lunes, junio 20, 2016

Descenso del arroyo Padilla y río Guadalmina

Hora y punto de encuentro recomendados: 7.00 o como muy tarde, 7.30 am en la rotonda de entrada a Benahavís, donde una minibús de 22 plazas nos recogerá para llevarnos hasta el inicio de ruta.
Dónde dejar los coches: Se recomienda llegar a Benahavís (como muy tarde a las 7.15), al llegar a la rotonda de entrada, tomamos el ramal de la derecha (paseo fluvial del río Guadalmina) y aparcamos en el primer hueco que veamos, es la misma zona de parking para hacer Las Angosturas, dejamos el coche bien cerrado, metemos la llaave en el fondo del bote estanco y regresamos caminando a la rotonda que será donde nos recogerá la minibús a las 7.30 am
Dónde desayunaremos: Desayunaremos con lo que lleve cada uno, En un punto intermedio entre el lugar donde la minibús nos deje y la cabecera del arroyo Padilla.
Dificultad: Alta/Muy Alta, tanto física como mentalmente, por la incomodidad del terreno y porque hay que llevar un ritmo alto y con pocas pausas si no queremos que nos coja la noche.
Longitud aproximada: 19 km
Desnivel aproximado: -700 m (de descenso)
Tipo de suelo: la mayor parte se hace por el lecho del río Guadalmina, con muchos tramos con piedra resbaladizas y pocos de arena donde uno puede caminar más relajado. Campo través, especialmente una loma por la que hay que abrirse paso entre altas jaras pringosas y descender por un terraplén, para esquivar un salto que hay en la cabecera de más de 20 m de altura. El 99% del recorrido se puede hacer por fuera del agua si se desea.
Crónica: Juan Ignacio Amador Tobaja
Fotografías: Manuel Serrato, José Manuel Vázquez y Juan Ignacio Amador
RECOMENDABLE:
Botas o zapatillas de trekking (de uno o dos números más), bote estanco o equivalente BAÑADOR O ROPA QUE SE PUEDA MOJAR (no es necesario neopreno). Llevar comida y bebida suficiente para todo el día, incluido el desayuno que tomaremos en plena sierra donde nos deje el minibús. LLevar botiquín (Ibuprofeno, tobilleras, rodillera, reflex, betadine, pomada para las rozaduras, "After bite", etc...) y linterna por si nos pilla la noche.
Cámara acuática o cámara compacta pequeña, con funda acuática de protección.
No llevéis bastones metálicos, que lo podéis perder al saltar a las pozas. Quien tenga costumbre de llevar bastones, mejor improvisarlos con las abundantes ramas de pino seco que nos encontraremos a lo largo del recorrido.
Mientras más ligero de equipaje vayáis mucho mejor, más allá de la comida y bebida necesarias para todo el día.
Dejar muda de calzado y ropa en el maletero de los coches que habrá que dejar en Benahavís. Protección solar.


