sábado, septiembre 25, 2010

Montejaque-Peñón del Mures-cueva del Hundidero-Montejaque

Montejaque se encuentra situado en el perímetro occidental de la provincia de Málaga a 690 msnm, cuenta con una superficie dee 43 km2, ubicado en el sector de la Serranía de Ronda, hayándose dentro del parque natural Sierra de Grazalema, cuyo límite oriental lo marca el río Guadiaro. Cuenta con unos 1.030 habitantes, cuyo gentilicio es montejaqueño.El nombre de Montejaque proviene de la combinación de dos nombres uno de origen castellano y otro de orígen árabe: Monte-Xaquez significa "montaña perdida". Probablemente lo de montaña perdida se deba al llamativo cerro Tavizna o al Hacho que de alguna manera destacan sobre el paisaje montañoso que lo rodea. Como tantas otras poblaciones de la Serranía es una localidad de origen árabe como lo demuestran sus intrincadas callejuelas

Hubo durante esta época una alcazaba medieval que daba una visión de gran parte de la Serranía, algunos la sitúan sobre el Hacho y otros sobre el peñón del Mures. Durante la ocupación árabe Montejaque gozó de una notable importancia. Esta construcción desapareció completamente, quedando sólo su nombre en la Finca El Castillo. Otro de los lugares históricos de este municipio es el lugar conocido como "El Puente", donde aún podemos ver los restos de un puente romano sobre el río Campobuche. Tras la reconquista a manos de los Reyes Católicos el pueblo fue entregado al Conde de Benavente al cual nombraron Señor de Montejaque y Benaoján dejando de pertenecer a los arrabales de Ronda. Más tarde durante el levantamiento del pueblo morisco de la zona en el S.XVI, se produjeron varios atentados contra el alcalde morisco Mohamad Hidriz, por simpatizar con las tropas cristianas. Por su valor y tesón se le concedieron tierras y una pensión de por vida.

Montejaque también guarda la historia de una épica batalla que tuvo lugar durante la Guerra de la Independencia contra los franceses, como fue el enfrentamiento que sostuvo el guerrillero José Aguilarcontra las tropas napoleónicas en el puente del río Gaduares o Campobuche el 20 de octubre de 1810; en esta contienda participaron hombres de Montejaque Benaoján, Atajate, Cortes de la Frontera y Jimera de Líbar, sólo eran 250 personas en contra de casi 700 soldados franceses, a pesar de la inferioridad numérica salieron victoriosos. Como monumento destacado hay que mencionar la iglesia de Santiago el mayor, construida a principios del S. XVI y reformada durante el S. XVIII. Su principal estilo es gótico tardío, del que se conserva la bóveda de terceletes, que cubre el prebiterio.

1ª parte: Montejaque-Ermita de la Escarigüuela-peñón del Mures-cueva Hundidero-Montejaque por el embalse del Hundidero.

Punto de encuentro: 10.30 explanada cementerio de Montejaque.

Cómo llegar: Si venimos desde Málaga, normalmente lo haremos a través de la carretera que une Ronda-Sevilla (A-374), poco después de salir de Ronda dirección Sevilla, nos desviamos a la izquierda para tomat la MA-7401, Ronda-Benaoján-Cortes, tomando posteriormente el desvío a Benaoján, junto a la cual pasaremos para llegar inmediatamente después a Montejaque por la MA-8402. Justo antes de entrar en Montejaque tras una última curva de izquierda a la derecha sale una pista por donde se accede al cementerio nuevo (680 msnm), que coincide con el inicio de ruta, ya que aquí parte el sendero que nos lleva a la ermita de la Escarigüela (hito nº1 de nuestro itinerario).

Si venimos desde Sevilla o Cádiz, unos 15 km antes de llegar a Ronda por la A-374, nos desviaremos a la derecha por la derecha MA-8403, que pasa por delante del hotel rural Cortijo Las Piletas, y unos kms mas allá entre el peñón del Mures y el imponente cerro Tavizna, llegando finalmente a Montejaque.

Distancia aprox. 10 km.

Desnivel aprox. 210 m

Punto de partida: cementerio de Montejaque, 680 m

Punto mas elevado: peñón del Mures 870 m

Tiempo aprox. Entre 4 y 5 horas y media, dependiendo de la progresión del grupo en la zona de cumbre del peñón del Mures que es un canchal muy desarrollado y el descenso hasta la zona de carretera para enlazar con el sendero que nos lleva en vertiginosa bajada a la entrada de la cueva del Hundidero y el tiempo que permanezcamos en su entrada.

Nivel dificultad: media/alta por lo accidentado del lapiaz del peñón del Mures y empinadas escaleras de descenso y ascenso de la cueva del Hundidero.

Tipo suelo: camino empedrado, canchal, tramo corto de carretera, pista terriza y escaleras excavadas en roca.

Tipo de recorrido: Circular.

Mapa: Benaoján (1.050 IV)

Recomendación: Llevar un mínimo de dos litros de agua por persona, botas de trecking, pantalón largo para evitar arañazos en la zona de campo través. Gorra, gafas de sol y protección solar. Dinero de bolsillo por si al final de la ruta nos paramos en algún bar de Montejaque antes de llegar a los coches. No obstante, que cada uno lleve en su mochila la comida y bebida habitual por si acaso se come a mitad de ruta. Llevar frontales o linternas si se quiere explorar la entrada de la cueva del Hundidero, si bien la luz exterior nos permite adentrarnos mas allá de los primeros 100 m desde la entrada sin necesidad de linternas.

Alicientes principales: La grandiosidad de la entrada de la cueva del Hundidero y su espectacular entorno ya compensan sobradamente el desplazamiento hasta este extremo de la provincia de Málaga a tiro de piedra de la provincia de Cádiz y que de hecho forma parte del parque natural de Grazalema.

Si tuviera que hacer una recopilación entre los diez pueblos enclavados en un entorno montañero mas espectacular de la mitad sur peninsular, Montejaque, sin duda alguna estaría en mi “Top 10”. Al omnipresente hacho de Montejaque (1.065 m) tras el que se oculta el sol cada día por el oeste, se le une la inexpugnable pirámide del cerro Tavizna (899 m) al norte, por el noroeste asoma el peñón del Mures (865 m), por el este el cerro Algarrobo (810 m) nos oculta las vistas hacia el valle del Guadiaro y hacia el sur comienza a extenderse la sierra de Juan Diego, popularmente conocida como sierra de Líbar con el pico Ventana (1.298 m), como el primero de los montes mas emblemáticos que se elevan en esta interesantísima sierra de agrestes canchales, cuna de la Translíbica.

Fecha de realización: sábado 25 de septiembre, cielos despejados con intervalos nubosos que aportaron sombra en las horas centrales del día, acompañados de una agradable brisa, sin a penas superar los 25ºC, a pesar de que para este día habían pronosticado hasta 30ºC.

Partcipantes: 27 amigos de la montaña, la mayoría Pasos Largos y un grupete de aspirantes a conseguirlo entre los que estuvieron presentes Herminia Carballo “a Meiga das Rías Baixas”, que llegó andando desde Ronda. En vehículo a motor llegaron: Salvadora Rivas, Salvador Aguilar, Agustín Flores, Rafa Márquez “El Aristóteles de la Senda”, acompañado de su hijo Adrian y Carlos Tapia “El Retratista de atardeceres y amaneceres”, todos ellos desde Ronda. Desde distintos puntos de la provincia de Cádiz: Reinaldo y Manuela “Los Senescales de la Bahía”, Miguel Becerra “El Maestro Jedi” Y Bernardo Rubiales “El Curtidor de Ubrique”. Desde Sevilla: Rafa Sancho “El Capitán de Fragata”, Cristina López “La Princesa de Itálica”y Álvaro Millán. Desde distintos puntos de la Costa del Sol: Paco Jaime “El Sabio de Hortaleza” y su esposa Rosa , Juan Antonio “El Elfo de la Malagueta”, Vicky “La Botánica”, Migue “El Hombre que sabía demasiado”, Patri “la Chica que miraba a las estrellas”, Ruslan “El Espartano”, “La Rosa del río Manilva”, Rusi “El Intrépido”, Silvia “La Pitonisa del Convento”, Eduardo “El Profeta del tajo Gómer “, Ilse “La gacela de la Selva Negra” (tres veces maratoniana olímpica con Alemania en Montreal 76, Moscú 80 y Los Ángeles 84) y Juan Ignacio Amador “El Comandante” que suscribe esta breve crónica.

Breve descripción de la ruta:

Tomando como punto de inicio y retorno el cementerio nuevo de Montejaque iniciamos la ascensión por el serpenteante camino empedraro que nos lleva hasta la ermita de la Escarigüelas, se trata de una corta pero intensa subida desde la que vamos disfrutando con privilegiadas vistas de Montejaque y su entorno con el Hacho y el extremo norte de la sierra de Líbar como telón de fondo hacia el oeste y suroeste y hacia el sur una vista parcial de Benaoján encajonada entre las montañas que la rodean. Cuando estábamos a punto de llegar a la ermita veíamos como llegaban al aparcamiento en un desesperado final de rally: Ruslan “El Espartano”, “La Rosa del río Manilva” y Rusi “El Intrépido” que habían sido inducidos a error por culpa del GPS del coche. Iniciando una contra reloj desesperada por contactar con el grupo. Nuestra última visión antes de llegar al puerto fue un cortejo fúnebre que procesionaba hacia el cementerio, mientras el pueblo en fiestas descansaba a esas horas para recuperarse de la juerga de la noche anterior y prepararse para la siguiente.

