viernes, noviembre 02, 2007

Ascensión a La Concha desde Juanar

Jueves 1 de noviembre de 2007
Inolvidable ascensión a La Concha desde el refugio por La Cruz de Juanar, haciendo la crestería completa de Sierra Blanca, que delimita los términos municipales de Marbella-Ojén-Istán:


Hay montañas que por su estratégica situación jamás deberían pasar desapercibidas para el viajero ávido de belleza paisajística, tal es el caso de “La Concha”, impresionante atalaya de La Costa del Sol, que es a Marbella, lo que Sierra Bermeja a Estepona, cada montaña tiene su propia personalidad, con su agreste belleza., sus magníficas panorámicas, su colorido cambiante conforme el sol va girando sobre ellas y la espectacularidad de su silueta. Pero “La Concha” resulta tan espectacular e imponente, como un gigante dormido a la orilla del mar, que casi nos atreveríamos a llamarla: “El Olimpo de La Costa del Sol”.

Aunque son varias las distintas vías reacceso a su cumbre, la mas tradicional es desde el “Refugio de Juanar” al que podemos llegar desde el interior por Coín-Monda ó desde la costa subiendo desde Marbella dirección Ojén, antes de llegar a este pueblo subiendo desde la costa, nos encontramos con un mirador a pie de carretera, que nos ofrece una preciosa postal del pueblo de Ojén, magnífico ejemplo de arquitectura popular de los pueblos blancos que circundan el entorno del parque natural Sierra de las Nieves (Reserva de la Biosfera).


Diez amigos nos dimos cita a la hora prevista en un “Refugio de Juanar” (820 m.), donde iba a tener lugar “la fiesta del tostón” (día de la castaña) que en aquella mañana otoñal de jueves 1 de noviembre, día de todos los santos. Si bien todavía había poquitos coches y tan solo algunas familias recolectando castañas, en ese precioso castañar que nos encontramos en la zona del refugio, regalándonos una idílica imagen de cromatismos otoñales en plena eclosión, como regalo de bienvenida a una ruta ya de por sí alucinante, cuya belleza y espectacularidad, no le tiene nada que envidiar, ni a la famosa crestería de “la Sierra del Pinar”, (Grazalema), ni a ninguna otra que hayamos conocido hasta la fecha.


Para iniciar la ruta, de la mano de Fernando y Ana, “Los Duques de Juanar”, que durante todo el recorrido demostraron conocerse sus dominios al dedillo, echamos a andar por el camino convencional de la pista que asciende suavemente dejando a la izquierda el “Cerro Nicolás” (1.019 m.), para llevarnos hasta la verja que marca el inicio del olivar, por donde continúa llaneando la pista, ya con la cumbre de “La Cruz de Juanar” al frente, hacia cuya base nos dirigimos con los olivos a ambos lados del camino, dejando poco después el cortijo de Juanar a la derecha y continuando unos 200 m. mas allá, en dirección al “mirador de la cabra”, hasta que a la derecha de la pista, nos encontramos con una pequeña plazoleta de pinos, de donde parte una senda que rápidamente nos sitúa en la falda de “La Cruz de Juanar” a cuya cumbre llegamos en menos de una hora, desde el inicio de ruta, ascendiendo por cerrados zig-zags, bajo un amenazante cielo de tormenta, que con tenebrosas nubes negras tuvo cubierta a la mayor parte de la sierra durante toda la mañana. Al llegar a la famosa cruz, de donde toma el nombre esta bonita montaña, nos encontramos con la sorpresa de una bonita Virgen de piedra, de unos 60 cm. Con el niño Jesús en sus brazos. Confiriéndole a esta cumbre una mayor connotación religiosa, a la que de por sí ya tenía. Quiera Dios, que el vandalismo no dañe esta bonita imagen, recientemente colocada en la cumbre que no le hace ningún mal a nadie.


Al igual que el año anterior en la travesía “Marbella-Istán”, la bajada de “La Cruz de Juanar” la realizamos por su cara oeste, se trata de un rápido descenso con preciosas panorámicas montañeras al comienzo, dejándonos en pocos minutos en el “P.R. A-168” (Juanar-La Concha), justo a la altura del llanito donde acaba la ascensión por el bosque de pinos y comienza la suave pero pedregosa ascensión al collado que nos lleva al comienzo del “Salto del Lobo”. Donde realizamos una nueva parada de reagrupamiento, para recrearnos en la otra vertiente de Sierra Blanca con vistas al Valle del río Verde, con el precioso pueblo de Están a modo de oasis blanco, a los pies de Sierra Parda y Palmitera mas allá, todo ello en dirección oeste.

Una vez en este collado, lo tradicional es seguir por la senda marcada “PR. A-168” que en los próximos 300 m. nos lleva por una vertiginosa cornisa a media falda de “El Salto del Lobo”, sin embargo, “Los Duques de Juanar” nos tenían preparada una sorpresa, de tal modo que abandonamos la senda por el lado izquierdo (siempre hablando en el sentido de la marcha), para situarnos por una sendita secundaria marcada por algunos hitos en la mismísima cumbre de “El Salto del Lobo” (1.143 m.) y a partir de ahí un vertiginoso descenso por una afiladísima crestería a lo largo de un tramo de mas de 300 m. que nos separaban del “PR. A-168”. A la derecha una pared completamente vertical cuyo final nos llevaría a caer sobre la cornisa por la que iban pasando algunos excursionistas (en la versión tradicional), a la izquierda un terraplén de una pendiente escalofriante con una pedrera interminable y de frente un escalonado paso de rocas, donde el mínimo error hubiera provocado que todos los compañeros que iban por delante mía cayeran como fichas de dominó. Sin embargo, la pericia de los compañeros y la valentía de “Chucky” me contagiaron y con la ayuda de Juan Carlos y los ánimos del resto de los compañeros, pude bajar al filo de lo imposible, volviendo a retomar en pocos minutos el anhelado sendero. Al mirar para atrás y contemplar por donde habíamos bajado, casi no nos lo terminábamos de creer, pero con el subidón de adrenalina y la satisfacción de haber subido un nuevo escalafón en nuestro periplo montañero reanudamos la marcha.


