Distancia
aprox.
Entre 12 y 15 km si optamos por subir a la Duna de Bolonia, visitar las ruinas
de Baelo Claudia, o bien ambas cosas, o simplemente comenzar directamente desde
la playa.

Dificultad:
Baja
Fecha
de realización: 1 de julio de 2017
Escollos
a tener en cuenta: Algunos
tramos rocosos, el sol o viento que azote la costa ese día.
Material
recomendado:
El
equivalente a un día de playa (mucha protección solar), toalla o esterilla,
preferentemente gorras con protección lateral y trasera (para proteger orejas y
cuello). Normalmente al hacer esta ruta, se suele almorzar en algún punto
intermedio del recorrido, con lo que cada uno lleve en su mochila. Por si acaso
nos vemos obligados a ir por la parte de arriba de acantilados en algún
momento, mejor llevar calzado cerrado, tipo zapatillas de deporte.
No
olvides traerte el bañador y una muda de ropa y calzado cómodo, para cambiarte
al final de la ruta.

A
TENER EN CUENTA:
1º)
A la hora de
planificar una ruta por cualquier punto de la franja litoral del Estrecho, o
zonas cercana, ya sea el río Guadalmesí, Yebel Musa, Río de la Miel, Gantanta
del Capitán, etc...lo suyo es que sea un día con poco viento de poniente, lo
ideal es el día de transición de poniente a levante, o en todo caso de levante
a poniente, o incluso con viento de poniente. Pero si te toca un día de levante
y vas a hacer alguna montaña cercana, posiblemente te encontrarás todo cubierto
de nubes y no podrás ver las costas al otro lado del Estrecho. Si además se
trata de una ruta litoral, a lo anterior se le une la incomodidad del continuo
ametrallamiento de la arena, muy desagradable. En definitiva, ten siempre un
Plan B preparado, por si pronostican viento de levante para la zona del
Estrecho, irás hasta allí para nada.
2º)
Para la planificación de rutas litorales, ten siempre muy en cuenta,además del
viento (consultar en la página Wind Guru); la Tabla de mareas, zona de Tarifa,
(Julio 2017)
3º)
Si el grupo es muy grande, como era nuestro caso (más de 60 personas), antes de
iniciar la ruta se pueden dar tres opciones tal y como hicimos nosotros: Visitar
las ruinas de Baelo Claudia, Subir a la Duna de Bolonia o bien irse
directamente a la playa, por ejemplo, frente a uno de los chiringuitos que se
encuentran cerca de la zona de aparcamiento. Y fijar una hora para encontrarse
todos en la zona donde estén los compañeros playeros, para empezar la ruta
propiamente todos juntos dicha desde allí.
1ª
PARTE (Opción A): LAS RUINAS DE BAELO CLAUDIA:
Tal y como estaba previsto, algo más de 20 compañeros optamos por visitar las ruinas de Baelo Claudia, en cuyo parking nos dejó el autocar. Entramos de forma gratuita presentando el DNI del responsable del grupo, y tomando nota de cuántos éramos y lugar de procedencia. Nada más pasar el torno de la entrada nos podemos asomar a una preciosa terraza con vistas hacia las ruinas, desde esta terraza ya puedes comprobar que nos encontramos ante uno de los Conjuntos Arqueológicos mejores conservados en cuanto a urbanismo de origen romano se refiere, por no hablar de su mágico emplazamiento en la Ensenada de Bolonia, cuyas aguas lucían de un precioso color turuqesa ese día. Esta antigua ciudadela romana fue descubierto por el hispanista francés Pierre París (bisabuelo de nuestro compañero Arnaud), a principios del siglo XX y en 1917 comenzaron las primeras excavaciones, después de haberse quedado oculto en el tiempo bajo capas de arena, conservando así uno de los más importantes yacimientos de la época en la Península Ibérica.