Tras una breve parada en la ermita y superado ya el puertecillo, el camino llanea dirección este, hacia Ronda con la cumbre del cerro Algarrobo (809 m) a nuestra derecha, por aquí ha pasado en alguna ocasión la mítica prueba de los 101 km de la Legión de continuar por este camino que se dirige hacia Ronda, iniciamos poco después un descensoque nos lleva hasta el río Guadiaro, pasando junto a fincas ganaderas y de cultivos, en la zona denominada Huerta Nueva. Pero nosotros abandonamos el camino principal unos 100 m después de la ermita, tomando el camino que sale a nuestra izquierda, es decir dirección norte, muy próximo a un almendro solitario. Hay que tener cuidado, porque está tan abandonado que casi ha quedado mimetizado por el mismo color de la tierra y las piedras que lo rodean y al durante los primeros metros es casi paralelo al camino por el que venimos pero si prestamos atención hace una especie de pasillo entre pitas, acebuches y aladiernos, unos 500 m mas allá el camino de bifurca formando una “Y”, tomando nosotros el camino de la izquierda, que discurre por una pequeña vaguada plagada de grandes retamas que debemos ir esquivando pues han ido colonizando por doquier este camino abandonado. Las ascensión durante un corto tramo es algo pronunciada, pero antes de darnos cuenta llegamos a una frágil angarilla. ¡Ya sabeis: el último cierra y apaga la luz!. A partir de aquí maas que camino ya es sendero marcado principalmente por cagarrutas y pisadas de cabras, que tras rebasar la angarilla, nos señalan un leve giro a nuestra derecha, manteniéndonos en dirección norte, mientras subimos perpendicularmente entre grandes retamas hasta que llegamos a la antigua era de trilla. Donde hicimos la 2ª parada técnica, siendo este el lugar donde enlazaban con el grupo los compañeros que habían llegado unos minutos tarde al punto de encuentro, mientras repasábamos la toponimia del entorno y el gran Aristóteles de la Senda, en una especie de reproducción a los CSI-Serranía de Ronda nos desgranaba como tuvo que funcionar en su día la era que teníamos delante y cual era su función.

Continuando la senda de cabras hacia el noreste sin perder altura, teníamos previsto bordear el cerro que teníamos delante quedando a nuestra derecha, pero el grupo iba tan fresco que al final acabamos subiéndolo con Ilse “La Gacela de la Selva Negra”, Miguel “El Maestro Jedi” y Bernardo ”El Curtidor de Ubrique” muy activos en la cabeza del pelotón, que aunque estirado por la estrechez del sendero se mantuvo muy compacto sin cortes ni abanicos. Tras este primer cerro, iniciamos el descenso hacia el collado que lo unía al cerro siguiente ya por zona de canchal, comenzando a caminar junto a grandes rocas. Con tanta piedra, casi ni me doy cuenta que ya estábamos caminando en paralelo al penúltimo hito previo a la cumbre, es decir los restos de un muro de piedra que al principio llevábamos en nuestro costado derecho y tras revasarlo en un determinado punto lo llevábamos al costado izquierdo. Poco después volviamos a hacer un nuevo alto en el camino, para recrearnos con las vistas del cerro Tavizna muy cercano a nuestra izquierda, dirección oeste, y el perfil del Hacho al suroeste. Desde aquí giramos a la derecha para acceder a un collado al que llegamos tras superar una pequeña alambrada. Desde ese punto teníamos frente a nosotros un descenso hacia un llano, desde el cual se podía afrontar sin complicación la ascensión al altiplano que estaba al otro lado y que los compañeros de Ronda estaban en la creencia de que se trataba del peñón del Mures, al menos así lo conocen la gente de Ronda, cuyo perfil plano y abruptos tajos de su cara este son fácilmente reconocibles desde la Ciudad Soñada y la carretera Ronda-Jerez-Sevilla (A-374). Sin embargo, tenía perfectamente grabado en mi memoria la descripción de esta ruta que había tomado de uno de mis libros de cabecera “Por Los Montes de Málaga” (Edit. PRIMTEL) y el perfil actitudinal, era siempre ascendente, o llaneaba en alguna ocasión, pero jamás descendía antes de alcanzar la cumbre. Por lo que tras un rápido vistazo al GPS pudimos comprobar que el vértice geodésico del Mures (870 m), se encontraba a tiro de piedra a nuestra derecha, por encima del caos de rocas y afilados canchales por donde cada uno tuvo que caminar e incluso trepar como mejor pudo hasta volvernos a reunir alrededor del vértice geodésico, donde se hizo la primera parada oficial de comida de la jornada. A pesar de no contar con una altura muy significativa, disfrutamos de una bonita panorámica del entorno de Montejaque, con la Sierra de Líbar, al sur, Ronda con su tajo, Sierra Hidalga, Oreganal y Sierra de las Nieves al este y al oeste, la impresionante pirámide del cerro Tavizna muy próxima a nosotros y mucho mas lejana la sierra del Pinar pudiendo distinguir las siluetas del San Cristobal y Torreón y algo mas a la izquierda la sierra del Endrinal con el Reloj y el Simancón. Según el libro azul de "por los Montes de Málaga" (Edit. PRIMTEL), que hasta ahora núnca nos había fallado estábamos en el peñón del Mures, pero si nuestros compañeros de Ronda afirmaban que el peñón que teníamos enfrente era el peñón del Mures, ¿cómo se llamaba la cumbre con vértice geodésico dónde estábamos nosotros?. Dos días mas tarde Juan Antonio Mena y Reinaldo, nos sacarían de dudas, mapa en mano. El lugar al que subimos se llamaba simplemente Mures y el que comentaban nuestros compañeros de Ronda efectivamente era el peñón del Mures, teóricamente de acceso restringido a los propietarios que lo tienen vallado (vallas de piedra y alambradas, en todo caso para subir en petite comité y con colores de camuflaje).

Una vez que abandonemos la cumbre, tal y como teníamos previsto, desandamos nuestros pasos dirección norte hasta un cercano collado desde donde se podía iniciar el descenso hacia la carretera MA-8403, que queda a tan sólo unos 500 m al oeste, a través de un antiguo sendero. Aunque con el inconveniente de caminar un pequeño trecho junto a la carretera. Sin embargo, Rafa Márquez “El Aristóteles de la Senda” y Salvador Aguilar “El Caballero Lancelot” propusieron descender al llano que se encontraba a los pies del Falso Mures, donde ya nos esperaba Paco Jaime “El Sabio de Ortaleza” y su mujer Rosa, que con buen criterio de prudencia, renunció a coronar el Mures, dado los agrestes canchales por donde había que subir y bajar. Y hacia el llano iniciamos el descenso, sin embargo, en estos terrenos tan agrestes es por donde el grupo se dispersa mas en un sálvese quien pueda, de manera que Rafa Sancho “El Capitán de Fragata”, se desvío hacia la izquierda, oeste, curiosamente sobre la misma descripción que venía en el libro azul de “Por Los Montes de Málaga” (Edit. PRIMTEL), siguiendo su estela: Silvia “La Pitonisa del Convento” que con sus dotes adivinatorias intuyó el camino, Ruslan “El Espartano” y Rusi “El Intrépido”, con quienes en cualquier caso nos reagrupamos poco después de llegar al llano, Mas de uno teníamos pensado subir al peñón del Mures, que desde allí teníamos a tiro de piedra, pero entre las vallas disuasorias, el temor a demorar este novedoso recorrido que estábamos planteando por primera vez y las prisas de Carlos Tapia “El Retratista de atardeceres y amaneceres” por irse para Ronda que finalmente arrastró a: Salvador Aguilar “El Caballero Lancelot”,Herminia Carballo “a Meiga das Rías Baixas”, Márquez “El Aristóteles de la Senda” y su hijo Adrián. Nos despedimos de estos cinco compañero, quedándose ahora el grupo con ventidos.

