miércoles, octubre 08, 2014

Sierra Blanquilla y el cerro del Viento

Entorno: Sierra Blanquilla y sierra de Los Merinos, perímetro norte Sierra de Las Nieves
Inicio de ruta: pequeña explanada de tierra que coincide con el carril que da acceso a la finca del Nogal, donde dejamos los vehículos, se encuentra aproximadamente a la altura del km 12,5 de la carretera A-366 Ronda-El Burgo. Justo frente a este improvisado aparcamiento, en el lado contrario de la carretera, podemos ver la cueva de Los Caidones a unos 300 m de distancia, ladera arriba.

Pueblos de referencia: Ronda y El Burgo

Distancia aprox: 14 km

Desnivel aprox: 900 m.

Duración aprox: 7-8 horas

Tipo de ruta: circular

Dificultad: ALTA, no sólo por el desnivel a superar, sino por la abundancia de canchal (terreno muy rocoso).

Tipo de terreno: predominancia de roca y canchal (el nombre del Cancho de La Pepa no está dado por casualidad y sierra Blanquilla, al otro lado de la carretera es de naturaleza geológica muy similar), hasta el punto de que muchas veces el sendero se pierde entre tanta piedra, también hay tramos de campo través y algunas alambradas que habrá que salvar a lo “Steve McQuenn en la Gran Evasión”.

Fecha de realización y meteorología: sábado 4 de octubre 2014, comenzaba la mañana con cielos despejados, apareciendo nueves por poniente conforme se fue acercando el mediodía, hasta cubrir el cielo de negros nubarrones, coincidiendo con nuestra ascensión al cerro del Viento, donde nos cayó una ligera lluvia durante unos 20 minutos, que afortunadamente no llegó a chaparrón, pero con unos goterones que al caer sobre las rocas dejaban salpicones del tamaño de una pelota de ping-pong.

Bibliografía: http://www.laserranianatural.com/  del mítico Andrés Rodríguez , Malagapedia y apuntes de campo del catedrático geobotánico Don José Guerrero..

Mapa: IGN 1.051 (1:50.000)

Participantes: Desde Huelva vino: Santa Teresa de Mágina. Desde cabra (Córdoba): Rafa “El Califa”. Desde distintos puntos de la Costa del Sol: las debutantes: Mari Carmen y Soledad, en periodo de prueba, causando una magnífica impresión y pasando el examen con sobresaliente (sólo quedan unos flecos con su representantes):Emilia “Mafalda”, Eduardo “El Último Samurai”, Eduardo “El Padre Carras”, Paco Jaime “marques de Cáceres”,  Ilse “La gacela de la Selva Negra” tras su largo verano en Hamburgo (Alemania),Pepe Guerrero “El Maestro Geobotánico”, Paco “El Generoso”, nuestros anfitriones y guías: Carmen “Galadriel” y Manuel Manzanares “El Martógrafo de su Majestad” y un servidor que pasaba por allí: Juan Ignacio Amador.

RESUMEN ITINERARIO: una vez finalizado el protocolo de saludos y breve presentación de la ruta, nos pusimos en marcha mochilas y bastones en ristre cruzando la carretera desde la explanada de tierra donde habíamos dejado los coches hacia el cercano puentecillo, que salva uno de las pequeñas cañadas que forman la cabecera del arroyo del Nogal y desde allí comenzamos a subir perpendicularmente hacia la cueva de las vacas de Los Caidones (también conocida como de Los Covarones), que ya desde la distancia, llama la atención por su gran bóveda, la cueva se antoja cercana desde el inicio de ruta, apenas unos 300 m de distancia, pero los mas de 100 m a superar en tan corto trecho hace entrar en calor nada mas encarar la rampa, que rápidamente nos invita a quedarnos en manga corta; subida a la carta que cada uno sube por donde mejor le parece uniendo los intermitentes senderos de cabra, que se pierden conforme nos vamos acercando a la cueva cuya entrada e interior está casi completamente cubierto por un generoso manto del mejor abono de cabra, que ya quisieran para sí los Jardines del Palacio de Versalles.