Estrabón ya lo menciona en el año 18 d.C.: Baelo es un puerto donde generalmente se embarca hasta Tingis, en Mauritania. También es un emporio que tiene fábricas de salazones, donde también se elaboran grandes cantidades de garum.
De hecho, Baelo Claudia tuvo gran
importancia en la exportación de salazones y por ser un significativo núcleo de
elaboración de la famosa salsa de pescado conocida como garum; un sabroso manjar para
los ciudadanos romanos, con el que elaboraban todo tipo de pescados y hasta
algunas carnes y postres. Se cree que la ciudad tuvo sus orígenes en el siglo
II a.C. en una zona de gran importancia estratégica, como es el Estrecho de
Gibraltar, a partir de asentamientos fenicios, convirtiéndose en poco tiempo en
un referente marítimo en el Mediterráneo que obtenía la mayor parte de sus
beneficios de la exportación de productos relacionados con la pesca, que si
bien sigue siendo de gran importancia en la actualidad, se cuenta que en
aquella época se contaban por toneladas, las cantidades de atunes que llegaban
desde el Atlántico a desovar al Mediterráneo y tenían paso obligado por el
Estrecho de Gibraltar. También contaban con agua dulce para lavar el pescado y
grandes salinas cercanas para elaborar la salazón. No menos importante era la
presencia de grandes depósitos de arcilla que servían para la manufacturación
de las ánforas con las que luego transportaban las salsas de pescado a todo el
Imperio. Su mayor auge tuvo lugar en el período transcurrido desde el siglo I
a.C. hasta el siglo II d.C. y fue ensalzada a la categoría de municipium por
el Emperador Claudio.
Fue a partir del siglo II d.C.
cuando comenzó la decadencia de su actividad, sobre todo debido a la actividad
sísmica que provocó varios terremotos y maremotos que ocasionaron muchos daños.
A pesar de los intentos por recuperar la normalidad en cuanto a su
funcionamiento, los constantes saqueos de piratas mauritanos y la crisis
imperial del siglo III terminaron por pulverizar los pocos rebrotes que
intentaron hacer resurgir su economía. En el siglo VII fue abandonada
finalmente a expensas de la actividad geológica y las inclemencias
meteorológicas, quedando olvidada y sepultada bajo las abundantes dunas móviles
de la zona, hasta las campañas arqueológicas de Pierre París, cuyo busto
podemos observar al inicio del itinerario.
Tras asomarnos a la mencionada terraza, el siguiente hito es el Museo, que decidimos dejar para el final, empezando la visita directamente a las ruinas, siendo lo primero que vemos: los restos del antiguo Acueducto por donde discurría todo el año el agua fresca procedente de los cercanos arroyos, por aquel entonces, cristalinos de, Regajo del Hoyo y del Pulido.
Desde los primeros instantes que
iniciamos el paseo por el sendero que recorre este yacimiento arqueológico, declarado
Monumento Histórico Nacional,
podemos comprobar cómo está rodeado por una Muralla de piedra que, que según los historiadores, tenía una
función mas delimitadora, que de carácter defensivo, si bien en algunos puntos,
su grosor es considerable. A lo largo de algunos lienzos de muralla podremos
ver las cuatro puertas principales, que aún se conservan en la actualidad.
Además contaba con múltiples torres de vigilancia para la preservación de la
seguridad de la ciudad.
En distintos puntos del recorrido
nos llamó la atención la abundancia de grandes lagartos ocelados, perfectamente
familiarizados con los visitantes, dejándose ver a una distancia
sorprendentemente cercana.
Antes visitamos el Teatro, el edificio más grande
de la ciudad, que podía albergar a un público de hasta 2000 personas. También
pasamos junto a las ruinas del Mercado, donde se vendía sobre
todo carne y pescado. O el Edificio de las Termas que contaba con
varias salas para el baño, debidamente señalizadas en los paneles indicativos:
el caldarium, o sala caliente, el tepidarium,
o sala templada, y el frigidarium o sala fría.