Lo mejor de haber descendido del Mures hacia el llano que se encuentra al norte es que nada mas tocar la carretera, solo tuvimos que cruzarla y por un ramal secundario llegamos en un instante al camino principal que pasa junto a las ruinas del cortijo del Hundidero que queda a nuestra izquierda e inmediatamente después nos deja junto a un pequeño cerrito colonizado por un peculiar bosquete de pinos, a cuyos pies tenemos un espectacular mirador sobre el cerro Tavizna y justo delante de nosotros la vertiginosa presa del Hundidero, construida en la garganta de los Caballeros. En este punto nos encontramos con dos paneles: uno dedicado al sistema Hundidero-Gato, un segundo de las aves mas comunes de la Serranía de Ronda y un tercer panel que nos habla de la fallida presa del Hundidero, donde se nos habla de su fecha de construcción sobre los años 40 por una empresa Suiza y sus posteriores problemas de filtración que han provocado varios accidentes mortales de bañistas imprudentes que figuran en la leyenda negra de este peculiar embalse, de ahí que inclusos en años de abundantes lluvias como este, el aspecto del embalse esté seco salvo en días de lluvias abundantes y en días inmediatamente posteriores. En este mirador comienza el empinado sendero escalonado que nos llevaría directamente hasta la entrada de la cueva del Hundidero, las personas con vértigo lo pueden pasar mal, pero actualmente se encuentra en un estado magnífico de mantenimiento con tramos de cuerda en casi todo el recorrido. Para mi sorpresa la mayoría de mis compañeros de ruta no habían estado nunca allí y fue para mí un privilegio disfrutar con ellos de esta auténtica maravilla de la Naturaleza, cuya altura de mas de 80 m nos hizo sentirnos como hormigas, bajo aquellas bóvedas gigantescas, casi catedralicias podríamos decir. Algunos compañeros como el Maestro Jedi, llegaron incluso hasta la primera poza, después de recrearnos un buen rato ante esta impresionante obra de la Naturaleza, abandonamos el lugar casi con pereza. En la zona del pozo que existe frente a su entrada se pueden encontrar algunos endemismos botánicos del parque, propios de zonas umbrías donde nunca llega el sol, que nos recordarán a otras plantas vistas en el fondo de la Garganta Verde. Sobre nuestros pasos volvimos a subir los mas de 300 escalones del sendero, pero he de decir que los tajos y paredones del entorno son tan espectaculares, que el posible cansancio se transforma en euforia, ante la grandiosidad paisajística que nos envuelve por todas partes.

Al llegar al inicio del sendero ya en la parte alta, hicimos una incursión en el vertiginoso caminito que nos llevó hasta el final de la presa del Hundidero, con algunos tramos de vértigo dignos del Caminito del Rey. Pero eso sí, con la tranquilidad de comprobar que el camino estaba en buen estado al igual que el muro de la presa y su acceso. No obstante, es totalmente desaconsejable para cualquier persona con problemas de vértigo y descartable si se va con niños, porque una caída o tropezón por aquí puede ser el último casi con toda seguridad. Tras la breve sesión de fotos al filo de lo imposible nos reagrupamos en el mencionado bosquete de pinos, donde disfrutamos del almuerzo montañero. Momento que aprovechó Patri “La Chica que miraba a las Estrellas”, para sorprender a su chico Migue “El Hombre que sabía demasiado” y a casi todos los presentes para hacerle entrega de un riquísimo bizcocho de chocolate, entonando en coro el cumpleaños feliz y a continuación invitando a la parroquia al correspondiente trocito a modo de postre.

Finalizado el almuerzo rodeamos el cerrito del bosquete de pinos, hasta situarnos en su cara suroeste desde por donde desciende un camino cortado por una dócil angarilla que se pasa sin problemas, para continuar descendiendo entre un mar de retama que nos sitúa en el nivel del embalse completamente seco. Aquí tenemos la opción de faldear su orilla tal y como había hecho en una anterior ocasión. Pero por probar algo nuevo, atraído por las huellas de un 4x4 que había recorrido el embalse de una punta a otra, nos adentramos en el mismo siguiendo sus huellas. Caminar por el fondo del embalse, nos transmitía la sensación de estar andando sobre un falso suelo que fuera a abrirse bajo nuestros pies de un momento a otro, incrementado por la visión de los terruños granulados y cuarteados, sobre los que crece un mar de pequeños cardos borriqueros que íbamos esquivando, a los pies del imponente cerro Tavizna a nuestra izquierda, poco después abandonamos el embalse saliendo por su cola encajonada entre escalonadas graderías de hormigón, que nada mas dejar atrás nos desviamos a nuestra izquierda, dirección sur, para salir a unas zonas valladas que superamos sin problemas hasta llegar a un camino asfaltado que pasa a los pies del Hacho, que durante un tramo queda muy próximo a nosotros a nuestra derecha, para poco después girar a la izquierda, dirección este, llegando directamente al punto de encuentro en el cementerio de Montejaque con bonitas vistas del camino de la ermita por donde empezaba la ruta frente a nosotros y el Hacho a nuestra espalda.

De la Estación de Benaoján a la cueva del Gato

Benaoján, cuenta con una superficie de 32 km2. Se encuentra situado a a 524 masnm, sobre un escenario muy accidentado en este caso casi encajonado entre las sierras de Líbar y Montalatecon salida hacia el río Guadiaro, cerca del cual se encuentra el famoso Molino del Santo y su estación de tren. Y tan solo dista unos 3 km al sur de Montejaque. Se trata de un pueblo de montaña muy bonito, pero constantemente amenazado por la ley de la gravedad, ya que cada cierto tiempo el menor movimiento sísmico relativamente frecuente en la zona, o días de fuertes lluvias y tormentas prolongadas hacen que alguna de las grandes piedras que forman parte de los tajos que dominan el pueblo en su parte alta, rueden ladera abajo y aplasten una casa entera como paso hace pocas décadas o por azar ruede hasta el cementerio llevándose 17 niños por delante que quedaron desenterrados de una sola tacada hace tan solo unas semanas con el correspondiente drama para las familias. ¡Claro que puestos a escoger mejor muertos que vivos!, como ya ha ocurrido en anteriores ocasiones. No son pocas las historias que circulan por Benaoján referentes a este aleatorio fenómeno.

Por otro lado destacan sus encinares y pastos, cultivos de secano mediterráneo y ganadería lanar. Al igual que Montejaque gran parte de su gastronomía se basa en las chacinas y otros productos derivados del cerdo así como los frutos secos, principalmente almendras. A su almacenamiento y elaboración se dedican la mayor parte de sus pequeñas naves industriales. Actualmente cuenta con unos 1.610 habitantes cuyo gentilicio es el de benaojanos. Tiene el privilegio de albergar en su t.m. la cueva de La Piletacon importantes pinturas rupestres del Paleolítico superior. Digno de mención es el sistema Hundidero-Gato, todo un hito a nivel internacional para los amantes de la espeleología y de la naturaleza en general.

2ª parte. De la estación de Benaoján-Montejaque hasta la cueva del Gato

Distancia aprox. 2,3 km (sólo ida)

Desnivel aprox. 30 m (prácticamente llana)

Punto de partida: Estación de tren Benaoján-Montejaque

Tiempo aprox. Unos 40 minutos (ida) sin contar paradas.

Nivel dificultad: Muy bajo, ideal para iniciarse en el senderismo. No obstante, es recomendable llevar botas de trecking o como mínimo calzado deportivo, porque el camino es pedregoso y el acceso de entrada a la cueva del gato bastante rocoso.

Tipo suelo: Pista terriza, sendero terrizo y camino empedrado en algunos tramos.

Tipo de recorrido: Lineal.

Mapa: Benaoján (1.050 IV)

Fecha de realización: sábado 25 de septiembre

Partcipantes: Juan Antonio “El Elfo de la Malagueta”, Vicky “La Botánica”, Migue “El Hombre que sabía demasiado”, Patri “la Chica que miraba a las estrellas”, Silvia “La Pitonisa del Convento”, Eduardo “El Profeta del tajo Gómer “y Juan Ignacio Amador “El Comandante” que suscribe esta breve crónica.

Breve descripción de la ruta: Aunque el teórico inicio de esta ruta se encuentra en la estación de tren Benaoján-Montejaque, merece la pena acercarse al cercano nacimiento de los Cascajales, que se encuentra situado junto al Hotel Molino del Santo. A continuación cruzamos la vía, parte de la barriada de la estación y atravesamos el puente sobrte el río Guadiaro. Encontrándonos con varias balizas de PR.que nos recuerdan que debemos girar a la izquierda, por un sendero de muy fácil recorrido prácticamente llano de poco mas de 2,3 km en paralelo al río Guadiaro. ¡Que por cierto!, sigue pidiendo a gritos un S.O.S. para que el ayuntamiento de Benaoján y otras poblaciones del valle del Guadiaro controlen sus vertidos. Estimados alcaldes del valle del Guadiaro: os felicito por el buen mantenimiento de vuestros P.R. en general, por tener el privilegio de contar con un entorno privilegiado, pero que pena tan grande de tener que contemplar estos paisajes con la nariz tapada, para no oler la mierda que estáis permitiendo que arrastre el río.