Aunque en los mapas topográficos viene señalado como cueva de Los Covarones (mas conocido localmente como cueva de Los Caidones), en realidad es un abrigo rocoso con una impresionante bóveda de entrada que alcanza los 30 m de altura, donde incluso se han llegado a encontrarse restos de pinturas rupestres (no visibles a primera vista). 
Lo que si nos encontramos fue un numeroso grupo de golondrinas y un nicho al fondo a la derecha, que a primera vista parecía una gatera, que podría dar acceso a una galería, pero que finalmente se queda en un nicho.

Desde la cueva de los Caidones, descendemos llevando la base de los tajos a nuestra derecha, de vez en cuando algún espino majoleto se interpone en nuestra trayectoria, pero los tenues senderos de cabra nos ayudan a mantenernos sobre la curva de desnivel que deseemos, obviamente buscando el terreno mas dócil para progresar hasta que llegamos al emblemático pilar de La Fuente de La Alberquilla, que con sus cristalinas aguas dio de beber durante décadas a pastores, arrieros o bandoleros. 
En invierno, el agua está tan fría que muchas mañanas suele amanecer congelada. De hecho estamos en una de las zonas mas frías de la Serranía de Ronda. Este abrevadero que es uno de los mas grandes de toda la Serranía y suele ser un pequeño oasis para los tritones que lo habitan (absténganse usurpadores de las criaturas que habitan en estos frágiles y limitados ecosistemas y que a nadie hacen daño).

Desde el Pilar de La Alberquilla, sin perder altura, seguimos avanzando unos 150 m en dirección ESTE, hasta enlazar con el antiguo camino empedrado en zig-zag que nos conduce al puerto de Los Empedraos, restos de muretes de piedra y vierteaguas que flanquean el camino, para evitar que la erosión de escorrentía lo destroce, a tramos se conserva el empedrado original, todo esto nos indica que debió ser un camino transitado por pastores, arrieros, bandoleros y todo tipo de gentes que se movían entre el Valle del Guadalhorce y la Serranía de Ronda. 
Pero conforme vamos ascendiendo el camino se va perdiendo entre las abundantes aulagas, que parece ser el único matorral que ha sobrevivido tras el intenso pastoreo al que ha sido sometido esta zona hasta tiempos muy recientes y aún en la actualidad. La zona alta del Puerto de Los Empedrados en un canchal de rocas calizas donde nos encontramos con las ruinas de dos construcciones que hacían las veces de ventorrillo, en una de ellas nació Juan José Mingolla Gallardo, un 4 de mayo de 1.873, apodado años mas tarde como Pasos Largos, considerado el último bandolero de la Serranía.


Los restos de las construcciones que allí nos encontramos, apenas un perímetro cuadrangular del que apenas quedan unos muretes derruidos, a base de piedra sobrepuesta sin argamasa alguna, dejan entrever lo que probablemente fueron las cuadras o zahurdas; y la vivienda-ventorrillo a escasa distancia. Poco antes de llegar a estas ruinas, a unos 200 m campo través a la izquierda del camino, en dirección ESTE, llegaríamos a lo que parece la entrada de una pequeña sima, en realidad, se trata de la entrada a una galería, de a penas unos 12 m, conocida como cueva de Pasos Largos. Lo agreste que es este terreno, lo frío de este páramo solitario en las jornadas invernales y lo estéril del terreno, nos indica la dureza de la vida que la familia de Pasos Largos debió llevar en este lugar.

¿Quién fue Pasos Largos?.
Cuentan las lenguas antiguas que  Juan José Mingolla Gallardo, nació y creció en estos duros y solitarios páramos, correteando y saltando y saltaando sobre los mas agrestes canchales de la zona, cual pastor afgano en la película “El Único Superviviente”, cuidando un rebaño de cabras y escuchando historias y fantasías de los arrieros y viajeros que por pasaban el ventorrillo que tenían sus padres.

Cuando Juan José tenía 17 años la familia se va a La Romerosa, un cortijo relativamente cercano, donde se dedican a la agricultura y la ganadería, pero Pasos Largos nunca mostró el más mínimo interés por el pastoreo o la agricultura, de la vida en el campo tan sólo la caza le interesaba.

