domingo, febrero 25, 2007

...¿Du llu espic inglis?

Desde que las insignias se llaman pins, los maricones gays, las comidasfrías lunchs, y los repartos de cine castings.Este país no es el mismo: ahora es mucho, muchísimo más moderno.Antaño los niños leían tebeos en vez de comics, los estudiantes pegabanposters creyendo que eran carteles, los empresarios hacían negocios en vezde business, y los obreros, tan ordinarios ellos, sacaban la fiambrera almediodía en vez del tupper-ware.Yo, en el colegio, hice aeróbic muchas veces, pero, yo tonta de mí, creíaque hacía gimnasia. Nadie es realmente moderno si no dice cada día cienpalabras en inglés.


Las cosas, en otro idioma, nos suenan mucho mejor.Evidentemente, no es lo mismo decir bacon que panceta, aunque tengan lamisma grasa, ni vestíbulo que hall, ni inconveniente que handicap...Desde ese punto de vista, los españoles somos modernísimos.Ya no decimos bizcocho, sino plum-cake, ni tenemos sentimientos, sinofellings. Sacamos tickets, compramos compacs, comemos sandwiches, vamos al pub,practicamos el rappel y el raffting,enlugar de acampar, hacemos camping y, cuando vienen losfríos, nos limpiamos los mocos con kleenex.

Esos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres y han mejorado mucho nuestro aspecto. Las mujeres no usan medias, sino panties y los hombres no utilizan calzoncillos, sino slips, y después de afeitarse se echan after shave, que deja la cara mucho más fresca que el tónico. El español moderno ya no corre, porque correr es de cobardes, pero hace
footing; y si no hace un masters todo lo que ha estudiado en la universidad no sirve para nada, cada vez es mas difícil aparcar porque no encontramos un parking.



Vamos de shopping al Hipermercado, y no nos dejamos seducir por la publicidad en todo caso por el marketing; preferimos ir a un self-service antes que a un autoservicio; y antes que subir un elescalafón, preferimos ascender en el el ranking, para ver si llegamos a manager y no a directores. La gente importante es ante todo vip, los auriculares walkman, los puestos de venta stands, los ejecutivos yuppies; las niñeras baby-sitters, y hasta nannies,cuando el hablante moderno es, además, un pijo irredento.


En la oficina, el jefe esta siempre en meetings o brain storms, casi siempre con la public-relations, mientras la assistant envía mailings y organiza trainings; luego se irá al gimnasio a hacer spinning ó gim-jazz, y se encontrará con todas las de la jet, que vienen de hacerse liftings, y conalguna top-model amante del yogurt light y el body-fitness.El arcaico aperitivo ha dado paso a los cocktails, donde se jartan abitter y a roast-beef que ,aunque parezca lo mismo, engorda mucho menos que la carne.Ustedes, sin ir más lejos trabajan en un magazine, no en un programa.
En la tele, cuando el presentador dice varias veces la palabra O.K. y baila como un trompo por el escenario la cosa se llama show; bien distinto, como saben ustedes, del anticuado espectáculo; si el show es heavy es que contiene carnaza y si es reality parece el difunto diario El Caso, pero en moderno. Entre medias, por supuesto, ya no ponen anuncios, sino spots que, aparte de ser mejores, te permiten hacer zapping. Estas cosas enriquecen mucho. Para ser ricos del todo, y quitarnos el complejo tercermundista que tuvimos en otros tiempos, sólo nos queda decir con acento americano la única palabra que el español ha exportado al mundo: la palabra "SIESTA."


Espero que os haya gustado... yo antes de leerlo no sabía si tenía stress o es que estaba hasta los cojones".
(Carta enviada por una oyente al programa de Luis del Olmo para que la leyeran en directo)

sábado, febrero 24, 2007

A falta de otro hermanito llega Chucky a la familia Amador Leiro
En la imagen aparece Nacho radiante el día de la llegada de Chucky, en compañía de su vecina y compañera de clase María, que tiene muy claro que será veterinaria de mayor.

Tras la triste historia que vivimos el pasado mes de enero con el perrito que compramos en la “Nueva Alfalfa” (Sevilla) y que murió a los dos días, como ya se publicara en este mismo blog. Comenzó una lucha contra viento y marea, para convencer a María de que no renunciáramos a ver cumplido el deseo de Nacho de tener un perrito por primera vez en mi vida. Tras la ardua tarea cotidiana de intentar convencerla cada día por fin indagó para que fuera buscando un cachorro de raza pequeña y macho, por las distintas protectoras de animales de la Costa del Sol Occidental. Y una vez mas comenzó a cumplirse la “Ley de Murphy” nos encontramos de todo: incluso “el perro de agua” que hubiera sido mi deseo, pero no terminaba de aparecer el perrito en cuestión, hasta que el pasado sábado 17 de febrero, unos minutos antes de que llegáramos a la protectora de animales de Torremolinos, una señora entregó una camada de cachorros con lagrimas en los ojos por no podérselos quedar para criarlos. Nada mas verlo, María y Nacho se quedaron enamorados y lo mas increíble es que María ha pasado de odiar mis pájaros tropicales y cualquier animal para tener en casa a sentir verdadera adoración por “Chucky”, hasta el punto de que está loca con el perro…¡sorpresas te da la vida!.

Obviamente, con los dos meses que ahora tiene, estamos en plena fase educativa, para que haga pipí y caca en la calle y no en casa, que no muerda las cortinas o los cables del ordenador, que no esconda: los calcetines, las babuchas o cualquier otra cosa que pille debajo del sofá. De momento llevo muy bien lo de levantarme a las 8,00 am. para sacarlo y ya estoy educando también a Nacho en la enseñanza de limpiar los regalitos que va dejando “Chucky”, y las pocas veces que me desobedece tengo en cuenta los “DIEZ MANDAMIENTOS PARA AMOS RESPONSABLES”:

