miércoles, septiembre 17, 2014

Torre de Maro, cerro Caleta, playa de cantarriján, calita de Las Doncellas

Ruta 1, Sendero Torre de Maro:
DISTANCIA APROX.: 1.9 Km.
DESNIVEL: 100 m
DIFICULTAD: Muy baja
CÓMO LLEGAR AL INICIO DE RUTA: Tomando como referencia la autovía del Mediterráneao A-7 o N-340, dejamos atrás la primera salida que nos indica Nerja, y que no tomaremos y después de pasar por el viaducto del Chíllar y túnel Capistrano, tomamos la salida: “Maro-Cuevas de Nerja” pasando por delante del antiguo “Acueducto del Águila”, que queda a la izquierda de la carretera, dejaremos atrás dos indicaciones que nos señalan a nuestra derecha la entrada hacia la localidad de Maro, pero nosotros pasamos de largo, llevando durante un trecho el muro de la autovía nuestra izquierda y el mar a nuestra derecha, siempre dirección Almuñecar por la carretera antigua N-340, hasta que unos tres minutos después de haber dejado atrás el último cartel que nos señalaba Maro, estaremos muy atentos al mojón de carretera del Km 297, junto al cual parte a la derecha de la carretera una pista terriza, en ligera subida, que en a penas 10 m nos sitúa en una explanada de tierra (no visible desde la carretera).
LA EXPLANADA DE TIERRA DONDE EMPIEZA LA RUTA: Un cartel del paraje natural Acantilados de Maro y cerro Gordo, nos confirmará que estamos en el lugar correcto.
Sin embargo, la falta de balizas indicativas, volverá a provocar dudas sobre cual es el camino a seguir para iniciar la ruta. De la explanada de tierra donde tenemos aparcados los coches, parten tres ramales de pista: una paralela a la carretera asciende por una rampa (por ahí es por donde regresaremos). Tal y como hemos entrado en la explanada, de frente, sale otra que desciende de forma mas pronunciada, ésta tampoco es la correcta. La pista correcta que debemos tomar es la de en medio que pronto comienza a descender suavemente.
FECHA DE REALIZACIÓN: A las 10.00 am del sábado, 13 de septiembre de 2014
PARTICIPANTES: Desde Huelva vino Teresa. Desde Sevilla: Paco Maravillas “El retorno de Antonio Puerta”. Desde distintos puntos de la Costa del Sol: Ana “La Venus de Botichelli”, Emilia “la Princesa de la boca de Fresa”, Josefina “La Enfermera”, Rosa “La Niña Bonita”, Auro III, su novio Miguel, el Doctor Leal, Pepe Guerrero el Maestro Geobotánico, Paco Batista “Cinema Paradiso” y un servidor Juan Ignacio Amador.
A TENER EN CUENTA: A pesar de lo dócil del recorrido debemos evitar recorrerlo entre los meses de febrero y abril en que las orugas procesionarias de los pinos (muy venenosas) se encuentran por todas partes sobre todo en años de sequía, siendo altamente urticantes el mero contacto con sus pelillos y pudiendo ser incluso mortal para nuestros perros.
BREVE DESCRIPCIÓN DEL RECORRIDO: Una vez que tomamos el mencionado carril forestal (el de en medio) comenzamos a ganar altura respecto a los bancales de aguacates y de otros frutos tropicales que van quedando a nuestra derecha, los plásticos de los invernaderos que salpican el paisaje a nuestra derecha, es decir, hacia Maro y Nerja, afean un tanto el paisaje, pero al fin y al cabo, se trata del sustento de muchas familias que viven en esta zona. No tardamos en caminar, junto a los pinos que tapizan la vertiente oeste del cerro donde se encuentra la torre de Maro, cuya cumbre vamos llevando a nuestra derecha.
