

LLegada la hora prevista: entre que son varias las posibilidades de aparcamiento al llegar a la playa de Bolonia, la gran afluencia de participantes y que de noche todos los gatos son pardos, tardamos algo mas de lo previsto en reunir a los mas de 40 participantes entre socios y simpatizantes de GRUME y Pasos Largos, muchos de ellos coincidían por primera vez. Como bien dijo el gran Paco Leal mientras nos estábamos reagrupando para hacer la foto de comienzo de ruta en el panel de Playa de Bolonia: Aquello parecía una travesía. ¡Que pena!, que fuera imposible abarcar a todo el grupo en una sola foto, pues sin trípode, ni flash lo suficientemente potente, a pesar de la ayuda de los frontales, sólo era posible abarcar a todo el grupo realizando dos fotografías a modo de puzzle. Una vez entregados los 21 mapas que se quedaron cortísimos por ser mas del doble los participantes y dada la charla introductoria sobre la ruta, dirigimos nuestros pasos directamente hacia la playa.
Una vez en la orilla, el Doctor Manzanares nos situó geográficamente en el lugar donde nos encontrábamos, parque natural del Estrecho, con algunas de sus características, su proximidad, prácticamente limítrofe con el P. Nat. de Los Alcornocales y en qué iba a consistir la primera parte de la ruta, mencionando la antigua población pesquera de Baelo Claudia y los dos montes que flanquean esta playa: El San Bartolomé y
ganar altura desde elevándose desde el este. La cara de sorpresa de los hombres que nos encontramos allí con sus sofisticadas cañas perfectamente alineadas y sus bollas fluorescentes iluminadas cual luciérnagas a la orilla del mar, no dejaban lugar a dudas de que pocas veces se ha visto por allí a un grupo tan numerosos de excursionistas y menos a unas horas tan intempestivas. Mientras tanto, dirigíamos nuestros pasos hacia la gran duna que en unos instantes provocó el inevitable estiramiento del pelotón dado el esfuerzo a realizar, pues a la pendiente de la gran duna había que añadir que los pies se te iban hundiendo constantemente. Pero entre risas y bromas nos situamos en el penúltimo peldaño de la duna, desde donde en dirección noroeste el Doctor manzanares ya tenía localizado el único punto posible de todo el bosque de pinos que nos rodeaba, desde donde podíamos continuar hacia la pista asfaltada que nos iba a dar acceso al inicio de la ascensión, previo paso de una vieja alambrada de la casi desmantelada zona militar que allí sigue ocupando gran parte de este parque natural del Estrecho. A pesar de que todo el mundo pasó la valla sin dificultad tras un espectacular cuerpo a tierra, el Inagotable Valentín, Espécimen 1934, no pudo evitar hacerle dos rotos a su impecable pantalón trango, como recuerdo de esta ruta.
Una vez situados al inicio de la vieja carretera militar por la que se accede a
grupo paró tal y como marcan los cánones, para realizar un reagrupamiento táctico y evitar el inevitable dilema que siempre se produce cuando se llega a un cruce de caminos, por parte de quienes venían mas rezagados, especialmente para quienes núnca habían realizado aquella ascensión y mucho menos de noche, siendo el caso de la inmensa mayoría. LLegados al último cruce, donde había que tomar a la izquierda, le rceordamos al grupo, que aunque sólo quedaba poco mas de kilómetro y medio, sin ninguna otra complicación que seguir la pista asfaltada hasta el final, se trataba de un
tramo de durísimas rampas que convenía tomarse con tranquilidad. De manera que una vez en marcha para afrontar el último tramo de subida, aquello parecia un final de etapa de alta montaña del Tour de Francia: Un Carlitos-El Pioeta de las Cumbres, muy callado y taciturno durante toda aquella jornada, pero muy motivado en la subida hacia de Alberto Contador, mientras que Juanmi, también conocido como “El Señor de los Anillos” (léase Señor de los Piercings) y otro amigo de GRUME hacían de los hermanos Schlek, mientras que un servidor tuvo el privilegio de hacer de gregario de Valentín, que aún con sus dedos bastante doloridos, tiro de oficio al mas puro estilo Lance Amstrong para coronar en una mas que honrosa quinta posición. El premio al corredor mas combativo se lo dieron al madrileño Chema de GRUME, que al igual que Pepe fué una de las grandes sensaciones de aquella jornada. Mientras que otros ilustres del Pelotón como Manolo Supersónico, el Tritón, el Doctor manzanares o Miguel Alonso arropados por su club de fans se lo tomaron con mas tranquilidad, animando también a quienes lo iban pasando peor. Y es que au8nque parezca mentira en aquel último tramo de kilómetro y medio, algunas rampas se hicieron tan duras que hubo mas de veinte minutos de diferencia desde la llegada de los primeros a quienes llegaron cerrando el pelotón. Había quien llegaba y se quedaba tumbado boca arriba respirando profundamente para recuperar el resuello. Pero