1. Mi vida es de unos 10 a 15 años. Cualquier separación de tí será dolorosa.
2. Dame el tiempo para entender lo que quieres de mí.
3. Confía en mi. Es crucial para mi bienestar
4. No te enojes conmigo por mucho tiempo, y no me encierres como castigo. Tú tienes tu trabajo, amigos, y entretenimientos. Yo solo te tengo a tí.
5. Háblame. Aunque no entiendo tus palabras, entiendo tu voz cuando me habla.
6. Recuerda que núnca olvidaré la forma en que me trates. (Referencia a "Papel Arrugado").
7. Antes de que me golpees, ten en cuenta que yo tengo dientes que fácilmente podrían aplastar los huesos de tus manos, pero elijo no morderte.
8. Antes de que me regañes por ser flojo o poco cooperativo, pregúntate si no puede haber algo que me esté molestando. Tal vez no me esté alimentando correctamente, estuve mucho tiempo al sol, o mi corazón se está poniendo viejo y débil.
9. Encárgate de mí cuando envejezca. Tú, también, envejecerás algún día.
10. Y no me abandones en mi último viaje. Nunca digas "no podría verlo", o "ojalá que ocurra en mi ausencia". Todo es más fácil para mi si tú estás ahí. Recuérdalo, yo te amo.
PATENTE DE CORSO
El síndrome Lord Jim
ARTURO PÉREZ-REVERTE XLSemanal 14 de enero de 2007

Paris de la Francia, a media tarde. Café con espejos artdecó y graves camareros vestidos de negro con largos delantales blancos, de esos que hablan de usted a clientes que usan con ellos el mismo tratamiento. Estás allí sentado, un café en la mesa y un libro en las manos, entre gente que se trata con respeto y dice buenos días y por favor aunque no se conozca. Estás, como digo, relajado y feliz por hallarte a centenares de kilómetros del proceso de paz sin vencedores ni vencidos, del último pelotazo ladrillero, del diálogo de civilizaciones, del sexismo lingüístico, de la nación plurinacional marca ACME, de la demagogia galopante y de la maleducada puta que nos parió. Y de pronto, a tu espalda, suena una voz de idioma y tono de grosería inconfundible, dirigiéndose al camarero: «Oye, ¿hablas español?». Y mientras por el rabillo del ojo ves al camarero pasar de largo, despectivo, sin hacer caso al interpelador, cierras el libro y te dices, amargo, que como al Lord Jim de Conrad –Peter O’Toole en versión cinematográfica, con James Mason y Eli Walach haciendo de malos– los fantasmas del pasado te persiguen hasta cualquier puerto donde recales, por lejos que vayas. Y que la ordinariez maldita de ciertos compatriotas, o como se llamen ahora, no se borra ni con lejía.

Hay momentos de tan abrumadora evidencia que una desesperación negra te corta el resuello. Es verdad que el mundo cambia, y que la buena educación se rinde ante la uniforme marea de malos modos internacionales. Eso aporta, al simplificar las cosas, ventajas indudables en ciertos aspectos de la vida; pero entre quienes nacimos hace algún tiempo, leímos libros donde la gente todavía era capaz de matarse tratándose de usted, y fuimos criados por quienes aún conservaban maneras del siglo anterior, ciertas cosas son difíciles de encajar. Aquella tarde parisina de la que hablo, tras el café, entré en un estanco; y por el simple hecho de comprar una cajetilla de tabaco y un mechero tuve derecho a intercambiar dos «buenos días», un «por favor», un «señor», un «señora» y dos «gracias» con la estanquera, que me despidió con un rutinario «que tenga usted buen día». Y a ver cuándo, me dije al salir, iba yo a mantener ese diálogo en un estanco, o en una tienda, o en un banco, o en una oficina de la administración nacional –disculpen la anacrónica gilipollez– o autonómica de esta zafia España compadre de «oye, tú» que nos hemos fabricado, entre todos, a nuestra imagen y semejanza. Donde, a diferencia de otros lugares, si cedes el paso a una señora en una puerta, en una escalera o bajo el andamio de una calle, la presunta, en vez de dedicarte una sonrisa encantadora y decir «gracias», pasará mirándote con desconfianza, y hasta te empujará si hace falta, asegurándose de que a última hora no le estorbas el paso.

Y es que, aunque parezca residuo superfluo de tiempos rancios, hablar de usted a la gente, saludar al entrar en los sitios y despedirse al salir, dar las gracias y pedir las cosas por favor, obliga al interlocutor, o facilita otras cosas más profundas y complejas, que no voy a detallar ahora porque ni tengo espacio ni maldita la gana. Del mismo modo, la pérdida de todas esas fórmulas convencionales, automáticas, nos vuelve a todos, también automáticamente, más insolidarios, burdos, mezquinos y egoístas. Y no vale ampararse en lo de que en todas partes cuecen habas. Hay habas y habas, y las que cocemos en España son tan ásperas que irritan el gaznate. ¿Imaginan a un periodista norteamericano, o a un francés, diciéndole a Bush, o a Chirac, «oye, presidente», en lugar de «señor presidente»? Lo echarían a patadas.

Lo malo no es sólo eso, sino que hasta la gente educada que viene de fuera pierde las maneras en contacto con nuestra grosera realidad nacional. Hace cosa de medio año me llamaba mucho la atención una cajera de Carrefour, inmigrante hispanoamericana, que era de una amabilidad extrema, y todo lo decía trufado de «por favor» y «gracias», incluido un delicioso «¿me regala su firma?» al entregar la factura, o te despedía diciendo «que usted lo pase bien». Me pregunté, al observarla, cuánto iba a durar aquello. Y les juro por el cetro de Ottokar que sólo seis meses después –harta, supongo, de hacer la panoli–, no dice ya ni buenos días, trata a los clientes como a perros y entrega la factura como si se contuviera para no arrojártela a la cara. Es, al fin –enhorabuena–, una española más. Una inmigrante perfectamente integrada.

jueves, febrero 22, 2007

Domingo, 18 de febrero de 2007
“Por las Cañadas de Ronda”, variante por "El Puerto del Oso" de la ruta Nº4, correspondiente a la mejor guía jamás escrita sobre la Sierra de las Nieves


