Entorno: Llanos de la Perdiz, Reloj de Sol, Acequia Real, entorno del Generalife, fuente del Avellano, Paseo de Los Tristes, Plaza Nueva y aledaños, subida hacia la Alhambra y retorno hasta el inicio de ruta.
Localidad de referencia: Granada capital.


Al salir del túnel, habiendo
tomado el carril de la izquierda, nos encontramos de frente con el hotel Macía
Real de La Alhambra, por delante del
cual vamos a pasar, doblando a mano derecha y subiendo por la primera calle que
sube, justo donde el hotel hace esquina. A partir de ahí la calle zigzaguea y
va subiendo, dejaremos atrás dos rotondas, manteniéndonos siempre en la calle
principal que sigue subiendo y después de dejar atrás la segunda rotonda, la
segunda calle a la derecha esa es calle “sala Dos Hermanas”, nuestra calle de
referencia para empezar la ruta. Tanto esta calles como las aledañas son calles
de chalets y adosadas muy tranquilas donde habitualmente se puede aparcar sin
tener que pagar zona azul o similares. (Al menos a fecha abril 2014).
Distancia aprox. 12 km, de los cuales 8 km son por
senderos y algún tramo de pista y los 4 km restantes por el casco urbano
antiguo de Granada (principalmente zona del paseo de Los Tristes, Plaza Nueva,
calles aledañas y alrededores de La Alhambra).
Desnivel de subida
y bajada aprox : 300 m
Tiempo aprox.
Se puede hacer tranquilamente entre 4 o 5 horas, pero depende del tiempo que le
queramos dedicar a la zona monumental, tapeo, etc…
Nivel
dificultad: bajo.
Tipo de
recorrido: circular
en sentido contrario a las agujas del reloj.
Mapa, bibliografía y organizador y guía de la ruta: Don Manuel Manzanares
Morilla “El Cartógrafo del NATIONAL GEOGRAPHIC” que volvió a deleitarnos con su
magnífico repertorio de rutas de coleccionista.
A tener
en cuenta:
Conviene llevar dinero encima,
ya que pasada la mitad del recorrido lo suyo es tapear
en los bares de las calles aledañas a la Plaza Nueva (inicio del paseo de
Los Tristes o Carrera del Darro). La tradición en Granada es que te sirvan una tapa “gratis” por
cada cerveza (aunque en algunos sitios hay que recordárselo mas de una vez). No obstante, “duros a
pesetas no dan en ningún sitio” y si lo que quieres es comer, ve con la idea de
pedirte, al menos un par de raciones o medias raciones. Y no olvides asegurarte
del precio que te van a cobrar antes de pedir, que ya se sabe que en las
ciudades muy turísticas, mientras mas cerca de la zona monumental, salvo
honrosas excepciones, suelen meterte buenas clavadas y encima sin atenderte
medianamente bien. Lo de que en Granada con pedir dos o tres cervezas ya
has comido, cada vez es mas difícil de comprobar por uno mismo. En todo caso en barrios periurbanos y
pueblos cada vez mas contados como: Güejar Sierra o Cogollos Vega.
Lo dicho el que quiera comer en condiciones tiene que
pagarlo como en cualquier sitio. Que lo de la cerveza y la tapa cada vez empieza a
pertenecer mas al capítulo de “érase una vez en Granada”. Y el que todavía
tenga la suerte de tener en su agenda algún bar que mantenga tan sana y añorada
tradición, bien en Granada capital o en cualquier pueblo de la provincia, le
estaremos muy agradecido nos lo deje escrito en el apartado “comentarios” de
esta crónica.
Breve descripción de la ruta:
Una vez situados en
la calle “Sala Dos Hermanas” podemos tomar un ramal de sendero que en dirección
norte, sube hacia la dehesa del Generalife, en nuestro caso aprovechamos la
vereda que salía a mediación de la calle, partiendo desde el único solar libre
que quedaba en la hilera de adosadas y chalets que tanto abundan en este barrio
residencial.
Al llegar a esta
pista terriza nos encontraremos con un cartelón del mapa correspondiente al “Circuito
de Mountainbike Acequia Real” muy transitado por ciclistas, corredores y
senderistas de Granada capital, que acuden a esta zona directamente desde su
casa, a modo de lugar ideal para entrenar.
Al llegar a este
punto donde la pista se bifurca nos encontraremos dos balizas: Llano de la
Perdiz 1,9 Km por un lado y Aljibe de la Lluvia 400 m, por otro, siendo el aljibe
el lugar hacia el que dirigimos nuestros pasos, ya caminando a partir de aquí
en suave pendiente.
Predominando por
esta zona las retamas, encinas y algunos pinos y siendo la “Abadía del Sacromonte”
esa construcción señorial que nos llama poderosamente la atención durante un
buen trecho al NO, después al N, justo cuando estemos frente a la misma y
quedando al NE, una vez la vayamos dejando atrás.