En 1.895, poco después de la muerte de su padre, es llamado a filas para ir a Cuba, en esta triste campaña colonial permanece tres años hasta ser repatriado. Regresa a Ronda enfermo de tuberculosis, sin haberse repuesto del desgaste físico de unas fiebres cogidas en la isla caribeña y el panorama que encuentra en su casa es bien triste, su hermano mayor ha muerto, el pequeño ha formado una familia y se ha marchado hacia Estepona y Juan José tiene que trabajar duro para subsistir junto a su anciana madre. Cuando muere la madre en 1.901, sólo, sin obligaciones familiares, se dedica por completo a su afición favorita: la caza. Ya se había formado plenamente el aspecto y la personalidad que le acompañaría toda la vida, era hombre de pocas palabras, alto, muy delgado, de constitución enjuta, de aspecto “mal encarado”, tosco, jugador de cartas en la taberna de Sibajas situada en la calle de la Bola de Ronda, esquina con Plaza del Socorro, donde llevaba los trofeos que capturaba en sus cacerías, para que le dieran por ellas algunas monedas que poco después, se jugaba a las cartas, cumpliéndose casi siempre aquello de “quien juega por necesidad, pierde por obligación!.

Dentro del panorama rondeño de la época era un tipo que llamaba la atención. ¿Pero quien fue este personaje singular? Quizás un demente, quizás un pobre diablo, indudablemente un inadaptado social, ¿valiente tal vez, osado, inconsciente?…. Varios acontecimientos van a obligarlo a tirarse al monte y se convierten en ingredientes para alimentar la leyenda del último bandolero: los asesinatos del Los Tribuleros, la aventura en el Cortijo Santiago y la Cancha Cantarranas, el Enfrentamiento en el Cerro del Mures y la propia muerte del bandolero.

Como se había aficionado a cazar furtivamente en los alrededores del Cortijo de El Chopo, los aparceros puestos de acuerdo con la Guardía Civil consiguieron que se confiará y lo atraparon, llevándolo al cuartelillo, por el camino que actualmente pasa por el interior de la finca de los Aguilares, la pareja de civiles le dio una brutal paliza de la que tardó casi un mes en recuperarse en el Hospital de Ronda. Pero una vez que salió del hospital Pasos Largos se vengó matando a los dos aparceros, padre e hijo e inicio su vida de bandolerismo.

El segundo caso fue un secuestro de un rico propietario de apellido Villarejo, que años después, ya rehabilitado, le dio trabajo, curioso caso sin precedentes de Síndrome de Estocolmo que se ha dado en la Serranía.

 Otro fue el enfrentamiento a tiros en el Cerro del Mures (Montejaque); en sus recorridos huyendo de los guardias civiles o quizás por que se entendiera con la mujer de un cabrero, había cogido afición a pasar una o dos tardes a la semana en un chozo situado en la ladera del Cerro Mures; la mujer, junto a la guardia civil idearon una trampa para capturarlo, consistía en que la cabrera echaría en el café una planta llamada adormidera y cuando el bandolero se quedara profundamente dormido los civiles podrían capturarlo sin dificultad. Después del café, efectivamente Pasos Largos se quedó postrado somnoliento, pero cuando llegaron los guardias el bandolero despertó e inició una rápida huida, que con su característica habilidad, hizo imposible su captura y cuando ya estaba alejado de la choza se dio cuenta de que se había dejado una talega con dinero en el interior y regresó a por ella, sorprendiendo a los guardias con sus disparos, recogió el dinero e inició una nueva huida pero esta vez sin suerte, ya que al entablarse este segundo tiroteo resultó herido en un tobillo y acabo cayendo entre los barrancos rocosos. Las heridas causadas por la bala y las contusiones de la caída obligaron al bandolero a entregarse en Ronda al día siguient

