sábado, septiembre 19, 2015

Everest, la película (2015)


Mi gozo en un poczo,  pensaba que en la película “Everest” se denunciaría el circo en el que se ha convertido hoy en día escalar el techo del Mundo. El increíble mérito de los sherpas para que las expediciones puedan alcanzar la cumbre, pero apenas nada de eso se trasluce en la película. Bien es cierto que “Everest” reconstruye la supuesta verdad de lo que ocurrió en mayo de 1996 evitando en todo momento el punto de vista de los «sherpas» nepalíes. La «realidad» que nos vende el Director Kormákur es la del visitante, o mejor dicho, la del invasor. La del hombre blanco: como ocurría en las viejas películas de indios y vaqueros, o, sin ir más lejos, en «Lo imposible», donde el tsunami que mató a cientos de miles de tailandeses les condenaba al papel de comparsas. Kormákur se defiende: no hay testimonios escritos de esos «sherpas», su visión de la catástrofe fue engullida por el mal tiempo. La realidad, claro, también puede ser una excusa.

 “Everest”  pierde la oportunidad de plasmar el fondo lucrativo (actualmente una mina de oro),  el de las expediciones que, a principios de los noventa, explotaron pequeñas empresas a costa de la adicción a los deportes de riesgo de escaladores que se podían permitir las cifras astronómicas del viaje o que querían dejar huella en el mundo –o clavar la banderita de rigor– para contrarrestar sus rutinarias existencias (el cartero interpretado por John Hawkes) ahorrando centavo a centavo. Kormákur apunta una leve crítica a través del personaje de Jake Gyllenhaal, competidor descreído frente al honorable, honesto y generoso guía que encarna Jason Clarke, pero la película se olvida muy pronto de que el Everest –y, por extensión, el Nepal– se han convertido, vía colonialismo capitalista, en un paraíso turístico para los amantes de la hipotermia a precio de oro
Desde el inicio de la expedición vemos como el periodista John Krakauer, se suma a la expedición para escribir un reportaje sobre la hazaña, que mas tarde se convertiría en el famoso libro de literatura de montaña “Mal de Altura” (en el que se basa la película)  Y hace la pregunta del millón. «Por qué exponerse a morir para escalar una (LA) montaña?» Ni la película ni sus protagonistas saben responder. A la típica respuesta de George Mallory de “porque están ahí” a la que se suman todos, me quedo con una de las que dice uno de los expedicionarios, que para mí es la mejor frase de la película. “Porque cada vez que subo a una montaña todos mis males desaparecen, da igual que montaña sea”. El Director Kormákur respondió en rueda de prensa: «Es una experiencia que te ayuda a descubrir la versión más real de ti mismo. Es un viaje entre existencialista y atávico».
Sentarse a disfrutar de las vistas es la mejor opción para enfrentarse a EVEREST. El techo del mundo hipnotiza y barre en pantalla el trabajo de todo el reparto, que por mucho que se esfuercen ven sus interpretaciones eclipsadas (naturalmente) por  la majestuosidad del Qomolangma (nombre tibetano de la imponente montaña que significa “la madre del universo”). En este apartado toca felicitar a SALVATORE TOTINO por su labor en fotografía, un regalazo para la vista. 
El director de fotografía neoyorkino sabe sacar partido del caramelo y nos brinda muchas secuencias bellísimas y algunas realmente espectaculares. Lástima que Hollywood siga insistiendo con meter el 3D con calzador a todo lo que se mueve, porque en este caso juega totalmente en contra de la cinta. Ni hay justificación para usarlo ni hay nada que mejore. Lamentablemente sí hay cosas que empeoran en este caso, especialmente la espectacularidad de algunas tomas, que irremediablemente pierden luz y nitidez al convertir la película al dichoso formato. ¿vamos que podéis ahorraros la versión 3-D, unos 3€ mas caras y verla perfectamente nítida en versión normal. Las imágenes son tremendamente espectaculares de por sí, sin necesidad del 3-D.
Pero el principal escoyo de EVEREST es la dirección y el propio planteamiento de la película. Demasiados personajes y demasiada intención de que entendamos sus motivaciones cuando no hace falta. Son alpinistas y los alpinistas aman la montaña. Resulta chocante que EVEREST dedique parte de su metraje a intentar que comprendamos por qué los personajes hacen lo que hacen y que además lo haga apoyándose en secuencias que siendo buenos tienen poco sentido. A 7.000 metros, y después de un mes en el campamento base, que alguien pregunte a los alpinistas por qué se juegan la vida llama mucho la atención, tanto por la pregunta como por las respuestas, que las sabemos todos casi de manera instintiva. 150 minutos que se le hacen cuesta arriba a KORMÁKUR, y por extensión al espectador, en los que se tarda demasiado en encarar la tragedia, acontecimiento que revitaliza la película para que el director, después de una hora, consiga por fin arrancar y dotar a la cinta del ritmo que merece. Tampoco rinde el director especial atención a la BSO, lo que resta potencia a algunos pasajes, como la muerte de los alpinistas.
En el plano interpretativo quizá sea JASON CLARKE el que se lleva la mejor parte, porque el resto del reparto van muy justitos, especialmente EMILY WATSON, que mientras escribo estas líneas aún sigo preguntándome qué hace en EVEREST…Una nutrida galería de actores a la que tendréis que prestar atención porque en el tramo final será fácil que más de uno se pierda y no sepa qué personaje sube, baja o muere. La montaña es así.
Con todos sus defectos EVEREST merece la pena por el poder de muchos de sus planos, porque la montaña siempre le sienta genial al cine y porque no está el patio para tirar cohetes. Va pasando el año y a penas recordamos un par de películas verdaderamente buenas en lo que va de año, y octubre a la vuelta de la esquina.
Lecturas recomendadas para todo amante de la montaña. 


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