Muy bello e interesante este poema , pertenece a la obra “Poema del Cante
Jondo” , publicada el año 1931 , aunque habría sido escrita a comienzos de la
década de los veinte; en cuanto a su contenido se aprecia a simple vista un
paralelo entre dos perspectivas , por una parte la comparación entre los dos
ríos de Granada , el Darro y el Genil , con el Guadalquivir de Sevilla ,
comparación desventajosa para los ríos de Granada que son pequeños y de poca
agua ; junto a esto se expresa una especie de frustración afectiva , un lamento
por un amor que no se concreta , que de repente es más una expectativa o un
deseo ; ahora cuando se habla de los ríos , en su comparación , aparece
replanteado el tema de la frustración o la insuficiencia ; los ríos de Granada
representan más una aspiración que una realidad y se ven aplastados por la
magnificencia del Guadalquivir del poema ; hay un contraste entre la plenitud y
la insuficiencia , al final del poema se unen ambos motivos , los ríos y la
pasión ; estos son ríos de Andalucía , región de España bastante seca en donde
el agua es muy valorada y es un destacado símbolo de vida ; formalmente el
poema tiene imágenes muy buenas , muy logradas , en este sentido se trata , en
mi opinión de un poema bastante lírico .
¡Ay, amor
que se fue y no vino!
que se fue y no vino!
El río Guadalquivir
tiene las barbas granates.
Los dos ríos de Granada
uno llanto y otro sangre.
tiene las barbas granates.
Los dos ríos de Granada
uno llanto y otro sangre.
¡Ay, amor
que se fue por el aire!
que se fue por el aire!
Para los barcos de vela,
Sevilla tiene un camino;
por el agua de Granada
sólo reman los suspiros.
Sevilla tiene un camino;
por el agua de Granada
sólo reman los suspiros.
¡Ay, amor
que se fue y no vino!
que se fue y no vino!
Guadalquivir, alta torre
y viento en los naranjales.
Darro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques,
y viento en los naranjales.
Darro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques,
¡Ay, amor
que se fue por el aire!
que se fue por el aire!
¡Quién dirá que el agua lleva
un fuego fatuo de gritos!
un fuego fatuo de gritos!
¡Ay, amor
que se fue y no vino!
que se fue y no vino!
Lleva azahar, lleva olivas,
Andalucía, a tus mares.
Andalucía, a tus mares.
¡Ay, amor
que se fue por el aire!
que se fue por el aire!
Una vez finalizada la poesía con la que una vez mas nos
deleitaba poniéndonos los vellos de punta, incluso a los menos aficionados al género,
sin dejar de reconocer su gran mérito y agradecerle este gran toque de cultura
y sensibilidad que tanto enriquecen nuestras rutas, al mismo tiempo que
honramos la memoria de nuestros mas ilustres paisanos.
La primera vez que
pasé por el Paseo de los Tristes ni siquiera sabía que se llamaba así,
simplemente iba hacia el Sacromonte. No eché cuenta a esta alameda con tanto
romanticismo pues mis ojos se hallaban fijados en mi destino.
Luego fui llevando mis pies a recorrer este paraje. A veces para ir al
Sacromonte, a veces para subir al Albaicín. Hasta que me di cuenta de que lo
hacía no para ir a otro sitio, sino para pasear por aquí.La Alhambra es el rincón más visitado de Granada pero este paseo es especial,
es el corazón de la Granada histórica. A un lado el barrio del Albaicín, en
alto, origen de la ciudad. Al otro la ladera de la Alhambra, puro bosque
ajardinado.
En medio de ambos puntos el río Darro, y junto a él el Paseo de los Tristes, el
espacio abierto a las afueras de la ciudad medieval donde se celebraba el zoco
y los eventos culturales y lúdicos.
Está en el centro de Granada, un rincón único e inesperado por su belleza
natural. Aunque su nombre evoca los años en que era el camino obligado hacia el
cementerio, el punto por el que pasaban los cortejos fúnebres.
Te sitúas en el centro urbano y tomas la ruta hacia el norte, hacia arriba,
dejando de lado la subida a la Alhambra para seguir el curso del río. Primero
pasas por una estrecha calle, la Carrera del Darro. El Paseo se inicia en la
iglesia de Santa Ana, de factura mudéjar y origen musulmán. Enfrente el Museo
Arqueológico. Entre ambos forman una entrada angosta, por donde hay que
circular con mucha precaución.
Tras ellos se entra en una ancha alameda con algunas terrazas y unas vistas
magníficas. Lo que ahora se disfruta es consecuencia de las medidas de
urbanización en 1609 que pavimentaron el antiguo Paseo de tierra. El lugar se
convirtió en el rincón festivo de la corte. Se construyó un escenario de madera
tapando parcialmente el río y enfrente, en la otra ribera del río, la Casa
Cuadrada. Llama la atención por su curiosa decoración, fuera de lugar en un
sitio con tanto sabor mudéjar. Es una casita con dos plantas, en la superior
tocaban las bandas musicales mientras la aristocracia disfrutaba del
espectáculo en la planta baja.