Por último la muerte del bandolero en la Cueva de Sopalmito también está rodeada del misterio y el poco conocimiento que de la vida del bandolero se tiene a pesar de que es relativamente reciente, la cueva, se encuentra situada en un lugar no lejano a de donde él mató a sus víctimas, digamos que es otra ladera de la misma montaña llamada genéricamente “Sierra Blanquilla”. Su cadáver fue sacado a lomos de un mulo hasta el Cortijo de La Breña. Según la versión oficial murió en un tiroteo con la Guardia Civil el 18 de marzo de 1.934. 
Según la creencia popular fue traicionado, así lo escribe Isidro García en su libro “Bandoleros en la Serranía de Ronda” y así se lo contó a él, Manuel Torres, de apodo “Galan”, un pastor que sacó el cadáver de la montaña; según Galan, ”Pasos Largos” fue asesinado la tarde antes por unos tramperos y ofrecido su cadáver a la guardia civil a cambio de favores en la caza furtiva y la protección de los poderosos. Según la versión del estudioso del personaje, Fernando Ramos, su muerte ocurrió a causa de su enfermedad y su compañero en aquellos momentos le disparó ya fallecido y ofreció su cadáver a la Guardia Civil a cambio de poder seguir ejerciendo la caza furtiva.

Volviendo a la descripción de la ruta, al llegar al puerto de Los Empedraos, nos encontramos de frente con una pequeño de cumbre piramidal a unos 500 m de distancia y las mencionadas ruinas del antiguo ventorrillo, que marcan el punto mas oriental de nuestra ruta. 
Si hasta aquí hemos traído dirección predominantemente ESTE, ahora giraremos casi 180º a la derecha, es decir, desde este punto tomamos dirección OESTE. Dejamos las ruinas a nuestra izquierda y rápidamente quedarán a nuestra espalda. Avanzamos ahora por un terreno dócil, sin sendero, hacia una línea de colinas de perfil redondeado, pasaremos junto a un pequeño torcal que dejaremos a nuestra izquierda, llevándonos a un collado desde el que tenemos bonitas vistas hacia el cerro del Viento, que a partir de aquí vamos a llevar durante un buen rato a nuestra derecha.

Avanzamos en dirección OESTE, en todo momento, con el mencionado torcalillo a nuestra izquierda y una dolina a nuestros pies que se antoja muy dócil y próxima, pero a laa que no podemos llegar directamente, porque un pequeño tajo nos separa de la misma, encontrando un paso con sencillo destrepe a la derecha, que nos permite un acceso fácil a esta dócil dolina que atravesamos, teniendo ahora de frente un cerro de perfil redondeado, por el centro del cual desciende una cañada, junto a la cual la ascensión se antoja muy asequible desde la distancia, coincidiendo con nuestra trayectoria hacia la cumbre de Sierra Blanquilla, pero el Cartógrafo de su Majestad, estimó mas oportuno, rodearla por la derecha, es decir por su vertiente norte, quedando a nuestra derecha la parte alta de los tajos que nos habían acompañado en nuestro tramo de la cueva de Los Caidones hasta el puerto de Los Empedraos y mas allá el cerro del Viento, que visto ahora a mayor altura, parecía todavía mas alto e imponente.

Afrontamos ahora un suave tramo de ascensión por la ladera norte del cerro que hace pocos minutos teníamos de frente, es decir vamos por su zona de umbría, quedando la cumbre a nuestra izquierda y el valle a la derecha, las sendas de cabra, son tenues pero mas que suficientes para permitirnos progresar a buen ritmo sin ninguna dificultad, llegando a un collado desde el que tenemos unas vistas fenomenales hacia un cerro sin nombre que se encuentra justo al sureste del cerro del Viento y unos 800 m al norte, en línea recta de la cumbre de Sierra Blanquilla. Magnífico cerro que en esta crónica bautizaré como el cerro de la Flor de Otoño (1.364 m), debido a los numerosos ejemplares que nos encontramos a lo largo de su ascensión.

Una vez en el mencionado collado, una pasillo de verde hierba, nos lleva ladera arriba, siendo ahora el camino a seguir, cambiando progresivamente nuestra trayectoria OESTE, por SUROESTE dejamos a nuestra derecha un precioso saliente que a modo de balconada, queda a escasos metros a la derecha del sendero y después perdemos momentáneamente algo de altura para atravesar una cañada.
Por unos instantes tenemos vistas frontales al cerro del Viento, pero pronto cambiamos la trayectoria volviendo a girar un poco mas a nuestra izquierda, es decir dirección SUR, afrontando a partir de aquí el tramo mas largo y duro de ascensión de toda la jornada, las tenues sendas de cabras aparecen y desaparecen cada pocos metros. 
El grupo se corta en varios subgrupos, ya que los intermitentes tramos de lo que parecen sendas de cabra, quedan ocultos con frecuencia entre el abundante piornal y las aulagas, convirtiéndose este tramo en un llega arriba como puedas, pero en todo momento manteniendo el contacto visual con los compañeros, unos afrontan la subida mas directa, otros negocian la pendiente zig-zagueando poco a poco, pero siempre con buen humor y con buen ánimo, antes de darnos cuenta todos estábamos arriba, en un bonito paso con trepada, pasando a escasos metros de la cumbre de este cerro de La Flor de Otoño (1.364 m)