En la mañana del “Referéndum del Estatuto Andaluz”, unos 24 socios y simpatizantes de Pasoslargos votamos por darnos cita en el Cortijo de Quejigales, asistiendo a dicho encuentro: numerosos miembros del comité de sabios, entre los que se encontraban: el mismísimo Rafa Flores “El Mago Gandalf de la Serranía”, Rafa Márquez “El Aristóteles de la senda”, “Paco Domínguez “El Reportero de las Cumbres”, “Rosendo”, “Power-point-Fernando” y Carlos Tapia “El Aprendiz de Mago”: con sus respectivas mujeres y sus intrépidos pupilos, curiosamente todos varones y todos venidos de Ronda. Y desde Coín: Santa Claus Per Johan y Ana Cristina, desde Istán: Dario “El Magnífico” y la dulce Celia, desde Málaga: Miguel “El Hombre que sabía demasiado” y Patricia “La Chica que miraba a las Estrellas”, desde Mijas Costa: “River Plate- Roberto”, Tommy “El niño prodigio” y desde Fuengirola: Juani. Otros muchos compañeros se quedaron con las ganas de participar en esta interesantísima jornada en compañía de los mejores guías con los que se puede visitar este precioso “Parque natural”, pero los inoportunos nombramientos para las mesas electorales y otros compromisos de la mas diversa índole les impidieron venir. Camino del Cortijo de Quejigales, nos encontramos con nuestro compañero otro compañero de pasoslargos, Campeón de España de Travesía en Cueva: el intrépido “José Luis Badillo” por el “Puerto de las Golondrinas” bajando a toda velocidad con su mountain-bike, después de haber llegado desde Ronda hasta “El Puerto de Pilones” en un tiempo record.

Para evitar un final de ruta llegando a los coches con las botas totalmente embarradas, decidimos comenzar la caminata por el teórico final y de esa manera, dejar atrás los tramos de barro al comienzo del día. Dicho lo cual, empezamos a caminar desde Quejigales hacia el este por el carril del Sabinal, como si fuéramos hacia Enamorados, el grupo avanzaba a buen ritmo con las alegres voces de los chiquillos. Al llegar al primer cruce, tomamos el camino de la derecha, menos marcado, que rápidamente nos lleva hasta las ruinas de la antigua casa del primer guarda forestal del parque, un entrañable rondeño llamado Francisco Molina, conocido popularmente como “Frasquito”, del que el Gran Rafa Flores, autor del libro “P.N. Sierra de las Nieves, Guía del Excursionista” nos estuvo narrando curiosas anécdotas de la vida y obras de este personaje, incluyendo un pequeño pesebre, camuflado hoy entre aulagas y esculpido en su día sobre una roca , para dar de beber a su perro y a su caballo. Próxima a las ruinas, nos encontramos con una placa conmemorativa fruto del primer acto oficial de la Asociación Senderista Pasoslargos en honor al citado guarda.
A partir de aquí, comenzamos a ganar altura suavemente encontrándonos ya con los primeros grandes pinsapos del recorrido llegando a la preciosa balconada del “Los Coloraillos” con magníficas vistas sobre la zona norte del parque y su prolongación hacia “Sierra Blanquilla” y “Sierra Hidalga”, además de las privilegiadas panorámicas sobre el Peñón de Ronda al nordeste y el Tajo del Canalizo y Enamorados al este, vistas de las que seguimos disfrutando a lo largo de la ascensión por “La Cañada de las Ánimas”, que curiosamente hace referencia a “las ánimas de los pinsapos caídos” que si bien volvemos a ver en la “Cañada del Cuerno” y la “De Enmemedio”, en esta primera, adquieren un carácter verdaderamente místico y casi sobrenatural: Aquí, cada pinsapo es completamente diferente al hermano que tiene a su lado, tanto en el tamaño, como en su forma o inclinación, hasta el punto que una compañera del programa de Canal Sur 2 Andalucía, “Espacio Protegido” llegó a calificarlo como “El bosque caótico”. No obstante, conviene aclarar que la senda está perfectamente marcada en todo momento y en nuestro caminar, vamos pasando junto a tremendos pinsapos centenarios, intercalados con pequeños pinsapitos, que alegran el alma a nuestro paso, creciendo incluso sobre la base de algunos troncos “muertos” o sobre rocas imposibles, como símbolos de esperanza, en estos tiempos oscuros en los que nuestro medio ambiente está mas amenazado que nunca. A lo largo de esta cañada es frecuente tropezarse con las ramas de algunos pinsapos que parecen querernos hablar, precisamente en muchas de sus ramitas, todavía colgaban los últimos restos de la nevada que había caído el día anterior, a modo de perlas cristalinas. Las manchas de nieve cada vez mas presentes en las distintas zonas de umbría por las que íbamos pasando, terminaron por regalarnos un paisaje nevado a modo de broche de oro para finalizar el tramo correspondiente a “La Cañada de las Ánimas” por donde subieron con ritmo alegre y sin tregua todos los integrantes del grupo, incluidos el Benjamín Javi “El Duendecillo del Pinsapar” y Rafita “El coleccionista de minerales”, custodiados por las expertas manos de sus padres, especialmente en los tramos mas duros.

Mientras tanto, en algún lugar de esta ruta circular, nuestro gran amigo Moya (“Sumo Sacerdote de pasoslargos”) caminaba en sentido opuesto hacia nosotros a la busca y captura de la foto perfecta.

Y por fin, fue precisamente en el “Puerto de las Ánimas” donde disfrutamos del almuerzo en un escenario propio de “Las Crónicas de Narnia”, como bien comentó, en varias ocasiones, nuestro “Portaestandarte Tomy”. A nuestra derecha teníamos: “La Loma del Tejo” sobre la cual se encuentra “la caseta de Pilones” y a la izquierda el “Cerro Alto” y “La Rosilla de la Salvejana” justo en la trayectoria que había entre nuestra posición y el “Peñón Enamorados”, como testigos mudos de aquel encuentro nos contemplaban majestuosos quejigos centenarios con la nieve brizada sobre sus ramas, según el término empleado por “Terremoto Carlitos” (de tan sólo 10 años). Pero una vez mas, volvió a producirse ese fenómeno que se repite con tanta frecuencia en las proximidades de Enamorados, donde el cielo mas despejado, puede quedar cubierto, repentinamente, por un mar de nubes y un brusco descenso de las temperaturas que nos obligó a emprender el camino de vuelta con premura, mientras que a mas de un compañero, casi se le congelan los dedos con un aire frío que sentías a cada bocanada de aíre. Las imponentes siluetas fantasmagóricas de los quejigos completamente nevados, nos siguieron acompañando durante el camino de vuelta, ofreciéndonos una auténtica exposición de postales navideñas llenas de vida, que convertían el caminar en un auténtico espectáculo. Una fiesta para la mente, los sentidos y los sentimientos. Sin duda, la mejor terapia para el alma, en estos tiempos que corren, donde el estrés, la bulla y el agobio terminan comiéndonos y privándonos de esos instantes de paz para disfrutar de las cosas sencillas de la vida.