Participantes:
Marlis Hofer y Manuel Esteban, que vieron cumplido en aquella jornada un proyecto que tenían en mente desde hacía mucho tiempo, dando muestras de una extraordinaria preparación física y mental. Paco "El Generoso" siempre atento a las ayudas en los pasos más delicados, al igual que Elena "La Chica que hablaba con los árboles" y José Manuel Vázquez "El coleccionista de vértices geodésicos"! que es un auténtico todoterreno y que disfruta como muy pocos de las rutas acuáticas. Al igual que Sonia Castro  en quién está inspirada el personaje de "Catwoman" (Super héroes de MÁRVEL), a la postre se convertirían en mis gregarios de lujo, cuando empecé a sufrir los problemas que más adelante comentaré; Pepe Guerrero "El Maestro Geobotánico" a su sabiduría hay que añadir su magnífica pericia para progresar por los terrenos más agrestes. Una vez más volvió a demostrar sus tremendos conocimientos sobre Sierra bermeja, donde se desenvuelve como pez en el agua; Manuel González Luna "El Pintor de Montparnase" al que todos estamos a ver con su súper cámara a la busca y captura de la mirada y expresiones naturales de los compañeros/as de ruta, así como de los paisajes más bonitos de cada itinerario, en esta jornada iba sin cámara y volaba sobre sus rocas, a sus 70 años con sus dos horas diarias de entrenamiento está hecho un chaval, tanto es así que durante la mayor parte de la jornada fue "teté de la course" y aprovechó para echarse más de una siesta mientras el resto del grupo llegaba a su posición; Manuel Serrato "Tocando el vacío" un auténtico montañero de leyenda que en plena batalla contra la báscula no pierde un ápice del espíritu espartano de sus mejores tiempos, para evitar la última poza y evitar un talud expuesto, se metió en pleno monte cerrado, desde donde volvió a descender al río con la pericia de los montañeros más experimentados; Fran "Benjamin Button" y Alicia "en el país de las Maravillas", una versión a la española de "Cuando Harry encontró a Sally" cada año van a mejor su espíritu siempre joven y alegre se refleja en un estado de forma física que más de uno no tuvo ni a los 18 años, su alegría y positividad, unidas a su pericia hacía que los viéramos con más agilidad que una nutria por las pozas del Guadalmina; Paqui "La Pacificadora" una auténtica espartana y magnífica compañera de aventuras que tuvo la mala suerte de caer de espaldas pegándose con una piedra cerca del coxis 200 m antes de la poza donde hicimos la parada del almuerzo, poco después tuvo la disciplina espartana de despedirse del grupo cuando llegábamos al vado del Caporal para tomar el comodín del ramal de la izquierda que a la postre les permitió llegar a Benahavís dos horas antes que el resto del grupo, por este carril la acompañaron su marido Rafael Molina "El Retorno de Elvis" un auténtico coloso de las montañas y los ríos, que con gran interés se estuvo interesando por la evolución del grupo manteniendo contacto telefónico en repetidas ocasiones una vez que llegaron a Benahavís y Eduardo González "El Padre Carras" que también sufrió un gran batacazo en la primera mitad del recorrido, aguantando el dolor con estoicismo y que estimó oportuno hacer de buen samaritano acompañando a Paqui y a Fali por el Camino de La Cañada; Romualdo "El Trovador de la Senda" que se apuntó a última hora y demostró estar en un estado de forma física fantástico, se le vió la mayor parte del tiempo en la "tete de la course" caminando con la agilidad dee un felino y disfrutando del paisaje como sólo los poetas consiguen hacerlo; Celia Barreira "La Hechicera du sao Paulo" me enviaba un What´sApp de madrugada comentándome que finalmente no podía venir por no haber dormido nada en toda la noche y un servidor Juan Ignacio Amador, que aquel protagonizó de forma involuntaria un remake de la película "Cometieron tres errores" aunque fueron mas como quedará de manifiesto en la crónica. 
Lo mejor: saltos y rincones mágicos del arroyo Padilla como el bosque de helechos a los pies del salto Grande. Y la sucesión de pozas, saltos del Guadalmina y algunos tributarios, además de la sensación de ser los primeros en pasar por muchos rincones recónditos del valle.
Lo peor: Las piedras resbaladizas del Guadalmina nos obligan a ir mucho más despacio de lo que uno quisiera y algunos tramos se hacen interminables.
A tener en cuenta:
1º) Este tipo de rutas puede resultar muy atractiva a primera vista, por la emoción de lo salvaje y lugares casi inéditos, pero hay que venir muy mentalizados para sufrir las incomodidades de los numerosos obstáculos, vegetación salvaje, cauce con piedras sumamente resbaladizas, sanguijuelas que se le pueden colar hasta en tus partes íntimas (que se suelen enganchar en nuestras piernas en algunos toboganes camufladas entre el verdín) y la frustración de querer caminar más rápido y no poder por lo resbaladizo del terreno. 
2º) Superada la mitad del recorrido la ruta puede resultar extenuante y si no se tiene la suficiente forma física (y mental) puede resultar interminable. Siendo por ello obligado abandonar el cauce del Guadalmina al llegar al vado del Caporal (tomando el ramal de la izquierda) que discurre más o menos paralelo al río Guadalmina con el que vuelve a cruzarse pocos kilómetros antes de llegar a la presa.
3º) Hay que escoger calzado muy cómodo, preferentemente un número mas y bien domado, que a nadie se le ocurra estrenar botas ese día. 
4º) Una vez que abandonamos el cauce del río al llegar al Vado de Los Almágreles, tomando el ramal de la derecha que nos lleva al Camino de la Cañada, nos encontramos con una valla metálica que corta el camino, a pesar de que en teoría se trata de un camino público, que de hecho está recientemente balizado por el Ayuntamiento de Benahavís, viéndonos obligados a saltar el vallado. Más adelante nos encontramos con otra verja, muy cerca del embalse, pero de momento sin alambrada a los lados que nos impida el paso.
5º) Esa noche no quedes con nadie para cenar, este tipo de ruta se sabe cuándo empieza pero nunca cuando acaban.
Resumen del itinerario:
Tramo 1: Arroyo Padilla (cabecera oeste del Guadalmina)
Tramo 2: Del Nacimiento del Guadalmina al vado del Caporal
Tramo 3: Del vado del Caporal al vado de Los Almagales (interminable tramo de los meandros del Guadalmina)
Tramo 4: Del vado de Los Almagales a Benahavís por el Camino de la Cañada.
Anécdota en el punto de encuentro:
Antes de montarse en la minibús, Alicia me preguntó si al llegar a Benahavís haríamos el tramo de Las Angosturas del Guadalmina, a lo que le contesté con sonrisa de póker que "dependía de la hora a la que llegáramos, aunque este tipo de rutas se sabe cuando empiezan, pero no cuando acaban".
Cómo llegar al inicio de ruta:
Tanto los compañeros, como la minibús de 22 plazas de la empresa Transandalucía con cochera en Marbella 952.77.37.31, que nos ofreció un servicio estupendo y a un precio muy razonable, estábamos puntuales antes de las 7.30 en la rotonda de entrada al pueblo de Benahavís, desde donde enlazamos con la carretera que va de San Pedro a Ronda a través de los campos de Golf del Higueral y de los Arqueros, mientras Catwoman denunciaba la escandalosa cantidad de agua destinada a los campos de golf.
Al llegar al Puerto del Madroño (1.060 m), tomamos el desvío que anuncia Pujerra (carretera Paisajística), recorriendo algo más de 3 km hasta llegar al inicio de una pista terriza que queda a la izquierda de la carretera en cuya entrada nos encontramos con un cartelón de "Peligro de incendio". En la siguiente curva de la carretera hay un amplio rellano donde la minibús pudo dar la vuelta sin ninguna dificultad, dato importante para informar a la empresa de autocares que tengamos pensado contratar. Para ello nos fue muy útil la comprobación en los días previos con el programa Google Earth, que también incluye la carretera paisajística de Pujerra (cualquier día me sacan cagando).

