extensos afloramientos del manto Alpujárride, que aparecen en las zonas bajas, aun cuando se consideren tectónicamente cobertera de la intrusión, hecho que puede explicarse por la formación de una fosa a partir de una serie de fallas, o quizá porque la peridotita no surgiera totalmente rígida, lo que supuso que la cobertera metamórfica quedase englobada dentro del macizo. 
Estos afloramientos son, primeramente, micaesquistos paleozoicos, que constituyen una verdadera ventana tectónica, con tonos ocres y niveles de cuarzo, con grafito, granates y andalucita. Los gneises granitoides, de edad precámbrica, se conforman a partir del contacto con las peridotitas, formando una aureola a su alrededor, en ambas laderas, y a continuación de los micaesquistos.
Al sur del valle hace su aparición una estrecha tira de gneises bandeados también precámbricos, cuarcitas del Paleozoico, del complejo Alpujárride, y más al sur encontramos retazos de filitas, cuarcitas y grauwacas paleozoicas, así como areniscas del permotrías, todas ellas pertenencientes al manto Maláguide.
La litología del valle se completa, ya en el curso bajo, con unas manchas de conglomerados pliocénicos, pertenecientes a la unidad del Aljibe, y los depósitos aluviales cuaternarios del fondo de vaguada. Existen igualmente una serie
de conos de deyección situados en el curso medio, en la ladera derecha, donde se instalaron los caseríos del Daidín y Las Máquinas.
Cuando ya llevábamos muchos minutos seguidos caminando concentrados con qué piedra pisar en cada momento, aprovechábamos para darnos una tregua del cauce y avanzar por fuera, caminando sobre algunos tramos secos, por donde sólo circula el agua en época de crecidas, que a veces superaban los 2 m de altura con respecto al cauce del río. Lo que debe servirnos para hacernos una idea de las tremendas crecidas que se producen cada ciertos años en este río de montaña. La mas reciente fue el 17 de febrero de 2010,, llegándose a desbordar a partir del viaducto de la A-7, lo que provocó la inundación de cinco viviendas del edificio Los Pinos de la urbanización Cortijo Blanco. Los graves daños materiales causados por la riada en una de estas casas obligaron a bomberos, Protección Civil y Policía Local a evacuar a la familia que la habitaba, formada por un matrimonio y sus dos hijos pequeños.
El desbordamiento se produjo sobre las cinco de la mañana tras una fuerte tormenta, cuando la maleza y la basura acumuladas durante muchas horas obstruyeron los ojos del puente próximo a la urbanización que conecta ambos márgenes del río. El agua tomó la dirección de las casas sorprendiendo a los vecinos que en esos momentos dormían.
De pronto, la tromba, con olas de hasta un metro según el relato de estos vecinos, traspasó las puertas y las ventanas de las viviendas hasta derribarlas; llevándose por delante todo lo que se encontraba a su camino, incluidos los coches aparcados en la entrada.
En nuestro caso, tras una Primavera muy escasa en lluvias, nos encontramos con un cauce muy modesto, que por fortuna, en la infinita generosidad de la naturaleza, nos recompensó con rincones de gran belleza y llenos de vida, con las cristalinas aguas de este río, cuyas aguas no son profanadas desde su nacimiento hasta la presa. Contando también con abundantes pececillos en la mayoría de sus pozas, libélulas que sólo frecuentan ríos de aguas limpias, el canto de los paajarillos y la abundancia de helechos y tarajes en muchos tramos del Guadaiza.