Descartada la idea original de continuar por la “Cañada de Enmedio” por donde entraba un misterioso mar de nubes, nos dirigimos hacia el famoso “Pilar de Tolox” en las inmediaciones del “Puerto del Oso”, para enlazar a continuación con la senda del “Torrecilla” desde donde pudimos contemplar su ladera norte nevada, al igual que la del Cerro Mateo o la “muela” del Alcazaba, con la inconfundible silueta del Peñón de Gibraltar al fondo y la cordillera del Rif al otro lado del Mediterráneo, también pudimos contemplar nítidamente el “Pico Castillejo” de Sierra Canucha y la crestería de Sierra Blanca con La Cruz de Juanar, El Salto del Lobo, El Lastonar y La Concha con sus laderas iluminadas por el sol que ya iniciaba su descenso hacia el atardecer.

Todavía caminando sobre la nieve, llegamos al “Puerto de Pilones” y aprovechando la breve pausa que hicimos allí, “Darío el Magnífico” y “Terremoto Carlitos” sorprendieron a todos con una memorable carrera hasta la misma cumbre del Cerro Pilones, en una auténtica exhibición de fuerza y espíritu de aventuras, justo cuando a mas de uno comenzaban a fallarle las fuerzas, regresando rápidamente al grupo para iniciar el descenso por “La Cañada del Cuerno”, donde otra vez volvimos a sumergimos en nuestros últimos bosques de pinsapos, cuya magia y belleza son dignas de los mas bellos escenarios descritos en las historias de fantasía clásica, zigzagueando cuesta abajo entre enormes pinsapos centenarios con “Correcaminos Andrés Jr.” A la cabeza, enlazamos con la “Vereda de los 1.500 m.” (que obviamente debe su nombre a la altitud media por la que discurre) y que parte del carril de Pilones hacia el que llegamos entre pinsapo y pinsapo para descender finalmente hasta el “Cortijo de Quejigales”. Completando esta bonita ruta circular que viene perfectamente descrita en la pag. 163 del libro: “Sierra de las Nieves, Guía del Excursionista”.

miércoles, febrero 14, 2007

domingo, 11 de febrero de 2007
Cortijo del Daire-Cerro Lucero ó "Raspón de los Moriscos"
(Parque Nat. Sierra Almijara, acceso desde Cómpeta)
Impresionante ruta de montaña de las 29 propuestas que aparecen en la magnífica guía: "Disfrutar caminando por el P. Nat. de las Sierras Tejeda y Almijara" (Edit. Arguval), una "auténtica biblia" de este parque natural que debió ser mi hogar en otra vida. Repleta de lugares mágicos, con montañas impresionantes de altísimas paredes verticales, como por ejemplo la foto de la portada donde podemos contemplar el "Almendrón" visto desde "El Barranco de Cazadores" a donde tenemos previsto ir esta temporada.

Con las primeras luces del día, avanzábamos hacia la Axarquía, con el sol a nuestra derecha, asomándose sobre las azules aguas del Mediterráneo, bajo un cielo con algunos filas de nubes, que parecían haberse quedado encalladas en las altas cumbres de la sierras Tejeda y Almijara, formando un bonito contraste de luces y sombra para lo que prometía ser una jornada memorable. Dejando la costa a nuestra espalda, fuimos ganando altura, conforme nos adentrábamos en ese maravilloso oasis de paz y quietud que es la comarca de la Axarquía, salpicada de preciosos pueblos blancos con sabor mudéjar, donde el tiempo parece haberse detenido, pueblos estratégicamente asentados en perfecta armonía con el entorno, sobre las laderas sur, de Tejeda y Almijara a modo de balcones con vistas al Mediterráneo.

Puntuales a la cita, fuimos llegando al punto de encuentro, ubicado en esta ocasión en el “Mirador de la Venta de Palma” carismático lugar, donde el taller escuela de Cómpeta ha querido rendir tributo a Gaudí, en pleno corazón de la Axarquía. Tras la foto de rigor y poniendo los cuentakilómetros a cero, tomamos la pista que parte desde allí mismo para adentrarnos en Sierra Almiajara. Al poco de comenzar llegamos a un cruce, donde hay que girar a la izquierda (siempre subiendo), tomando como referencia la “Casa de la Mina”, para ir ganando altura por un carril terrizo perfectamente asentado, desde donde las vistas sobre las imponentes montañas que flanquean la cuenca del río Higuerón son sencillamente impresionantes, hasta el punto que en un momento dado, paramos para sacar unas fotos. (“¡Mira Sancho, que lo importante no es la posada, sino el Camino!”). Justo a los 6 km. del comienzo llegamos a “La Casa de la Mina” que en la actualidad se ha rehabilitado como “hotel rural” aunque de momento, su explotación, se reduce a las temporadas de “Primavera-Verano”.

A partir de aquí, el carril va faldeando las escarpadas pendientes, manteniéndose entre los 830 y los 870 m. sobre el nivel del mar. No obstante, los precipicios que llevábamos en todo momento a nuestra derecha, unidos a la estrechez del carril, con alguna que otra piedra suelta, invitaban a ir en segunda y con los cinco sentidos al volante de los turismos con los que nos estábamos adentrando en aquella auténtica aventura. Aproximadamente en el kilómetro 11,5 llegamos al denominado “Cortijo del Daire” , donde nos encontramos con una peculiar concentración campestre, compuesta por varios amigos y familias de Torrox, que con sus 4x4 habían ocupado toda la zona de aparcamiento, obligándonos a dejar los coches unos centenares de metros mas allá (dirección “Venta Panaderos”). Una vez en “El Cortijo del Daire” mochila y bastones en ristre, los chavales del grupo Torrox nos ofrecieron entre risas y bromas, el vino de su pueblo, que cada uno llevaba en su bota. Cuando le comentamos a un miembro de aquel grupo que conocía muy bien la zona, que pretendíamos subir al Lucero desde allí, casi se le atraganta el buche de vino, asegurándonos que la subida desde allí tenía “tres pares de cojones” (palabras textuales).