Baelo Claudia albergó cuatro Templos, dedicados a los dioses
Júpiter, Minerva, Juno (Triada capitolina) y a la diosa egipcia Isis; muy
aceptada para los rezos romanos, ya que se la consideraba un símbolo de gran
importancia en el culto a la fertilidad por parte del colectivo femenino. El
Templo de Isis se cree que pudo construirse hacia el año 70 d.C. y contaba con
varios lugares diferentes: el pórtico, un patio central sobre el que se
construyó el propio templo, la sala de iniciación y la sala de los sacerdotes.
También podemos encontrar restos de
edificios como la curia o la necrópolis. La intensa actividad
comercial e industrial se tradujo en la construcción de Viviendas para los
trabajadores, situadas en las zonas periféricas en contraposición a las domus de
los patricios y ricos comerciantes que se concentraban hacia el sur de la
ciudad cerca de las fábricas.
La Zona Industrial se
encuentra junto al mar, conservando piletas para la elaboración del garum y una serie de
estructuras donde se llevaba a cabo la elaboración de salazón y donde se
almacenaba la materia prima antes de ser enviada fuera de las fronteras de
Baelo a las distintas provincias del Imperio. Esta zona también está muy bien
explicada en los ilustrativos paneles
informativos.
En el tramo final del sendero (o inicial según la dirección que escojamos), nos encontramos con un tremendo árbol solitario de porte centenario, oriundo de Sudamérica, que se da en los montes del nordeste de Argentina, Sur de Brasil, Uruguay y Paraguay, llamado Ombú, cuya frondosidad y tamaño hacen honor a su otro nombre popular: Bellasombra. Siendo su nombre científico: Phytolacca dioica, de carácter ornamental y que también podemos encontrar en un parque urbano de Gibraltar.
Antes
de finalizar la visita, pasamos por el Museo, donde también nos sorprenderá una
gran cantidad de restos escultóricos y una gran cantidad de utensilios y
curiosidades de todos los tamaños, así como una amplia galería fotográfica, con
algunas imágenes históricas, como la de un arqueólogo que nos parece pequeñito,
al lado de la gran estatua de Trajano, yacente entre las ruinas, a sus pies.
Tal y como estaba previsto, simultáneamente el resto
del grupo se fue a subir la Duna de Bolonia, declarada como Monumento Natural
desde el año 2001. Esta duna de arenas doradas, supera los 70 m de altura sobre
el nivel del mar y una anchura que oscila entre los 200 y 400 m Está situada al
N-O de la ensenada de Bolonia, visible desde muchos kilómetros de distancia.

Al llegar al final de la duna
podemos apreciar la lucha continua entre los pinos por crecer y la arena por
avanzar. Pero la duna juega con ventaja porque su altura sobrepasa la de los
árboles, si bien, a veces, el fuerte viento lleva la arena sobrante lejos de la
duna.
Aunque parte de las arenas de Bolonia están cubiertas por especies exóticas para evitar su avance, los acantilados azotados por el levante presentan vegetación original como el enebro costero andaluz, la sabina rastrera y la camarina, dando ésta última nombre al cercano faro Camarinal. En otro cordón dunar del interior de la playa, aún embrionario, ponen color los cardos marítimos, azucenas y alhelíes de mar, que, junto al junquillo, crecen en las zonas menos castigadas por el viento. En las zonas más expuestas sólo crecen el barrón, gramas marinas y lotos.
Aunque parte de las arenas de Bolonia están cubiertas por especies exóticas para evitar su avance, los acantilados azotados por el levante presentan vegetación original como el enebro costero andaluz, la sabina rastrera y la camarina, dando ésta última nombre al cercano faro Camarinal. En otro cordón dunar del interior de la playa, aún embrionario, ponen color los cardos marítimos, azucenas y alhelíes de mar, que, junto al junquillo, crecen en las zonas menos castigadas por el viento. En las zonas más expuestas sólo crecen el barrón, gramas marinas y lotos.