Breve descripción de la ruta:
Aproximación por la pista forestal hasta el arroyo Padilla:
Tal y como estaba previsto comenzamos a caminar por la pista forestal y como hacía algo de fresco no nos detuvimos hasta llegar a la primera curva que coincidía con un cortafuegos que llega hasta el fondo del valle, mientras los primeros rayos de sol de la mañana comenzaban a calentar esa zona situada a unos 850 msnm donde desayunamos 
 inmersos en un interminable mar de pinos, recreándonos con el valle del Guadalmina a nuestros pies, encajonado entre sierra Bermeja al oeste (a nuestra derecha) y Sierra Palmitera al este (a nuestra izquierda) y las azules aguas del Mediterráneo cerrando el horizonte al sur.
Aprovechando tan magnífico escenario para hacernos la primera foto de grupo. Reanudada la marcha continuamos en suave descenso por la pista para completa el kilómetro y trescientos metros que nos separa del inicio de ruta propiamente dicho, atravesando una primera cañada, después una segunda y después una tercera, que coincide con una cerrada curva de la pista terriza por dónde venimos, reforzada con un murete de piedra, que es el arroyo Padilla propiamente dicho. 
A diferencia de mis dos experiencias anteriores ahora se encuentra en este lugar una caseta de agua y al lado un panel informativo sobre el Pilar del arroyo Padilla, que también se encuentra allí mismo.
Tramo 1: Arroyo Padilla (cabecera oeste del Guadalmina)
Este es el lugar donde comienza nuestro descenso, se trata del arroyo Padilla, cuya cabecera queda cerca del puerto de Juan Agustín, parte alta de la variante Pujerra-Igualeja (una de las rutas estrella de la zona más bonita de castaños del Valle del Genal). Normalmente al llegar la época estival el cauce del arroyo Padilla se nos presenta seco y arenoso, mientras vamos descendiendo bajo un denso pinar, pero en esta ocasión a todos nos sorprendió gratamente el sonido del agua antes de llegar al vado, donde estuvimos improvisando bastones con las abundantes ramas de pinos amontonadas en este lugar, tal y como aconsejé e mis compañeros en los días previos en vez de llevar nuestros bastones telescópicos para evitar que se perdieran en el fondo de alguna poza. Ese fue mi primer gran error, porque salvo tres o cuatro pozas el resto son evitables con un rodeo por fuera. Y probablemente yo fui quien más echó de menos  mis bastones con mango en forma de "T" para mantener el equilibrio caminando por las interminables y resbaladizas piedras del Guadalmina, en sustitución improvisé un bastón con una rama de pino robusta, pero algo curvada a cuyo peso no le di importancia en aquel momento, pero el cansancio que todavía siento en mi brazo derecho mientras escribo estas líneas demuestra que fue otro de mis tres errores de inicio.
El primer tramo de la ruta lo hacíamos caminando bajo la sombra no ya sólo del denso pinar sino de las mismas laderas que nos flanqueaban, pues el arroyo padilla todavía discurre muy encajonado en este tramo mientras vamos pasando alternativamente de una orilla a otra, vadeándolo en numerosas ocasiones, donde se alternan pequeñas pozas aisladas, a los pies de cada salto que nos obliga a realizar destrepes cada vez de mayor altura, dejándote como alternativa remontar y descender por empinadas laderas sin senda hasta retornar de nuevo al cauce.
Uno de los hitos que más nos llama la atención en esta zona es la existencia de los “morteretes”, una especie de especie de marmitas de gigante, creadas artificialmente por los romanos sobre las grandes piedras del cauce, para limpiar el mineral de metal, con el agua del arroyo.
Un destrepe escalonado de al menos 5 m de altura, nos avisa de la proximidad del "Salto Grande" donde el arroyo nos sorprende con una cascada de unos 15 m de altura a cuyo borde nos asomamos con las debidas precauciones, para disfrutar de tan magnífica balconada. Pero ¿cómo salvar este salto?: llegado al salto grande, debemos remontar la ladera del margen derecho del arroyo, unos 20-25 m, manteniéndonos cerca de la divisoria de aguas, para inmediatamente después comenzar a descender  abriéndonos pasos por un mar de jaras pringosas de más de 2 m. de altura y aulagas, donde cada metro avanzado equivale a una pequeña conquista, hasta que por fin se llega a un terraplén de piedras sueltas, que nos conduce a un bosque de helechos, típico por otra parte de zonas más altas de Sierra Bermeja, que pronto iremos dejando atrás.
Sin embargo, me demoré más de la cuenta a la hora de hacer fotos de los últimos compañeros que abandonaban la balconada del salto Grande y cuando me quise dar cuenta, tenía a la mayoría de compañeros por delante mía, caminando en fila india por la empinada ladera sobre el mar de acículas y pinos de todos los tamaños. No le di mayor importancia porque recordaba que mientras fuéramos subiendo íbamos bien, pero él no desviarnos rápidamente a la izquierda (dirección sur) hacia el mar de jaras, hizo que nos topáramos con la misma pista forestal del inicio de ruta, unos 800 m al S-E de donde habíamos comenzado el descenso, continuando un corto tramo por la pista que tomamos a la izquierda, dirección S-E, hasta cruzarnos con el primer tributario por el que descendimos hasta el idílico bosque de helechos, donde nos esperaba con creciente preocupación nuestro admirado Maestro Pepe Guerrero, que había se ceñido con fidelidad a la detallada descripción de la ruta enviada en los días previos a los compañeros que habían confirmado su asistencia, convirtiéndose de ese modo en el único integrante del grupo en llegar al "vado de la Herrería" donde ahora nos encontrábamos, ciñéndose al guión previsto, y es que a sus magníficos conocimientos como naturalista (auténtica biblioteca andante), hay que añadir su magnífico instinto montañero a la altura del mismísimo Valentín "El Rey de la Montaña" o Don Manuel Manzanares "El Cartógrafo de su Majestad", especies en extinción.