Afortunadamente una vez que dejamos atrás una pequeña presa por la que pasamos en la primera parte de la ruta, el olor desaparece y nos encontramos con un chalet presido por una especie de torre del homenaje que nos regala una de las postales del camino, el detalle de la cancha de baloncesto que alberga el mismo chalet nos hace intuir que a la casita no le debe faltar de nada. Pues el entorno paisajístico en el que se encuentra hace que nos parezca la casa ideal para invitar a los amigos a pasar el fin de semana. Un poco más adelante nos encontramos con El Molino de las Cuatro Paradas, convertido en un pequeño hotel rural, con terraza restaurante a orillas del río. Y continuamos el paseo hasta llegar al otro hotel que ya se encuentra a la altura de la cueva, por cierto, por encima del mismo, se está construyendo otro edificio aún mayor. Una vez aquí ya sólo nos quedó atravesar el puente de madera que tras las crecidas de este último invierno, se ha roto, llegando a tocar el nivel del suelo y estando de mírame y no me toques, amenazando con romperse definitivamente con la próxima crecidas. De hecho estoy seguro que la próxima vez que vayamos cualquiera de los compañeros que coincidimos en esta ruta, ya habrá un puente nuevo. Lo cual me recuerda a que ya puestos podrían recolocar el otro puente de madera que también se vino abajo años atrás que era el que atravesaba el Guadiaro por el camino Viejo de Ronda que comunicaba con Montejaque por el camino de la ermita.

Una vez atravesado el río Guadiaro, pasamos bajo el puente de hormigón con forma de arco de medio punto sobre el que pasa la vía del tren y que nos deja frente a la majestuosa entrada de la Cueva del Gato por donde salen las cristalinas aguas del río Gaduares ó Campobuche formando una idílica poza de aguas cristalinas frente a la entrada de la misma, cascada incluida. El acceso a la cueva está totalmente prohibido como nos recuerda un cartel y por si a alguien se le ocurriera, su entrada está totalmente inundada de agua con rocas tan afiladas como resbaladizas que deberían disuadir a cualquier persona en su sano juicio.

jueves, septiembre 23, 2010

Pasajes de la Historia: Batalla de las Navas de Tolosa

Ya ni siquiera se estudia en los colegios, creo. Moros y cristianos degollándose, nada menos. Carnicería sangrienta. Ese medioevo fascista, etcétera. Pero es posible que, gracias a aquello, mi hija no lleve hoy velo cuando sale a la calle. Ocurrió hace casi ocho siglos justos, cuando tres reyes españoles dieron, hombro con hombro, una carga de caballería que cambió la historia de Europa. El 16 de julio se cumplió el 798 aniversario de aquel lunes del año 1212 en que el ejército almohade del Miramamolín Al Nasir, un ultrarradical islámico que había jurado plantar la media luna en Roma, fue destrozado por los cristianos cerca de Despeñaperros. Tras proclamar la yihad –seguro que el término les suena– contra los infieles, Al Nasir había cruzado con su ejército el estrecho de Gibraltar, resuelto a reconquistar para el Islam la España cristiana e invadir una Europa –también esto les suena, imagino– debilitada e indecisa.

Los paró un rey castellano, Alfonso VIII. Consciente de que en España al enemigo pocas veces lo tienes enfrente, hizo que el papa de Roma proclamase aquello cruzada contra los sarracenos, para evitar que, mientras guerreaba contra el moro, los reyes de Navarra y de León, adversarios suyos, le jugaran la del chino, atacándolo por la espalda. Resumiendo mucho la cosa, diremos que
Alfonso de Castilla consiguió reunir en el campo de batalla a unos 27.000 hombres, entre los que se contaban algunos voluntarios extranjeros, sobre todo franceses, y los duros monjes soldados de las órdenes militares españolas. Núcleo principal eran las milicias concejiles castellanas –tropas populares, para entendernos– y 8.500 catalanes y aragoneses traídos por el rey Pedro II de Aragón; que, como gentil caballero que era, acudió a socorrer a su vecino y colega. A última hora, a regañadientes y por no quedar mal, Sancho VII de Navarra se presentó con una reducida peña de doscientos jinetes –Alfonso IX de León se quedó en casa–. Por su parte, Al Nasir alineó casi 60.000 guerreros entre soldados norteafricanos, tropas andalusíes y un nutrido contingente de voluntarios fanáticos de poco valor militar y escasa disciplina: chusma a la que el rey moro, resuelto a facilitar su viaje al anhelado paraíso de las huríes, colocó en primera fila para que se comiera el primer marrón, haciendo allí de carne de lanza.

La escabechina, muy propia de aquel tiempo feroz, hizo época. En el cerro de los Olivares, cerca de Santa Elena, los cristianos dieron el asalto ladera arriba bajo una lluvia de flechas de los temibles arcos almohades, intentando alcanzar el palenque fortificado donde Al Nasir, que sentado sobre un escudo leía el Corán, o hacía el paripé de leerlo –imagino que tendría otras cosas en la cabeza–, había plantado su famosa tienda roja. La vanguardia cristiana, mandada por el vasco Diego López de Haro, con jinetes e infantes castellanos, aragoneses y navarros, deshizo la primera línea enemiga y quedó frenada en sangriento combate con la segunda. Milicias como la de Madrid fueron casi aniquiladas tras luchar igual que leones de la Metro Goldwyn Mayer. Atacó entonces la segunda oleada, con los veteranos caballeros de las órdenes militares como núcleo duro, sin lograr romper tampoco la resistencia moruna. La situación empezaba a ser crítica para los nuestros –porque sintiéndolo mucho, señor presidente, allí los cristianos eran los nuestros–; que, imposibilitados de maniobrar, ya no peleaban por la victoria, sino por la vida. Junto a López de Haro, a quien sólo quedaban cuarenta jinetes de sus quinientos, los caballeros templarios, calatravos y santiaguistas, revueltos con amigos y enemigos, se batían como gato panza arriba. Fue entonces cuando Alfonso VIII, visto el panorama, desenvainó la espada, hizo ondear su pendón, se puso al frente de la línea de reserva, tragó saliva y volviéndose al arzobispo Jiménez de Rada gritó: «Aquí, señor obispo, morimos todos». Luego, picando espuelas, cabalgó hacia el enemigo. Los reyes de Aragón y de Navarra, viendo a su colega, hicieron lo mismo. Con vergüenza torera y un par de huevos, ondearon sus pendones y fueron a la carga espada en mano. El resto es Historia: tres reyes españoles cabalgando juntos por las lomas de Las Navas, con la exhausta infantería gritando de entusiasmo mientras abría sus filas para dejarles paso. Y el combate final en torno al palenque, con la huida de Al Nasir, el degüello y la victoria.

¿Imaginan la película? ¿Imaginan ese material en manos de ingleses, o norteamericanos? Supongo que sí. Pero tengan la certeza de que, en este país imbécil, acomplejado de sí mismo, no la rodará ninguna televisión, ni la subvencionará jamás ningún ministerio de Educación, ni de Cultura.

Arturo Pérez Reverte

lunes, septiembre 20, 2010

De Frigiliana a los cahorros altos del río Higuerón

Punto de encuentro: 10.00 Bar Virtudes, parte alta de la Plaza del Ingenio de Frigiliana (ya desayunados) punto de inicio de ruta

Distancia aprox. 13 km (en total de ida y vuelta)

Desnivel aprox. 250 m

Punto de partida: Plaza del Ingenio de Frigiliana, (290 msnm), km 0

Punto mas elevado: cahorros altos del Higeurón (580 m), km 6,5

Tiempo aprox. Unas 7 horas

Nivel dificultad: medio/bajo

Tipo suelo: sendero por terreno rocoso, seguido de tramos paralelos al río a veces arenoso, a veces con bastante piedra suelta de tamaño pequeño y mediano. Al contrario que en el río Chillar en el Higuerón la mayor parte del recorrido vamos por fuera del agua, solo vamos por el lecho del río en algunos tramos.

Tipo de recorrido: Lineal.

Mapa: Torrox (1.054, II)

Recomendación: Aunque en esta ruta la mayor parte del tiempo se va por fuera del agua se recomienda llevar bañador para disfrutar de la misma tanto en las cascadas de los cahorros como en las pequeñas pocitas y rápidos del camino y enesa alberca espectacular conocida como el pozo Batán. El terreno es muy pedregoso al menos la mitad del camino por lo que son recomendables unas botas de trecking o al menos unos tenis. Y al contrario que su hermano el río Chillar, su cauce es mucho mas abierto y expuesto al sol, por lo que no podemos olvidar, gorras, gafas de sol, protección solar y al menos 2 litros de agua por persona.

Como en toda ruta con tramo acuático, se recomienda dejar una muda de calzado y ropa cómoda en el coche para el regreso.

Alicientes principales: La visita a la localidad de Frigiliana de entrada ya justifica el desplazamiento hasta este precioso enclave de la Axarquía malagueña. Al contrario que su hermano, el río Chillar, el Higuerón es mucho menos conocido por lo que la ruta no está tan masificada de excursionistas y además al tener un cauce mas abierto nos permite disfrutar de algunas de las grandes cumbres de la Almijara, siendo en este caso el temible cerro Cisne nuestro principal referente visual hasta poco antes de llegar a los cahorros que sin duda es la guinda del pastel de este precioso paseo. Además del baño que nos podemos dar en las cristalinas aguas de la gran alberca del pozo batán tanto a la ida como a la vuelta en medio de un enclave de gran belleza que coincide con el tramo de inicio y final de ruta.