Nada mas empezar, afrontamos las primeras rampas, por un cortafuegos que parte de la curva del carril, anterior al “Cortijo del Daire” (Km. 0, situado a 870 m.), ofreciéndonos una subida sin tregua por terreno desigual, que en un abrir y cerrar de ojos, ya nos había hecho ganar mas de cien metros, llevando siempre a nuestra derecha, el “Arroyo Magadillas”, por este primer tramo del recorrido, con el imponente telón de fondo del “Tajo de la Cueva del Daire” cuya altura íbamos a superar con creces, finalizando dicho cortafuegos en las proximidades de una pequeña caseta desde la que se extrae agua todo el año, siendo el único punto de este itinerario donde podemos llenar las cantimploras.

Reanudamos la subida por la senda que sale a la izquierda y que a lo largo de mas de 100 m. nos hace caminar casi en sentido contrario al que traíamos, ganando altura suavemente, entre aulagas y otros matorrales típicamente mediterráneos, trazando una nueva orquilla que nos lleva en dirección noroeste, hacia el “Collado de los Hornillos”. Con gran decisión y ritmo trepidante avanzaban por delante: Juan Carlos, seguido en todo momento por Carlitos y Paquí que durante la mayor parte de la jornada fueron punta de lanza del grupo, tan rápido iban que casi se dejan atrás el desvío que hay que tomar a la derecha abandonando la dirección noroeste, para tomar una senda en dirección nordeste, que nos desafía por dos veces, a atravesar los dos barrancos que forman la cabecera del “Arroyo Magadillas” dos auténticos embudos, donde los constantes corrimientos de tierra han borrado la senda y por donde tuvimos que pasar superando unos vertiginosos terraplenes con el suelo deshaciéndose a cada paso que dábamos, al borde del abismo, con la dificultad añadida, de tener que salvar enormes troncos de pinos caídos, que nos cortaban el paso y que aún le daban mayor épica a este tramo que bien podría ser comparado con el mismísimo “Paso de Kalathras” (ver 1ª parte de “El Señor de Los Anillos”).

A renglón seguido, otra pendiente continua nos llevó hasta el “Puerto del Daire” (km. 3,2 a 1.338 m.), sin duda, la ocasión bien merecía realizar la 2ª parada técnica de la jornada. El paisaje de agreste belleza, típicamente almijareño, con los pinos creciendo por paredes y laderas imposibles, bajo el mar de nubes que cubría las altas cumbres y al sur, el brillo del sol reflejado sobre las plateadas aguas del Méditerráneo , convertían la contemplación del paisaje en la mejor terapia para la mente y el alma. Inolvidable para todos nosotros resultó la imponente silueta piramidal del “Lucerillo” eclipsando al “Lucero” justo detrás, el objetivo hacia el que nos íbamos acercando a cada paso que dábamos, intercalando subidas y bajadas, por cada barranco que íbamos atravesando, unos mas rápidos y otros de forma mas tranquila, como Fernando y Ana, los “Duques de Juanar” que con su peculiar forma de andar, convierten en arte el saber caminar.

Con renovadas energías y los pulmones repletos del aire puro de la sierra, iniciamos una prolongada bajada tras el “Puerto del Daire”, teniendo que volver a ganar altura, por la senda que ascendía en pronunciados zig-zags, abriéndose paso entre altos pinos resineros, como si de un “slalom gigante” se tratara, pero cuesta arriba, con Darío “la gacela de Ojén” acompañando al trío cabecero, remontando las empinadas rampas que volvían a poner a prueba la capacidad de sufrimiento de todos los miembros del grupo que a buen ritmo de marcha, superamos sin dificultad “El Lomo del Daire” (km. 4, a 1.365 m.), a donde llegaba el grupo, que en aquellos momentos cerraban nuestros compañeros que habían venido de Sevilla: “los ingenieros agrícolas”: Angel y Chari, junto con Magda “La Pimentonera de Aguilas” aún convaleciente de una reciente gripe, escoltados por Juan Antonio “El Elfo de la Malagueta”, magnífico compañero de aventuras, que lleva el espíritu olímpico por bandera.



Desde allí llegamos en poco tiempo a la “Cabecera del Arroyo Zarzadilla”, sin duda el punto clave de esta ruta, que pretendíamos hacer de forma circular, o como bien diría “El Portador del Anillo” en forma de “manzana”, de tal manera que llegados a ese punto, ya sólo nos faltaba “el rabito” hasta el “Collado de la Perdiz” y su prolongación hacia la cumbre del “Lucero”.

Pero una cosa es saber interpretar perfectamente un itinerario en un mapa topográfico y otra muy distinta, acertar de pleno, a la hora de escoger el camino a seguir, cuando llegas a un punto que se presta a confusión, donde la senda desaparece y la trayectoria lógica del itinerario se ve interrumpida por un barranco de escarpadas paredes. Estábamos en el “nacimiento del Arroyo Zarzadilla” (km. 3,7, a 1.400 m.) donde confluyen tres torrenteras:
a) la de la izquierda parecía alejarse del siguiente hito que íbamos buscando “El Collado de la Perdiz”.
b) La del centro era la que los “GPS” que llevábamos, nos indicaban como mas próxima al objetivo, pero al mismo tiempo con las paredes mas escarpadas.
c) La de la derecha, parecía ser mucho mas asequible, con ligeras señales de camino de cabras, así que ante la duda, nos decidimos por esta última opción, cada uno como mejor pudimos, a veces trepando, a veces caminando, superando un metro de altura a cada paso que dábamos, fuimos remontando la fuerte pendiente, hasta colocarnos en el inicio de la senda de “La Cresta de Los Civiles” (1.450 m.) por donde teníamos previsto realizar el regreso. Pero ahora tocaba rectificar la trayectoria para volver a decender hasta la cabecera del “Arroyo Zarzadilla” y desde allí, alcanzar el “Collado de la Perdiz”.
Bajando hacia la cabecera del “Arroyo Zarzadilla” el grupo se fue estirando como un chicle y en un momento dado: “los Senescales de la Bahía”, Reinaldo y Manuela, tomando como referencia el “GPS” y recurriendo a sus intrépidas dotes alpinistas, iinata en los “translíbicos”, decidieron atacar directo por la “cañada del centro” que se dirigía a una escarpada pared, mientras que el resto del grupo, fuimos ganando altura, por la cañada de la izquierda, a través de una inestable torrentera que ¡por fín!, nos llevó a un punto intermedio entre “El Collado de La Perdiz” (km. 5, 1550 m.)y la ladera oeste del “Lucerillo”, justo donde comienza el tramo final de la senda al “Lucero”. Con la satisfacción de haber encontrado el “hito” que íbamos buscando y la euforia contenida de tener la cumbre del “Lucero” ya a la vista, iniciamos el tramo final de la subida al Lucero, siguiendo la preciosa senda que va faldeando la ladera norte del Lucerillo, por imposibles zig-zags, hasta situarnos en el vertiginoso “Coladero de Los Mosquitos” (km. 5,8, a 1630 m.) con inolvidables vistas hacia las imponentes montañas de la cabecera del río Higuerón, destacando “La Cadena” y “El Cisne” (el “K-2” de la Almijara).