A menos de diez minutos del inicio, cuando la pista comienza un descenso cada vez mas pronunciado, sale a nuestra izquierda un ramal de sendero que debemos tomar, y que pronto comienza a ascender de forma escalonada, por aquí fue donde se resbaló y cayó nuestra amiga Ana, haciéndose una pequeña herida en la rodilla, que no consiguió limpiar del todo bien, hasta que mas tarde se bañara en la playa de Cantarriján (nada mejor que el agua del mar para cicatrizar heridas).
Poco a poco vamos ascendiendo entre matorral de palmito, romero, aulaga, teucrium, jara blanca y enebro, siendo el pino carrasco la especie arbórea predominante en esta zona hasta el punto de formar un pequeño bosque que tiñe de un intenso verde el tramo de ida de este corto pero bonito itinerario que tiene su recompensa cuando llegamos al borde de la pequeña meseta donde se encuentra la torre de Maro.
Al llegar a la bien conservada torre de Maro, tal y como pivotamos alrededor de la misma, se pueden observar las ventanas de acceso al habitáculo y la estructura situada en la parte superior en el lado que mira al mar, típica de estas edificaciones. Estas torres vigías se construyeron en el siglo XVI para intentar paliar la indefensión que sufrían los labradores y pescadores de la zona. Los piratas encontraban en estas costas un lugar propicio para aprovisionarse de agua, capturar prisioneros y adentrarse en el territorio. La Torre de Maro formaba parte de todo un complejo sistema defensivo. Los torreros comunicaban la presencia de peligro a las otras torres y poblaciones mediante ahumadas de día y con fuego durante la noche. De este modo podían llevar un mensaje desde Alejandría hasta Ceuta en una sola noche. El cuerpo de la torre es de 11 metros de altura y es macizo hasta llegar a la puerta-ventana por donde se accedía al interior con una escalera que era retirada en caso de peligro.
Desde las inmediaciones de la torre, tenemos bonitas vistas hacia poniente con la pequeña localidad de Maro en primer término y su playa que mas que verse intuimos, allí estaba en ese mismo momento nuestro amigo Juan Antonio Villalba, encargado de los kayaks, como monitor de la empresa de Multiaventuras Salamandra, con quien estuviomos en el mes de julio, y por encima de Maro, Nerja al fondo, cuyas blancas edificaciones aportan ese toque tan Mediterráneo donde prevalecen los tonos azules del cielo y el mar con los verdes de los pinos, las distintas especies de matorrales que nos rodean y los distintos cultivos tropicales sobre los bancales que vemos en la distancia. 
Hacia levante, la línea de acantilados que le da nombre al paraje natural, termina con el imponente farallón rocoso de cerro Gordo, donde a pesar de la distancia, destaca sobre su silueta la torre de su mismo nombre. No obstante, el paraje llega un poco mas allá concretamente hasta la Cala de Calaiza, se trata de una franja marina de gran valor ecológico, donde los amantes del buceo disfrutarán de lo lindo con sus aguas cristalinas, debido a la riqueza de sus fondos marinos, de los que podemos disfrutar incluso a escasa distancia de las orillas de sus calitas.
Detrás de la torre, se encuentra la consabida barandilla de madera paralela a un senderito que teóricamente finaliza con la barandilla, pero que continúa de forma mas difuminada a través de empinados terraplenes, llegando hasta una recóndita calita que en julio de 2008 bautizamos como la calita del Tritón, pero esa ya es otra historia y además no es una ruta recomendable para todos los públicos por sus fuertes pendientes, hasta el punto que para bajar a la calita, había que utilizar una cuerda para salvar el último terraplén de apenas 5 m pero muy, muy empinado.
Para no regresar sobre nuestros pasos desde la torre de Maro, allí mismo llega (o parte) una pista que nada mas verla, comprobaremos que de forma paralela ha ido quedando durante todo el trayecto de ida a nuestra izquierda, siendo ahora la que nos llevará de vuelta por la meseta entre abundante matorral de lentisco, lavanda, timelea y esparto. Siendo ahora el cerro del Cielo, nuestro principal hito geográfico en dirección norte y que con sus 1.501 msnm, tiene el record en toda la costa Mediterránea de ser la montaña mas alta en cuanto a proximidad a la orilla del Mar. A su derecha, también destaca la silueta del cerro Cabeza del Caballo al que subimos con nuestro amigo Juan Antonio Villalba “El Corsario de sierra Almijara”  en enero 2012.