A título informativo diremos que una vez en el Vado de la Herrería, si tomáramos el ramal de pista de la izquierda, dirección Este, nos llevaría hacia el arroyo del Santo, que también lo cruza para enlazar con viejos senderos forestales que llegan hasta las ruinas de la Casa del Guarda de la Resinera Española, en un punto intermedio de la carretera A-376 entre la Venta El Madroño (la de los moteros) y el Puerto del mismo nombre, pero tomando el primer ramal a la izquierda nos devolvería a la pista forestal del inicio de ruta. Y tomando el ramal de la derecha nos llevaría a una bifurcación que de seguir dirección N-O, a la derecha, nos llevaría de vuelta al punto de inicio y de hacerlo en dirección SUR se mantiene más o menos paralela al curso del río, pero unos 200 m por encima del mismo, por su margen derecho.

Pero tal como teníamos previsto realizamos la primera parada técnica que algunos aprovecharon para acercarse a los pies del salto grande con su bonita cascada, cerca de la cual se le une un pequeño tributario, que no es otro que el que discurre por la primera cañada que atravesamos por la pista forestal al inicio de la caminata.
En los primeros 200 m aguas abajo del vado de la Herrería, el arroyo Padilla discurre encajonado entre lo que parecen dos bancales colonizados por un cerrado mar de helechos en ambas orillas, escogiendo en nuestro caso el de la izquierda para abrirnos paso como si estuviéramos en Parque Jurásico, en recorridos tan largos y con tan pocas vías de escape, hay que aprovechar cualquier zona medianamente despejada para avanzar por fuera lo más deprisa posible para compensar los numerosos obstáculos que nos podamos encontrar más adelante.
El arroyo Padilla queda encajonado en algunos puntos por sendos paredones peridotíticos que nos dejan la opción de destreparlos o bien descender dejándonos llevar por sus pequeños pero divertidos y dóciles toboganes, si bien estos toboganes tienen invisible se trata de los famosos "gusanitos del Guadalmina" (o más bien del arroyo Padilla), pequeñas sanguijuelas que después de lanzarnos por los toboganes nos encontraremos pegadas a nuestras piernas, bañador, espalda y cualquier punto de nuestro cuerpo que haya tenido contacto con su zona de verdina. Normalmente muy pequeñas, aparentemente inofensivas, pero realmente desagradables, sobre todo cuando las ves reptando sobre tu piel o peor aún cerca de tus zonas íntimas tal es el caso de una compañera que se encontró cerca de sus partes más íntimas cuando cerca ya del final del recorrido fue a hacer un pis. Leído así puede dar risa, pero 48 horas después no paro de rascarme las piernas entre el mapa de arañazos que tengo por todo el cuerpo.
Aunque orientativamente las rutas de río no tienen más complicación que seguir el curso acuático, no quería perder la cabeza del grupo para cumplir con mi obligación como guía. Sin mis dos bastones había momentos que me sentía bastante vulnerable a la hora de mantener el equilibrio mientras caminaba sobre las piedras resbaladizas y para colmo el pantalón que había escogido para esa ruta fue otra mala elección optando por tela recia (buena para el contacto con las rocas), pero malo en cuento a la rigidez y el tiro tan corto que me impedía dar zancadas largas cuando necesitaba buscar un apoyo largo entre roca y roca. Al bastón curvo no terminaba de pillarle el tranquillo aunque era mejor que nada, pero cada vez me resultaba más pesado, por lo que no me quedó otra que caminar en el grueso del pelotón con la tranquilidad de saber que todos los componentes del grupo se desenvolvían con mucha más destreza que un servidor, quedándome incluso de cola, cada vez que me paraba para hacer algunas fotos mientras intentaba enfocar con precisión y los compañeros me iban adelantando y distanciándose cada vez más por la propia inercia de la marcha.
Ni que decir tiene que los peores tramos del recorrido son aquellos donde el río tiene menos profundidad y no nos queda más opción que caminar por el cauce, porque la amenaza del resbalón es contante, así como la tensión de tener que ir guardando el equilibrio, eligiendo con sumo cuidado el lugar donde apoyamos los pies en cada momento, negociando entre: rocas resbaladizas, redondeadas o lisas, intentado evitar las rocas movibles o las piedras cada vez mas resbaladizas conforme comienza a aumentar el verdín en el fondo, raro será aquel/la que escape a alguna caída o resbalón, intentando evitar a toda costa caer de espaldas.
Aproximadamente a un kilómetro escaso del vado de la Herrería, donde se encuentra el bosque de helechos, siguiendo el curso del arroyo Padilla, llegamos a la confluencia con el arroyo del Santo, que es el que vemos llegar por la izquierda procedente de las cercanías del Puerto del Madroño, siendo este punto el teórico Nacimiento del Guadalmina
Tramo 2: Del Nacimiento del Guadalmina al vado del Caporal
En algunos tramos del primer kilómetro del recién nacido río Guadalmina el cauce nos da una tregua, presentándose ante nosotros con una sucesión de pequeños rápidos y una zona abancalada en su margen izquierdo que nos permite avanzar por fuera abriéndonos paso entre la maraña de pinos, si bien como suele ocurrir en todos los descensos de río, tarde o temprano, bien alguna pared rocosa, bien la vegetación se hace impenetrable y te obliga a retornar a la disciplina del cauce, porque aquí, el agua es el camino a seguir. Un murete de piedra, también en el margen izquierdo del Guadalmina, primer vestigio etnográfico que nos encontramos en este segundo tramo del recorrido nos avisa de la inminente presencia de las ruinas del “horno de miera” uno de los grandes símbolos de la serranía, que en su día se utilizaba para producir “La miera”, una especie de resina multiusos, que antaño se utilizaba para la cubierta de los barcos, para purgar al ganado o incluso para cicatrizar heridas.