Aunque debido al reciente incendio que había tenido lugar unas semanas antes por la vertiente suroeste habíamos pensado que lo mas prudente era realizarlo por el mismo camino de subida. Finalmente el Tritón estimó que a pesar, de que la zona mas bonita del descenso había quedado dañada, al seguir el terreno bien asentado, una vez en la cumbre, tal vez merecía la pena volver al plan original y descendiendo finalmente por la cara suroeste, hacia la que nos dirigimos por una pedregosa pista, con algún cruce que el Tritón ya tenía controlado, llevándonos a través de los restos del bosque de helechos que al pié de enormes eucaliptos habían quedado quemados, con
algunos pequeños ejemplares verdes, que habían sobrevivido como un canto a la esperanza. Aún quemado aquel paraje rezumaba magia en medio de la noche, por lo que además de un crimen ha sido un auténtico sacrilegio quemar un paraje de tanta belleza. Finalmente salimos al tramo mas alto de otra vieja carretera militar que también llegaba hasta otra torreta con su correspondiente lucecilla roja, que fue la que nos sirvió de referencia en este tramo de transición y desde aquí iniciamos el descenso pasando ahora al pie de un enorme roquedo, donde se encuentra la cueva del Moro que alberga algunas pinturas rupestres, este roquedo también hace las veces de buitreras para deleite de los amantes de la ornitología, justo en el lugar donde un enorme búho real que sobrevoló las cabezas de quienes en
aquel momento íbamos en cabeza de grupo. Y antes de darnos cuenta ya llegamos al cruce donde se anunciaba la pequeña ruta de senderismo de
desandar el primer tramo de nuestra caminata nocturna hasta situarnos en la zona alta de la duna para contemplar el amanecer, que aunque con un colorido muy bonito, nos dejó sin la guinda del pastel de ver el sol salir desde el mar, ya que éste se elevó desde la izquierda del San Bartolomé, ligeramente tierra adentro desde nuestra posición. Aún así fue un privilegio disfrutar de aquel precioso amanecer en compañía de Valentín, Vanesa y Manolo Supersónico, disfrutando minutos después de uno de los baños mas reconfortantes e inolvidables de mi vida, teniendo el honor de ser el primero que estrenaba la paradisíaca playa de Bolonia aquella preciosa mañana de agosto.
Lástima que prácticamente toda la ascensión y el descenso de
prácticamente toda la noche se está caminando, con breves pausas para el reagrupamiento, el descanso en la cumbre de unos 45 minutos y la observación del amanecer de media hora para la mayoría y 45 minutos para los pocos que nos quedamos en la parte alta de la duna para ver salir el sol completo. Por otra parte, a lo largo de la noche el cielo estuvo cubierto de una fina capa de nubes, que unidas a la claridad de la luna llena, nos impidió disfrutar de un cielo estrellado lo suficientemente nítido, como para que nuestros compañeros Miguel-El Hombre que sabía demasiado y Patri-La Chica que miraba las Estrellas, nos hubieran deleitado con una charla sobre las constelaciones y la situación de los planetas mas significativos del firmamento. Todavía tengo clavada la
espinita de no haber podido localizar cual de las grandes piedras cercanas a la cumbre era la que en su día bautizaron como "Sillón del Papa", como me recriminó mi amigo Felix de Sevilla. Lo que sí sabemos es que en esta cumbre existió un asentamiento romano que explotaba las minas de plata que allí existieron ,al igual que el resto de una ciudad megalítica con varias piedras curiosas. El caso es que a una de estas piedras, que no pico, se la conoce como Silla del Papa por su parecido con el asiento papal del Vaticano, de ahí la denominación de esta montaña. Por último el estiramiento del grupo desde que se inició el descenso de la duna y el tramo final por la larga playa de
Bolonia hasta la zona de aparcamientos y cafeterías, unidos al cansancio generalizado de la mayoría de participantes, mas los que ya iban caminando con el piloto automático me impidió despedirme del grupo como me hubiera gustado,
No quisiera finalizar esta breve crónica sin antes dar las gracias a todos los participantes por haberse desplazado hasta aquí, por la confianza mostrada en los organizadores y muy especialmente al Doctore Manuel Manzanares, mas conocido como “El Tritón de acababan de operar a su madre y los últimos tres días sin a penas pegar ojo, llevó la ruta con la maestría, modestia, sencillez y mano experta que le caracteriza. ¡Gracias amigo Manolo!, porque personas como tú hay muy pocas en este mundo y todos los que te conocemos y las numerosas asociaciones senderistas con las que colaboras tenemos mucho que agradecerte, y una enorme deuda de gratitud hacia tu persona. Aunque nunca falten personas desagradecidas que ni aprecien ni valoren, ni te agradezcan lo mucho que nos aportas en cada ruta que coordinas. Tal vez porque sea gratis, de la misma forma que muchos lo apreciarían mucho mas si pagaran, aunque seguramente el guía ni te llegara a la punta del zapato, ni se le entregara al personal las fotocopias, mas la documentación de la ruta.
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