Unos 80 m después de dejar atrás la torre de Maro, caminando ya siempre en dirección a Sierra Almijara, la pista vira al noreste (derecha), alejándonos durante un corto trecho de nuestra teórica trayectoria, pero no tarda mucho en volver a virar dirección noroeste, reorientándonos hacia el inicio del recorrido, que en cualquier caso tenemos localizado de forma aproximada por las cercanías de unas antenas de radio. 
La pista terriza, nos devuelve en poco mas de 20 minutos desde la torre, hasta la explanada donde tenemos aparcados los vehículos, finalizando esta en la pronunciada bajada, que veíamos como subida al llegar con nuestros coches. Pero si lo deseamos, unos 300 m antes de acabar la pista, sale un sendero a la izquierda del mismo, que discurre por la parte alta del pinar que al principio llevábamos a nuestra izquierda y que en nuestro caso utilizamos para volver a disfrutar de la presencia del bosque de pinos.
Ruta 2: playas de Cantarriján, calita de Las Doncellas y El Cañuelo:
INICIO: Parking al inicio del carril terrizo que baja a la playa del Cañuelo, punto intermedio entre los kilometros 302 y 303, de la antigua carretera N-340, 5,5 km mas allá del primer punto de encuentro siempre dirección Almuñecar por la antigua N-340 que discurre paralela a la línea de acantilados.
DISTANCIA APROX.: 7 Km
DESNIVEL: 250 m 
DIFICULTAD: Media, ¡ojo, la versión que describimos a continuación por la crestería del cerro Caleta, pasa cerca de zonas de vuelo, no apta para personas con vértigo!.
FECHA DE REALIZACIÓN: A las 11.20 am del sábado, 13 de septiembre de 2014PARTICIPANTES: A los anteriormente mencionado se unieron: Pía, jens y Silvia procedentes de Fuengirola.
RESERVA PARA KAYAKS y PAELLA EN LA PLAYA DE CANTARRIJÁN (opcional):
Contactando con el amigo Antonio de la Empresa 18 nudos en su teléfono móvil: 609.54.35.77 o bien en el siguiente enlace:
PRECIO (verano 2014): kayaks 20€ descuento para grupos
+PAELLA (opcional): 15€, incluye ensalada de primero +  dos bebidas o una bebida y postre o café.
VERSIÓN TRADICIONAL: Tal y como hemos dejado aparcado el coche al inicio de la pista a la derecha, frente a la parada del microbús que baja a la playa, retrocedemos unos 30 m sobre nuestros pasos, hasta tomar un carril forestal, secundario y vallado para impedir el paso de turismos, el cual va descendiendo presentando una pendiente muy suave. Este es el camino que debemos tomar. Cuando se han recorrido unos 100 metros de carril forestal, éste hace una curva de 180 grados hacia la izquierda, y es precisamente en esta curva donde lo abandonamos, ya que debemos seguir recto (pasando junto a un acebuche) adentrándonos en una zona boscosa (de pino carrasco) muy frondosa y húmeda ya que está en la ladera Norte del cerro Caleta que llevamos a nuestra derecha, protegida por las verticales paredes que forman los tajos de la cara norte del cerro Caleta.