Después de bromear con un teléfono y un wifi de telefónica que vaya usted a saber¡ quién coño! habría dejado colocado en un pino situado frente al horno; el Maestro Geobotánico Don José Guerrero, nos estuvo explicando el funcionamiento del horno, además de recordarnos que desde la antigüedad se utilizó la madera resinosa como medio de iluminación, bien sea en forma natural (cortezas de pino, ramas, etc.), o a base de resino artificial de maderas inflamables. Pero además de esta utilización primaria, se aprovechó muy pronto, convertida en pez, para variados usos.
Plinio ya hablaba en sus memorias de los árboles que producen en Europa la resina y la pez: "Pinus, pinaster, picea, abies, larix, taeda". Esta última se obtenía por calentamiento de la resina, procedimiento sobradamente conocido en el mundo clásico, mediante el cual se conseguía una sustancia negruzga, aplicada a múltiples usos como: iluminación, impermeabilización, aislamiento, etc. En nada cambiaron estas técnicas hasta los siglos XIX y principios del siglo XX en la España rural y en muchos paises europeos, tal y como podemos comprobar en Covarrubias y el Diccionario de Autoridades donde en una acepción de la palabra "pez" se especifica: "resina o sudor craso, que arroja copiosamente el pino, después de que han desnudado el tronco de la primera corteza y la recogen en una olla que hacen a este efecto alrededor del pie, cocida y requemada hasta que se pone muy negra". También nos recordaba que dentro de este proceso viene la expresión: "arde como la tea", siendo la tea el interior de color rojizo de esas cortezas del tronco.
Este procedimiento, consistente en pelar la corteza del pìno, recoger la resina y calentarla, se practicó con escasas innovaciones hasta el siglo pasado, en que esta técnica fue reemplazada por otra algo más complicada, que exigía ciertas instalaciones especiales, en las que el alambique ocupaba un lugar fundamental. Merced a este nuevo sistema se obtenían compuestos de inapreciable valor para la industria química, como: la colofonía, trementina, o el aguarrás (la pez no es sino una "colofonía" de mala calidad). 
Tras breve parada técnica nos reagrupamos con el padre Carras y Manuel González Luna, pues se habían pasado de largo, ya que sin cámara en aquella jornada y en un magnífico estado de forma ocupó la "tete de la Course" durante la mayor parte de la jornada con el riesgo que ello supone en algunas ocasiones.
A continuación nos encontramos con una sucesión de pozas que se superan más fácil lanzándonos al agua, bien mediante tobogán, bien mediantes pequeños saltos, antes que intentar esquivarlas caminando al borde de los grandes bloques de peridotita que la flanquean. El siguiente hito reseñable nos lo encontramos un kilómetro aguas abajo del molino de miera, se trata de la espectacular cascada que se forma, poco después de que se unan los barrancos del Cuervo y de la Cortina, que nos llega por el margen izquierdo, donde no pudimos resistirnos darnos un baño reponedor en su idílica poza, este lugar aparece en los mapas como Vega Marbella, si bien cuesta imaginarse de una vega en un barranco aparentemente tan empinado, ni tampoco el arbitrario nombre de Marbella, a pesar de su relativa proximidad geográfica, no obstante, se puede decir que la totalidad del río Guadalmina propiamente dicho discurre por el término municipal de Benahavís.
Continuamos aguas abajo, siempre por el río Guadalmina, donde a primera vista todo es precioso y aparentemente dócil, sin embargo caminar por su cauce requiere de una gran concentración para no resbalar en cualquier momento y cualquier tramo medianamente despejado cerca de sus orillas es bueno para progresar sin la amenaza permanente del resbalón. El siguiente hito que recuerdo de este tramo es un tremendo bloque rocoso en la orilla derecha, que tiene toda la pina de haber llegado rodando ladera abajo y que tuvo que aterrizar como un meteorito arrasando todo a su paso ladera abajo, curiosamente ha quedado apoyado sobre una mínima parte de su base, como si ahora estuviera en equilibrio.
Pasaban ya las 14.30 y el vado del Caporal, parecía no llegar nunca, el cansancio comenzaba a notarse, yo empezaba a notarme los pies extrañamente pesados pero luchaba por alejar cualquier pensamiento negativo de mi mente. Poco después de encontrarnos con un par de tortugas que estuvimos fotografiando, dejándolas, a continuación, en el mismo lugar donde las encontramos, caminábamos por un tramo aparentemente fácil, pero poco profundo donde algunas rocas redondeadas sobresalían de la superficie y Paquí que llevaba una mochila muy pequeñita, tuvo la mala suerte de caer de espaldas, pegándose cerca del coxis, lugar muy jodido y delicado para golpearse, rápidamente entró el equipo de rescate en acción, quedándose solo con ella el propio Fali, con el DEEP HEAT milagroso, mientras el resto del grupo nos adelantábamos a paso tranquilo en busca de la primera poza amplia con buenas rocas para sentarse y a ser posible con sol y sombra. Dicho y hecho, eran ya las 15.00 pm y no era plan de seguir demorando el almuerzo.