Mientras tanto, de forma simultanea, sin que nadie lo pudiera imaginar, Reinaldo y Manuela, estaban trepando las escarpadas paredes de la ladera sur del “Lucerillo”, y cuando ya empezábamos a enfilar la espectacular senda del último tramo del “Lucero”, caminando por encima de un mar de nubes, aparecieron ¡por fín!, Reinaldo y Manuela en la misma cumbre del “Lucerillo” (1.692 m.), teniendo que bajar por su empinada ladera, hasta el tramo de senda que ya habíamos dejado muy atrás, “aterrizando” muy cerca del vertiginoso “Coladero de los Mosquitos”, mientras el resto del grupo, iba llegando lentamente a la cumbre, Patricia “la reportera de Chef Chauen”, Miguel “El Hombre que sabía demasiado”, Ángel “El ingeniero” y yo, nos recreábamos en cada curva de la senda, con el alucinante paisaje que íbamos dejando a nuestra espalda, presidido por La Maroma al oeste, los colosos de Sierra Almiajara al sureste y llegando a la cumbre, la imponente silueta de Sierra Nevada al nordeste haciendo honor a su nombre, por encima del mar de nubes sobre el que ya nos encontrábamos, como inmersos en un sueño surrealista, junto a las ruinas de un remoto “cuartelillo de la guardia civil” ubicado de forma imposible en la mismísima cumbre del Lucero (km. 6,4 a 1.779 m. sobre el nivel del mar), construido a base de acarrear ladrillos de terracota, transportados sobre los lomos de las sufridas mulas, de los contrabandistas, que se veían obligados a sobornar a la autoridad para poder comerciar libremente por el amplio territorio que abarcan las vistas de esta impresionante atalaya que domina gran parte de Sierra Almijara hacia la costa, y hacia la Vega de Alhama. No por casualidad fue escogido en los tiempos de “postguerra” como punto estratégico de vigilancia, para perseguir los últimos reductos republicanos de la zona, motivo por el cual fue construido. En contraste con aquellos tiempos de guerra, alguien ha tenido la peculiar idea de colocar un entrañable “portal de belén” (que no sabemos cuanto durará), en uno de los huecos de los restos de muro que aún siguen en pie, y que tan buen abrigo nos ofrecieron para protegernos del viento, mientras una vez mas nuestro ínclito amigo “Carlitos” nos deleitaba durante el almuerzo con dos nuevas poesías mas otra mas de cosecha propia dedicada a una “mujer morena”. Digno de mención fue el gran acierto de Celia, a la hora de meter en su mochila, turrón del blando que con la amabilidad y la simpatía que le caracteriza ofreció a todo el grupo y que a mí en particular me supo a gloria, casi tan bien como los anacardos con miel del “Elfo de la Malagueta”, que fueron el complemento perfecto para mi “barrita energética”, y es que, una vez mas, “hacendado” volvió a patrocinar nuestro “almuerzo montañero”.

Conforme comenzamos a descender por aquella senda alucinante del Lucero y el Lucerillo, el cielo de la tarde se fue abriendo, ofreciéndonos un paisaje espectacular con luces cambiantes sobre los mármoles fragmentados de las cumbres almijareñas y el brillo de sol reflejado sobre las aguas del Mediterráneo que teníamos al sur pudiendo llegar a ver las montañas de Marruecos con total nitidez. Buscando una bajada suave desde “El Collado de la Perdiz” tal y como nos indicaba la guía que tomamos como referencia, llegamos casi hasta las inmediaciones del “Cerro de la Mota” desde donde no era posible la bajada al “nacimiento del Arroyo Zarpadilla”, con lo cual, vuelta sobre nuestros pasos y retorno al mismo lugar por el que habíamos llegado al “Collado de la Perdiz” donde regresábamos de nuevo.



Aquí cometí un descuido, ya que al volver a encontrarme de frente con las imponentes siluetas del “Lucero” y el “Lucerillo”, por unos momentos perdí la noción del tiempo, quedándome hipnotizado en su contemplación y cuando quise darme cuenta, la cabecera del grupo, se había desviado ligeramente a la izquierda en una “incursión exploratoria” que llevó a cabo Juan Carlos, seguido en todo momento por “Carlitos” que terminó provocando un efecto en cadena y para cuando llegué, el grupo ya estaba decidido a continuar por allí. No obstante, tenía el convencimiento de que bajando recto por la torrentera que tenía ante mí, se llegaba en línea recta al nacimiento del “Arrollo Zarzadilla” bajando finalmente por allí en compañía de Juan Carlos y Paqui, que retrocedieron sobre sus pasos para no dejarme sólo en mi apuesta. Manteniendo los dos grupos el contacto visual, en casi todo momento, llegamos casi al mismo tiempo, al collado que teníamos delante, donde creímos comenzaba la senda de “La Cresta de los Civiles” en la que accidentalmente nos situamos a la ida, pero obviamente, nos habíamos desviado demasiado a la izquierda (dirección este), encontrándonos ante unas crestas con grandes cuchillos rocosos que nos hicieron replantearnos el regreso por el mismo camino. ¡Votación! A) seguir intentando encontrar el comienzo de la cresta por donde teníamos pensado regresar, ó B) regresar por donde habíamos realizado el camino de Ida. Sin embargo, en caso de duda siempre debe prevalecer la prudencia y con las dos horas de sol que quedaban, sin saber el tiempo que nos llevaría encontrar el acceso a “La Cresta de los Civiles” a la que se llega sin senda marcada, hizo que finalmente nos decantáramos por la opción “B” (regresar por el mismo camino).