Una vez que trasponemos a su vertiente sur, el paisaje cambia completamente, tras laa dura pendiente y los agrestes crestones que acabamos de dejar atrás, nos encontramos con una dócil meseta, presidida al sur por la pequeña pirámide que forma la cumbre de sierra Blanquilla (1.428 m), que tenemos a unos 800 m de distancia en línea recta. Al OESTE destaca la bonita postal de la ciudad de Ronda, con el telón de fondo de la sierra de Líbar y Grazalema, que en aquella jornada estaban parcialmente cubiertas por la bruma. En nuestra dócil trayectoria hacia la cumbre de sierra Blanquilla, llevamos una vieja alambrada a nuestra izquierda, trazada sobre la teórica línea divisoria de los términos municipales de Ronda a nuestra izquierda y El Burgo a la derecha, es decir, al otro lado de la valla. 
Conforme nos vamos acercando a la cumbre de peña Blanquilla (1.428 m), el lapiaz del que se compone su cumbre se hace mas evidente, un pequeño torcal con sus pasillos y estratos superpuestos, que nos permite caminar mas o menos por donde queramos, hasta alcanzar este solitario y por lo general muy poco visitado vértice geodésico. 
Desde donde estuvimos disfrutando de bonitas vistas 360º alrededor, si bien parcialmente cubiertas por la bruma, mientras el cielo azul hasta ese momento, comenzaba a cubrirse de nubes, procedentes de poniente, cada vez de mayor tamaño. Como hitos principales al ESTE destacaba la cumbre de la sierra Alcaparaín  las cumbres del Huma, y Capilla; al SURESTE, destaca la silueta de la Sierra Cabrilla, ocultando casi totalmente a su vecina Sierra Prieta. Al sur el Valle de Lifa y la inconfundible muela del peñón Enamorados en el corazón de la Sierra de Las Nieves, al OESTE, la ya mencionada localidad de Ronda con la sierra de Libar y Grazalema al fondo. Al NOROESTE: Malaver, junto con el Lagarín y Las Grajas. Al NORTE: el cerro del Viento y la prolongación del Cancho de la Pepa hacia la sierra de Los Merinos, La sierra del Padrastro de Cañete la Real, el Terril y el Peñón de Algámitas y al NORESTE: la Sierra Ortegícar.

 Una vez hecha la foto de rigor junto al vértice geodésico, realizamos el descenso, casi en paralelo a lo que había sido nuestra aproximación a la cumbre. Es decir, si habíamos venido en línea recta desde el NORTE, ahora abandonábamos la cumbre, llevando rumbo NORTE-NOROESTE, descendiendo en paralelo a la cañada que forma el denominado arroyo de la Fuente del Salado, un descenso bastante mas tendido de lo que había sido nuestro tramo de ascensión, quedando a nuestra izquierda el cerro de peñas Pardas. Al final del descenso, almorzamos en un precioso llano, al pie de un roquedal, donde estuvimos disfrutando de un relajante almuerzo, a escasos 200 m del km 11 de la solitaria carretera A-366 Ronda-El Burgo. Rodeados de preciosos hitos geológicos, como un pequeño torcalillo muy cercano, escarpes de falla y cabalgamientos, así como mantos de corrimiento; todas estas estructuras presentando una dirección dominante NE-SO. Pues nos encontramos dentro del ámbito geológico de contacto entre los complejos Bético, Penibético y la Unidad del Campo de Gibraltar.