Tramo 3: Del vado del Caporal al vado al vado de Los Almagales (interminable tramo de los meandros del Guadalmina)
Finalizado el almuerzo, no tardamos ni diez minutos en llegar al vado del Caporal. Lugar de pausa obligada para recordarle al grupo que si alguien no se ve con fuerzas o ánimos suficiente es la única vía de escape que nos vamos a encontrar hasta dejar atrás el tramo de los meandros, que tenemos por delante y que mide algo más de 4 km que pueden resultar eternos si no vamos al 100%. Siendo lo más prudente tomar el ramal izquierdo, que durante los primero kilómetros discurre en paralelo al río Guadalmina entre 80 y 200 m ladera arriba, separándose posteriormente del mismo y volviendo a conducirnos al Guadalmina, muy cerca ya del vado de los Almageles, desde donde una pista terriza paralela al río, nos lleva hasta Benahavís sin margen de error. Esta fue la opción que sabiamente escogió Paqui, acompañándola su amado esposo Fali, a los que se le unió Eduardo en labores de "buen samaritano". No sin antes repasar el mapa ampliado que llevábamos de la zona para recordar las pautas principales, si bien, ellos también llevaban su mapa, diciéndonos que dentro de 4 horas estaríamos celebrando el final de ruta en Benahavís (me volvía a equivocar).
El vado del Caporal, representa de forma aproximada la mitad del recorrido total, y el inicio del último terció en lo que a tramo acuático se refiere. Sin duda alguna orográficamente es el tramo más bonito del río, si obviamos las mágicas Angosturas del Guadalmina, que eso es ya punto y aparte, pero sin duda alguna también se hace el tramo más largo, porque las piernas van cada vez mas cansadas de tanta tensión y las constantes piedras resbaladizas te castigan mentalmente.
En este tramo nos encontramos con las pozas más largas y profundas del curso Alto y Medio del Guadalmina, algunas incluso de salto obligado, a no ser que queramos esquivarla por taludes muy expuestos por el margen izquierdo tal y como hicieron algunos compañeros que ya preferían cualquier dificultad, antes de exponerse al riesgo continuo de resbalones o a mas horas de llevar la ropa mojada, que con las sombras alargándose cada vez más en las zonas escarpadas iba dando ya frío conforme caía la tarde. En mi caso particular las pozas eran mi particular momento de relax, aprovechando la ocasión para lanzarme al agua y descansar al menos, un minuto en cada una, de mis pies cada vez mas doloridos, concretamente de la uña del dedo gordo de cada pie con la que ya iba viendo las estrellas con cada resbalón que me daba y otra vez tocaba la puntera con las uñas, a pesar de habérmelas cortado en los días previos, pero cometí la GRAN CAGADA (doble), no sólo de estrenar botas en una de las rutas más duras del año, sino de comprármelas de mi número, un 45, en vez de un 46 o 47 como había hecho siempre hasta ahora, pero se ve que en la última compra hecha en el DECATHLON tenía disparado el grado de idiotez (descuido, chocheo prematuro o exceso de confianza).
En este tramo cada vez que sales de una curva cerrada (meandro) sueles tener por delante un amplio tramo más o menos rectilíneo que acaba en otra curva cerrada y recuerdo la imagen de mis compañeros desde los primeros a veces a mas de 100 m hasta los que tenía más con cara de póker entre la preocupación, la sorpresa y la decepción de verme como ese "Fórmula 1" que va mal, al que todos los demás adelanta y que está pidiendo a gritos entrar en boxes para retirarse de la carrera porque ya no da más de sí. Pero estábamos en un punto sin retorno y ya me lo tomé como un reto personal. No obstante, llegó un momento que ya no sabía cómo colocar los pies a cada paso que daba me dolían mas. Ni siquiera fue consuelo llegar a la zona de altos paredones de peridotita que recordaba perfectamente como el último kilómetro del tramo acuático.
También me hacía sentirme fatal, el hecho de que mis compañeros que se vieran obligados a caminar mucho más despacio de lo que hubieran podido. Pero dentro de las muchas experiencia en montaña vividas en estos años, es que nunca hay que rendirse, ni mucho menos detenerse hay que continuar siempre adelante, aunque se avance de forma torpe y lenta como era mi caso, para colmo los pantalones que llevaba (NÚNCA MÁIS), me impedían aprovechar  mi larga zancada, obligándome a dar muchos pasos cortos, a punto estuve de seguir la sugerencia de Elena de quedarme en calzoncillos, aplicando el "ande yo caliente y ríase la gente", pero ese día llevaba los calzoncillos rotos y el espectáculo podría haber sido doble. 
Así que apreté los dientes y aferrándome al recuerdo de mis dos veces anteriores, donde ya iba reconociendo cada curva, cada recodo y la recta final, hice de tripas corazón apretando el paso lo que pude hasta alcanzar ese lecho paralelo seco que discurre por el margen derecho, hasta transformarse en la incipiente pista que comienza como tal, junto a otro antiguo horno de miera que queda a la izquierda del camino, mientras que a la derecha, justo en frente nos encontramos con un panel recientemente colocado de la Toma de Agua, punto final de un sendero local SL, de nuevo diseño por parte del Ayuntamiento de Benahavís.