Localización geográfica y paisaje:
Situado al suroeste de la provincia de Málaga, el valle del Guadaiza se enmarca en la zona interna de las Béticas, más comúnmente llamada Penibética, y se extiende, desde el puerto del Robledal, al norte, hasta la desembocadura del río del mismo nombre, cerca de San Pedro de Alcántara, al sur, quedando enmarcado por los interfluvios de las Sierras Palmitera, al oeste, y del Duque y de Las Apretaderas, al este. Son sus coordenadas, 36º 30’ 04’’ y 36º 57’ 30’’ de latitud N, y 4º 57’ y 5º 0 5’ de longitud oeste.Situado en la parte central del gran antiforme que constituye Sierra Bermeja, se eleva hasta el picacho de Las Encinetas (1474), en la sierra Palmitera, y el cerro de Abanto (1508 m), su máxima altura, justo en la cabecera del río, y en el contacto con los materiales calcáreos de la Sierra de las Nieves. La disposición continua de las sierras permite muy pocos pasos desde esta cuenca a la Sierra de las Nieves, o a los valles adyacentes del Guadalmina y Verde. Destacan los puertos del Robledal (entre la Fuenfría y el alto Guadaiza), y el de la Refriega (entre el arroyo del Bote y el río Verde), al sur de la Sierra de las Nieves. 
La superficie toda de este macizo sería de 45’6 Km2, ocupandoparte de los términos de los municipios de Benahavís, sobre todo, Istán, en muy escasa medida, y Marbella. Pero, a pesar de la relativa cercanía de alguno de estos pueblos, estamos en presencia de un valle despoblado en los tramos alto y medio en los que, debido a las elevadas pendientes, pobreza de suelos y la masividad y toxicidad del substrato, no existen zonas de cultivo, ni núcleos de población, a no ser unos pocos caseríos dispersos y abandonados de tradición silvopastoril y, excepcionalmente, algunas explotaciones agrícolas en las aureolas metamórficas, y otras que aprovechan los coluviones cuaternarios, como fue el caso del poblado del Daidín, donde aparecen castaños, frutales y algunos bancales.El paisaje, lejos de ser monótono como correspondería al dominio de las formas estructurales que acusa esta montaña, presenta espectaculares vallonadas que se abren entre los arroyos, desde los escarpados cordales de los interfluvios, algo masivos en las alturas, pero con profundos barrancos cuajados de arboledas o de matorral en las laderas asoladas por los incendios recurrentes.Tampoco presenta este “desierto” un aspecto desolado o desprovisto de vida como pudiera deducirse de la estructura y composición del roquedo; antes bien, se halla poblado por unaextraordinaria cubierta vegetal adaptada a las exigentes condiciones de la roca, con extensos y nutridos bosques de pinos negrales, con coscoja, madroños, jarales y aulagares, acompañados de numerosos relictos y especies endémicas de extremada fragilidad ecológica, un rodal edafogénico de encinas en las cumbres de la sierra Palmitera, y con restos de un abetal de pinsapos sobre las peridotitas del Abanto. Por otra parte, en las orlas gneísicas y los micaesquistos se desarrolla muy bien el alcornocal con quejigos, y los restos del rebollar en las altas cumbres del norte. Los arroyos de aguas permanentes están ocupados con saucedas y juncales con brezos.
Hemos de añadir que, a pesar de las dificultades extremas que el medio ofrece, no fue nula la presencia humana en un territorio tan aparentemente inhóspito. Podemos hablar de usos silvopastoriles, que dieron lugar a algunas explotaciones ganaderas, sobre todo de ganado cabrío, y del aprovechamiento del pinar: madera para traviesas, “pinocha” para los hornos de cal y los alambiques de los viñedos, que se cortaban o recogían en temporada, y que eran transportadas por nutridas partidas de arrieros y recuas. Hubo además otros aprovechamientos notables, como la obtención de la resina, y, sobre todo, la extracción de mineral, como la magnetita que se obtenía
de las minas del Robledal, o la niquelita, con un programa de investigación reciente, y el platino que halló Domingo Orueta en los aluviones del río. En resumen, estamos en presencia, como en todo el macizo de peridotitas, de un  territorio repulsivo para la población humana, al menos en lo que respecta a una  presencia constante, y para la mayoría de los cultivos. Pero estas dificultades han  sido precisamente las garantes de una conservación más que notable. Aislamiento, inaccesibilidad y pobreza de los suelos han sido las tres premisas para que estemos  en presencia de una montaña milagrosamente preservada, a dos tiros de piedra de una de las mayores aglomeraciones humanas del mediterráneo.

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