Aunque mi maltrecha memoria me traiciona, creo recordar que el Maestro Geobotánico, Don José Guerrero, comentaba que: Los materiales presentes más abundantes pertenecen al Complejo Dorsaliano (50% aproximadamente), con abundancia de materiales triásicos, jurásicos y cretácicos, siendo escasos los paleógenos. Las rocas ultrabásicas alpinas (20% del total) abarcan desde el Triásico hasta el Mioceno. En la Unidad Externa, los materiales del Cretácico presentan escasa superficie (un 10%). En menor medida, aparecen materiales de las Unidades de las Zonas Externas (Jurásico), del Complejo Maláguide y de la Unidad del Campo de Gibraltar (Paleógeno) y, poco representados, los materiales del Cuaternario.

La mayor parte de la superficie se corresponde con litologías sedimentarias (72,22%), fundamentalmente calizas y margas. Le siguen en importancia las peridotitas y serpentinitas (17,71%), de origen ígneo y pertenecientes a la intrusión de rocas ultrabásicas. Por último están las rocas de origen metamórfico con la presencia de esquistos y mármoles (10,07%).

Con respecto a las formaciones geológicas, algunas de ellas de un indudable valor, hay un predominio de las de origen calizo, con la presencia de formaciones de origen kárstico. Concretamente en esta zona de sierra Blanquilla y el entorno del cerro del Viento abundan los tajos como el magnífico boquete del Roque (km 14 de la carretera A-366 Ronda-El Burgo), los estratos horizontales, lapiaces de distintos tipos como el Cancho de La Pepa y el cerro del Viento, dolinas y torcas, algunos muy parecidos a los del Torcal de Antequera, abrigos rocosos como la mal llamada cueva de Los Caidones. Poljes, como Los Llanos de Las Margaritas; Surgencias como la fuente del abrevadero de La Alberquilla, simas, escarpes como los de la cara sur del cerro del Viento, terrazas como las qque nos encontramos en distintos puntos de este recorrido, formaciones travertinas y todo tipo de accidentes geográficos característicos de los terrenos kársticos. 
Finalizado el almuerzo, llegamos en unos instantes a la altura del km 11 de la mencionada carretera, coincidiendo con una cerrada curva de herradura, poco antes de llegar al puerto del Viento, tal y como se viene desde Ronda, caminando a penas 100 m junto a la carretera, que abandonamos por un terraplén, volviendo a cruzar el arroyo (seco) de la Fuente del Salado, para tomar una de senda del ganado que traviesa un bonito bosque de encinas, al pie de los tajos calizos del cerro del Viento, que tenemos a nuestra izquierda. mientras que a unos 150 m de distancia, a nuestra izquierda nos acompaña la pista que conduce hasta el cortijo del Cancho Avilés en la imagen de abajo). 
Al otro lado de la pista podemos apreciar los Llanos de Las Margaritas, y muy cerca de la carretera, las ruinas del cortijo de La Breña. Un lugar con historia ya que fue el lugar donde el juez y los notables de Ronda esperaron a que sacaran el cadáver de Pasos Largos, una vez acribillado en la Cueva de Sopalmito, situada a unos 700 m al sur de la cumbre de sierra Blanquilla, junto a la cabecera del arroyo del Sopalmito, que da al valle de Lifa.