Fecha de realización: sábado 18 septiembre 2010

Participantes: Ruslan el Espartano, la Rosa del río Manilva, Sandra la Superviviente, Rusi el Naranjito, Mateo pies de hierro, Nacho el Diablo de Timanfaya, Silvia la Pitonisa del Convento, María-Sentido y Sensibilidad, Kostas el Pirata Chipriota, Eduardo el Profe, Juan Antonio el Mago Blanco, María la Musa del río Verdugo y Juani el Comandante.

Vocabulario:

Cahorro: es la denominación local que se utiliza en algunas zonas de Andalucía para referirse a pequeños cañones o desfiladeros que se han formado por la acción erosiva de pequeños ríos y arroyos, por lo general pasillos por los que corre el agua y que llegan a ser tan estrechos que a veces casi podemos tocar ambas paredes extendiendo los brazos. Por ejemplo cahorros de Monachil (Granada) ó cahorros del Chillar en Nerja (Málaga).

Un paseo por la historia de Frigiliana:

El ayuntamiento se encuentra a unos 300 m de altura de media respecto al nivel del mar, su término municipal de 1.019 km2, limita al norte con Cómpeta, precisamente a la altura del puerto de Frigiliana, al oeste con Torrox siendo su límite el río del mismo nombre, y al sur y al este Nerja, haciendo de límite entre ambos términos municipales la crestería de la sierra de Enmedio. La gente de esta localidad no son frigilianenses como se podría pensar, de hecho su gentilicio es curiosamente aguanosos.

Dada la belleza de este precioso pueblo de la Axarquía, aprovechamos para adentrarnos por las callejuelas de su casco antiguo de genuina trazado morisco. Calles que fueron testigos de sangrientos pasajes de la historia como bien nos recuerdan los numerosos mosaicos que decoran sus calles, pasajes y plazas. Precisamente la plaza del Ingenio, presidida por la antigua fábrica del mismo nombre, donde se elaboraba la melaza con la miel de caña de azúcar que posteriormente se enviaba a cuba para elaborar el ron, fue una vez mas punto de encuentro para iniciar la caminata, concretamente frente a la entrada del bar Virtudes, en cuya terraza terminaríamos dándonos el merecido homenaje al final de la caminata como en tantas otras ocasiones. Desde aquí comenzó el paseo pasando por delante de la fábrica del Ingenio y adentrándonos por la calle Real, para sumergirnos en el hechizo de las callejuelas de su denominado Barribarto, donde en cada esquina y callejón se respira su secular pasado morisco. Con sus inmaculadas casas salpicadas de flores multicolores que le dan la bienvenida al viajero. No es raro encontrarse a la puerta de algunas casas: cestas de esparto y mimbre, de cántaros y cerámica, tarros de deliciosa miel, un vino dulce de gran calidad, artesanía tradicional y figuras con reminiscencias de muchos estilos diferentes como esas salamandras tan de moda al estilo Gaudí.

Los vestigios hallados en 1987 en la Cueva de los Murciélagos atestiguan la presencia del hombre en este territorio desde finales del Neolítico (3.000 años a.C.) hasta el Calcolítico o Edad del Cobre (2.000 años antes de nuestra era). De la posterior cultura del Algar también hay un menhir que testifica que el hombre de esa época anduvo por esta zona, y muy cerca del casco urbano se sitúa la necrópolis de Cerrillo de las Sombras, correspondiente a la época fenicia (siglos VII-VI a.C.).
Los romanos ocuparon este territorio en el 206 a.C. mediante pactos con la población autóctona, y Frigiliana quedó incluida en el Conventus de Gades. Y de los romanos procede el nombre de la villa, que deriva de Frexinius (un personaje del que nada se sabe) y el sufijo ana, que indica procedencia, es decir, lugar o villa de Frexinius.
Aunque los árabes comienzan a ocupar la península en el año 711, no es hasta finales del siglo IX, cuando se construye la fortaleza, poco se sabe del devenir histórico de Frigiliana salvo que estuvo bajo el liderazgo de Omar Ben Hafsun, y que entre los siglos XIII-XV formó parte del reino nazarí. La villa se rindió a las tropas cristianas en 1485 sin derramamiento de sangre.


LA BATALLA DEL PEÑÓN:

En 1567 se produce la publicación de la Real Pragmática de Felipe II, auspiciada por el inquisidor Pedro de Deza, en virtud de la cual se prohibía a los moriscos llevar armas, hablar y escribir en su lengua, usar sus propios vestidos y practicar sus costumbres, obligándoseles a entregar todos sus libros, los moriscos fueron desposeídos de los escasos derechos que tenían (cultivaban los peores terrenos. Ésta Real Pragmática encendió los ánimos entre los moriscos de las Alpujarras, estallando la rebelión en la taha de la Poqueria la Navidad de 1568. Pero poco a poco, , se les prohibió hablar y escribir su lengua y vestir sus atuendos habituales), hasta que estalló la rebelión morisca en las Alpujarras, duramente reprimida por los cristianos. Los moriscos de la Axarquía y de los Montes de Málaga, a la espera de la ayuda prometida por Aben Humeya desde las Alpujarras y también del norte de Africa, se refugiaron en El Fuerte de Frigiliana, donde se reunieron unos 7.000 de ellos.

La fortaleza y el peñón de Frigiliana dominaban la sierra de la Almijara, siendo un lugar de tan difícil acceso como eficaz defensa. No es de extrañar, así, que en ella se refugiara un gran grupo de rebeldes moriscos en 1568 y que allí se desarrollara una gran batalla, expresivamente descrita en algunos azulejos diseminados por sus calles. De la batalla final resultaron ganadoras las tropas de Luis de Requesens, y los moriscos fueron expulsados de sus tierras y diseminados por la península, al tiempo que se poblaba Frigiliana con "cristianos viejos".


El 28 de mayo de 1569, el corregidor de Vélez inicia un primer asalto con el nefasto balance de 20 muertos y 150 heridos entre las tropas cristianas. En esas fechas navegaban por el Mediterráneo 25 galeras de los tercios de Italia, a las que el corregidor de Vélez pidió ayuda para aplastar a los sublevados de Frigiliana. En esta ocasión fueron 6.000 hombres los que se enfrentaron a los moriscos, quienes a pesar de su resistencia, fueron vencidos el 11 de junio de 1569. Hubo 2.000 muertos y 3.000 cautivos entre los vencidos (huyeron otros 2.000), y 400 muertos y 800 heridos entre los vencedores. La batalla en el Peñón de Frigiliana acabó con siglos de convivencia entre culturas por estos pagos. Tras la batalla, más de seis mil moriscos que se habían concentrado en este rincón malagueño perdieron su vida, fueron esclavizados o directamente expulsados por el ejército castellano.
La batalla del Peñón de Frigiliana ha sido reproducida a modo de romance de ciego en doce paneles de cerámica vidriada creadas por Amparo Ruiz de Luna que pueden verse actualmente en varios lugares el pueblo.


Desde esa fecha hasta el siglo XIX, las desgracias se concatenan sobre Frigiliana, y cuando no es la peste la que diezma la población es una tempestad la que acaba con los cultivos, o un terremoto, o la filoxera que ataca las vides o un brote de fiebre amarilla el que causa estragos. No será hasta la llegada del turismo cuando Frigiliana, como el resto de la Costa del Sol, entre en una época de prosperidad y asentamiento económico y social.

Entre sus fiestas populares destacan:

La de su patrón, San Sebastián. 20 de Enero.

Los carnavales de febrero.

Semana Santa. La Semana Santa abre sus celebraciones y pasos procesionales el viernes anterior a la semana de pasión, muerte y resurrección. El resto de procesiones tienen lugar en Jueves Santo, Viernes Santo, y Domingo de Resurrección.

Día de la Cruz. 3 de Mayo.

San Antonio. Su segundo patrón, el 13 de Junio.

Certamen de bailes populares y encuentro de Bandas de Músicas. Mediados de Agosto.

Festival 3 Culturas. Finales de Agosto.

Candelarias. Septiembre.

La ruta de la plaza del Ingenio de Frigiliana hasta los cahorros altos del río Higuerón:

Tomando como punto de partida la esquina del bar Virtudes en la plaza del Ingenio, (290 m y km 0 de ruta) nos encontramos con una baliza que ya nos señalka el camino de descenso hacia el río Higuerón, junto a otra señalización del recién inaugurado GR 242, Sierras Tejeda,Alhama y Almijara, que nos marca Nerja 14,6 km (por la sierra de Enmedio). Nada mas doblar la primera esquina hacia la izquierda, la pista asfaltada por la que vamos describe una cerrada curva a la derecha, que nos lleva hasta el cauce del río Higuerón sin margen posible de error. Sin embargo, de seguir por esta pista asfaltada hasta el río nos perderíamos una de las zonas mas bonitas de la ruta, se trata del tramo de sendero excavado en roca viva, que parte, justo desde la parte exterior de esa segunda curva de la que hacíamos mención abandonando dicha pista por la izquierda, a penas a 30 m desde el inicio, por la parte de atrás de una casa y pasando bajo una higuera se abrirá ante nosotros el espectacular paisaje que nos ofrece el valle del río Higuerón en su cercano discurrir por Frigiliana, ante nosotros el rocoso sendero que discurre en dirección noroeste por la margen derecha del río Higuerón, que aún no podemos ver a mas de 100 m por debajo nuestra, pero cuyo caudal ya comenzábamos a escuchar y en la escarpada ladera de enfrente, correspondiente a la margen izquierda del río, bosquetes de pinos desafiando la ley de la gravedad sobre verticales paredes que nos regalan una imagen de postal por donde discurre este primer tramo, que al principio va manteniendo su nivel, hasta que comienza a descender de forma zigzagueante para volverse a mantener ya a media altura pasando frente a una de esas cuevecillas tan características de sierra Almijara, que durante generaciones ha servido de refugio para los pastores de la zona y donde como de costumbre nos hicimos las fotos de rigor.