Podemos observar entre los árboles y arbustos la aristoloquia, que es una enredadera típica de encinar, algarrobos y otros arbustos como el ramnus y el sedum, que es una planta carnosa. Al ser una zona húmeda abunda el musgo sobre la roca, también abunda la jara, el enebro, matagallo, pero sobre todo, y como elemento más interesante de este itinerario, destaca la abundante presencia de boj, arbusto que sólo se encuentra de manera esporádica en alguna zona de las islas de Mallorca y Cerdeña, y en el norte de África, además de aquí. Su presencia en este bosque se ve favorecida por la sombría que proporciona la cara norte del cerro Caleta. Este itinerario progresa siempre en dirección a la playa, es decir, descendiendo poco a poco. Aún en la espesura de este bosque nos encontramos una pequeña pradera verde perfecta para hacer un descanso y disfrutar de la singular belleza de este lugar. Al continuar la marcha (seguimos descendiendo poco a poco) vemos otras especies vegetales como el romero y llegamos a una zona donde los pinos dejan un claro donde abunda la jara, matagallos, lentisco, palmito, pero sobre todo boj. En algunos lugares podemos encontrar junto al boj, ejemplares de olivilla, planta no muy común. En el camino nos encontramos también con marrubio, candilitos, cebolla silvestre y todo sigue en un ambiente de humedad. Se ve al final de esta zona boscosa el uso que se le dan a los bancales próximos al barranco Cantarriján, que separa las provincias de Málaga y Granada, que es el de la agricultura, sobre todo de tropicales. Se observan en esta zona algunas edificaciones de escasa envergadura. Tenemos que seguir descendiendo, dirección a la playa, y nos topamos con una zona que presenta algo más de dificultad, donde el sendero tiende a difuminarse y la pendiente aumenta, encarando el descenso por una zona muy rocosa. Una vez superado este obstáculo nos acercamos ya a la zona llana que nos guiará hasta la playa de Cantarriján.
Lo suyo es completar el tramo que nos resta hasta llegar a la playa, por el mismo cauce del arroyo Cantarriján, que sólo suele llevar agua en época de lluvias (rara vez en los meses de verano). Algunas zonas están flanqueadas por densos cañaverales pero por lo general el cauce suele estar muy despejado y merece la pena, seguir por el misma cauce, pasando entre pequeños cahorros (secos) y bajo grandes pinos caídos, probablemente por la erosión de los márgenes del arroyo, en las contadas ocasiones que ha debido bajar con crecidas. Pero si lo deseamos, basta con cruzar el arroyo y rápidamente accederemos al carril asfaltado por donde llegan los coches hasta la playa de Cantarriján. No obstante, lo dicho, merece la pena completar este último kilómetro por el arroyo hasta la playa, unos 400 m antes de llegar a la misma, dejaremos a nuestra derecha un ramal de sendero que tomaremos mas tarde si queremos completar el recorrido hacia la idílica calita de Las Doncellas. 
VERSIÓN PRESTONIANA, POR LA CRESTERÍA DEL CERRO CALETA:
Finalizada la espera de cortesía, echamos a andar siguiendo la descripción que habíamos cogido de un libro por lo general muy fiable, pero siguiendo rigurosamente las indicaciones, a los pocos minutos nos percatamos de que al contrario de lo que se describía, el camino que habíamos tomado discurría por la vertiente sur del cerro Caleta y no por la cara norte, como supuestamente debería ser. Así que, hicimos lo mas prudente en estos casos, regresar sobre nuestros pasos hasta el inicio para reorientarnos de nuevo. Fue entonces cuando nos encontramos con: Silvia, Pía y Jens, que de este modo se unían al grupo.
Justo antes de llegar al aparcamiento, caminando todavía en sentido contrario, vimos como salía una senda muy clara hacia la arista del cerro Caleta, un pequeño templete dedicado a San Judas Tadeo, me confirmó que nos encontrábamos al inicio de una interesante versión de coleccionistas que leí una vez en algún blog.
Rápidamente el sendero discurría a pocos metros de los taajos de la vertiente norte, que caían a plomo a nuestra izquierda, mientras que el sendero, a veces se asomabaa y otras se alejaba del precipicio, subiendo en cerrados zig-zags, bajo la sombra de algunos pinos dispersos, abriéndonos caminos entre abundante matorral de lentisco, bolina, jara, cantueso, altabaca, atrapamoscas, hinojo, bayón, palmito, boj y hasta algún ejemplar de menta. 