Un poco antes de este típico lugar se halla el Puente de las Chirimías. Es un
lugar donde se hacen muchas fotos aunque no sea árabe sino una reconstrucción
del siglo XIX. Pasando el mismo se llega a unos locales de arte donde se pueden
apreciar y adquirir productos artesanos de alta calidad.
Siguiendo el Paseo se llega a los restos de un arco, donde posiblemente estuviese la antigua entrada. En un lateral una calle de subida hacia la parte alta del Albaicín, donde se halla el mirador que hizo famoso un presidente americano que hasta aquí se desplazó para admirar un excepcional amanecer.
En la parte final de la alameda está el monumento al padre Manjón, fundador de una escuela para niños pobres del Sacromonte.
Detrás el otro puente del Paseo, el del Aljibillo, que da paso a una vereda de ascensión al Generalife. Es el otro Paseo, el de las parejitas, el de los poetas, un camino que acaba junto a la Fuente del Avellano, entre árboles milenarios.
El Paseo acaba en la Cuesta de los Muertos, la calle de acceso del Albaicín para el tráfico rodado. Si quedan ganas conviene subir hasta la antigua Granada, hoy un barrio rehabilitado con enorme sensibilidad y con un sabor a medieval que impresiona. Un rincón para tapear disfrutando del arte y de la belleza, frente a los palacios nazaríes.
Siguiendo el Paseo se llega a los restos de un arco, donde posiblemente estuviese la antigua entrada. En un lateral una calle de subida hacia la parte alta del Albaicín, donde se halla el mirador que hizo famoso un presidente americano que hasta aquí se desplazó para admirar un excepcional amanecer.
En la parte final de la alameda está el monumento al padre Manjón, fundador de una escuela para niños pobres del Sacromonte.
Detrás el otro puente del Paseo, el del Aljibillo, que da paso a una vereda de ascensión al Generalife. Es el otro Paseo, el de las parejitas, el de los poetas, un camino que acaba junto a la Fuente del Avellano, entre árboles milenarios.
El Paseo acaba en la Cuesta de los Muertos, la calle de acceso del Albaicín para el tráfico rodado. Si quedan ganas conviene subir hasta la antigua Granada, hoy un barrio rehabilitado con enorme sensibilidad y con un sabor a medieval que impresiona. Un rincón para tapear disfrutando del arte y de la belleza, frente a los palacios nazaríes.
El colofón del día fue
escuchar de nuevo a Romualdo recitar esta poesía junto a la calle de Elvira:
Granada, calle de Elvira,
donde viven las manolas,
las que se van a la Alhambra,
las tres y las cuatro solas.
Una vestida de verde,
otra de malva, y la otra,
un corselete escocés
con cintas hasta la cola.
Las que van delante, garzas
la que va detrás, paloma,
abren por las alamedas
muselinas misteriosas.
¡Ay, qué oscura está la Alhambra!
¿Adónde irán las manolas
mientras sufren en la umbría
el surtidor y la rosa?
¿Qué galanes las esperan?
¿Bajo qué mirto reposan?
¿Qué manos roban perfumes
a sus dos flores redondas?
Nadie va con ellas, nadie;
dos garzas y una paloma.
Pero en el mundo hay galanes
que se tapan con las hojas.
La catedral ha dejado
bronces que la brisa toma;
El Genil duerme a sus bueyes
y el Dauro a sus mariposas.
La noche viene cargada
con sus colinas de sombra;
una enseña los zapatos
entre volantes de blonda;
la mayor abre sus ojos
y la menor los entorna.
¿Quién serán aquellas tres
de alto pecho y larga cola?
¿Por qué agitan los pañuelos?
¿Adónde irán a estas horas?
Granada, calle de Elvira,
donde viven las manolas,
las que se van a la Alhambra,
las tres y las cuatro solas.
donde viven las manolas,
las que se van a la Alhambra,
las tres y las cuatro solas.
Una vestida de verde,
otra de malva, y la otra,
un corselete escocés
con cintas hasta la cola.
Las que van delante, garzas
la que va detrás, paloma,
abren por las alamedas
muselinas misteriosas.
¡Ay, qué oscura está la Alhambra!
¿Adónde irán las manolas
mientras sufren en la umbría
el surtidor y la rosa?
¿Qué galanes las esperan?
¿Bajo qué mirto reposan?
¿Qué manos roban perfumes
a sus dos flores redondas?
Nadie va con ellas, nadie;
dos garzas y una paloma.
Pero en el mundo hay galanes
que se tapan con las hojas.
La catedral ha dejado
bronces que la brisa toma;
El Genil duerme a sus bueyes
y el Dauro a sus mariposas.
La noche viene cargada
con sus colinas de sombra;
una enseña los zapatos
entre volantes de blonda;
la mayor abre sus ojos
y la menor los entorna.
¿Quién serán aquellas tres
de alto pecho y larga cola?
¿Por qué agitan los pañuelos?
¿Adónde irán a estas horas?
Granada, calle de Elvira,
donde viven las manolas,
las que se van a la Alhambra,
las tres y las cuatro solas.
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