Poco después de pasar bajo el tendido eléctrico cuyo inquietante zumbido nos hace pensar en la tremendo voltaje que tenemos sobre nuestras cabezas, llegamos a un llano, al pie de un gran tajo, presidido por una gran torreta de alta tensión, siendo nuestro lugar de referencia para iniciar la ascensión hacia el cerro del Viento, desde su vertiente OESTE, donde ahora nos encontramos. 
A primera vista el tajo que tenemos ante nosotros es prácticamente inaccesible, pero si dirigimos nuestros pies, al bosquete de encinas que se encuentra a la izquierda de su base, relativamente cerca de sus paredes, vemos como parte, un recóndito sendero, que en serpenteante y a veces extenuante ascensión, nos permite llegar en escasos minutos al cancho de la Pepa, que se extiende al norte del cerro del Viento.
Al llegar arriba, dirigimos nuestros pasos a la derecha, caminando ya por canchal puro y duro, pero de perfil llano, pues ahora estamos en una especie de altiplano, que además de vez en cuando nos da una tregua entre tanta roca, con pequeños huecos terrizos donde crece la dócil hierba, favorecida por el abundante abono de las cabras. El cielo de cernía cada vez mas oscuro sobre nosotros y negros nubarrones, hacían presagiar un fuerte chaparrón de inciertas consecuencias allí arriba, pero afortunadamente los pronósticos se cumplieron y la cosa no paso de una ligera llovizna de a penas 20 minutos (tuvimos mucha suerte). 
Los compañeros mas intrépidos atacaron la cumbre en línea recta, es decir, dirección ESTE, sorteando un afilado lapiaz, caminando sobre algunas rocas cuyo perfil era como un cuchillo, parecidos a los que te encuentras a los pies de la cara ESTE del cerro del Reloj en Grazalema. Sin embargo, la mayor parte del grupo, preferimos caminar, manteniendo rumbo sur, hasta enlazar con el dócil pasillo, que te lleca hasta escasos metros de la cumbre, donde poco a poco fuimos llegando todos los compañeros, bajo aquel amago de chaparrón, que curiosamente cesó justo después de hacernos la foto de grupo.

Este cerro está compuesto por un gran conjunto de lenares o lapiaces, que reciben el nombre de modelado kárstico. Este modelado es debido a la disolución de las calizas por el agua de lluvia. Un proceso químico que tiene lugar cuando el agua se disuelve el dióxido de carbono de la atmósfera. De esta manera el agua se “acidifica” (el agua con CO2 forma ácido carbónico) y el carbonato cálcico insoluble, se transforma en bicarbonato cálcico soluble que es transportado por tanto en disolución (la “cal” del agua). Este es el proceso que ha originado fenómenos tan curiosos como el Torcal de Antequera, Riscos de Júzcar y Cartajima o las cuevas de Nerja, entre otros muchos ejemplos muy conocidos. 
El emblemático cerro del Viento (1.302 m) popularmente conocido como Cancho de la Pepa, que como bien indica su nombre está compuesto por un enorme canchal, atesora preciosos cristales de calcita entre la predominante caliza, en su acceso mas directo por la cara sur, con el que nosotros enlazamos en los metros finales de ascensión. Durante la Guerra Civil se le conoció como  “Cancho de los Rojos”, pues debido a su escarpada orografía y a su estratégica posición, fue ocupada por el bando republicano, que colocó varias trincheras para defender con uñas y dientes el estratégico puerto del Viento, paso natural entre las localidades de Ronda y El Burgo. Sin embargo, nada hemos podido averiguar sobre quién sería “La Pepa”, posiblemente una pastora encargada de cuidar un rebaño que frecuentaba bastante las inmediaciones del cerro del Viento.

A la hora de abandonar esta cumbre, huérfana de vértice geodésico, podemos regresar sobre nuestros pasos, o bien, tomar un veredón de suave pendiente, que en unos instantes, nos sitúa en la planicie rocosa que se extiende hacia el norte, estamos sobre el Cancho de la Pepa, propiamente dicho, durante unos minutos vamos caminando en paralelo al filo de los tajos que llevamos a nuestra derecha, hasta que a poco mas de diez minutos de haber abandonado la cumbre (este tiempo estimado depende de nuestro ritmo de progresión), vemos a nuestra derecha un veredón escalonado, por el que iniciamos el descenso sin ningún problema. Existe la posibilidad de prolongar nuestra caminata mas hacia el norte, llevando siempre a nuestra derecha el filo de los tajos, hasta encontrar el siguiente paso propicio para el descenso, pero éste nos pareció tan asequible como interesante y en escalonado descenso, fuimos llegando hasta el pie de los tajos, que ya de regreso llevamos en todo momento a nuestra derecha, (tal y como se aprecia en la imagen), encontrándonos con un par de alambradas que salvamos sin ninguna dificultad. 
Teniendo yaa la vista, el promontorio donde se encontraban los vehículos, a poco mas de un kilómetro y medio de distancia, dividiéndose el grupo en tres subgrupos realizando un final de ruta a la carta, atravesando la dócil cabecera del arroyo del Nogal, hasta reagruparnos minutos después en la explanada donde habíamos dejado los vehículos, desde donde nos desplazamos al mítico bar El Porras de El Burgo, donde estuvimos disfrutando de una distendida tertulia post-ruta celebrando la onomástica de Paco Jaime y Paco “El Generoso”, que nos invitaron, pues era el día de San Francisco de Asís.