Abriendo el grupo, mientras cruzaba los dedos para que el sendero no se perdiera entre la vegetación, pues ya no había tiempo para una segunda rectificación, me encontré con una cabra montesa que desapareció como por arte de magia, descendiendo cual experto alpinista, por los tajos que tenía a mi izquierda. A penas 5 minutos mas allá del templete a San Judas Mateo, dejábamos a la derecha un pino muy característico que por encontrarse en un collado está muy expuesto a los vientos, que han sido determinantes para darle ese aspecto de candelabro de 7 brazos.
El sendero aparece y desaparece por momentos, pero en comparación con los pinchos de los érguenes de la semana anterior, los dóciles matorrales que nos rodeaban parecían algodoncitos de la feria. No obstante, como ya íbamos con el tiempo mas bien justo para llegar a tiempo a la hora prevista para los kayaks de la playa de Cantarriján, fui por delante del grupo la mayor parte del tiempo, salvo breves paradas de reagrupamiento, ganando en confianza conforme los tramos de sendero, se hacían mas evidentes, con algunos puntos de pintura azul que nos confirmaban ir por el buen camino. 
Las vistas desde allí arriba son un espectáculo: al principio era la playa del Cañuelo la que teníamos a la derecha, poco después intuíamos partes de la caleta de Las Doncellas, que podíamos ubicar perfectamente gracias a la torre Caleta, a la izquierda la pista asfaltada que baja paralela al arroyo Cantarriján hasta la playa del mismo nombre con numerosos bancales de tropicales en el fondo del valle, y mientras tanto el sendero no paraba de subir y bajar entre collado y collado, hasta situarnos en el punto mas alto de cerro Caleta, que estábamos cresteando bajo el sol del mediodía, pero con una temperatura relativamente suave para la época y llegando hasta nosotros una suave brisa marina, procedente del Mediterráneo que ahora teníamos ante nuestros pies, disfrutando de unas vistas litorales magníficas.
Llega un momento en que dejas de tener los tajos a la izquierda, los que dan a la vertiente norte y pasas a tener los tajos a la derecha, los que dan a la vertiente sur, extremando las precauciones a la hora de asomarnos y con mucho cuidado a la hora de asegurar el paso cuando el sendero pasa cerca del borde del precipicio y las piedrecillas sueltas se prestan al resbalón. Pero poco a poco, con las debidas precauciones fuimos descendiendo, mientras mas de una echaba de menos el bastón, o mejor aún dos, pues siempre de gran utilidad, tanto para ganar en seguridad como, como para amortiguar el desgaste de las rodillas, que siempre sufren en los descensos empinados. 
Por momentos el sendero, se hacía mas difuminado, pero aquí y allá nos íbamos encontrando con los puntos azules que nos confirmaban progresar por el camino correcto, motivándonos especialmente al divisar ya allí abajo, la idílica playa de Cantarriján, donde podíamos distinguir el conjunto de canoas cada una de un color, con las que navegaríamos un poco mas tarde. 
Pronto empezamos a descender por un tramo de ladera ya conocido hasta que enlazamos con el mucho mejor marcado sendero que une la calita de Las Doncellas con las playa de Cantarriján en cuya dirección comenzamos a descender hasta descender al arroyo del mismo nombre, que curiosamente se cogió en su día para trazar la línea interprovincial entre Málaga de dónde veníamos y Granada, a donde llegábamos tan pronto como cruzamos el arroyo y cubríamos lo que restaba de trayecto por la pista asfaltada que llega hasta la playa, si bien teníamos pensado continuar por el arroyo, pero había una compañera algo rezagada (no acostumbrada a terrenos escarpados) y era prioritario que la avanzadilla llegara a la playa cuanto antes para hablar con Luis (el monitor encargado aquel día), que amablemente nos recibió, restándole importancia a los quince minutos de demora con los que llegó la cola.