Tramo 4: Del vado de Los Almagales a Benahavís por el Camino de la Cañada
Supuestamente lo que denominamos vado de Los Almageles, es más bien un carril que sale paralelo al río, que mas bien es una pista forestal por la que el Guadalmina va quedando en todo momento a nuestra izquierda.
Nada más llegar a esta pista por la que recuerdo iba volando aquel 24 de junio de 2016, recuperé mi ritmo habitual de crucero, poniéndome al frente del grupo a lo largo de 200 m, pero al echar a andar después de pararme para hacer varias fotos: al mencionado panel informativo, al horno de miera y a los primeros compañeros que llegaban a mi posición, otra vez volvió el dolor, pasado el efecto del subidón anímico de volver a caminar por tierra firme y a partir de ahí llegar a los coches en Benahavís fue un auténtico Calvario.
Aún así no quise perderme el espectáculo de ver el río Guadalmina a la izquierda del camino desde una posición más elevada, la torre de la antigua alquería de la casa de la Vega al otro lado del Guadalmina. Esa especie de proa de barco fantasma que  parece formar la isleta coronada por un pino, rodeada por los dos brazos del arroyo de Las Amelgas, tributario del Guadalmina por su margen derecho.
Llegando a renglón seguido a una verja que corta el paso de este camino teóricamente público y de hecho recientemente señalizado como SL (sendero local de Benahavis), no dejándonos otra opción que saltarla como mejor pudimos, sin dañar el vallado, pero maldiciendo lo que a todos los efectos parece otro ejemplo de corte ilegal de camino público.
Aunque en los mapas topográficos, la distancia entre el lugar donde abandonamos el río y Benahavís se antoja de poco menos de 3 km, la verdad es que la distancia hasta el paseo fluvial donde teníamos aparcados los coches es de casi 5 km, que al contrario que en junio de 2006, se me hicieron interminables, tanto es así que cuando pasé renqueante ya en permanente cola de grupo, a la altura de la presa era ya casi de noche.
Cuando pasé a la altura del Hotel Gran Villa Padierna, ya completamente iluminado, me alegré como ese ciclista exhausto que ya va entrar fuera de control en una etapa de alta montaña y que vive su llegada a la meta como el mayor premio, independientemente de la tremenda diferencia con el resto de compañeros. Una vez mas todo mi agradecimiento al pequeño séquito de gregarios que me acompañó hasta las calles de Benahavís, donde tuve que pedirle el bastón a Pepe Guerrero, para amortiguar el paso en la empinada calle cuesta abajo que nos llevaba hasta el paseo fluvial donde teníamos aparcados los coches y donde para mi sorpresa me estaba esperando todo el grupo como muestra de apoyo y solidaridad, siendo ya las 22.00 pm pasadas y renunciando a nuestra tradicional copa post ruta, pues tampoco ayudaba el hecho de habernos encontrado un Benahavís en fiestas y con los bares donde no cabía ni un alfiler. Así que, nos lo tomamos como otra señal para dejar esa copa para mejor ocasión y dar gracias a Dios de que no hubiera ocurrido ningún incidente reseñable, más allá de mi mala elección de pantalón, calzado y ausencia de bastones, que espero no se vuelva a producir en mucho tiempo.
Respecto al grupo un diez para todos, porque demostraron tener una magnífica preparación física y mental, pues quien mas y quien menos salió hecho un Cristo de esta batalla que a nadie deja indiferente. Cuando llegué a mi Fuengirola salí del coche a duras penas y una niña que pasaba de la mano con su madree preguntaba "¡mamá!, ¿qué le pasa a ese hombre?".
Al día siguiente, amanecí completamente comido de picaduras, pero ya no sé si fueron los mosquitos o las sanguijuelas del Guadalmina; no obstante, Dios se apiadó de mí, porque aquella mañana al llegar al hotel no tuve a nadie para la gimnasia.
 Al día siguiente por la mañana recibía los siguientes mensajes:
E-mail de Celia:
Buenos días Comandante:
Como te dicho en el What´sApp, sufrí un insomnio galopante en la noche antes de la esperada caminata, hasta las 4 no pude pegar el ojo y cuando sonó el despertador - para las 5,45hrs estaba echo polvo pues había tomado té relajante, pastilla de valeriana, chupito de ron...imagínate. cuando me desperté, a las 9hrs me vino la idea de hacer el Guadalmina a revés para encontrarme como vosotros, así que empecé a caminar sobre las 10,45. Seguí por el carril "cañada de la mora" hasta una conexión con otro riachuelo y he vuelto por el lecho del rio.Tuve que saltar un portón que cortaba, sin mas, ese carril que debe ser público, no me explico esas cosas. 
A la vuelta me di cuenta de que caminé muy poco porque entre intentos, perdidas, baños y paradas se me pasó el tiempo;  eran ya las 6 cuando llegué de vuelta a coche.
Ha sido precioso ese pequeño paseo y si estuviera acompañada hubiera ido mucho más arriba. A ver cuando coincidimos y me das la "hoja de ruta" y me indicas donde habéis empezado esa aventura.
Lo de tus botas debe de haber sido horrible ¿no?
Cuidate y ya estaré atenta a la próxima
Un saludo
WhatsApp de Elena Santamaria:
Buenos días, Juani. Espero q te recuperes. Yo estoy con unas agujetas tremendas y no me puedo mover. Ayer tuvimos una ruta muy bonita pero durilla...pero de todo se saca una experiencia positiva. Y el compañerismo fue lo mejor. Yo tuve q aguantar hasta las 3de la madrugada para llevar a mis hijos a la feria...y estoy cansadísima. Un beso y a seguir disfrutando y aprendiendo.
WhatsApp de José Manuel Vázquez :
La aventura fue espectacular, y así lo he transmitido en minicronica.
Espero que te encuentres perfecto también.
Por cierto! Te pille la foto pleno salto!