A partir de la cueva el sendero comienza a descender hasta ponernos a la altura de una acequia, que desde hace mucho tiempo han sustituido por una tubería tapada por una especie de caminito que nos lleva directamente hasta esa gran alberca conocida popularmente como el pozo Batán (230 m, km 1 de ruta) y que podemos distinguir desde la distancia, por los restos de muros que la flanquean desde donde los chavales del pueblo suelen lanzarse en acrobáticas piruetas durante las calurosas jornadas de verano. Antes de llegar al pozo Batán además del sonoro caudal del río Higuerón que jamás habíamos visto con tanta agua, ni siquiera en primavera, nos sorprendieron dos pequeñas cascadas, que caían por el margen derecho del río por donde nosotros avanzábamos y con tan bonitas vistas, bajo un intenso cielo azul y una agradable temperatura que predominó durante toda la jornada llegamos a la gran alberca, donde como siempre hicimos una primera parada técnica y aquel que quiso disfrutó de un genuino baño para salir ya con las pilas bien cargadas desde el inicio.

Como dato curioso hay que añadir que en días de lluvia abundante sobre la alberca del pozo batán cae una espectacular cascada desde unos 100 m de altura, procedentes de los excedentes de lluvia que circulan por la acequia de Lízar y que a su vez desemboca en una alberca, junto a la que se pasa en el primer tramo de ascensión al cerro El Fuerte.

Tras reanudar la marcha, abandonando ya la alberca, recorremos nuestros primeros metros junto al cauce del río Higuerón propiamente dicho, que a diferencia del río Chillar, durante mas de la mitad del recorrido nos permite caminar por fuera. De hecho el siguiente tramo discurre por un precioso bosque de pinos de repoblación por el que progresamos a través de una pista forestal que en esta ocasión nos encontramos invadida de agua por lo crecido que venía el río. Cien metros mas allá del pozo Batán nos encontramos con el panel descriptivo del sendero de la Sierra de En medio: Frigiliana-Fuente del Esparto. Durante unos 500 m vamos a llevar a nuestra izquierda una acequia a ras de suelo que discurre paralela al río por algunas zonas el cauce se ensancha y nos permite vislumbrar al norte, el extremo occidental del alto de la Garza o Pandera Garzón, a la derecha del camino por el que vamos nos vamos a encontrar con los restos de una calera, vestigios de una época no tan lejana en la que hombre y naturaleza convivían en buena armonia. Es este el tramo mas dócil y agradecido de todo el recorrido, pues durante casi un kilómetro vamos protegido por la sombra de los pinos que nos flanquean a ambos lados y la pista terriza por la que vamos, si bien tiene algunos guijarros sueltos es un relax para los pies que pronto se tendrán que acostumbrar a caminar sobre rocas y piedra suelta el resto del itinerario. En el margen derecho del río, es decir, a la izquierda tal y como vamos caminando río arriba, nos encontramos los restos de un lienzo de muro correspondiente a la presa desde la cual tomaba y sigue tomando agua la acequia que hasta este punto nos ha acompañado y que es la que alimenta a esa gran alberca de la que venimos. En el km 1,6 de ruta, a unos 270 msnm) llegamos a un área recreativa junto a una poza de aguas cristalinas y de poca profundidad ideal para darse un baño relajado.

En dicha área recreativa nos encontramos con las típicas mesas de madera, zona de barbacoa, que actualmente no se pueden utilizar desde principios de junio hasta primeros de octubre y unos aseos que a buen seguro estuvieron limpios el día de su inauguración. Aunque no recuerdo haber visto contenedores o papeleras, debo aclarar que el lugar estaba bastante mas limpio que en anteriores ocasiones, lo cual agradecemos desde estas líneas a quien corresponda no sé si a las autoridades del parque, Ayuntamiento de Frigiliana y por supuesto a la conciencia cívica de los anteriores excursionistas que han cumplido la máxima de no dejes nada de lo que trajeras contigo y deja el campo tal y como te gustaría encontrártelo cuando vengas la próxima vez. Un poco mas allá de los mencionados aseos, a los que no le vendría nada mal que asearan de vez en cuando, nos encontramos con el famoso pino de doble tronco, junto al cual parte una pequeña senda a la derecha, que nos lleva hasta la cresta de la sierra de Enmedio que llevamos a nuestra derecha y que enlaza con el sendero que habíamos visto anteriormente de Frigiliana-Fuente del Esparto. El río Higuerón bajaba tan bien despachado de agua que en ocasiones inundaba todo lo ancho de la pista por la que íbamos, haciendo cada vez mas difíciles los intentos de Eduardo el Profe y María la de la Sonrisa Cautivadora, por evitar el contacto el agua. Poco antes de abandonar el tramo por el que avanzamos protegidos bajo la sombra de los pinos, nos llama poderosamente la atención un imponente pico muy puntiagudo, conocido como tajo Castillejo (883 m), una especie de espolón al norte del Pandera Garzón.

El siguiente tramo es el único un tanto monótono de todo el recorrido, el cauce del Higuerón se ensancha y el paisaje se nos presenta como un amplio pedregal ante nosotros aunque en la primera parte podemos recrearnos con las pirámides del Lucero y Lucerillo al fondo. Los pinos aunque no llegan a desaparecer en ningún momento quedan un poco mas apartados de nuestro camino donde adquieren protagonismo las grandes adelfas, que han ido creciendo aquí y allá. Al bajar la altura de las laderas que flanquean este tramo del río, el sol pega de lleno con toda su fuerza, sobre todo a la hora del regreso, convirtiendo el pedregal en un horno. Pero tan sólo son unos 800 m que en unos minutos nos lo podemos quitar rápidamente de encima, apretando un poco el paso, mientras vemos algunos tramos de la acequia de Lízar faldeando la ladera que llevamos a nuestra izquierda. Llegando a continuación a una especie de Termópilas del Higuerón por donde el río se abre paso, lugar que aprovechamos para hacernos una foto de grupo con el tajo del Castillón al fondo. Poco después de pasar entre estas dos paredes el pandera garzón ó Alto de la Garza se nos presenta como un cerro imponente a nuestra derecha y a nuestra izquierda la presencia de la cada vez mas cercana acequia de Lizar es mas que evidente hasta que llegamos a la altura del azud donde nace, junto a una caseta, (450 m, km 4,9 de ruta).

Esta caseta de agua que coincide con el inicio de la acequia de Lízar aguas abajo, también es el inicio de un nuevo tramo aguas arriba donde el cauce vuelve a encajonarse y el camino ya es el río propiamente dicho, que volvía a ocupar el lecho completo de banda a banda, en una bonita sucesión de rápidos y pequeñas cascadas, con zonas donde se alternaban el sol y la sombra que volvían a proporcionarnos intermitentes bosquecillos de pinos que hacían mas llevadera la caminata. El buen año de lluvia, mas la lluvia del día anterior, no sólo le daba un aspecto magnífico al río, sino que también propició que los tres manantiales que llegan al río con un generoso caño gracias al cual pudo reponer bebida todo aquel que quiso. Estos manantiales se encuentran en el margen izquierdo del Higuerón, es decir a la nuestra derecha en el sentido de la marcha. Poco a poco el río empieza a encajonarse como preludio de los cahorros altos que ya están a poco menos de un kilómetro. Como anticipo y para ir haciendo boca, tras una curva a la derecha, entramos en un encajonamiento, por donde el agua bajaba con bastante fuerza, hasta el punto de obligarnos a agarrarnos a las paredes que sin duda han sido pulida por la tremenda fuerza del agua en época de crecidas, en la que además de una auténtica temeridad estoy seguro sería prácticamente imposible hacer este mismo recorrido, que en esta parte comienza a añadirle un toque de aventura y diversión a la belleza que nos envuelve. Como íbamos diciendo abrirse paso por este encajonamiento donde ya es imposible evitar el contacto con el agua es divertido, refrescante y no exento de cierta dificultad, pues aunque el escalón a superar no tiene mas de un metro, el caño de agua que viene contra nosotros pondrá a prueba nuestra fuerza y equilibrio.