Tal y como el personal iba llegando, cada uno pagaba lo suyo, escribía nombre, apellidos, firma y DNI en un documento de eximir de responsabilidad de la empresa 18 nudos, que a su vez nos hacía entrega de un ticket consumición de bebida en el chiringuito La Barraca, para tomar antes o después de la sesión de kayaks, que no tardamos en iniciar, pues la mayoría teníamos experiencia previa y prácticamente nos saltamos el protocolo de rigor. En circunstancias normales, hubiéramos empezado a navegar rumbo a levante en busca de la cueva de La Paloma, bajo cerro Gordo, pero como el mar estaba ligeramente picado de poniente, tocaba remar primero hacia poniente para que el regreso no se hiciera tan duro, así que primero navegamos rumbo a la caleta de Las Doncellas, recreándonos con el espectacular perfil del cerro caleta, por donde no hacía ni 45 minutos, habíamos empezado a descender. 
De vez en cuando pasábamos al lado de medusas de espectaculares dimensiones, que no invitaban a lanzarse al agua para darse un baño, hasta que el morro de nuestras canoas entró en contacto con las piedrecillas de la calita de Las Doncellas, donde un año mas disfrutamos de esos fondos cristalinos, que nos permitía bañarnos con total confianza, pues allí no se divisaba ninguna medusa en nuestras proximidades y si abundantes pececillos de colores que certificaban la calidad de las aguas de este paraje natural y su catalogación como tal.
Tras unos minutos de baño y relax en la calita de las Doncellas, tocaba regresar a nuestras embarcaciones y proseguir rumbo a poniente, dejando a nuestra derecha la larga playa del Cañuelo y apuntando nuestras proas hacia el antiguo cuartel de la guardia civil tipo bunquer, que preside la idílica calita de la Torre del Pino donde estuvimos disfrutando de unos 20 minutos de baño y de la exploración de su entorno incluida la espectacular escalera que llega hasta la mencionada Torre del Pino a donde intentaron llegar Pía y Teresa, que vieron cortada su ascensión cerca del final donde un ramal de la pasarela sale hacia un chalet. No obstante, hay tramos de barandilla en muy mal estado, que hacen peligroso el tránsito por esta escalera.
Al fondo la mencionada escalera
La calita del pino, vista desde las escaleras
Paco Maravillas y Rosa "La Niña Bonita" se conocieron en el Jurásico 2011 y hasta hoy, ¡amor a primera vista, en nuestros escenario favorito, la Naturaleza!.
El Doctor Leal, horas antes de partir a su enésimo viaje al camino de Santiago
La Venus de Botichelli en proceso de "restauración" amenaza con volver.
Santa Teresa de Sierra Mágina, nadie hace mas kilómetros que ella, antes y después de cada ruta viniendo desde Huelva capital, no sólo es pasión por el senderismo, sino por sus amigos.
El Doctor Guerrero, con quien ssiempre es un placer salir al campo. 
Finalizada la sesión de baños regresamos al agua, para retornar hasta la playa de Cantarriján, ya sin paradas intermedias con la comodidad de remar a favor de corriente, llegando puntuales al chiringuito La barraca, donde en pocos minutos ya nos tenían preparadas las ensaladas y las dos paellas que sacaron y que no sólo tenían muy buena pinta visualmente, sino también de sabor.
Lástima que la música de “Camela” excesivamente alta, hizo que a Emilia y al Doctor Pepe Guerrero se les atragantara la paella, especialmente a este último, que en vista de que los camareros no nos hacían caso para bajar la música, se levantó de la mesa, plato de paella en mano y se fue en medio de la playa a disfrutar del peludo paisaje.
Finalizada la paella, nos pusimos en marcha remontando el cauce seco del arroyo Cantarriján, hasta el ramal de sendero por donde habíamos bajado y por el que ahora empezábamos a subir, dejando a la derecha el ramal por el que habíamos descendido de la crestería y continuando hasta el collado Caleta, una subida algo empinada, pero que se lleva muy bien bajo la sombra de los pinos, disfrutando de bonitas vistas de la playa de Cantarriján cada vez mas abajo a nuestra izquierda y superado el mencionado collado, los tajos de la vertiente sur del cerro Caleta a nuestra derecha y vistas hacia el mar a nuestra izquierda, poco a poco los pinos van quedando atrás y entramos ahora en una zona de monte bajo donde predominan los palmitos, el lentisco, el boj, el romero, la bolina, tomillo o manzanilla basta entre otros matorrales, pasamos junto a unos antiguos bancales donde aún quedan viejos ejemplares de olivos y algarrobos.