3 comentarios :

  1. Eduardo Campos1:19 p. m.

    Emocionante. Siento no haber visto el último tramo pero me parece que hicimos bien. Por si te tranquiliza alguien me dijo que las sanguijuelillas no eran tales, sino inofensivas larvas de mosquito que, al secarse, se mueren y se caen. Eso sí las arañas de río, que pican, esas si eran de verdad. Ya ves por qué no me separo de mis bastones aunque a veces sean una lata. Un abrazo y a por otra cuanto antes

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  2. Anónimo6:53 p. m.

    Da gusto leer vuestras publicaciones.
    He de confesar que algunas me han servido para hacer esa misma ruta por mi cuenta.
    Veo que prima el sentido del humor y el buen tono entre los participantes.

    Gracias, de verdad.
    Un cordial saludo desde Turrusquilandia.

    Juan M. Pacheco

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  3. Romualdo12:45 a. m.

    El hecho de que un Comandante reconozca sus errores lo hace más grande y digno de respeto. Pero ese sentimiento de culpa y las reiteradas excusas que hay en tu crónica me parecen un exceso. Sobre todo porque el acierto en la elección, la programación y la ejecución de esta ruta extraordinaria por tu parte, fue causa del éxito de la misión que llevamos cabo ese 18 de junio de 2016 y que quedará para el recuerdo.

    Además, para tu consuelo, te diré que hubo alguien que cometió más errores que tú. Y ése fui yo.

    -En primer lugar, me equivoqué cuando descarté mi participación en la ruta de antemano. Si no hubiera sido por tu correo animándome a ello, me la hubiera perdido.

    - Inicié la caminata por la pista forestal hasta el río Padilla con las piernas perfectamente protegidas. Sin embargo, cuando la abandonamos y llegamos al cauce y sus orillas, me puse en pantalón corto para todo el recorrido. La consecuencia de esta estupidez fue el centenar de pinchazos y arañazos que destrozaron mis piernas.
    - Luego, aún sabiendo que quedaban más de 18 kms., en su mayoría por el cauce, opté por andar por laderas llenas de matorral agresivo evitando mojarme los pies durante los primeros 500 mts. Genial. Batí el récord de distancia recorrida con los calcetines secos. Bueno, secos respecto al agua del río pero húmedos por la sangre que brotaba de mis heridas. Y encima presumía ante los pies mojados de los demás. ¡Gilipollas!

    -Cuando ya no hubo más remedio que mojarse hasta el cuello, eché de menos el bote estanco que no había previsto, por lo que tuve que aceptar tu ofrecimiento de guardar mi móvil, documentos y llaves en el tuyo.

    -Los resbalones me provocaron varias caídas, como a todos los demás, por la falta de bastones adecuados, aunque tuve suerte de no lesionarme.

    Bueno, ¿Y qué? Son errores que me ayudarán a no cometerlos en adelante y por tanto los doy por buenos. Igual que a tí te deben parecer los tuyos ahora que el sufrimiento quedó atrás y sólo queda la satisfacción de lo conseguido en el plano personal y el colectivo.

    Así que gracias por inventarte esta ruta, por insistirme en que participara en ella y por llevarla a cabo con éxito a pesar de las dificultades. Y gracias, también, por esta espléndida crónica.







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