Unos 200 m mas allá de este encajonamiento ya podemos contemplar al fondo la imponente silueta del cerro Cisne, considerado el “K2” de la Almijara, por su merecida fama de cerro durísimo de subir. Antes de darnos cuenta ya estaremos en la “Y” que forma la confluencia del río Higuerón con el barranco del Mármol, que se le une por su margen derecha, izquierda en el sentido de nuestra marcha, no obstante tan sólo lleva agua en época de abundantes lluvias y de todas formas es fácil de intuir que el Higuerón es que viene por la derecha.

Ya estamos en la antesala de los cahorros altos, poco después de pasar bajo un gran pino caído sobre el lecho del río, por primera vez, en las cinco ocasiones que he venido al Higuerón, pudimos localizar el inicio del sendero, que esquiva el infranqueable paso de la cascada final de los cahorros altos, por la margen derecha del río, es decir a la izquierda en el sentido de nuestra marcha y que es la senda que utilizamos en su día, aunque no la encontramos hasta bastante mas arriba, para situarnos a los pies del cerro Cisne y llegar al río Chillar por el espectacular sendero de Puerto Umbrales en la que fue una de las rutas mas duras de los últimos años. Sin embargo, nosotros en esta ocasión nos conformamos con llegar a los cahorros altos, que tal y como esperábamos después de los visto, iban cargados de agua de pared a pared. Cada uno fue llegando hasta donde quiso, incluidos los dos pasos con cuerda previos a la cascada final, que nos pareció mas lejana que nunca, por la dificultad que nos planteaba cada escalón a superar con el correspondiente caño de agua que nos venía encima y que me obligó a dejar mochila y cámara en uno de los tramos intermedios. Al llegar a la cascada final (600 m, km 6,8 de ruta), algo no me cuadraba, la recordaba casi el doble de alta, pero rápidamente obtuve la respuesta, al ponerme bajo su caño en una pocita que a penas superaba el medio metro de profundidad, la fuerza del agua me llevó para el fondo y no podía hacer pié con mi 1,84 cm. Duda aclarada, no es que la cascada menguara es que había subido enormemente el nivel de la poza sobre la que caía.

Entre las anécdotas e incidentes mas destacados de aquella jornada podemos mencionar que a pesar de la belleza de la ruta, la falta de costumbre de caminar unos 13 km sobre el tipo de suelo rocoso por el que discurre se le hizo larga a María, la Musa del río Verdugo, que pagó con creces llevar unos simples tenis demasiado ajustados de número y no de un número mas como mandan los cánones del buen caminante, de manera que cuando se le hincharon un poco los pies fue viendo las estrellas gran parte del camino de vuelta. Razón por la cual, en el momento de iniciar el regreso, le pedí a los compañeros que se fueran para adelante sin problemas ya que mas de uno/a tenía que regresar a tiempo para trabajar y atender otros compromisos quedándonos en cola de pelotón: Eduardo El Profe, Nacho el Diablo de Timanfaya, mateo pies de hierro y un servidor escoltando y animando a la Musa del río Verdugo. También se le hizo algo larga a la Rosa de Manilva que aguantó el tirón con disciplina espartana y a Sandra, la Superviviente, a quien aplaudimos desde estas líneas por haber tenido la osadía de casi morir en el intento por superar el 2º paso con cuerda de los cahorros altos.

Por otra parte, no sé si se debía al cambio de estación pero las avispas estuvieron incordiándonos a varios compañeros gran parte del camino, a Juan Antonio el Mago Blanco le llegó a picar una en el brazo y abrir la comida era misión de alto riesgo para quien no estuviera dispuesto a compartir las viandas con tan letales insectos. Finalmente llegamos con buena luz de día y para no faltar a la tradición nos despedimos tomándonos la merecida cervecita en los veladores del bar Virtudes con el telón de fondo de la fábrica del Ingenio.

lunes, septiembre 13, 2010

Canuto de la Utrera-Baños de la Hedionda-río Manilva hasta la poza del Diablo

Cómo llegar: al tratarse de una ruta lineal, si es posible lo suyo es dejar coches en los dos extremos y para ello lo ideal es quedar en el aparcamiento del supermercado LIDL que se encuentra a la entrada de San Juan de Sabinillas viniendo desde Málaga y desde allí mismo una pista asfaltada llega hasta poco antes de los baños de la Hedionda donde podemos continuar por el mismo camino que deja de ser asfaltado para convertirse en pista terriza. Una vez que dejamos los primeros coches por la zona de los baños, regresamos con el resto de vehículos sobre nuestros pasos hasta el punto donde acababa la pista asfaltada que coincide justamente con la base de los pilares del viaducto de la A-7 que tenemos sobre nuestras cabezas. Desde allí mismo podemos tomar una carreterilla asfaltada que en fuerte pendiente nos sitúa en pocos minutos en la rotonda que da acceso al peaje de la A-7 y nos ahorra tener que volver hasta Sabinillas y atravesar Manilva. Una vez en la mencionada rotonda ya estamos en la carretera Casares-Manilva y tomamos dirección casares, es decir hacia el noroeste, al poco de comenzar a pasar junto a los molinos del parque eólico que tenemos a la izquierda de la carretera, al inicio de una suave curva a la derecha, nos encontramos con el inicio de una pista terriza a la derecha de la carretera, que coincide con el inicio de ruta y que fácilmente podría pasar desapercibida. Allí nos encontramos con el panel explicativo de la ruta Nº11, de la red de senderos del ayuntamiento de Casares que no es otra que el Canuto de la Utrera.

Distancia aprox. 2,4 km.

Desnivel aprox. 200 m

Tiempo aprox. Poco mas de una hora

Nivel dificultad: medio/baja. Pero si ha llovido en los días previos o amanece lloviendo el día que decidimos ir, lo mejor es descartarlo, porque algunos tramos discurren por zonas muy escalonadas con grandes bloques rocosos, que a veces resultan resbaladizos incluso estando secos.

Tipo suelo: sendero y pista de tierra y algunos tramos muy rocosos que requieren botas de trecking o zapatillas de deporte con buena suela de agarre.

Tipo de recorrido: lineal

Mapa: Manilva (1.071, IV)

Fecha de realización: sábado 11 de septiembre

Asistentes: Rosa, Ruslan, Rusi, María (Estepona), Karen, Kostas, Juanlukita, Juan Antonio, Vicky, Ana, Patri, Cristian, María, Nacho y yo

Recomendación: Esta ruta discurre por una zona muy expuesta al sol, por lo que se recomienda protección solar, gorra, gafas de sol, agua en abundancia, bañador las zonas acuáticas y calzado deportivo ó botas de trecking para los tramos que discurren por roca. Dejar muda cómoda de ropa y calzado en el coche para la vuelta.

Breve descripción del recorrido:

El sendero parte de la carretera A-377, Sabinillas-Manilva-Casares. Si llegamos por la A-7 en un santiamén nos plantamos en el iniciose ruta tomando la salida Manilva-Casares-Gaucín. Al inicio de la pista terriza por la que discurre el primer kilómetro tenemos el panel informativo que nos recuerda que por este carril nos vamos a dirigir hacia el paraje conocido como “Los Llanos”. Pasaremos junto a unas casas, siguiendo siempre el carril principal, atravesaremos una angarilla de madera que nos recuerda cierren la puerta. Unos 100 m mas allá del portalón de madera la pista llega a un triple cruce: el camino de la izquierda nos sitúa en la parte alta de la sierra de la Utrera, si bien una vez arriba ya no hay camino y hay que abrirse paso a través del canchal muy agreste. Inmediatamente después la pista principal gira a la derecha y forma una “Y”, que serían el segundo y tercer ramal del que hacemos referencia. El camino de la izquierda asciende suavemente y nos sitúa en una balconada donde finaliza el camino, ofreciéndonos una bonita perspectiva aérea del canuto y por último el ramal de la derecha, que es por donde discurre la ruta propiamente dicha es por donde vamos a acceder directamente al denominado canuto de la Utrera, de hecho al fondo del camino antes de iniciar la siguiente curva ya podemos observar otro panel informativo que profundiza aún mas en los aspectos geológicos de este hermano pequeño del torcal de Antequera, recordándonos sus valores de fauna, flora, espeleología, arqueología e incluso aspectos históricos que todos unidos son argumentos mas que sobrados como para no verse en peligro de desaparición como se encuentra en este momento, palpablemente amenazado por la tremenda cantera que se encuentra en su perímetro suroeste en dirección a Manilva.

Algo de lo que podría darse cuenta hasta el mas tonto, excepto las autoridades de Casares, Manilva, Ministerio de Medio Ambiente y Junta de Andalucía que a juzgar por la situación parecen haberse pasado la pelota de unos a otros y mientras tanto la casa sin barrer, quedando el Canuto de la Utrera seriamente amenazado por la tremenda cantera que amenaza con destruir tan espectacular ecosistema, que sería protegido como una auténtica joya en cualquier país civilizado, pero no así en un país como España, con un patrimonio histórico, paisajístico y Monumental tan espectacular como nefastos, corruptos e inútiles son sus políticos hasta el punto de tener que resignarnos a penar que vivimos en una República Bananera.