Flor de otoño ("Colquico Lusitano"):

Habitat: Laderas secas y pedregosas; Floración: de septiembre a noviembre.

Distribución: Europa y Asia, Localización: Sierras calizas y muy rocosas en general.

Descripción: Los cólquicos son plantas cuyo nombre proviene de la Cólquida, al sur del Cáucaso, célebre en otros tiempos por sus envenenadores.
Dioscórides la describió como flor semejante a la del azafrán, de 4-5 hojas de hasta 35 x 4 centímetros, linear-lanceoladas. Los segmentos florales son de 4 a 6 cm., de color púrpura-rosados, a veces manchados, y más raramente blancos. Anteras de color púrpura-negruzcas a rosa-púrpura pálidas, rara vez amarillas. Las hojas son visibles sólo en primavera-verano. Las flores presentan un ajedrezado tenue.
Todas sus partes son tóxicas, incluso secas o cocidas, pues contiene hasta un 6% del alcaloide colchicina, metilcolchicidas y ciertas resinas y aceites que pueden producir la muerte a las personas y los animales. Se sabe que algunos niños fueron víctimas de su ingestión. La dosis, de 1 milígramo por kilo de peso, comienza a ser considerada peligrosa. Vive entre 600-700 metros de altitud, desde Portugal hasta Pakistán.
 
Flor del año ("Biarum carratracense", foto de arriba):

Habitat: sierras calizas; Floración: Florece de Octubre a Noviembre; Fructifica de Abril a Mayo. Distribución: flora vascular de Andalucía Occidental. Descripción: hojas oblongas, más raramente oblanceoladas o linear-lanceoladas. Pedúnculo de hasta 14 cm. Esparta de  9-40 cm;  tubo de 2-6 cm, subcilíndrico o campanulado;  limbo de 6,5-34 cm, lanceolado, rojo por ambas caras, más raramente verdoso por la cara interna. Espádice de 10-33 cm, generalmente más corto que la espanta, fusiforme,  rojo oscuro, con 8-20 flores estériles, filiformes, arqueadas, colocadas desordenadametne entre las masculinas y femeninas. Estilo de 0,6-1,2 mm bayas blancas con línear purpúreas en la parte superior. Semillas de 5-6 x 4,5-5,5 mm, fuertemente foveoladas. 
Espino majoleto, albar o majuelo (crataegus monogyna):

Es un arbusto o arbolillo que puede llegar a los 8 m de altura, pierde las hojas de cara al invierno y se ramifica profusamente en primavera. Tiene el tronco ceniciento y agrietado.  Las ramitas mas jóvenes tienen espinas cortas, pero muy fuertes. Sus hojas son hendidas con entre 3 y 7 lóbulos, y un peciolo bien desarrollado. Sus frutos son de color rojo y del tamaño de un guisante, con ligero sabor a manzana, de textura harinosa y con un solo hueso en su interior.  

Florece entre los meses de mayo y junio, dependiendo de la altitud y sus frutos maduran entre mediados de verano y principios de otoño.

Puede crecer en todo tipo de terreno, desde el nivel del mar hasta los 2.000 m en condiciones muy extremas, siendo uno de sus hábitas favoritos las sierras calizas.

Lepiota es un género de hongos del orden Agaricales. La espora de las especies de este grupo es de color blanco. El basidiocarpo suele presentar anillo que, en las especies de mayor tamaño, está suelto y puede ser desplazado arriba y abajo el pie. En las especies de este género, el sombrero, a menudo presenta escamas o excrecencias, que suelen ser uno de los criterios para diferenciarlas, junto al color, las laminas y, a veces, el olor. El término lepiota se deriva del griego λεπις, que significa "escama".

1 comentario :

  1. Eduardo Campos5:02 p. m.

    Echo de menos tu foto con las jarritas de zumo de cebada. Bien eso de recordarme el cólquico, la lepiota y la flor del año

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