Una vez retomada la senda tradicional el siguiente hito del camino es el “Cerro Lastonar” cuyo perfil aparece frente a nosotros de forma cónica, de manera que, justo cuando la senda comienza a faldearlo, dejando la cumbre a la derecha, nosotros volvimos a abandonar la senda, para atacar directamente a su cumbre a la que se accede muy fácilmente, ya que a pesar de lo pedregoso del terreno y siendo el “Cerro Lastonar” (1.260 m.) el techo de Sierra Blanca, tanto las rocas que lo rodean, como la plataforma de su cumbre son muy dóciles y podemos acceder al mismo sin ninguna dificultad, empezando a obtener las primeras vistas sobre “El Pantano de la Concepción” (oeste) y restos de la famosa avioneta que se chocó al pié de la pared oeste del Lastonar, justo a nuestros pies, donde conviene asomarse con precaución.


Tras la foto en el rudimentario punto geodésico (típica pirámide de peñascos), iniciamos el descenso dirección sur, siguiendo la línea de crestería, por una cómoda plataforma con preciosas vistas sobre la masificada costa, todavía bajo negros nubarrones y con un viento fresco, que ayudaba a mitigar el esfuerzo de la caminata, regresando nuevamente la senda tradicional, justo donde empieza el tramo final de su crestería. En este punto, tenemos dos opciones: la primera, siguiendo la senda que salva los primeros tramos de crestería por el margen derecho (cara este) teniendo que atravesar una corta pero vertiginosa cornisa, que fue la opción que escogimos en el camino de vuelta. O bien, cogemos por el menos marcado ramal de la derecha, cara oeste, que aunque también tiene algún paso aéreo, no resulta tan peligroso como el anterior y que fue la opción que escogimos a la ida, para unos 200 n. después de rodear el espolón, retomamos nuevamente la senda “PR. A-168” iniciando el tramo final de crestería en toda la dimensión de la palabra, ya que la mayor parte del tiempo caminamos por la mismísima crestería o a muy pocos metros de la misma con unas vistas aéreas realmente espectaculares, no aptas para personas que padezcan vértigo, tanto por la sensación de altitud, caminando a veces al filo de cortados, como por lo agrio del terreno, ya que es aquí donde el proceso erosivo de karstificación ha actuado con mayor virulencia, hasta transformar algunas rocas en auténticos cuchillos, si bien una vez que llegamos a esa preciosa terracita que es la cumbre de “La Concha” (1.215 m.), el terreno es dócil e invita a disfrutar de las viandas. Tal y como hicimos los diez compañeros de aventuras, disfrutando de las magníficas vistas que desde allí se pueden contemplar abarcando casi la totalidad del litoral malagueño: desde Tejeda y Almijara al este hasta El Peñón de Gibraltar al oeste, mientras el día comenzaba a despejarse y como postre disfrutábamos de unas magníficas castañas que Fernando y Ana tuvieron a bien ofrecer a sus invitados.


Para el camino de vuelta fuimos en todo momento por la senda tradicional “Juanar-La Concha” (PR. A-168), pasando por los lugares que habíamos dejado atrás en nuestro cresteo de ida, es decir: La cornisa posterior al Lastonar, y su faldeo por la cara este, la temible cornisa del “Salto del Lobo” y la bajada por el bosque de pinos con vistas a “La Fulaneja”, pasando por el famoso cruce de sendas. Hasta que justo antes de llegar al “cortijo de Juanar” ya entre los olivos, y por la pista que a poco que llueva, siempre está encharcada, tomamos un ramal a la izquierda, que siendo paralelo al camino tradicional del olivar, se acerca bastante a la prolongación del bosque de pinos al que nos devuelve, pasando junto a unas curiosas rocas redondeadas, donde se encuentra la famosa figura del “hipopótamo”, para poco después llegar al bosque de castaños, donde se encuentra el Refugio de Juanar. Al que llegamos caminando sobre la alfombra de hojarascas con las tonalidades otoñales que nos habían recibido al comienzo del día y donde nos despedimos tras el tradicional: café, colacao, cervecita y hasta un te que “uno” se pidió en nuestra tertulia “post-ruta” en el refugio.

Crónica y fotos: Juan Ignacio Amador


2 comentarios :

  1. fernando8:31 p. m.

    Maravillosa crónica que guardaré como oro en paño de una ruta memorable. Gracias a los que asististeis pues vuestra compañía fue un regalo.
    ...Aun recuerdo a Chuky con la mirada altiva al borde de los escarpados riscos del Salto del Lobo.

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  2. Mi querido amigo Fernando, lo que verdaderamente es un lujo es conocer a gente tan buena como vosotros en medio de este Mundo cruel y disfrutar de vuestra compañía en el mejor de los escenarios posibles.
    un abrazo
    Juani

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