En el camino de vuelta, empezamos a ser conscientes de la dureza del trazado, ya que, aún siendo, predominantemente cuesta abajo, en el tramo intermedio había una serie de toboganes, que fueron un auténtico rompe-piernas para mas de un@ que nos vimos obligados a hacer “la goma” en la cola del grupo, bien por cansancio, bien por el respeto a los precipicios en los pasos mas comprometidos, ó el caso contrario como “Ivan el Terrible” que loco por llegar lo antes posible a su coche, para poder descansar, saltaba por encima de los troncos caídos y bajaba a toda velocidad por las pendientes mas fuertes. Aún así, todos los miembros de esta jornada, tuvieron gran espíritu de grupo y al igual que en la bajada, se realizaron varias paradas de reagrupamiento, para impedir que los que veníamos mas atrás quedásemos descolgados, en una de esas jornadas exigentes en las que sueles terminar con la boca seca y sin una gota de agua en la cantimplora.

Llegando ya al cortafuegos, por el que habíamos comenzado la ascensión por la mañana, la tarde nos regaló una nueva estampa inolvidable, como fueron aquellos rayos de sol del atardecer, que tiñeron de un naranja sobrenatural, las crestas del “Tajo de la Cueva del Daire” y la de “Los Civiles” por donde teníamos previsto haber realizado la bajada. Sin duda, un buen motivo para intentar una futura ascensión al Lucero, por ese tramo aún por descubrir, tal vez, para la próxima temporada. Casi de noche ya, llegábamos a los coches, caminando bajo las primeras estrellas del firmamento, con la sensación compartida de haber vivido una espectacular jornada de montaña que a buen seguro recordaremos durante mucho tiempo.

Una vez de vuelta en Cómpeta, la mitad del grupo nos quedamos en un bar que “Carlitos” bautizó como el “bar del Loro” donde unos se pidieron un “cola-cao” calentito y otros una cervecita con patatas fritas y pinchitos (dietéticos) a modo de improvisado colofón para esta inolvidable jornada de montaña, que incluyendo los tramos de rectificación, nos llevó a completar esta alucinante ruta de 14 km. (ida y vuelta), con un desnivel acumulado de 1.280 m. de subida, tal y como quedó reflejado en el GPS de Reinaldo.

domingo, febrero 04, 2007

Fuí a ver “En busca de la Felicidad” y me encontré con la película mas lenta, blandita y aburrida que he visto en mucho tiempo.

El caso es que el planteamiento es interesante: una historia de superación basada en hechos reales en la que Smith da vida a un padre de familia inmerso en una situación económica deprimente y que, tras ser abandonado por su esposa y desahuciado de su casa, ve como todo se derrumba llegando incluso a caer en la indigencia. Acompañado en todo momento por su hijo Christopher, al que da vida el propio hijo de Will Smith, que se convierte no sólo en su razón para seguir adelante, sino en su mayor apoyo y respaldo ante la adversidad. Hasta aquí todo muy emotivo y entrañable.

Pero el desarrollo de la película es lentísimo, muy blandito, muy previsible y demasiado americano, recordándonos citas de “Thomas Jeffereson” que a cualquier españolito de a pie o europeo en general, nos suenan al cuento de “Los tres cerditos”. A pesar de estar basada en un hecho real, el desenlace es demasiado utópico y alejado de la realidad, como para que a alguien le pueda servir de inspiración ó motivación. Ni siquiera de entretenimiento, en todo caso para rellenar la programación de películas de “Antena 3” en la sobremesa con el riesgo de quedarte dormido en el sofá.

Posiblemente en versión original, podría apreciar el “por qué” Will Smith está nominado al “Oscar al mejor actor” por esta película tan soporífera y aburrida.

sábado, febrero 03, 2007

Mel Gibson vuelve a sorprender con otra película impresioante que deja al espectador sin aliento desde el primer fotograma hasta el último.

Parece increíble que aquel joven que protagonizó la saga de Mad Max ó Arma Letal, llegara a convertirse en un magnífico director capaz de hacer películas inolvidables como “Braveheart”, “La Pasión de Cristo” o “Apocalypto” .Si la anterior película la rodó en Arameo y fue todo un éxito de taquilla contra todo pronóstico. Ahora ha vuelto a la carga con Apocalypto, rodada con actores nativos en lengua maya.

Ante todo “Apocalypto” es un espectáculo visual donde disfrutamos, sufrimos y padecemos con el protagonista en una selva llena de peligros, violencia y salvajismo que sólo puede valorarse en su justa medida en una sala de cine, no por casualidad está nominada al oscar en la modalidad de “Fotografía” entre otros, aunque injustamente no la hayan nominado para "Mejor película". La película es de un realismo bestial, desde el comienzo, donde vemos un grupo de hombres cazando un tapir y uno de ellos se ve obligado a comerse sus testículos ante el cachondeo de sus paisanos.
El argumento de ‘Apocalypto’ es tan sencillo, que se puede resumir en apenas un par de líneas. En los tiempos finales del reino Maya, la paz de una pequeña tribu se rompe, cuando feroces guerreros entran en la aldea arrasándola por completo y capturando a un montón de hombres a los que ofrecerán como sacrificio a los dioses. Ese es el punto de partida con el que Gibson se ahorra un montón de cosas, yendo directamente al grano de lo que quiere contar: un relato épico de aventuras en el sentido más tradicional del término, sin ocultar un clarísimo mensaje sobre la unión familiar. Por lo tanto la película no es ningún documental, ni tampoco tiene una complejidad argumental con la que devanarse los sesos.
El que se crea que va a encontrarse con una película sobre la “Civilización Maya”, mejor que se quede en su casa viendo “Discovery Channel” o que se compre el “NationalGeographic Historia” que también son muy interesantes. Esta película es la historia del tremendo drama que sufren los aldeanos de una tribu y la lucha por intentar huir de su cruel destino. Los mayas fueron hábiles con las ciencias y las letras, y tenían su propio sistema de escritura, hace mas de tres mil años, sin embargo, lo único que se ve de ellos en la película son algunas escenas que vemos en una ciudad dominada por el fanatismo de un pueblo totalmente entregado a la invocación a los Dioses, a los que se les ofrecen víctimas humanas, sacándoseles el corazón y decapitándolos ante el delirio de la multitud.