 Silvia (izq.) y Emilia (der.) con los tajos de la cara sur del cerro Caleta al fondo.
El siguiente hito del camino es un tenue ramal de sendero a la izquierda que nos conduce hasta la Torre Caleta, donde para no faltar al ritual de años anteriores, dirigimos nuestros pasos dejando a la derecha una espectacular cárcava, de muy reciente formación en términos geológicos, pero en cuyo interior ha proliferado un denso bosque de pinos. 
Después de escuchar la experta explicación por parte del catedrático Don José Guerrero, de cómo se formó (en español y en danés ¡toma ya!), proseguimos por el sendero llegando en unos instantes a la emblemática Torre Caleta, desde donde se puede disfrutar de una bonita panorámica hacia cerro Gordo y parte de la playa de Cantarriján hacia levante y de la Calita de Las Doncellas, en primer término a poniente, pero el acceso es muy escarpado a esta calita.
Finalizada la sesión de fotos en Torre Caleta, regresamos sobre nuestros pasos hasta el sendero principal, continuando en dirección oeste, llevando el mar siempre a nuestra izquierda, cruzando inmediatamente después la mencionada cárcava y dejando a nuestra derecha un ramal de sendero que sería el camino mas corto para regresar al aparcamiento, pero de ese modo nos dejaríamos a tras la mágica Calita de Las Doncellas, por lo que proseguimos rumbo oeste, ignorando ese ramal de sendero a la derecha, hasta llegar al siguiente cruce de senderos, ya situado sobre el talud por encima de la idílica calita. Informándole a quienes ya tenían prisas por volver que tomando el ramal que subía a la derecha, podrían llegar en poco mas de 20 minutos a los coches, siendo: Pía, Jens, Silvia, Paco Maravillas, Rosa, Paco Batista y Josefina quienes tomaron esta opción. 
Continuando el resto del grupo por el ramal de sendero que en escasos minutos nos llevó hasta los restos del antiguo bunquer de vigilancia costera que preside el peñón del Fraile, que sorteamos por el lado izquierdo, para afrontar un corto, pero empinado y algo escalonado descenso hasta caminar sobre las rocas que flanquean la calita de Las Doncellas en cuya playa disfrutamos del mas largo y relajado baño de la jornada, coincidiendo con la hora previa al atardecer, pero disfrutando de una cálida luz del sol en el lado izquierdo de la playa donde disfruté como hacía tiempo, de los bonitos fondos marinos de esta calita, que a escasos metros de la orilla, ya nos sorprende con el mágico mundo que se encuentra bajo sus aguas, rebosante de vida y de color.
 Finalizada esta última sesión de baños, regresamos sobre nuestros pasos, hasta el lugar donde nos habíamos despedido de los compañeros que se marcharon antes, regresando sobre sus pasos, ante la atenta mirada de una patrullera de la Guardia Civil, tal vez extrañada de vernos subir por aquel recóndito sendero mochilas en ristre. 
Aurora III (sobrina del Doctor Leal) y su novio Miguel con la playa del Cañuelo al fondo.
Antes de darnos cuenta pasábamos junto a una era, desde donde aprovechamos para hacer unasfotografías de los tajos de la cara sur del cerro Caleta (al fondo de la imagen de arriba). O al resto del grupo posando junto a un lentisco con sus pequeños frutos rojos muy apreciados por las aves insectivoras de nuestra fauna mediterránea. 
Completando los últimos metros de la ruta, ya por terreno recirrido al inicio de la jornada, mientras nos recreábamos con la puesta de sol sobre la playa del Cañuelo, que ahora veíamos desde allí arriba, quedando ahora a nuestra izquierda.

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