2ª PARTE, Ruta Litoral Playa de Bolonia
- Playa de Valvevaqueros
A la hora fijada nos reunimos todos en el punto fijado en la
playa de Bolonia, para desde allí iniciar la caminata en dirección Este,
recreándonos con el color turquesa y celeste de unas aguas tocadas por la magia
de Neptuno (Podeidón en la mitología Griega), que tuvo a bien, regalarnos las
condiciones óptimas que sólo se dan en los días de transición de poniente a
levante, y además con vientos muy suaves, la mayor parte de la jornada. La
humareda de un incendio forestal recién iniciado, comenzaba a aumentar al otro
lado del Estrecho. Mientras una vaca marrón con su ternerillo, contemplaba
indiferente el discurrir del grupo, todavía en plena playa de Bolonia, por lo
que se ve, muy acostumbrada a la presencia de bañistas, muy numerosos, en aquel
primer sábado de julio 2017.
Tras dos primeros kilómetros de idílica playa ininterrumpida
de arenas finas, llegamos a una primera zona rocosa (fácil de transitar),
denominada Punta de la Morena del Puertobajo,
también conocida como Punta del Nabo,
pues unos 200 m mas allá, llegamos a una playa presidida por una curiosa
formación rocosa con forma de gran pene mirando hacia el mar. Siendo este el
lugar escogido para la primera parada de baño, por tratarse de una playita
idílica de fina arena con muy poquita gente donde estuvimos disfrutando de lo
lindo.
Reanudada la marcha, no tardamos en hacer una segunda parada
obligada, tanto por el alto valor paisajístico del lugar, como por el nivel
perfecto de la marea para disfrutar de las preciosas piscinas (naturales) de los Baños de Claudia,
originadas por los flysch de gran valor geológico, disfrutando del colorido de
sus aguas y su agradable temperatura, así como de la peculiar arena que se
obtiene machacando una zona rocosa, conocida como "Piedra Jabón" que
al parecer cuenta con grandes propiedades para la hidratación de la piel. Siendo
además una hora propicia para el almuerzo aprovechamos para hacer un tres en
uno: baños, almuerzo y sesión de arenaterapia.
A partir de Los Baños
de Claudia, la marea que ya comenzaba
a subir, nos permitía seguir avanzando en todo momento por la sucesión de
pequeñas playas que teníamos por delante, interrumpidas de forma intermitente
por algunos tramos de rocas de distinto tamañs, que esquivamos fácilmente
remontando algunos pequeños acantilados, hasta bajar a la
siguiente playa, donde se alternaban en perfecta armonía, nudistas y bañistas y algún que otro bohemio que seentretenía, colocando piedras sobre rocas de mayor tamaño que desafiaban al viento y a las mareas.
La
parada para el último baño de la jornada, decidimos hacerla, un kilómetro y
medio antes de llegar al mogollón de bañistas y surferos de Valvevaqueros, en
una franja de playa relativamente tranquila, a los pies de la Duna de Punta
Paloma, que aprovechando la coyuntura, también aprovechamos para coronar, un
grupo de compañeros. Desde allí arriba nos estuvimos recreando con las cometas
y los habilidosos surfistas saltadores y a veces, casi voladores.

Después
de bajar la duna, último baño y copa final en el Bar Casa de Porros, a pie de
la carretera nacional N-340, punto de encuentro donde vino a recogernos
puntualmente el autocar. Después de que atravesáramos la curiosa laguna que se
forma en la playa de Valdevaqueros, fruto de la desembocadura del río del
valle, procedente de la Sierra de Fates y su unión con las aguas del Atlántico,
cada vez que sube la marea, que le dio el último toque paisajístico a una ruta
tan repleta de colores, como de luz y sensaciones. Y es que cuando se tiene la
suerte de escoger una ruta tan bonita y las condiciones meteorológicas son
óptimas tenemos muchas papeletas para disfrutar de una ruta DIEZ.

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