De repente nos adentramos en la zona ancha del embudo que forman las paredes que llevamos a ambos lados, el paso comienza a estrecharse a cada paso que vamos dando, de ahí el nombre de “canuto”. Lo de “Utrera” le viene dado por el nombre de la pequeña sierra donde nos encontramos. Nos llamarán poderosamente la atención unas plataformas de cemento que a modo de lo que podrían parecer dos grandes albercas, no son mas que los restos de un antiguo proyecto que se llevó a cabo en los años 70, para montar unas plataformas petrolíferas que finalmente no prosiguieron porque tras varias excavaciones sólo encontraron bolsas de gas y no el deseado oro negro. Pero no hay mal que por bien no venga y gracias a aquel proyecto fracasado, aún hoy podemos seguir disfrutando de este precioso ecosistema que tanto nos recuerda al torcal de Antequera, no tanto en figuras sueltas a modo de formas imitativas, que también podemos ver algunas en la parte alta, como en los distintos estratos que nos encontramos en sus paredes, con frecuencia formado pliegues perfectamente simétricos en formas horizontales y perpendiculares, dignos de una tesis doctoral de geología.

Una vez que llegamos a estas dos plataformas de cemento que parecen dos grandes albercas vacías, tenemos dos opciones, tirar por el accidentado pedregal de en medio por donde parece discurrir el camino, o bien, caminar por el borde escalonado de la plataforma de la derecha, que nos lleva a un sendero estrechito, pero bastante limpio, que nos sitúa, al pie de las paredes de la derecha, donde ya no será raro encontrarnos con algunas personas ejercitándose en el bonito arte de la escalada, los rápeles y sus distintas especialidades. Parece un lugar ideal para iniciarse en esta especialidad dado los numerosos salientes, oquedades y pequeñas cornisas. También llaman la atención sus numerosas cuevas, especialmente las de la parte alta que no se ven a simple vista.

Una vez que dejamos atrás las mencionadas plataformas de cemento, las paredes a ambos lados ya se han estrechado considerablemente, si hemos escogido la opción de la derecha, poco después baja hacia el pequeño arroyo de la Utrera, que atraviesa el Canuto, donde ya enlazamos con la teórica ruta del canuto de la Utrera que en este tramo, ya discurre descaradamente por el pedregoso tramo del arroyo, unas pinturas verdes y blancas, nos recuerdan que esta ruta está catalogada como sendero local. A veces tenemos que descender por grandes bloques de roca o escalones lo suficientemente altos como para obligarnos a sentarnos y alargar el pié hasta tocar el suelo para seguir descendiendo. Despacio no es peligroso, pero no conviene bajar la guardia para no resbalar en algunas zonas, hasta que las espectaculares paredes que hemos ido llevando a ambos lados comienzan abrirse y comenzamos a girar a la izquierda, llegando a una zona donde un cartelón de madera nos recuerda que estamos en el lugar conocido como “Charca la Mina” coincidiendo con una de las zonas anchas del río Manilva, justamente junto a la base del viaducto de la A-7 que ahora tenemos sobre nuestras cabezas. Éste es el teórico final de recorrido, concretamente en una curva del carril que ya se encuentra junto a la orilla del río Manilva, donde nos encontramos con el mismo panel del inicio de ruta, sólo que el famoso cartelito de “usted está aquí” ahora se encuentra en el otro extremo del camino.

A partir de este punto, ya enlazamos con la ruta Nº10, de la red de senderos del ayuntamiento de Casares, conocida como “ruta de Los Baños”, que nos lleva desde la localidad de Casares, hacia el sur, siguiendo el curso del río Manilva hasta la ermita de San Adolfo junto a la cual ahora nos encontramos. Ambas rutas viene brevemente descritas en una interesante mini guía editada por el ayuntamiento de Casares sobre su patrimonio histórico, monumental, paisajístico y red de senderos hasta un total de once rutas. Concretamente esta ruta Nº 10 que en esta guía es denominada “ruta de Los Baños”. En la guía de de senderismo editada por la mancomunidad de la costa del Sol occidental, se la conoce con el nombre de ruta de los Molinos-Manilva-Casares, homologada por la federación andaluza de montaña como sendero de pequeño recorrido. P.R. A-162 que tenemos previsto realizar para la próxima primavera el resumen de su ficha sería la siguiente:

Distancia aprox. 8,4 km.

Desnivel aprox. 350 m

Tiempo aprox. 3 horas y media

Nivel dificultad: medio por los vadeos del río en el tramo final, que pueden llegar a ser de dificultad media/alta para personas no acostumbradas.

Tipo suelo: sendero y pista de tierra y algunos tramos muy rocosos que requieren botas de trecking o zapatillas de deporte con buena suela de agarre.

Tipo de recorrido: lineal

Mapa: Casares (1.071, II) y Manilva (1.071, IV)

Advertencia: Conviene recordar que resulta muy difícil esquivar el agua en el último tramo de vadeos del río Manilva, incluso en verano que lleva menos caudal, por lo que conviene dejar una muda de ropa y calzado preparadas al final del trayecto en el/los coches/s de apoyo.

Nosotros lo que hicimos una vez que llegamos al final de la ruta del canuto de la Utrera, ya frente a la ermita de San Adolfo, fue una variante de la ruta de los Molinos. Manilva-Casares, también conocida como ruta de los Baños, haciendo buena esta segunda denominación en una versión reducida que consistió en remontar el río Manilva hasta la denominada poza del Diablo. Tomando como referencia la ermita de San Adolfo, la ruta no se presta a confusión porque discurre por la pista terriza que discurre paralela al río Manilva, que casi todo el tiempo llevamos a nuestro costado derecho, es decir río arriba, caminamos en el margen izquierdo del río, pasando en pocos minutos junto a los famosos baños de la Hedionda que vistos desde el camino parecen una horripilante construcción con un muro y bóveda blanca que en cualquier caso descartamos a la ida por la cantidad de gente que aglutinaba. A la vuelta nos sorprendería su mágico interior con su bóveda de ladrillo al mas puro estilo de los baños árabes y romanos, las propiedades de sus aguas sulfurosas y el barro curativo de las paredes del margen izquierdo del río Manilva a su paso frente a los baños.

Una vez que dejamos atrás la zona de los baños, siguiendo la pista flanqueda por grandes quejigos, el camino se adentra por la finca de los hermanos Ocaña, desde donde tenemos vista de sierra Crestellina y el cerro de las Chapas al norte. Esta finca de los hermanos Ocaña alberga una serie de casitas adosadas que se alquilan a modo de alojamiento rural, piscina incluida. Poco después de pasar junto a la piscina tenemos la opción de seguir por el mismo cauce del río, donde nos encontramos con pinturas amarillas y blancas o por senderos y caminos que se cortan intermitentemente, uniendo los molinos, algunos en ruinas y otros restaurados que se encuentran en la margen derecha del río. En un determinado momento, tenemos que abandonar el cauce del río por su margen derecha y poco a poco empezamos a encontrarnos con las primeras pozas incluso con pequeños rápidos hasta que llegamos a una gran poza, conocida como laguna de la Paloma. En algún punto, del margen derecho del río por el que veníamos, poco antes de llegar a la mencionada laguna de la Paloma, ha debido quedar el PR. A-162, porque a partir de aquí cada vez se hace mas accidentado progresar río arriba entre zarzales y abruptos roquedos por los que se abre paso el río, hasta quedar encajonado entre dos grandes paredones calizos de la misma naturaleza que los del canuto de la Utrera, donde llegamos a la poza o Laguna del Diablo, que ya es prácticamente insalvable, a pesar de unas cuerdas que se encuentran allí instaladas, siendo difícil llegar incluso al lugar donde están instaladas. Pero lo que si es altamente recomendable es un buen baño en este lugar verdaderamente precioso con una gran cueva incluida, que se encuentra unos 300 m mas arriba de la poza de La Paloma que es el lugar hasta el que llegan la mayoría de excursionistas.

Desde aquí iniciamos el camino de regreso hasta los baños de la Hedionda donde ya se despidieron los compañeros que tenían distintos compromisos que atender al llegar a casa y el resto nos quedamos disfrutando de los baños de la Hedionda, donde ya quedaba muy poquita gente, siendo la mejor terapia posible después de cualquier ruta. Por lo que una ruta aparentemente modesta en su corto recorrido de unos 6/7 km tal y como nosotros la planteamos y de muy bajo nivel de dificultad, se terminó convirtiendo en una deliciosa jornada de baños, no exenta de su pequeño toque de aventuras y sobre todo muy gratificante.

Otros enlaces sobre el torcal de la Utrera de Manilva:

http://wikanda.malagapedia.es/wiki/Canuto_de_Utrera_%28Casares%29

http://www.cazatormentas.net/foro/reportajes-de-senderismo-montaismo-trekking-y-mtb/torcal-de-la-utrera-%28o-canuto-de-la-utrera%29-manilva-casares/

http://karstdelautrera.blogspot.com/