La historia que se cuenta requiere escenas no exentas de salvajismo y crueldad (justificada), con un realismo total muy pocas veces conseguido, con situaciones que ponen los pelos de punta, y algo que importantísimo que es lo que mas me gusta de Mel Gibson: el equilibrio entre la brutalidad y la ternura, que hacen de Apocalypto un peliculón, una apuesta extremadamente arriesgada, cine en estado puro y sin una gota de sangre mas que la necesaria, que consigue un resultado extraordinario.

Apocalypto es una película emocionante, tierna, desgarradora, sobrecogedora y majestuosa. A Mel Gibson no le hace falta gastarse el presupuesto en efectos especiales y los que hay son brillantes, porque escenas como la inicial secuencia de caza, la de la propia ceremonia ritual –y la ejecución posterior- la de la cascada ó la de la pantera negra son absolutamente memorables, al igual que la recreación de la vida en la ciudad, con esas impresionantes edificaciones.


Si hay que ponerle algún pero puede ser la oportunidad perdida de haber incorporado algunos elementos de la cultura maya, que según dicen fue realmente seductora y apasionante y en la película pasa muy de puntillas por encima, tan sólo se nos muestra como una Civilización fanática totalmente entregada al morbo y la excitación de los sacrificios humanos.

viernes, febrero 02, 2007

La Cena Secreta:
Un viaje en el tiempo, que nos traslada a los días en que el maestro Da Vinci pintó su famoso cuadro de "La última cena", donde se nos muestran muchos de los secretos de esta singular obra maestra.

En los últimos años las librerías saturan sus estanterías de últimas novedades con "literatura templaria, escándalos relacionados con la iglesia católico o la desmitificación de Jesús, el mito de Mª Magdalena"… fruto de algunos autores advenedizos, que intentan aprovechar este filón, para incrementar de forma notable su cuenta bancaria. La mayoría de estos productos son refritos de otros libros, que a su vez ya eran refritos. Es difícil descubrir hoy día alguna obra sobre temas templarios ó escándalos sobre la iglesia católica y demás derivados, que realmente aporte algo nuevo o que añada un nuevo punto de vista

Después del super tostón del “Secreto egipcio de Napoleón”, me arriesgué a leer otro libro de Javier Sierra y esta vez por lo menos no me ha quedado esa amarga sensación de haber perdido mi tiempo en la lectura, de lo que me parece cuánto menos un libro interesante y aparentemente bien documentado, si bien Javier Sierra, vuelve a demostrarnos una vez mas que es un fanático de la egiptología, que al final siempre te la termina metiendo por algún sitio, hasta el punto de que al final del capítulo 39, nos habla del paralelismo de Jesús con Osiris y de Isis con María Magdalena, y como no, su hobbie favorito la parapsicología en general, hasta el punto de que intenta demostrar el paralelismo de los apóstoles en el famoso cuadro de “la última cena” (“La Cena Secreta”) con los 12 signos del zodiaco, de manera que por ejemplo: Judas Iscariote es Escorpio y Jesús es el Sol. ¡En fín! Que en mas de una casión hay que decir aquello de “¡Venga, vale, aceptamos pulpo como animal de compañía!” y seguimos leyendo como si tal cosa.



Respecto al argumento de “La Cena Secreta”, cabe destacar que está ambientada en la región de la Lombardía. Enero de 1497.Fray Agustín Leyre, inquisidor dominico experto en la interpretación de mensajes cifrados (inspirado en el papel que intrepetaba “Sean Connery” en EL NOMBRE DE LA ROSA), es enviado a toda prisa a Milán para supervisar los trazos finales que el maestro Leonardo da Vinci está dando a La Última Cena. La culpa la tiene una serie de cartas anónimas recibidas en la corte papal de Alejandro VI, en las que se denuncia que Da Vinci no sólo ha pintado a los Doce sin su preceptivo halo de santidad, sino que el propio artista se ha retratado en la sagrada escena, dando la espalda a Jesucristo. El planteamiento del libro es muy interesante, pero a diferencia del “CODIGO Da VINCI”, repleto de giros inesperados que impulsan constantemente el ritmo narrativo y la curiosidad del lector por ver lo que pasa en el capítulo siguiente, “La Cena Secreta” se me ha ido desinflando conforme iba avanzando en cada capítulo de su interesante comienzo y desarrollo, a mitad del libro se me fue haciendo paulatinamente mas aburridillo y lento. Además, creo que Javier Sierra, a pesar de deleitarnos con algunos detalles muy curiosos del famoso cuadro en torno al cual gira toda la trama, ha desaprovechado una oportunidad magnífica para mostrarnos mil y una anécdotas curiosas en la vida cotidiana de este interesante personaje que fue “Leonardo Da Vinci”, según dicen uno de los grandes genios de la historia.


Pero volviendo al tema de la trama, el remitente de esas cartas misteriosas, al que en la Secretaría de Claves de los Estados Pontificios conocen como “el Agorero”, conoce a la perfección lo que está ocurriendo en el convento de Santa Maria delle Grazie y, desesperado por la pasividad de Roma, nuestro protagonista, el padre Leyre, decide tomarse la justicia por su mano y acabar con los cómplices herejes que sostienen la labor de Leonardo, descubriéndose al final que todo era un complot contra Leonardo, si bien es cierto, que el genio estaba totalmente influenciado por “Los Cátaros”, considerados por la Iglesia Católica como unos blasfemos a los que había que perseguir a toda costa.


Dato curioso:
Durante su trabajo de campo entre: Vinci, Milán, Florencia y Roma, Javier Sierra se tropezó con un hecho histórico bastante ignorado, y es que la región italiana de la Lombardía acogió entre los siglos XIII y XV a los últimos supervivientes de la herejía cátara. La Milán que vio Leonardo da Vinci, dejó vivir en paz a los cátaros represaliados del Languedoc francés que vieron con horror la caída de sus correligionarios en Montsegur en 1244. Aquellos hombres se hacían llamar “los puros”, y se creían seguidores de la verdadera tradición apostólica instaurada por Jesús de Nazaret. Consideraban que San Pedro traicionó por cuarta vez al Maestro al fundar una “iglesia material”, y veneraban a Juan como el patrón de su “iglesia espiritual".